¡Estuvo Excelente! – Pero sin Poder de lo Alto

HOLY SPIRIT - FOIX

HOLY SPIRIT - FOIX (Photo credit: Wikipedia)

“¡Estuvo excelente! – Pero sin poder de lo alto”

Por Dra. Erika Ríos Hasenauer

Alguien le dijo al elocuente predicador que bajaba de la plataforma,

-       “Hermano, estuvo excelente su sermón, pero no sentimos a Dios hablándonos.”

¡Ay!  Que pedrada tan fuerte.  Pocas cosas tocan las fibras más sensibles del corazón como una verdad dicha en amor.  Esas palabras hicieron reflexionar al siervo, que se jactaba de ser un evangelista de renombre y quien tenía un don natural increíble para hablar, sin embargo algo estaba faltando.

Entre una agenda ocupada, le era difícil encontrar tiempo para estar a solas con Dios.  De forma que antes de dar ese sermón, simplemente hizo lo que nosotros hacemos muchas veces en la computadora “copy/paste”, de otro sermón que ya había dado en otro tiempo.  El resultado fue simplemente una buena pieza oratoria pero no convicción de ser palabras de Dios a su pueblo.

Cuando hace falta la sal en el ministerio, así como en la sopa, todo es insípido.  Por más calidad de los elementos, tiempo dediquemos a desarrollar programas, emprendamos grandes visiones en nombre del Señor, alimentemos a miles de huérfanos y ayudemos a todos los necesitados.

-       Sin Él, somos nada, dice Su Palabra.

-       En vano edificamos si Él no edifica la casa.

La sal es la misma presencia de Dios.  Nuestras agudas papilas gustativas saben cuando hay un microgramo de sal en una pizca de comida.  De igual forma discernimos cuando Dios está en el asunto.

Así como no podemos ocultar la lámpara debajo de la mesa, no podremos opacar la luz de Cristo y la presencia del Altísimo.

Cuando pasemos tiempo con Jesus, ¡se notará!  Cuando verdaderamente hagamos de la oración el pilar de nuestro ministerio y no estudios, seminarios, padrinos con fondos, los propios dones o talentos, ¡se notara!

Como aquella pequeña iglesia en el centro de África, cuya reunión de oración presencié un día hace tiempo. Nadie estaba de pie.  La presencia de Dios era tan poderosa, que todos estábamos postrados, ni siquiera de rodillas, al suelo, humillados, quebrantados, sintiéndonos tan pequeños e insignificantes ante la majestad divina.  Aun en nuestra calidad humana imperfecta, al Padre le plació darnos un simple susurro de Su presencia.  Había un avivamiento en esa iglesia.  Dios visitaba a Su pueblo con frecuencia.

Aunque algunos dicen que las visitaciones de Dios no son tan cotidianas en nuestros tiempos y contexto, lo que sí creo es que depende más de la actitud de búsqueda del pueblo lo que mueve el dedo de Dios,

-       Pídeme y te daré…

-       Búscame y me encontrarás…

-       Llámame y te abriré…

Para nosotros un pequeño toque, es mucho mas que lo que necesitamos, pero testimonios contemporáneos en diferentes partes del mundo parecieron indicar que Dios quiere moverse entre su pueblo nazareno.

El avivamiento sin embargo, debe comenzar individualmente, contigo y conmigo.

Comencemos hoy, a checar nuestras actitudes y a ver si las intenciones de nuestro corazón son las correctas.  ¡Oh, Dios, que tu presencia y poder sean evidentes en nosotros!

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