Oración 201: Relación

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Por Cindy North en Engage Magazine

Esta mañana, la oscuridad espiritual crecía a mi alrededor. El clamar a Dios para que me guardara de la desesperación me trajo liberación. En instantes, las letras que pasaban por mis auriculares atravesaron la penumbra que me rodeaba.
 
Resiste… la ayuda está en camino… Él dijo que nunca te dejariía ni abandonaría…
(“Help is on the Way” — Michael W. Smith, del disco A New Hallelujah)
 
Al leer Lucas 11:33 esta semana me di cuenta por primera vez de cómo Jesús se llenó de ira ante la tumba de Lázaro. ¿Se debe su enojo a la separación que la muerte causa en las relaciones? La promesa de vida puede ser escuchada en sus palabras a Marta, “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” (Juan 11:25-26). Será posible que lo que Jesús le estaba diciendo a Marta era, “La muerte causa una separación que es dolorosa, pero dentro de poco conocerás la vida y una relación en mí que durará por siempre, así que resiste, la ayuda está en camino”?
 
En medio de Semana Santa la oscuridad parece reinar. Mientras revivimos la historia, escucho a Cristo asegurándole ésto a sus discípulos. “Pedro, esta noche me negarás tres veces… Tengo que partir y tú no estás listo aún para acompañarme, pero pronto lo estarás… Resiste, la ayuda está en camino” (Juan 13:36-38).
 
La resurrección atravesó la desesperación por la muerte el Domingo de Pascua. El dominio de la muerte fue acabado. Cristo no solamente consiguió victoria sobre la muerte, sino que la seguridad de la vida eterna se volvió real para todos los que creemos en Él. Su garantía de que conoceríamos su presencia se completó el día de Pentecostés.
 
Jesús envió al Espíritu Santo para reconfortar, para traer una mayor comunión, y para dar poder. De hecho, Cristo se refiere al Espíritu Santo como nuestro Ayudador (Juan 16:7). A través del Espíritu Santo tenemos la manera de estar con Cristo siempre.
 
La comunión con Cristo no está limitada por el espacio o el tiempo. Mientras que la oración y la meditación intencionales son necesarias para darle a Dios nuestra atención absoluta, tenemos la posibilidad de clamar a Él en cualquier momento.
 
Pablo nos anima a orar sin cesar (1 Tes. 5:17). A medida que Dios santifica nuestros corazones, el deseo de tener unidad con Cristo aumenta. La oración trae vitalidad a nuestras vidas y estamos intricadamente conectados con Dios mediante este medio de comunicación que Dios nos ofrece. El Espíritu de Dios decide moverse en conjunto con nuestro anhelo por Dios, y nuestra vigilancia y clamor a Dios producen una profunda y fidedigna relación.
 
Práctica de oración:
Las oraciones cortas ofrecen una gran oportunidad para sintonizar nuestros corazones con el Espíritu Santo durante nuestras actividades regulares diarias. Estas frases cortas, que incluyen tanto una referencia a Dios así como el profundo anhelo de nuestros corazones, nos ayudan a reorientar nuestras mentes y enfocarnos en Dios. Algunos ejemplos de oraciones cortas pueden ser los siguientes:
 
“Espírito Santo, lléname.”
“Dame fuerzas, Jesús.”
“Mi Dios y mi todo.” (una oración usada por San Francisco)
“Abba, te pertenezco.”
Frases de himnos o canciones pueden ser utilizadas como oraciones cortas, o uno puede crear nuevas oraciones. Escoja una frase para meditar y utilícela contínuamente a lo largo del día.
 
Tómese tiempo hoy para dar una caminata de oración durante su descanso del almuerzo. Utilice una oración corta mientras lava los platos, mientras trabaja en el jardín, o mientras hace un cambio de aceite al auto. Note cómo su espíritu se vuelve más sensible a los movimientos de Dios en su mundo al reorientar su corazón y su mente a esa “pequeña voz”.

De Enviar a Ser Enviado (por J.K. Warrick)

De Enviar a Ser Enviado.  Por: J. K. Warrick

Las tres reglas de los bienes raíces son: 1. Ubicación. 2. Ubicación. 3. Ubicación.

Juan 1:1 dice: “…El verbo era con Dios…” y en Juan 1:14: “Y el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros…”

El Dr. Joe Knight menciona que existen tres reglas en el evangelismo:

1. Reubicacion. 2. Reubicación. 3. Reubicación.  Reubicar es mover algo intencionalmente de su ubicación a otro lugar.

El inicio de la Iglesia del Nazareno es la historia de las personas que fueron enviadas a sus comunidades, sus trabajos, escuelas, ciudades y a otras ciudades.  Mientras unos eran misioneros, otros eran pastores/evangelistas y personas entregadas a Dios.  Aunque muchos no fueron llamados a servir a otras partes del mundo, creían que fueron “enviados” – aun que fuera al otro lado de la calle o de la ciudad.

Durante el crecimiento de la iglesia, tal parece que se ha asentado en diferentes maneras de pensar.  Los misioneros son “enviados”, pero el resto de nosotros nos hemos convertido en enviadores.  Quizá nos vemos únicamente como apoyos financieros o compañeros de oración y esto ha impactado la efectividad de la evangelización de iglesias locales en varias partes del mundo.

¿Podremos recobrar el espíritu del envío?  Mientras miraba a la iglesia en Antioquía, encontré al menos cinco disciplinas espirituales que potencialmente podrían inspirarnos y capacitarnos para:

  1. Ministrar – “Ministrando éstos al Señor”… (Hechos 13:2)
  2. Ayunar – “Entonces, habiendo ayunado”… (Hechos 13:3)
  3. Oración – “Entonces, habiendo ayunado y orado”… (Hechos 13:3)
  4. Escuchar – “…dijo el Espíritu Santo…”… (Hechos 13:2)
  5. Obedecer – “Les impusieron las manos y los despidieron”… (Hechos 13:3)

Tenemos las mejores estrategias, la gente más capacitada, edificios maravillosos y muchas otras ventajas que nuestros antepasados no tenían.  Nosotros, también, hemos sido confiados con el ministerio de la reconciliación, el mensaje de la reconciliación y la misión de reconciliar (2 Corintios 5:18-20).

Movámonos al frente de la misión – vamos a reubicarnos.

“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.  Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: ‘En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios’” (2 Corintios 5:18-20).

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