Archivos diarios: 3 marzo 2008

Cada Momento Oportuno

Regresando de mi viaje a Juchitán, México, conocí a un canadiense en la frontera. Él estaba un poco nervioso porque muchos “ayudantes” allá estaban hablando a él, pidiendo propinas, intentando ayudarle con su pasaporte, su equipaje, etc. Él no hablaba bien español y me vio cuando yo estaba a punto de subir el bus. ¡Agradecido por ver alguna persona que supuestamente hablaba inglés, casi me agarró pidiendo socorro! Le ayudé a comprar su boleto al lago más bello en el mundo (Lago Atitlán) y él subió el bus conmigo.

Empezamos a hablar y descubrí que su nombre fue Joe. Él había dejado su trabajo en Canadá para viajar por siete meses. No sabía a dónde iba y no tenía un plan (¡me sorprende cuántas personas hay como Joe en el mundo!). Había escuchado de las ruinas y las playas en México y además del Lago Atitlán en Guatemala y decidió viajar a esos sitios para empezar su aventura. En cada lugar él buscaba las fiestas, los clubes, y el alcohol. Después de una hora de contarme estas cosas, me preguntó, “¿Y vos? ¿Por qué vives acá?” Jajajaja. Con una sonrisa le dije que era misionero con la Iglesia del Nazareno y él asintió con la cabeza mientras que se sonrió afectadamente. ¡No podía creer que me había compartido todos sus deslices! Sinceramente fue fascinante escucharle y hablar con él.

Llegó un momento cuando me estaba contando sobre una experiencia que había tenido en Nicaragua hace cinco años. Estaba en un hotel tomando y bailando cuando se levantó una tormenta enorme en el lago. Él trató de explicarlo, pero sólo pudo decir, “Fue una de las experiencias más espirituales en mi vida.” Yo le pregunté sobre la tormenta y él empezó a hablar de ella y de otras experiencias que había tenido, pero nunca volvió a hablar de ese sentimiento “espiritual” que tenía.

Diez minutos después me dio cuenta que yo había perdido una oportunidad magnífica. El Espíritu Santo estaba abriendo la puerta y yo no estaba orando, esperando el momento para hacer una pregunta sabia o para explorar junto con él esa experiencia. El bus paró en un pueblo pequeño y él tuvo que rápidamente bajar sus cosas. Nos despedimos y abrazamos, pero cuando el bus salió con él en la orilla de la carretera, oré, “Oh, Dios, ¿qué he hecho? ¿Qué NO he hecho? Perdóname por no darme cuenta en el momento. Perdóname por no estar atento y alerto para este momento divino que estabas orquestando.” Me sentí un poco enfermo y resolví nunca perder alguna oportunidad divina con alguien más de allí en adelante.

¿Te ha pasado? ¿Cómo vivimos nuestras vidas cotidianas? ¿Vamos a vivir nuestras vidas teniendo remordimientos o vamos a “aprovechar al máximo cada momento oportuno”?

“Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno” (Col. 4:5-6).

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