Archivos Mensuales: octubre 2008

Nuestros Fundadores Todavía Hablan

En este blogspot, he dedicado un mes completo a nuestro Centenario como una denominación. Debemos celebrar de verdad 100 años de ministerio misional y predicación de santidad. En este último día de octubre 2008 (también Aniversario de la Reforma Protestante), quiero dejar contigo, como lector fiel, las siguientes citas de algunos de nuestros fundadores. Que lo que ellos predicaron y creyeron nos forme y transforme en el siguiente siglo también.

“La Iglesia del Nazareno ha afirmado su rostro hacia la Estrella del Norte que es el amor perfecto, y no desviaremos a la derecha ni a la izquierda” (P.F. Bresee; 1904).

“El llamado de Dios a nosotros es predicar santidad, juntarnos en comunión íntima donde la experiencia del bautismo con el Espíritu Santo se pueda disfrutar, donde hombres y mujeres se puedan establecer en santidad” (Bresee; 1902).

“¿Qué es el trabajo de la Iglesia? Asegurar la conversión de gente y su establecimiento en santidad” (Bresee; 1900).

“Nuestro trabajo entero es misionero” (Bresee; 1915).

“Nuestra iglesia es una iglesia preeminentemente misionera. No sabe ninguna diferencia entre campos locales y extranjeros. En estos días, todos los campos están cerca” (Bresee; 1906).

“Santidad de corazón y celo misionero nunca se pueden separar. Fue cuando los labios de Isaías fueron tocados con la llama purificadora desde el altar celestial que él escuchó la voz diciendo, “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” Y su respuesta es típica de todo corazón santo: “¡Heme aquí; envíame a mí! ” (H. Orton Wiley; 1933).

“El primer milagro después del bautismo del Espíritu Santo ocurrió a un mendigo. Eso significa que el primer servicio de una iglesia bautizada por el Espíritu Santo es a los pobres, que su ministerio es a los más bajo, que sus dones son a los que los necesitan más. Como el Espíritu estaba sobre Jesús para predicar el evangelio a los pobres, también el Espíritu está sobre sus siervos para el mismo propósito” (Bresee; 1901).

“Ya es tiempo para una gran cruzada mundial y si somos dignos de ser clasificados como descendientes de Wesley quien declaró el mundo como su parroquia, debemos liderar esa cruzada y no permitir que el avance de sus carros nos empuja desde atrás” (J. B. Chapman; 1944).

¿Un Lecho de Rosas? ¡Ja!

Les escribo desde Nashville, Tennessee, EEUU donde Emily y yo estamos compartiendo en nuestra gira misionera sobre lo que Dios está haciendo en la Región MAC. Especialmente estamos compartiendo los testimonios de los misioneros voluntarios en Proyectos Caleb e Isaías. Ellos representan la nueva cara de misiones en el sentido de que los misioneros nazarenos ahora no están únicamente siendo enviados desde los EEUU (y Canadá y partes de Europa) al mundo. Al contrario, ahora estamos viendo guatemaltecos y salvadoreños en el Medio Oriente, costarricenses y mexicanos en España y Ucrania—esencialmente estamos viendo “misiones de todo el mundo a todo el mundo” (Samuel Escobar).

Este mes (octubre 2008) estamos celebrando nuestro Centenario en la Iglesia del Nazareno. Emily y yo hemos tomado el tiempo este mes de re-leer las historias de los primeros misioneros nazarenos—pioneros y héroes de la fe. Ellos sufrieron mucho; muchos murieron y fueron sepultados en sus nuevos países a tempranas edades. Varios tuvieron que mandar a sus hijos a un “boarding school” o un internado muchas horas lejos de su lugar de ministerio, sólo viéndoles una vez cada año. En cada historia nos dimos cuenta de la perseverancia y convicción inquebrantable que Dios les había llamado al campo y él iba a sostenerles.

Cuando Richard y Maude Anderson llegaron a Guatemala en 1904, contrajeron la fiebre amarilla. Dios los sanó, aunque por muchos años padecieron de los afectos de esta enfermedad desoladora. Su primer año, ellos predicaron en una casa sin ningún resultado. ¡Nadie estaba adentro! ¡Aun llamaron a la gente inexistente al altar durante cada servicio! Esto es perseverar sin desesperar, hermanos.

Ellos siguieron predicando y gradualmente los guatemaltecos llegaron para conocer que estaba pasando. Pero no entraron por muchos meses. Había una franja vacía entre el piso de la casa y la pared que sirvió como ventana y los Anderson sólo podían ver los pies descalzos de la gente mientras que dirigieron los cultos. Eventualmente dos de aquellos pies entraron la casa durante el llamado al altar y un hombre se hincó y entregó su corazón a Cristo. ¡Ahora hay casi 600 Iglesias de Nazareno organizadas en Guatemala, no incluyendo las misiones y células!

Me topo con varias personas que quieren ser misioneros pero quieren hacerlo con condiciones—sólo van a cierto lugar, o sólo van si hay buen sueldo, o sólo van si no tienen que aprender otro idioma. Algunos salen al principio con grandes deseos de servir al Señor, pero después de experimentar la locura inicial que es vivir y ministrar en otra cultura, se rinden. No es su expectativa.

Ser misionero no es un lecho de rosas. Contestar el llamado de Dios no significa que todo va a ser pan comido. Que nuestra historia misionera de los últimos 100+ años nos informe y nos impulse en el siguiente siglo también.

¿Sabías Que? [Centenario]

Sabías que:

La recientemente fusionada Iglesia del Nazareno principió en el 1908 con 10,034 miembros, 228 congregaciones, 11 distritos, y 19 misioneros.

Sabías que:

En el 2007, había 1.7 millones de miembros, casi el 7 por ciento de incremento sobre el 2006.

Sabías que:

Estamos localizados en 151 áreas del mundo.

Sabías que:

En 2007, había 170,045 nuevos nazarenos (144,643 por profesión de fe).

Sabías que:

En 2007, había 136,888 nuevos nazarenos en áreas de Misión Mundial y 33,157 en los EE.UU. y Canadá.

Sabías que:

En 2007, había 20,958 iglesias de las cuales 15,359 están organizadas.

Sabías que:

En 2007, 1,032 nuevas iglesias fueron organizadas.

Sabías que:

En 2007, 774 misioneros y voluntarios fueron financiados por el Fondo de Evangelismo Mundial.

Sabías que:

En 2007, Un número récord de hombres y mujeres fueron ordenados como presbíteros y diáconos.

Sabías que:

En el 1980 había siete congregaciones nazarenas de más de 1,000 personas. Hoy en día, 51 congregaciones informan 1,000 o más de asistencia al servicio de adoración.

Centenario: Nuestra Misión y Valores Medulares

Una Iglesia en la Tradición Wesleyana: Nuestra Misión

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…

La Iglesia del Nazareno es una iglesia de la Gran Comisión.

Como tal, nuestros miembros procuran testificar fiel y atractivamente a todas las personas, para que la vida de Cristo en uno atraiga otros al amor, la adoración y el servicio de Dios.

Somos llamados, especialmente, a predicar el evangelio al pobre.

Los vehículos básicos por medio de los cuales llevamos nuestra misión son los siguientes: adoración colectiva, evangelismo, ministerio de compasión, discipulado cristiano, y educación.

Debido a que todo el pueblo de Dios constituye “la Iglesia” y porque cada cristiano es llamado al ministerio por virtud de su bautismo, cada creyente en la Iglesia del Nazareno tiene parte en la misión a la cual somos llamados como cuerpo.

La Iglesia del Nazareno sustenta tres valores esenciales importantes:

1. Somos un Pueblo Cristiano: Como miembros de la iglesia universal, nos unimos a los verdaderos creyentes en la proclamación del señorío de Jesucristo y en los credos trinitarios históricos de la fe cristiana.

Apreciamos nuestra herencia wesleyana de santidad y la consideramos la manera de comprender la fe verdadera de acuerdo con la Escritura, la razón, la tradición y la experiencia.

2. Somos un Pueblo de Santidad: Dios, quien es santo, nos llama a una vida de santidad.

Creemos que el Espíritu Santo desea efectuar en nosotros una segunda obra de gracia, conocida con varios términos incluyendo “entera santificación” y “bautismo con el Espíritu Santo” limpiándonos de todo pecado; renovándonos a la imagen de Dios; dándonos el poder para amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; y produciendo en nosotros el carácter de Cristo. La santidad en la vida de los creyentes se entiende más claramente como semejanza a Cristo.

3. Somos un Pueblo Misional: Somos un “pueblo enviado” que responde al llamado de Cristo y es capacitado por el Espíritu Santo para ir al mundo, a testificar del señorío de Cristo y participar con Dios en la edificación de la iglesia y la extensión de su reino (2 Corintios 6:1). Nuestra misión (a) principia en la adoración, (b) ministra al mundo en el evangelismo y la compasión, (c) anima a los creyentes a la madurez cristiana a través del discipulado, y (d) prepara a mujeres y hombres para el servicio cristiano a través de la educación cristiana superior.

Centenario: Lo que Creemos y Enseñamos

Una Iglesia en la Tradición Wesleyana: Lo que Creemos y Enseñamos

Creemos que nosotros somos solamente una parte de la Iglesia Universal de Cristo y compartimos con otros creyentes de otras tradiciones a un Señor, una fe y un bautismo.

Junto con otros protestantes afirmamos la prioridad de salvación por la sola gracia por medio de la fe en Cristo, el sacerdocio de todos los creyentes y la Biblia como la regla final de la fe cristiana y práctica.

Creemos que el Antiguo y Nuevo Testamento revelan la voluntad de Dios para todas las personas concernientes al pecado, la salvación y la nueva vida en Cristo.

Afirmamos que la muerte de Cristo expía los pecados de todas las personas, y que su gracia es efectiva para la salvación de cada persona que la acepta.

Creemos que los cristianos son justificados y santificados por la fe solamente.

Creemos que la gracia santificadora de Cristo se recibe inicialmente en el nuevo nacimiento (regeneración) cuando el Espíritu Santo imparte un nuevo principio de vida espiritual, y la gracia santificadora se incrementa conforme vivimos una vida por el espíritu. Afirmamos que la entera santificación es una provisión de gracia y una posibilidad para todos los creyentes, en donde el corazón es limpio de todo pecado y se llena con amor para Dios y el prójimo.

Centenario: De Dónde Venimos

Conocer nuestra historia y nuestros fundamentos es muy importante para poder identificarnos aun más como Nazarenos. Ver el desarrollo de nuestra iglesia desde sus inicios nos anima a seguir adelante. Compartimos en estos días algunos puntos importantes que además de darte más conocimiento histórico se mostrará tu papel en nuestra Iglesia.


Una Iglesia en la Tradición Wesleyana: De Dónde Venimos

El linaje Nazareno corre a través de la Reforma Inglesa, la extensión internacional del Metodismo y del Movimiento de Santidad Wesleyano en los Estados Unidos.
La Iglesia del Nazareno emergió como una unión de varias denominaciones de santidad wesleyanas y por el año de 1915 abrazó a siete grupos norteamericanos y británicos previamente separados.

Phineas F. Bresee dio forma al modelo de gobierno de la iglesia. Hiram F. Reynolds nutrió su identidad como una iglesia comprometida a las misiones internacionales.

La Iglesia tuvo una dimensión internacional desde sus inicios. Hoy día, es por intención una iglesia internacional con más de 380 distritos a lo largo del mundo, de los cuales tres cuartas partes están fuera de los Estados Unidos. Hay cerca de 1.7 millones de nazarenos. Más de 66% viven fuera de los Estados Unidos y Canadá.

Un Pueblo Enviado

Como hemos visto en las últimas dos entradas, Pedro dice que somos un linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, un pueblo adquirido por Dios. ¿Pero para qué? “Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (2:9). Somos un pueblo enviado.

La nuestra no es una posesión para nuestro propio bien. Somos comisionados a proclamar sus actos poderosos. Habiendo sido escogidos, redimidos, transformados, y santificados, también somos enviados. Ser elegidos no es para nosotros solos, es para el mundo.

En su segunda carta Pedro hizo que su pensamiento fuera muy claro: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Pedro obviamente había llegado a abrazar la pasión de Jesús por los perdidos. El Dios que amó al mundo suficientemente como para enviar a su único Hijo (Juan 3:16), ¡desea que ninguno se pierda!

Esa convicción ha motivado a la Iglesia del Nazareno alrededor del mundo. No podemos descansar mientras hay tantos que aun no están con Cristo. Nuestra misión implica ser valientes y llenos de valor. Somos el pueblo enviado de Dios, llamados a proclamar las riquezas de su gracia a todas las personas, en todo el mundo. Con el optimismo radical de la gracia que nos motiva, vamos con el poder del Espíritu para ganar el mundo para Cristo.

Somos enviados. Esta es nuestra herencia; esta es nuestra misión.

Un Pueblo Santo

Pedro continuó afirmando un aspecto muy significativo de este nuevo pueblo escogido, “Mas vosotros sois… real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (2:9). Simón Pedro reclamó esta demanda a la herencia de Israel y la aplicó al pueblo al cual le escribía. Ustedes han sido elegidos y destinados por Dios Padre y santificados por el Espíritu para ser obedientes a Jesucristo, les dijo. Esta es su herencia. Este es su futuro. Somos el pueblo santo de Dios.

Anteriormente, en la misma carta, también había apelado a la herencia del pueblo de Israel. Lo había aplicado directamente a sus lectores: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: ‘sed santos porque yo soy santo’” (1 Pedro 1:14-16).

Nosotros, los llamados nazarenos, como cuerpo y como personas que formamos ese cuerpo, somos llamados a ser un pueblo santo. Somos llamados a vivir la santidad impartida a nosotros por la obra santificadora del Espíritu, y somos llamados a obedecer a Jesucristo. Es un tipo de obediencia de amor y compasión, de misericordia y aceptación. Es una obediencia de resistencia firme al pecado en todas sus formas y resistencia a conformarse al mundo que nos rodea.

Es una obediencia de rendición radical al señorío de Jesucristo, a vivir bajo el poder del Espíritu, a un amor profundo por personas de todo tipo. Y esta es una obediencia de compromiso activo con las necesidades de las personas alrededor nuestro.

Déjeme preguntarle algo acerca de esto. Esta magnífica obra de gracia de santidad, de entera santificación, es más que solo una teoría. Esta es la vida más profunda que nosotros, los nazarenos, hemos vivido y predicado a lo largo de nuestra historia. Esta es la razón por la cual existimos.

Pero la pregunta que quiero hacerle ahora es: ¿Ha experimentado usted esta maravillosa gracia? ¿Ha dejado que el Espíritu de Dios trabaje en su vida, para acercarlo más a él, para formarlo y moldearlo conforme a la imagen de Cristo? ¿Ha llegado a un momento de entrega total de su propia voluntad para ser completamente lleno del poder santificador del Espíritu Santo? Quiere que usted sea lleno de él mismo. Él quiere purificar su corazón. Lo invita a ese momento de entrega. ¡Esta es su voluntad para usted!

¿Buscará la plenitud de Dios? ¿Ofrecerá su vida redimida a él dejando completamente de lado todo tipo de soberanía que no sea él en su vida? ¿Dejará que sea el Señor de su vida en los rincones más profundos de su alma? ¡Confíe en él! ¡Ríndase a él! ¡Recíbalo! ¡Él desea llenar su vida con su Espíritu!

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