Archivos Mensuales: enero 2009

El Rol del Líder Misional en un Mundo Político

En los últimos días (23, 26, y 28 de enero 2009) escribí algunos pensamientos sobre el racismo y las misiones después de reflexionar sobre la inauguración del primer Presidente afro-americano en la historia de los EEUU. Quisiera utilizar este evento como un trampolín para hablar también de nuestro rol como cristianos misionales en un mundo sumamente político.

Admito que no voté por Barack Obama, aunque creo que pudiera desempeñar un muy buen trabajo si cumple con todo lo que promete. Después de la elección la reacción de la Iglesia en los EEUU y en otros países ha sido fascinante. Algunos cristianos piensan que Obama es un súper héroe que va a salvar la nación y el mundo de todas las estrategias equivocadas de George W. Bush. Otros cristianos lamentan la elección de Obama y dicen que tendremos ocho años de infierno en la Tierra. Son dos perspectivas muy diferentes, ¡y ambas manifestadas por cristianos que de verdad aman al Señor y al prójimo profundamente! ¿Quién tiene la razón? ¿Qué tiene que ver esto con misiones?

Primero, quiero recalcar que nunca debemos poner nuestra esperanza en algún partido político o en algún líder específico (ni aun en un líder de la Iglesia). Nuestra esperanza es “Cristo en ustedes, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

A la vez, no debemos buscar algún hoyo donde meter la cabeza y escondernos de la política y situación real que nos envuelva. De hecho, Cristo nos puede usar como agentes de transformación aun dentro de tal sistema.

La responsabilidad de un cristiano global y especialmente un misionero es “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia…” (Mateo 6:33). Pero, yo mantengo que buscar Su reino, Su voluntad, y Su corazón implica por necesidad trabajar y vivir como ciudadanos ejemplares tanto de las naciones donde moramos como del cielo (Fil. 3:20).

¿Qué opinan? ¿Cuál debe ser la reacción de un cristiano o un misionero con la política?

El Reino Mosaico

Hemos estado hablando del racismo, otras culturas, y la misión en estas últimas entradas. Hace algunos días, leí una historia animadora en la última revista MNC (Ministerios Nazarenos de Compasión):

“La diversidad puede dividir o puede enriquecer. Puede crear un lío o un mosaico hermoso. Todo depende de la percepción.

Considera la Iglesia del Nazareno en Damasco. Tenía 120 miembros en 2003, cuando la guerra en Irak dirigió más de un millón de refugiados de Irak a Siria…[Los sirianos] mismos no tenían dinero—sino casi viven en pobreza—les faltaban las necesidades básicas para poder ayudar mínimamente…

Nancy Samara, la coordinadora de MNC en Siria, describió un desafío más grande todavía: ‘Aunque los Sirios y los Iraquís hablan la misma lengua, hemos tenido un pasado dañado con los Iraquís y no estábamos seguros si nos podíamos llevar bien. Muchos vinieron a nuestras puertas con necesidades, y empezamos, con poca voluntad, a hacer lo que Dios quería que hiciéramos.’

Entonces vinieron Kurdos, Caldéanos, Shiítas, y Asirios. Hombres barbados, mujeres cubiertas en negro de pies a cabeza, Cristianos que nunca habían entrado a una iglesia, y personas de ciudades grandes como Bagdad, hasta pueblos pequeños vinieron y fueron alimentados.

El milagro más obvio fue que Dios proveyó comida para miles de familias cada mes por seis meses y ayudó a la iglesia a empezar una clínica para los pobres. Pero Nancy nos recuerda de un milagro más grande que ocurrió.

‘Dios preparó nuestros corazones para que pudiéramos amar a nuestro prójimo, los Iraquís. Dios abrió nuestros ojos a sus necesidades y las diferencias entre nosotros fueron eliminadas.’

Ahora—cinco años después, la crisis ha terminado, pero los Iraquís están presentes dentro de la comunidad—en la iglesia, en las escuelas, en la clínica, y en los programas de jóvenes que tienen más de 100 niños y jóvenes asistiendo…

‘Nunca pensé que lo diría,’ dijo Nancy con una sonrisa, “Pero ahora amo a los Iraquís más que a mi propia gente.'”

Racismo, Prejuicios, ¿y las Misiones?

Al pensar en la Inauguración de Barack Obama como Presidente de los EEUU la semana pasada, y al contemplar su significado para ese pueblo, empecé a meditar sobre el ministerio, las misiones, y el racismo latente que he visto a veces dentro de la Iglesia nuestra.

Escena 1: Un nuevo misionero va al campo con todo el entrenamiento y con todas las ganas de encarnarse en la cultura. Pero dos años después regresa a su tierra decepcionado. “¿Por qué no había resultados? ¿Por qué está regresando?” algunos preguntan. “Es que,” el misionero responde, “la gente allá es dura. No me escuchan. No son amistosos y parte de su cultura es juzgar al extranjero…”

Escena 2: “Todos somos misioneros,” el pastor predica a su congregación homogéneo algún domingo. “Debemos estar alcanzando a nuestros vecinos para Cristo.” El próximo martes la Junta de la Iglesia se reúne para decidir si deben permitir que otra iglesia de otra etnia se una a su congregación. “Les advierto,” un diácono dice. “Si combinamos las congregaciones, tendremos que alabar en su idioma y según sus costumbres. ¿Quién quiere eso? Es incómodo. Mejor si ellos alaben en nuestro edificio después de que terminemos cada domingo.” Otro mayordomo añade, “Ni permitamos esto, hermanos. La mayoría de ellos son ilegales…”

Estas dos escenas sucedieron en nuestros países de México y América Central. Muchas veces pensamos en el racismo como algo radical y obvio: personas de una raza linchando en odio a personas de otra. Pero es más sutil a menudo. Muchas veces pensamos que el racismo no está en la Iglesia. ¿O es que lo escondemos mejor?

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 3:28).

Este miércoles hablaremos de un testimonio impactante y conmovedor que muestra que no tenemos que portarnos como la gente de las primeras dos escenas. Pero cerremos esta entrada con alguna reflexión personal. Sería fácil señalar a otros y no examinarnos a nosotros mismos.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).

Pensamientos Sobre la Inauguración de Barack Obama

Este martes pasado (20 enero 2009) tuve la oportunidad de mirar algunas partes de la Inauguración de Barack Obama como el 44 Presidente de los Estados Unidos. Nunca ha sido el propósito primordial de este blog meternos en la política de nuestros países (mucho menos de los EEUU), pero me tengo que expresar con respeto al nuevo gobernante estadounidense.

No estoy de acuerdo con muchas de las posturas que Obama ha adoptado. Hay diferencias morales entre él y yo sobre el aborto, el matrimonio gay, etc. Pero—quizás no puedo explicarlo bien—yo estaba muy emocional al verlo prestar juramento y declararse Presidente de los EEUU.

Tienen que entender la historia de ese país. Ustedes lo han visto en las películas y han leído en los libros: la esclavitud, la Guerra Civil, el Movimiento de Derechos Civiles en los 1960s. Nuestra historia como nación relativamente joven se ha llenado con racismo, persecución, y muchas lágrimas y aun sangre derramada sobre este tema. Claro, se ha mejorado mucho, pero cualquier resumen de la historia estadounidense tiene que reconocer estos hechos vergonzosos.

Y ahora, en 2009, un hombre que no se hubiera servido en algunos restaurantes del Sur hace 45 años es Presidente de los EEUU. ¿Entienden la profundidad de lo que sucedió el martes? Yo sí, y aunque no comparto sus posiciones sobre muchas cosas, lo aplaudo y veo en parte una gran sanidad corporal ocurriendo en los EEUU. El desamparado, el privado de derechos ha experimentado en algún sentido real un triunfo inexpresable. ¿Debemos triunfar con él también, verdad?

El lunes hablaremos de lo que tiene que ver todo esto con las misiones…


Un Trabajo Difícil, Pero Digno para Valientes

“Vamos a evangelizar,” dicen los líderes del grupo. Y si pudiéramos escuchar el interior de todos, seguramente se escucharía un coro que dice: “Ay, no… cualquier cosa menos evangelizar,” “Evangelizar… es que… yo no puedo hacerlo,” o incluso la muy conocida frase: “Es que, yo no tengo el don del evangelismo.”


Lee los siguientes pasajes y medita que tan importante es para Dios que tú compartas el evangelio: Marcos 8:35, Marcos 16:15, Romanos 1:16


El evangelismo no es sólo un don de pocos. Es un deber que todo cristiano debe hacer durante toda su vida, no creas que el evangelismo significa ir con un tratado, aprenderte algunos versículos claves, y hablar con personas que no conoces. Ese quizás es tan solo un método de tantos recursos que hay a nuestro alcance. Gracias a Dios y a la creatividad que él ha puesto en nosotros ahora podemos evangelizar de diversas formas en la cual puedes poner los talentos que él ha dado a cada uno para cumplir el mandato de dar a conocer las buenas nuevas en cada rincón del mundo.

Y, ¿cuáles métodos podemos usar? Tenemos el Cubo Evangelístico, la Película Jesús, las clases bíblicas para niños, las obras de teatro, etc. Pero también necesitas experimentar la aceptación y/o el posible rechazo que la gente puede darte en una conversación personal.


El tema del compartir el evangelio en el Nuevo Testamento es muy extenso, hay una gran cantidad de versículos que dan mucha importancia al compartir la palabra. Ahora tenemos la ventaja de compartir la palabra y recibir a cambio quizás un rechazo verbal o que nos cierren las puertas en nuestras narices. Pero compáralo a la antigüedad donde podrías perder la vida o ser castigado severamente. El trabajo es mucho y los obreros pocos, anímate a ser uno de los pocos valientes que arrebatan el reino de los cielos.

–Escrito por Carlos Monterroso, Asistente Previo en Misión Mundial MAC

La Provisión Perfecta de Dios

Hace un año atrás mi esposa y yo iniciamos oficialmente un proyecto de apoyo a niños de escasos recursos, todo inició con una inquietud en nuestro corazón para poder ayudar a estos niños pero no contábamos con recursos materiales ni financieros para poder cubrir tal necesidad, así que empezamos a hacer lo que podíamos e invertimos un poquitito de nuestros recursos económicos para realizar algunas pequeñas actividades. Por un momento nos olvidamos que no estábamos solos.

Lee: 2ª Corintios 9:8-12

En ocasiones parece que olvidamos que tenemos un Dios que es dueño y creador de todo lo que existe en la tierra. Tratamos de conseguir y hacer todo con nuestras propias fuerzas. Es entonces cuando pensamos o creemos que la tarea encomendada es imposible de cumplir. Además él no provee únicamente para hacernos ricos o tener muchísimos bienes. Todo lo que recibimos es porque él quiere que lo compartamos.

No es sólo el área económica, todo lo que recibimos de él a diario, es para que podamos dar a aquel que lo necesita. Nosotros sólo somos el medio por el cual Dios quiere bendecir a los demás.

Piensa en esto:

¿Qué cosas Dios te ha dado en esta semana que puede compartir con los demás? ¿Recuerdas cuando fue la última vez que Dios proveyó de forma milagrosa algo para ti o para tu familia? ¿Tienes un sueño que crees imposible de alcanzar por falta de recursos?, ¿Qué te ha dicho Dios que hagas en tu comunidad?, ¿Crees que es imposible de alcanzar ese sueño o petición de parte de Dios?

Los recursos no son un obstáculo, ahora nosotros tenemos un proyecto que impacta la vida de 65 niños y 10 adolescentes y que sabemos aumentará.

–Escrito por Carlos Monterroso, Asistente Previo en Misión Mundial MAC

Compasión, el Reflejo de Jesús en el Mundo

Diariamente ocurren todo género de desgracias: las fuerzas naturales, la violencia entre los hombres y los accidentes. En casos tan lamentables la compasión nos mueve a realizar campañas, colectas, o prestar servicio voluntario para apoyar en las labores de ayuda humanitaria.

Lee: Romanos 12:10 – 21.

Durante tu vida, seguro participarás de algunas actividades de compasión y sin duda eso será fantástico. ¿Pero que pasará después de ello, cuando vuelvas a tu vida cotidiana? ¿Será posible que sólo recuerdes la compasión como un ministerio lindo, o una actividad que únicamente se puede realizar en grupo y lejos de tu hogar?

La compasión va más allá de un nombrecito que se usa para realizar jornadas médicas o realizar actividades cada cierto tiempo. La compasión debe ser un estilo de vida que permita a los demás glorificar el nombre de Dios por ver el amor y reflejo de Jesús en ti.

Ante todo, debe quedar claro que tener compasión y sentir lástima no es lo mismo.

En el pasaje de Romanos 12:10-21 piensa en lo siguiente y responde para ti mismo:

¿Amas y respetas a tu prójimo (a tus amigos, vecinos, familia, compañeros de estudio o trabajo)? (v.10)

¿Sirves al Señor con fervor (realizas tus ministerios con amor, vives reflejando el amor de Dios día con día)? (v.11)

¿Ayudas a los hermanos necesitados (no es una limosna la que te hace compasivo; ¿conoces a alguien que tiene necesidad y le has ayudado en el último mes?)? (v.13)

¿Bendices en lugar de maldecir? (v. 14)

¿Eres solidario con los humildes? (v. 16)

¿Haces lo bueno delante de TODOS (o sólo en la iglesia y tu familia)? (v. 17)

¿Has ayudado a tus enemigos (o no te importa si necesitan algo que solo tú puedes darles)? (v.19-20)

Piensa en esto: la compasión es el método por medio de la cual Dios se muestra a los demás. Es una de las más grandes pruebas que Dios existe–no sólo en el mundo, sino también en tu corazón.

–Escrito por Carlos Monterroso, Asistente Previo en Misión Mundial MAC

Más que una Simple Actividad Grupal de la Iglesia

Hoy estás iniciando un nuevo día; quizás este día será muy diferente a una vida monótona, experimentarás grandes bendiciones y serás bendición para muchísimas personas que habitan alrededor de tu comunidad.

Lee: Efesios 2.

La pregunta es: ¿Estás listo y preparado para ser bendición en tu comunidad? Esta pregunta se refiere a que no es suficiente sólo con querer hacer. Necesitamos iniciar este día rompiendo máscaras y presentando nuestro cuerpo y espíritu a Dios para ponerlo a su disposición. ¿Por qué? Porque en todo lo que hacemos no se trata de hacer un cambio físico, se trata de más que eso; se trata de impactar los corazones de las personas que nos rodean, sean Cristianos o no Cristianos. Se trata de edificar y bendecir a todos aquellos que están con nosotros.

Ahora tú eres el representante de Dios, en este momento, eres el reflejo de Jesús por donde quiera que vayas, todos están fijando su mirada en ti.

Ya no somos lo que antes éramos; si deseas ser bendición y un instrumento eficaz debemos presentarnos en sacrificio vivo a Cristo para que sea el quien moldee aun más todo lo que somos.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

Sigue siendo un instrumento grato a los ojos de Dios, un instrumento que Dios desea usar en todo momento y siéntete orgulloso de ser un instrumento limpio y de honra al Señor.

–Escrito por Carlos Monterroso, Asistente Previo en Misión Mundial MAC

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