Racismo, Prejuicios, ¿y las Misiones?

Al pensar en la Inauguración de Barack Obama como Presidente de los EEUU la semana pasada, y al contemplar su significado para ese pueblo, empecé a meditar sobre el ministerio, las misiones, y el racismo latente que he visto a veces dentro de la Iglesia nuestra.

Escena 1: Un nuevo misionero va al campo con todo el entrenamiento y con todas las ganas de encarnarse en la cultura. Pero dos años después regresa a su tierra decepcionado. «¿Por qué no había resultados? ¿Por qué está regresando?» algunos preguntan. «Es que,» el misionero responde, «la gente allá es dura. No me escuchan. No son amistosos y parte de su cultura es juzgar al extranjero…»

Escena 2: «Todos somos misioneros,» el pastor predica a su congregación homogéneo algún domingo. «Debemos estar alcanzando a nuestros vecinos para Cristo.» El próximo martes la Junta de la Iglesia se reúne para decidir si deben permitir que otra iglesia de otra etnia se una a su congregación. «Les advierto,» un diácono dice. «Si combinamos las congregaciones, tendremos que alabar en su idioma y según sus costumbres. ¿Quién quiere eso? Es incómodo. Mejor si ellos alaben en nuestro edificio después de que terminemos cada domingo.» Otro mayordomo añade, «Ni permitamos esto, hermanos. La mayoría de ellos son ilegales…»

Estas dos escenas sucedieron en nuestros países de México y América Central. Muchas veces pensamos en el racismo como algo radical y obvio: personas de una raza linchando en odio a personas de otra. Pero es más sutil a menudo. Muchas veces pensamos que el racismo no está en la Iglesia. ¿O es que lo escondemos mejor?

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gál. 3:28).

Este miércoles hablaremos de un testimonio impactante y conmovedor que muestra que no tenemos que portarnos como la gente de las primeras dos escenas. Pero cerremos esta entrada con alguna reflexión personal. Sería fácil señalar a otros y no examinarnos a nosotros mismos.

«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí» (Salmo 51:10).

2 comentarios sobre “Racismo, Prejuicios, ¿y las Misiones?

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  1. A un no hemos comprendido que todos somos uno en CRISTO, y mientras nosotros no querramos ententer, nuestras iglesias estran llenas de cristianos bacios, sin Amor y Afecto para con las demas personas. Y no podremos compartir el evangelio

  2. Es cierto que existe ese tipo de racismo «sutil» en nuestras iglesias como también existe el racismo academico, que en cierta forma también impide el expresar a otros nuestro amor y aún compartir el evangelio.

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