Archivos diarios: 2 febrero 2009

¿Un Atalaya Para Zelaya?

En los últimos dos años en América hemos visto y hemos participado en un montón de elecciones presidenciales. En algunos países la Iglesia ha celebrado los resultados de dichas elecciones y en otros la Iglesia se ha frustrado y se ha preocupado en gran manera. En varios casos la Iglesia no ha estado de acuerdo en su posición u opinión de los nuevos líderes que quedan electos. ¡Aunque somos un Cuerpo, pensamos de muchas maneras diferentes—y está bien!

Una posición que no he visto mucho lamentablemente en la Iglesia es la de orar por los líderes gubernamentales y políticos que lideran nuestros países, no importando el partido político al que pertenezcan. Entonces ¿por qué nos cuesta como Iglesia orar por nuestros líderes? Ya sea en tiempos buenos y en tiempos horribles.

Hace veinte siglos, Pablo exhortó a Timoteo: “Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes
y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador” (1 Timoteo 3:1-3).

Al principio nos parece raro que Pablo se preocupara no solamente por el evangelio y no solamente por la iglesia o el ministerio de Timoteo, sino por los gobernantes y autoridades también. Recordemos que estos mismos líderes muchas veces en el primer siglo estaban encarcelando a los cristianos y persiguiendo a muchos hasta matarlos. ¿Orar por ellos? ¿Qué diferencia hará? Pablo no está diciendo que debemos orar sólo para que ellos nos defiendan o nos traten bien. ¡¿Cómo puede una Iglesia perseguida orar genuinamente por las familias y el bienestar de las autoridades que le persiguen?! (Las exhortaciones de Pablo en otros pasajes como Romanos 13:1-7; Efesios 6:12; y Tito 3:1 nos golpean también en ese sentido).

Tengo que confesar que orar por nuestros Presidentes y autoridades no me es fácil. Prefiero orar por la evangelización del mundo, por los ministerios de la Iglesia, o por las necesidades palpables de algunos hermanos o personas de la comunidad. Sin embargo, como cristiano y misionero orar por Calderón o Colom debe ser natural también. No solamente oramos que Dios derrame una saca de bendiciones sobre nosotros; también oramos por Saca (es decir, Elías Antonio). Oramos por Oseas, nuestro Pastor, pero a la vez por Obama y Ortega, nuestros Presidentes.

Cuando oramos por nuestros líderes (por humildad, valentía, y sabiduría) estamos sobrepasando nuestra afiliación a un partido o preferencia, a argumentos de una campaña y a divisiones que son reales y sustanciales. Más bien buscamos ser compañeros intercesores en el shalom de Dios, que puede venir en parte a través de gobiernos, autoridades, y aún presidentes.

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