Archivos diarios: 14 septiembre 2009

La Oración Infinita

hands_claspedLA ORACIÓN INFINITA

San Juan 17

C

ADA VEZ QUE doblamos nuestras rodillas nos unimos a la gran comunidad que dobla sus rodillas. Acaso no seamos más que eso, una comunidad hincada, no por vergüenza, sino por voluntad, por el libre acto de reconocer voluntariamente quién es el Señor de este pueblo.

Ya sea que entremos a la casa de oración, o encerrados en el silencio de la recámara, o en las prisas cotidianas de la calle, o estemos un retiro con la mañana diáfana, en ese instante nos unimos a la gran familia que se extiende a lo largo y ancho de la geografía, y también nos unimos a esa gran familia real e histórica que ha pasado por esta tierra: a nuestros hermanos coreanos, afganos y norteamericanos, como también a nuestras hermanas africanas, australianas y danesas; a los niños en Somalia, a las niñas en Rusia; y también a Bruno Radi, a Honorato Reza, a Martin Luther King, Jr., a Phineas Bresee, a John Wesley, a Martín Lutero, a los monjes del desierto, a los Padres apostólicos, a la Iglesia primitiva, al apóstol Pablo, a los Doce y al Maestro de los Doce, a nuestro Maestro.

Nos unimos al Maestro que también está de rodillas, en el Getsemaní.

Después de pasar años preparándose, ha llegado su hora; la Cruz le espera. Y el Maestro tiene mucho en qué pensar, pero decide pensar en ti y en mí.Evangélicos_convocan_a_una_vigilia_de_oración_por_Venezuela

Nosotros, con toda la montaña de nuestros errores, estamos ahora en la mente del Maestro, y pidió al Padre por nuestra salvación plena y para que fuésemos parte del Cuerpo de Cristo -un Cuerpo que está integrado por todas las personas que han creído en Él, sin importar su raza o color de piel, ni los años de edad o la época en que nacieron.

Para que seamos UNO; uno con los apóstoles que escucharon esa oración, uno con las mujeres que lloraron al pie de la cruz, uno con los que corrieron para ver que su cuerpo ya no estaba en la tumba, uno con los congregados en el aposento alto el día del Pentecostés, uno con los primeros miles nuevos convertidos en la Iglesia naciente, uno con los que fueron hostigados por el Imperio de Roma, uno con los que se fueron al desierto para experimentar la presencia de Dios, uno con los mártires que antes de morir gritaron el nombre de su Señor y Salvador, uno con los millones de cristianos que ahora están adorando al Rey de reyes, uno con nuestros hermanos del Medio Oriente que están sufriendo persecuciones, uno con los misioneros encarcelados, uno con nuestras hermanas indígenas que reciben burlas por su creencia; uno con quienes están este día en nuestras congregaciones, uno con el hermano que no puede andar, uno con nuestros ancianos enfermos, uno con los niños y los adolescentes, uno con nuestros jóvenes efusivos, uno con las mujeres afanosas que en todas las actividades siempre están al frente… Y uno con aquellos que vendrán a los pies de Cristo, para unirse también a esta comunidad que se extiende a lo largo y ancho del planeta y que ora por todos los siglos.

Yeri Nieto

A %d blogueros les gusta esto: