Archivos diarios: 18 septiembre 2009

La Seguridad v. La Aventura

paloma blanca y silueta fusil soldado jun 10 07Ucrania: Vera Yakovlena*

Ya habían enviado innumerables cristianos de la ciudad a los campos de trabajo forzado en Siberia por su fe.  Ahora le tocaba a Vera Yakovlena.  La reputación de esos campos era muy conocida y ella estaba segura que nunca sobreviviría.

Cuando un guardia la encontró testificando de Cristo, su castigo fue pararse descalza sobre hielo por horas.  Cuando no logró alcanzar su cuota de trabajo la golpearon y le negaron el caldo aguado que llamaban la cena.

Vera salió al patio de la prisión para estar sola.  En su tristeza no notó que había cruzado a la zona prohibida, donde les disparaban a los prisioneros de forma automática.

De repente, una voz áspera gritó:

–“Oye, ¿es tu madre cristiana?”

Vera, aturdida y atemorizada, que en realidad había estado pensando en su madre en ese momento, respondió: “¿Por qué lo pregunta?”

–“Porque hace diez minutos que te observo, pero no he podido dispararte,” dijo el guardia.  “No puedo mover mi brazo.  Está muy saludable lo he estado moviendo todo el día.  Así que pensé que debes tener una madre que está orando por ti.  Corre de regreso; yo miraré en otra dirección.”

Al día siguiente, Vera vio al guardia.  Él le sonrió y levantó su brazo diciendo:

–“Ahora lo puedo mover de nuevo.”

No nos gusta correr riesgos.  Preferimos la seguridad que la aventura.  Preferimos la comodidad que el reto.  Sin embargo, nos hemos olvidado que Dios nos ofrece su protección en los momentos en que estamos en el frente de batalla a su servicio.  La protección de Dios es más como un escudo de batalla que como una frazada de seguridad para nuestra comodidad en el hogar.

¿Cuándo fue la última vez que se movió tanto en fe que tuvo que sencillamente confiar en la protección de Dios? ¿Está tan ocupado protegiendo su vida que se ha olvidado de cómo confiar en Dios?

*Del libro Devoción Extrema: La Voz de los Mártires

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