Archivos diarios: 2 diciembre 2009

Olvidando sus Beneficios…

Aunque todo el mes de noviembre fue dedicado al tema de la santidad, tengo que escribir una entrada más sobre ella…

Hace seis días celebramos el Día de Acción de Gracias en nuestra casa con familia y con algunos amigos acá en Costa Rica.  Yo sé que es un día de feriado norteamericano y que no se celebra en Latinoamérica, pero para mí ha llegado a ser muy significativo.  Es un día de comer mucho, relajarse con familia, y por supuesto agradecer a Dios por todo lo que Él ha hecho.

Yo recuerdo bien cuando era niño que mi papá tenía una costumbre interesante sobre este día.  Él esperaba que toda la comida–el pavo, las papas, el pan caliente, las verduras frescas–se hubiera preparado y estuviera en la mesa.  Esperaba hasta que todos nos sentáramos alrededor de la gran mesa (o dos mesas a veces).  Y mientras olíamos y veíamos la comida deliciosa, él insistía que cada persona presente–los niños incluidos–compartiera algo por lo cual estábamos agradecidos.  Recuerdo que algunos años éramos más de veinte personas que compartíamos mientras la comida nos tentaba.  ¡Qué tortura!

Mi papá nos enseñaba algo importante.  La vida cristiana y la santidad tienen mucho que ver con dar gracias continuamente.  ¿Como podemos agradar a Dios sin agradecerle a Él? Debemos poseer una actitud de gratitud, aun cuando las pruebas de la vida nos atacan y nos deprimen.

Me encantaría decir que siempre vivo así.  Pero a veces cosas sencillas me frustran y pierdo mi gozo tan facilmente.  Me empiezo a quejar demasiado.  ¿De dónde surge este carácter ingrato? A veces quiero culpar a los israelitas que murmuraban constantamente, pero tengo que admitir que me encuentro a su lado a menudo.  ¿Luchas con esto o soy el único?

“Bendice alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2).

Hagamos una lista hoy de todas las bendiciones que recibimos del Señor.  Y dediquemos un tiempo a dar gracias a Él por todas y cada una de las bendiciones de las que somos conscientes, reconociendo que proceden sólo de su gracia y favor inmerecido para con nosotros.

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