Archivos Mensuales: septiembre 2010

“Hasta que Cristo sea Formado en Vosotros”

Parte de la formación de un misionero nazareno es la disciplina.  Esta entrada es escrita por la Dra. Erika Ríos Hasenauer y es continuidad de la serie de estas últimas dos semanas.

1 Corintios 10:23 y 9:24-27 habla de la disciplina del atleta que participa en una competencia. (Ti 2.5) De la misma forma y con mayor razón, somos motivados a buscar a Dios con esa misma disciplina.

La historia se repite una y otra vez.  Los patriarcas, profetas, jueces, discípulos y hombres de Dios de la historia contemporánea, han tenido una experiencia gloriosa antes de hacer algo glorioso para Dios. Con vidas ejemplares y disciplinadas reformaron la historia bíblica y contemporánea.

¿Cómo lo logramos? ¿Qué ingredientes son necesarios para tener un crecimiento espiritual?

Hay mucho dolor, desencanto y frustración para todos (los que envían, para los enviados y receptores) cuando una persona ministra sin una experiencia santa en su corazón.

La única manera de agradar a Dios en nuestra vida y ministerio es a través de un corazón que reúne los siguientes requisitos.

  • Santidad. 1 Tes 5.23
  • Compromiso.
  • Consagración. Es más importante para Dios SER que HACER.
  • Convicción. Las convicciones forman el carácter. Jesús superó todo porque tenía convicción.
  • Carácter. No es el carisma, es el carácter.  El carisma puede ser más superficial, es nato, pero el carácter se forja.  Pablo agonizaba por la necesidad que veía en el pueblo: “Hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19), pero sin duda no hay otro carácter que admire más que el de Cristo.
  • Humildad.

Un día, sentí que Dios estaba tratando con mi soberbia, falta de sometimiento, y de paciencia…

Estaba atendiendo a un pequeño que tenía una horrible infección en uno de sus pies.  Arrodillada, realizaba la limpieza adecuada pero el olor era difícil de soportar.  Un pensamiento de rebelión paso por mi mente preguntándome: ¿Por qué estaba ahí? ¿Quién me mandó a hacer eso si yo soy médico no enfermera? ¿Por qué yo?

En sólo unos instantes, sentí al Espíritu Santo hablándome: “Quiero enseñarte a servir, y a amar como yo lo hago”.  Esa es mi oración cada día.  Que esté dispuesta a servir siempre, dando lo mejor de mí, como Él y su pueblo merece.

Un Encuentro con Dios

En esta entrada Erika Ríos Hasenauer escribe sobre “Un Encuentro con Dios”,  continuidad de la anterior y de la serie “La Formación del Misionero Nazareno.”

Todo ministerio comienza cuando tenemos un verdadero encuentro con Dios. Estaba muy jovencita cuando tuve mi primer encuentro con Él.  Jamás lo olvidaré y jamás me arrepentiré de haber dado ese paso.

El mejor ejemplo es Isaías. “Heme aquí, envíame a mí”.  Aunque suena bien, esto no dice nada sin compromiso. No se puede enlistar sin un encuentro con Dios, sin un cambio de corazón y mente, de hecho, sin la experiencia de santidad y de la presencia del Dios vivo en su vida.  Isaías con los lentes del Dios santo, vio la realidad de su nación, sintió lo que el corazón de Dios sentía. Por lo tanto obedeció al llamado del corazón de Dios y no sólo a la necesidad del hombre, pues eso revela nuestra realidad pecaminosa, y es cuando hay un avivamiento. Casi todos inician por pedir perdón, por sentirse sucios y sentir asco por el pecado.

¡Claro!, el Dios santo no nos permite acercarnos a él sin que opere un cambio, un milagro, una transformación en nuestra vida.  Tiene sentido lo que dice el escritor de Hebreos: “Sin santidad nadie verá al Señor”.  Cuando Isaías dice que Dios tocó sus labios, estaba expresando la aceptación que tuvo Dios de esa ofrenda viva, dándose él mismo como una alternativa ante la realidad y la necesidad.  Dios estaba aceptando su ofrenda y reconociendo su honestidad de aceptar su realidad pecaminosa.  Isaías sintió desmayar y hasta morir ante la imagen gloriosa, poderosa, majestuosa de gloria.  Clamó desde lo profundo de su corazón: “Ay de mí…soy hombre muerto…tengo labios inmundos…habito entre un pueblo con labios inmundos…”

Cuando todos clamemos en estos términos, entonces el avivamiento que tanto deseamos vendrá. Ya no habrá necesidad de buscar a los misioneros, ellos vendrán, ya no habrá necesidad de rogar a la iglesia que haga su trabajo, ella lo hará, no habrá escasez de pastores, ellos estarán allí.

¿Por Qué es Importante la Formación Espiritual en la Vida del Misionero?

¿Por Qué es Importante la Formación Espiritual en la Vida del Misionero?

Por Erika Ríos Hasenauer

Dios no enviará a nadie al campo misionero a menos que haya aprendido en casa la lección de la diaria sumisión, rendición y dependencia.

  • El misionero es un siervo de Dios. Antes que ser siervo es hijo. Todo hijo necesita ser instruido por su papá y por tanto, llamado a vivir en comunión con el Padre.
  • El misionero está al frente de la batalla, y es en su tiempo secreto con el Padre que es equipado con poder y autoridad para poder hacer frente al enemigo.
  • El misionero comprende que aún es un estudiante, no es maestro.
  • El misionero gradualmente comprende que otros dependen o dependerán de él, espiritualmente. Si éste falla, la vida espiritual de otros está en riesgo.
  • A su vez, el misionero necesita que sus guerreros de oración le respalden.

Cómo Podemos Aprender a Escuchar a Dios

En quietud.

Sin agenda.

Con disciplina.

Genuinamente.

Sin ruidos ni distracciones: Trabajo, televisión, Internet, celular, o todo lo que desvíe nuestra atención de lo que es más importante. Aun nuestra propia familia puede ser un ruido.

Antes de procurar crecer, hemos de ver como están nuestras raíces. Que tan firmes estamos en nuestro caminar con Dios. Todo inicia con un encuentro con Dios. Con disciplina y constancia lograremos llegar al nivel donde Dios nos quiere. Él no se arriesga a enviar hombres sin su gracia, su poder y su santidad.  En pocas palabras, un encuentro con Dios y disciplina. Lo que veremos en las siguientes dos entradas…

Nuestro Primer Deber

Seguimos con la serie “La Formación del Misionero Nazareno” y las siguientes 5 entradas están relacionadas directamente al mismo. Pero antes de entrar de lleno al tema, queremos dar una pequeña introducción. (Estas también fueron escritas por Erika Ríos Hasenauer.)

¡Cuántos ejemplos de hombres y mujeres de Dios hay en la historia bíblica y contemporánea!; hombres y mujeres que han desafiado a la humanidad y el curso natural de la historia; laicos y siervos que con sus vidas, marcadas por compromiso genuino, compasión y relación muy cercana a Dios han impactado a sus familias, comunidades, y naciones. Cada uno de ellos comprendió que servían a un Dios Santo y que merecía lo mejor de ellos.

En la historia del Antiguo Testamento, Dios llamó a hombres y mujeres para tareas específicas y para llevar Su mensaje a los pueblos. Uno de ellos es Abraham (Gen 17:1-6).

Él no era cualquier recién convertido u ordenado, no era un novato misionero. Él era el amigo de Dios, un siervo de corazón y vocación, un misionero de experiencia que conocía a Dios y quien había experimentado múltiples veces la intervención divina.

Pero, por alguna razón muy importante Dios seguía interesado en que Abraham entendiera que su primer deber era ser perfecto. Y, ¿qué significaba ser perfecto? Era ser limpio, puro, santo, sincero, humilde de corazón. Debería no sólo tener una vida agradable delante de Él sino más allá, Abraham debía darle lo mejor a Dios, como nunca antes lo había hecho.

Siendo seres humanos imperfectos como lo somos, es sólo por Su gracia que nos mantenemos en pie. Espero transmitir esta aplicación y que usted, como yo, reflexionemos en estas palabras. Si Dios seguía demandando de Abraham una vida pura y en santidad, ¿qué no demandará de nosotros? ¿En qué nivel estamos usted y yo ante Él?

Nunca malentendamos que nuestro ‘nivel’ depende de algo externo. No estamos más cerca de Dios por hacer “algo para ÉL”. Nunca es demasiado tarde para buscar a Dios.

¡Lo que Él Inicia, Lo Hace Prosperar!

Esta es la última lección en una serie de cinco que tiene que ver con “El Llamado”, escrita por Erika Ríos Hasenauer, anterior Coordinadora Mundial de Ministerios de SIDA para la Iglesia del Nazareno.

¿Qué Puedo Hacer Hoy?

¿Sabes hermano? Dios respeta nuestras decisiones y sueños. Es más, Él nos va a bendecir. Esa es su promesa. Pero cuando llegamos al punto de decirle: “Aquí estoy. Úsame. Me rindo. Quiero invertir lo que me has dado en ti y en tu obra”, es entonces cuando veremos cosas grandes de Dios, pero también cuando estamos dispuestos a “tirarnos al agua” o a dar el primer paso. ¡Prepárate! (1 Tim. 4:13-16).

Dios tiene un macroproyecto con el pueblo latino alrededor del mundo; Nazareno y no Nazareno. ¡Qué gran desafío nos espera! y seguramente, ¡No pasará de esta generación!

Quien está por encima de toda circunstancia hará lo que ha planeado en, con y a través de nosotros. Veremos al Dios que obró exaltando a Ezequiel cuando él profetizaba y la gente le decía: “Eres un mentiroso”, “Lo que este ve es una visión muy lejana, no es para nuestros días”.  Dios les cerró la boca y exaltó a su hijo.

“¡Todo lo que yo digo se cumple! ¡Lo que yo inicio, lo hago prosperar!”- es lo que el Señor nos recuerda a ti y a mí este día.

Ningún hijo de Dios quedará avergonzado si cree en Él. Aunque dudare, Él sigue siendo fiel.

¿Serás uno de esos valientes que se levante para impactar no sólo Jerusalén sino hasta lo último de la tierra en el nombre del Señor?

Debemos saber cuál es nuestro llamado.  ¿Somos parte de los que respaldan, o los que van al servicio transcultural o quienes ofrecen un servicio voluntario? Cualquiera que sea nuestro llamado, Dios requiere de personas comprometidas con Él y a su servicio.

Mitos Sobre el Llamado

Lo prometido es deuda y aquí te presentamos los siguientes Mitos, o malos entendidos en el llamado.  Esta entrada es la continuación de la entrada anterior, las dos escritas por Erika Ríos Hasenauer, anterior Coordinadora Mundial de Ministerios de SIDA para la Iglesia del Nazareno.

¿Sabían ustedes que las principales barreras para el misionero son internas, no externas? Están en su propia mente y corazón. Las montañas de la mente, los “no puedo”, “¿quién, yo?”, “es imposible, es más, es loco” son las que impiden a muchos con un genuino llamado y potencial de ser los mejores misioneros. Es fácil desanimarse y abandonarlo todo.

Nuestra confianza es ésta, mientras más grande se vea el desafío, reto o misión a la que Dios nos llama, y grandes nuestras limitaciones, ¡mayor será su gracia! Más evidente será el despliegue de su poder obrando a través de nuestras imperfecciones, historias, o dificultades.

Un pastor evangélico en Guatemala dijo en su sermón: “Cuando es la mano de Dios la que nos mueve, tenemos la garantía de Su respaldo. No hay por qué permitir que el pavor y el miedo nos roben las bendiciones de Dios. ¡Usted y yo vamos para cosas mayores!”. ¿Lo crees?

Mitos Comunes

  • Hay suficientes misioneros enviados.
  • Ya evangelizamos suficiente.
  • La necesidad está aquí y no allá.
  • No soy llamado. Dios no puede escoger a personas como yo.
  • Soy joven.
  • Soy mujer.
  • Soy latino.
  • Soy pobre.

–No hay nada imposible para Dios. Cuando a Él le place hacer algo, lo hará. Cuando Él llama, Él corre con los gastos.

  • Soy soltero(a).
  • Soy casado(a).
  • Yo no me veo en otro país.
  • Estoy ocupado.

–¡Dios llama a personas ocupadas!

  • “No es mi problema”.

–Esto habla de prioridades. ¿Dónde están nuestras pasiones?

  • No puedo dejar a mi familia.
  • No puedo darle nada a Dios.
  • No tengo estudios.
  • ¡No sé de Biblia!

–Otras motivaciones equivocadas para no “hacer misiones”: Soy tímido(a), no me gustan los aviones, etc.  Ahora, la pregunta es: ¿Le has dado a Dios una de estas excusas? ¿Has creído algunos de estos mitos? ¿Qué debes hacer para abrirte a Su voluntad y llamado para tu vida?

¿Cómo Sé si Soy Llamado(a)?

Aquí tenemos la tercera entrada de la serie “La Formación del Misionero Nazareno”, escrita por Erika Ríos Hasenauer, anterior Coordinadora Mundial de Ministerios de SIDA para la Iglesia del Nazareno.

¿Cómo Sé si Soy Llamado(a)?

Esta pregunta es muy importante y es la lucha de muchos niños, jóvenes, y adultos. Sin duda, lo que Dios hace siempre es o se hace evidente. Toda persona llamada por Dios muestra en primer lugar un compromiso genuino, busca servir a Dios en donde se encuentre, desde el seno familiar, su lugar de trabajo, estudio y su iglesia local.

Por eso es que no hay llaneros solitarios en la obra de Dios. Él nos llama a ser parte de su cuerpo y a trabajar en equipo. De esta forma, toda persona llamada es siempre confirmada por otros–especialmente el pastor y sus líderes. Toda persona llamada se conoce por su constante involucro en todo lo que ‘huela’ o suene a servicio, compasión, o misiones. Es usualmente el primero en la fila.

Un llamado misionero transcultural quiere decir cruzar fronteras para servir al Señor y así engrandecer el Reino y su iglesia. El llamado puede ser general o específico, a corto y largo plazo. Algunos serán “hacedores de tiendas” usados por Dios con su vocación, mientras que otros serán misioneros de carrera, y pondrán sus dones y talentos al servicio del pueblo de Dios.

Imaginemos que Dios te ha llamado. Ya has pasado por el proceso de asimilarlo, otros lo han confirmado, pero aun hay diferentes tipos de fronteras que deberás cruzar: Tu mente, familia, iglesia, comunidad, tu grupo cultural, tu país y continente (algunas veces).

Las primeras cinco ocurren siempre. Depende de Dios el extender el llamado más allá de los límites de tu nación.

Si todo lo anterior fuera una cadena de eventos sucesivos y automáticos, sería excelente, ¿no es cierto? Habría muchos misioneros en el mundo. La verdad es que hay aun malos entendidos, mitos y luchas que bloquean ese llamado. Reflexionemos en algunos de los posibles mitos relacionados con el llamado, pero en la siguiente entrada.

¿Qué es un Llamado a Ministerio?

Esta es la segunda entrada en la serie “La Formación del Misionero Nazareno,” escrito por Erika Ríos Hasenauer, anterior Coordinadora Mundial de Ministerios de SIDA para la Iglesia del Nazareno. Hoy veremos:

¿Qué es un Llamado a Ministerio?

Los siervos conocidos y que sostienen un ministerio efectivo a cualquier nivel, son un tipo de gente que se distinguen a donde sea que vayan. No son conformistas. Son visionarios. No se conforman con su realidad ni su costumbre de ir a la iglesia los domingos por la mañana, ni en su trabajo secular. Mientras no estén donde Dios les quiere, cada día es difícil vivirlo; no sienten satisfacción ni ven el fruto de sus esfuerzos.

Dios les ha confirmado en lo secreto, que Él tiene planes de usarles a tiempo completo; son planes de bien y no de mal, planes de usarles con poder si tan sólo esperan, se dejan moldear y hacen todo lo que tienen que hacer por continuar este camino.

Finalmente, cansados de luchar con Dios, consigo mismos y otras estructuras, deciden creerle a Dios. Su sorpresa, es que Dios abre puertas, puertas grandes de servicio. Han cambiado su actitud y deciden ir más allá con Dios. Saben que, si no sirven, ¡se mueren! El llamado late en su corazón y en sus venas así como en Jeremías: “Había un fuego ardiente en mí, traté de evitarlo pero no pude” (20:9).

Sueñan en ser los canales que Dios use para cambiar este mundo. Sueñan en ser Sus manos tocando al enfermo que muere en su lecho en la más profunda soledad, o sonriendo y abrazando a esos huérfanos que no tienen a nadie que les sonría; sueñan en llevar una palabra de esperanza al que está muriendo en vida, o a la mamá soltera con tres niños.

Saben que van contra corriente, pero no se dan por vencidos tan fácilmente, porque su llamado y sus dones son irrevocables.

Todo lo anterior, muestra lo que es un llamado a ministerio. Es la pasión por servir a nuestro Dios y a nuestro prójimo dando todo lo que somos, 24 horas al día, 7 días a la semana, por el resto de nuestras vidas.

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