Archivos diarios: 20 julio 2011

El Ejército y el Rey

Hace algunos meses escuché un sermón de la pastora de Grace Point Church of the Nazarene en Ft. Wayne, Indiana — Carla Sunberg.  Rev. Sunberg también abrió la obra de la Iglesia del Nazareno en Rusia y sirvió allí 13 años antes de llegar a ser pastora en los Estados Unidos.  Ella habló estas palabras a 2,000 universitarios en Olivet Nazarene University y creo que te van a inspirar tanto como nos inspiraron a nosotros.

¿La visión? La visión es Jesús. Obsesiva, peligrosa, sin lugar a dudas es Jesús. Y la visión es un ejército de jóvenes.  ¿Ves huesos? Yo veo un ejército. Y uno que es libre del materialismo. Se ríen de 9 a 5 prisiones pequeñas. Ellos podrían comer caviar el lunes y el martes costras y no se darían cuenta siquiera. Ellos saben el significado de la matrix y cómo el oeste fue conquistado. Son ágiles como el viento. Ellos pertenecen a las naciones. No tienen necesidad de pasaporte. La gente escribe sus direcciones con lápiz y se cuestionan su extraña existencia. Son libres, sin embargo, son esclavos de los heridos, los sucios, y de aquellos a punto de morir.

¿Y cuál es la visión? La visión es santidad. Una santidad que lastime los ojos. Que haga reír a los niños y haga enojar a los adultos. Se rindió el juego de integridad mínima hace mucho tiempo para alcanzar las estrellas. Se desprecia el bien y se anhela lo mejor, es extremadamente puro. Parpadea la luz de todos los motivos secretos, de todas las conversaciones privadas. Ama a la gente alejándola de sus saltos suicidas, sus juegos de Satanás.

Este es un ejército que dará su vida por la causa. Un millón de veces al día, sus soldados eligen perder con tal que un día puedan ganar el grandioso “Bien hecho” de los hijos e hijas fieles. Estos héroes son tan radicales en la mañana del lunes, como la noche del domingo. Y no necesitan la fama de los nombres. En su lugar, se sonríen en silencio hacia arriba y escuchan a la multitud coreando una y otra vez: “¡Vamos!” Y este es el sonido de la tierra: el susurro de la historia, fundaciones estremecidas, revolucionarios soñando. Una vez más, el misterio se está diseñando en voz baja, la conspiración está respirando – esto es el sonido de la tierra.

Y el ejército es disciplinado, y también discipulado: los jóvenes golpean sus cuerpos en sumisión. Cada soldado tomaría una bala por su compañero de batalla. Y el tatuaje en su espalda dice: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.” El sacrificio alimenta el fuego en sus ojos. Ganadores, mártires, ¿quién puede detenerlos? ¿Pueden las hormonas contenerlos? ¿Puede el fracaso tener éxito? ¿Puede el miedo asustarlos o la muerte matarlos?

Y esta generación ora, como un moribundo con gemidos, más que hablar, con gritos de guerreros, lágrimas de azufre, y con grandes risas como cargas de cañón. Están esperando y vigilando 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año.

Y no importa lo que cueste, ellos van a dar. Están rompiendo las reglas, están sacudiendo la mediocridad de su cuevita cómoda, están rindiendo sus derechos y sus pocos errores, riéndose de las etiquetas, ayunando lo esencial.  Los anunciantes no pueden moldearlos. Hollywood no puede contenerlos. La presión de grupo es incapaz de sacudir su determinación. En las madrugadas de fiesta, antes que el gallo cante, ellos están increíblemente tranquilos, pero peligrosamente atractivos en el interior.

En el exterior casi nunca les importa. Llevan ropa como disfraces para comunicar y celebrar, pero nunca para ocultar. ¿Renunciarían a su imagen o su popularidad? ¡Ellos rinden sus propias vidas! Van a cambiar asientos con el hombre culpable, sentenciado a morir en su trono – una silla eléctrica. Con sangre, sudor y muchas lágrimas. Con noches de insomnio y días infructuosos. Ellos oran como si todo dependiera de Dios, y viven como si todo dependiera de ellos.

Su ADN elige a Jesús. Él inhala y ellos exhalan. Su subconsciente canta. Ellos hicieron una transfusión de sangre con Jesús. Sus palabras hacen gritar demonios en los centros comerciales. ¿No los oyes? Anuncien a la gente rara, convoquen a los perdedores y los “raros”.  Aquí llegan los asustados y olvidados con fuego en sus ojos. Caminan erguidos y los árboles aplauden. Rascacielos se hincan.  Las montañas son empequeñecidas por estos hijos de otra dimensión. Sus oraciones convocan a los cazadores del cielo e invocan el antiguo sueño del Edén.

Y esta visión será. Va a suceder, será fácil, vendrá pronto. ¿Y cómo lo sé? Debido a que este es el anhelo de la creación misma, el gemido del Espíritu, el mismo sueño de Dios. Mi mañana es su hoy. Mi esperanza lejana es su 3D.

Y mi oración débil, susurrado, y sin fe invoca un ¡Amén! en trueno resonante que hace temblar todo hueso.  De innumerables ángeles.  De los héroes de la fe.  De Cristo mismo.  Y él es el soñador original.  Él es el ganador final.  Está garantizado.

Ese es mi Rey.

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