Archivos Mensuales: octubre 2012

Empoderando a los Pobres

Empoderamiento de los Pobres

Por Paul Borthwick

(Trad. Dany Moreno)

La mayoría de nosotros nos sentimos abrumados al enfrentarnos con la pobreza. Ya sea que se trate de personas sin hogar en nuestro continente americano, o de los 2 mil millones de personas que viven en la tierra con el equivalente a 2 dólares por día, muchos de nosotros no tenemos idea de cómo responder ante esto. Podemos hacer una oración o enviar una contribución monetaria, pero muy a menudo simplemente estamos paralizados por la enormidad de la necesidad.

En lugar de paralizarse o no reaccionar, considere el ejemplo de Eliseo y su respuesta a la viuda pobre (2 Reyes 4:1-7). En una situación que refleja la imagen de muchas familias sin hogar…la muerte de su marido le había lanzado a la pobreza como una madre soltera endeuda.

Al sentirse impotente, se enfrentó a un futuro a merced de los demás – en su caso, a las demandas de un acreedor cruel. Sin la intervención de Eliseo y la disposición de Dios, sus dos hijos hubiesen crecido en un mundo lleno de una pobreza crónica, como sirvientes. Eliseo actuó en tres maneras, de las cuales nosotros podemos imitar en respuesta a la pobreza.

  1. En primer lugar Eliseo se involucró.  El profeta preguntó: “¿Cómo puedo ayudarle?” Él no pregunta, “¿Cómo puedo rescatarle?” Él sabía que Dios podía alimentar a esta mujer y su familia con el alimento milagroso entregados por los cuervos, pero hace que la decisión sea de ella.
  2. En segundo lugar, Eliseo le ayuda a ver los recursos que tiene.  Le pregunta a la viuda, “¿Qué tienes en tu casa?” Él la obliga a identificar sus propios recursos. En su caso, el aceite.En algún momento tenemos que ayudar a las personas más pobres, a que se den cuenta de que no están absolutamente desamparados. Sus circunstancias han golpeado hasta el punto de desmoralizarlos. Ellos tienen los recursos – incluyendo las habilidades, experiencias, y los dones que pueden ayudar a resolver su propio problema, pero necesitan a alguien para ayudarles a ver estos recursos.
  3. En tercer lugar, Eliseo la llama a confiar y accionar.  Una vez identificados los recursos, escasos en este caso, el profeta le indica que debe ir a pedir prestado muchas vasijas (para la recogida de aceite) como sea posible y le anima a tener fe: “no se reúnen sólo unos pocos” (en otras palabras: ¡pensar en grande!).

Él es el profeta de Dios, la voz de la fe, pero aún así le da algo muy práctico para hacer.  Su fe y las acciones deben trabajar juntos.

Entonces sucede el milagro.  Ella regresa y comienza a verter.  Sus acciones y la obediencia se ven recompensados en el fluir del aceite y milagrosamente llenar todas las vasijas.  Con el aceite en las vasijas, la viuda se embarca en una nueva vida.  En lugar de sufrir la pobreza extrema y una vida de servidumbre a su acreedor, se dejó llevar por el profeta hacia una nueva vida de independencia, auto-apoyo y dignidad.  Su nueva vida incluye la venta de una parte del aceite, el pago de sus deudas y vivir libremente en el ingreso continuo de las ventas del aceite.

El profeta Eliseo introduce a esta viuda pobre a algo que se asemeja a lo que llamamos Micro-Empresa para el Desarrollo (MED), una de las herramientas más prácticas para romper el ciclo de la pobreza. En lugar de donaciones de caridad sin parar, MED proporciona a las personas con una fuente sostenible de ingresos que les ayuden a romper la pobreza, establecer la dignidad a sí mismo, e incluso transformar la comunidad.

La próxima vez que usted mire la pobreza local o global, recuerde a Eliseo, y vaya en busca de oportunidades en el Desarrollo de la Microempresa.

*Paul Borthwick es miembro del personal de desarrollo Associates International y es profesor adjunto de las misiones en el Gordon College.

De Compras

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6).

“Mejor es un bocado seco, y en paz,
Que casa de contiendas llena de provisiones” (Proverbios 17:1).

DE COMPRAS

Por Faith Shearin

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

Mi esposo y yo nos detuvimos en el nuevo mall

limpio y blanco de toda posibilidad.

Éramos pobres así que nos gustaba caminar entre las tiendas

lo que era como caminar entre nuestros sueños.

En una tienda admiramos las cafeteras, platos hondos

de cerámica azul, tostadores tan grandes como un televisor.  En otra,

 

nos relajamos al sentarnos en el sofá de cuero, e imaginamos

fiestas cocktail en nuestra habitación con vista del mar.  Cuando

olimos velas de aroma vimos nuestros rostros futuros,

iluminados suavemente, teniendo una comida con pasta y vino.  Cuando

tocamos las gruesas batas de baño nos vimos nadando a medianoche

 

y bañeras tan grandes que podrían ser

confundidas con lagos.  Los anteojos de mi esposo hacían que le doliera

la cara y sus zapatos tenían múltiples hoyos.

Había espacio en nuestra sala comedor donde podría

estar un sofá.  Anhelamos tener

 

cortinas elegantes en el baño, sabanas de franela,

cubiertos de plata, costosos abrigos de invierno.

Algunas veces por las noches, nos sentamos y hacíamos listas.

Nos esforzábamos por plasmar por escrito

nuestros deseos en cuadernos deshojados y rotos.

Casi cada persona que amábamos estaba vivo y

 

nos teníamos amor, pero seguíamos anhelando cosas.  Nada

se veía tan lindo cuando lo trajimos a casa.

Las cosas en las tiendas se miraban mejor en las tiendas.

Las tiendas significaban futuros posibles y, jóvenes

y pobres, fuimos de compras.  Lo mejor fue

que no sabíamos que ya lo teníamos todo.

Tu Castigo en el Infierno

En estos días, hemos estado leyendo poemas que provocan diálogo y reflexión.  Admito que las imágenes del siguiente son fuertes, pero creo que nos pueden trastornar mientras examinamos nuestro propio materialismo y egoísmo.  Deja un comentario y dime qué piensas…

Tu Castigo en el Infierno

Por Gary Leising

(Trad. Scott Armstrong)

Alguien va a sumergir una cobra en la gasolina,

incendiarla con encendedor, y empujarla de cabeza

en tu garganta.  Se va a acelerar

a través de tu esófago, desplegar

su capucha para llenar tu estómago

y luego comenzar a golpear y golpear y golpear

y golpear y golpear: los colmillos perforan

tu estómago, el veneno entra,

la quemadura de úlceras incipientes

crece rápido, el parálisis comienza.

Tus pulmones dejan de funcionar antes que tu cerebro,

antes que tu mano, la cual subes

a la boca la taza de papel

con tapa de plástico que sostiene el capuchino

macchiato y caramelo con un doble

tiro del expreso y espuma de leche de soja

rematado con dos sacudidas de canela

y sin, SIN (sí, tú dijiste sin dos veces)

azúcar que se hizo para ti

lentamente, mientras yo, ya tarde,

esperaba detrás de ti por un simple,

café negro ya hecho.

Perderás todo el movimiento antes de

que esa bebida llegue a tu boca,

pero te recuperas y la bebida,

extrañamente, se ha desvanecido, y barrista

y cobra-sumergida-encendida se repite todo de nuevo

y otra vez.  Lo sé porque,

por mi impaciencia y enojo,

estoy detrás de ti en fila, en el infierno

para siempre, la olla de café negro

detrás del mostrador,

llegando a ser, lo sé, amargo.

Llevando Comida a Mi Madre

La semana pasada compartí tres poemas que me han gustado con el propósito de darnos un vistazo de nuestras vidas, nuestros mundos y aun nuestros ministerios.  ¿Qué tal si seguimos con más poemas esta semana también? Leamos este poema de Burt Kimmelman.  Me recuerda un poco de gracia y amor verdadero en medio de la tristeza de nuestras vidas en esta tierra imperfecta.

LLEVANDO COMIDA A MI MADRE

Por Burt Kimmelman

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

Mi madre se sienta al borde de la cama,

con una mascada oculta su blanco cabello

no puede comprar mas colorante negro,

su carne enflaquece y cae por el reborde de su

rostro y espalda, acentuados por la pérdida

de peso cuando el cuerpo traiciona al alma,

cuando el dolor del cuerpo prohibe todo deseo.

Pero esta noche ella tiene hambre, y vengo

 

con carne de res y pasta, pan,

pepinillos ácidos y kasha knish.

Le ayudo a poner la mesa en lentos y pequeños

 

pasos, un pas de deux, que hemos llevado a cabo

Por casi 60 anos, y

Ahora pienso como hace poco sostuve la

manita de mi niña, encorvada, mientras aprendía

a caminar – como el balance nos acompaña toda la vida

hasta que en un momento nos abandona – y

como en una fotografía, mi madre me sostenía

en la misma forma.  Mas temprano,

 

me detuve en un café, y quieto

por un momento, levanté la mirada

y miraba como en una mesa cercana

una madre primeriza alimentaba a su bebita,

sentadita en su cochecito, algunos

pedacitos de pan sin corteza sostenidos entre el pulgar y

el índice, mientras que el abuelo hablaba,

el olor de la mamá estaba asociado

a esta primera comida, como una pequeña ave a su nido.  En

la mesa de mi madre preparo su sándwich

y le digo que su nieta conoció recientemente

 

a un muchacho en un mercado y

ahora está enamorada, el primer amor, pero

las pestañas de mi madre cada vez están mas decaídos,

asienta negativamente con su cabeza, ligeramente y hacia enfrente, así que

la sostengo y encamino a su

cama, la siento, subo sus hinchadas piernas

y la cubro, apagando

las luces excepto una, cierro y aseguro la puerta.

Martes a las 9 de la Mañana

Esta semana hemos estado compartiendo algunos poemas con el propósito de disfrutar y reflexionar a la vez.  Hoy Denver Butson nos escribe con un relato bastante surrealista.  Pero dentro de las imágenes peculiares, quizás hay una enseñanza extraordinaria.  ¿Qué opinas? Deja tu comentario al final…

Martes a las 9 de la Mañana

Por Denver Butson

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

Un hombre de pie leyendo el periódico

en la parada de autobús, en fuego estaba

Llamas salían por doquier

Debajo de su cuello y mangas

Sus zapatos se han comenzado a derretir

 

La mujer de al lado

le quiere decir

que él está ardiendo

pero ella está a punto de hundirse.

Agua por doquier,

en su boca, oídos

y ojos

Una corriente continua de agua

sale de su blusa

 

Otra mujer se detiene en la parada de autobús

pálida y congelada,

Intenta pararse cerca del hombre en fuego

para derretir sus copos de hielo

que se han formado en las pestañas

y fosas nasales

impidiéndole decir una palabra

a la mujer que se está hundiendo

pero la mujer está congelándose a morir y

no se puede mover

por los bloques de hielo en sus pies

 

Les toma tiempo a los tres

abordar el autobús

con las llamas

y agua y hielo

Pero cuando finalmente abordan

y se sientan

el conductor ni siquiera se da cuenta

que ninguno de ellos ha pagado

porque le torturan visiones

y se pregunta

si el hombre que se bajó en la última parada

realmente fue atacado salvajemente

por los perros.

Próximo Campamento De Orientación Misionera – Costa Rica

Misioneros Mormones Me Visitan

Esta semana estamos compartiendo algunos poemas con el propósito de disfrutar y reflexionar a la vez.  Hoy Ken Hada escribe la siguiente historia.  ¿Qué nos dice de nuestros métodos de evangelizar y de los sentimientos y perspectivas de algunas personas con quienes compartimos?

MISIONEROS MORMONES ME VISITAN

Por Ken Hada

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

 

Sentado en mi jardín

Disfrutando de un buen cigarro de mariguana

mirando a los niños en sus scooters

que corren por toda la calle

al anochecer

desviándose ligeramente,

dando vueltas

los papalotes del Mississipi y volando alto,

sonidos suaves de ranas en los árboles

 

Entonces los veo en la esquina de mis ojos

dos bicicletas lentas

no pueden pasar un alma perdida.

Soy muy quisquilloso

no quiero ese sentir,

quiero que se vaya

 

Buenas noches Señor, ellos dicen

Soy el señor Hansen, dice el primero

Soy el señor Olson, traga el segundo

y entonces esperan

pero todo lo que puedo decir:

Son muy jóvenes para ser señores, no es cierto?

Empiezan su charla de vendedor

acerca de la restauración y El Padre Celestial

entonces me retorcijo en el humo, interrumpiendo

Si me convierto, tengo que dejar el cigarrillo?

No están muy seguros

pero pronto regresan al asunto

como una llanta de coche que está floja y a punto de salirse

hasta que al final me desean buenas noches.

Los miro irse y me cuestiono

¿Qué les da la audacia

de interrumpirme mientras estoy adorando?

Su Hermanito Corrió al Lado del Coche

Esta semana estaré reproduciendo algunos poemas profundos que me han encantado en los últimos años.  Agradezco a Erika Ríos Hasenauer por su traducción destacada en cada caso.

Hoy Marjorie Saiser escribe el siguiente poema.  ¿Qué nos enseña de familia? ¿Qué dice de perdón y de gracia inmerecida? 

SU HERMANITO CORRIÓ AL LADO DEL COCHE

Por Marjorie Saiser

 (Trad. Erika Ríos Hasenauer)

 

Después de llamar por teléfono a su padre

esperó un aventón de la terminal.

Su hermanito esperó en el puente

y luego corrió, sonriente al lado del coche,

todo el camino hasta la casa.

Él estaba más alto y delgado que el día que ella salió,

sus guangos pantalones colgaban de su desnuda espalda,

grueso cabello negro revoloteaba al correr.

 

Él se paró y retrocedió cuando ella

salió.  Ella sostenía a su inquieto bebe

y se quedó al lado de la ventanilla del conductor a agradecer

al vecino que le había dado un aventón,

un ritual largo y necesario.

Ni padre ni madre vino a la puerta,

uno leía el periódico local

mientras que la otra pelaba papas, y fue

el hermanito quien sostuvo la maleta

y corrió a abrir la puerta pesada.

A %d blogueros les gusta esto: