Archivos diarios: 29 febrero 2016

Sujeción que da Libertad

Escrito por: Fabiola Sánchez

SUJECION“Una de las mayores esclavitudes de la sociedad humana actual es la obsesión por exigir que las cosas se hagan de la manera que nosotros queremos” dice Richard Foster.

Es interesante poder darnos cuenta de cómo nos ha afectado el querer defender nuestro punto de vista a capa y espada. Si tan supiéramos que las cosas por las que a veces nos preocupamos tanto, en realidad no son tan importantes; dejaríamos de enojarnos, frustrarnos, enfermarnos y hasta tener conflictos con otras personas.

En nuestras iglesias existen muchas diferencias entre el liderazgo que está al frente de la congregación, así como entre los miembros. Todos piensan diferente, todos creen que su idea y forma de ver las cosas es la mejor. Y hay iglesias que incluso se han dividido solo porque los miembros o líderes no logran ponerse de acuerdo. Nos hace falta practicar algo que tiene que ver con la humildad que Dios demanda de nosotros. Nos hace falta algo de lo que ya casi no se habla y si se menciona pareciera ser algo de tontos. Nos hace falta ser más como Jesús… en Su sencillez, en Su humildad y en Su forma de someterse.

Richard Foster menciona como una de las disciplinas espirituales a la “SUMISIÓN”. La enseñanza bíblica de esta disciplina se centra en el espíritu con el cual vemos a las demás personas. Todo el Nuevo Testamento está lleno de enseñanza sobre la importancia de amar y ser considerados con los demás. Con la sumisión quedamos libres de evaluar a las demás personas y sus planes, opiniones y sueños se vuelven importantes también para nosotros. Podemos obtener la libertad para renunciar a nuestros propios derechos o ideas y dar lugar a los de los demás. Recibimos la oportunidad de alegrarnos cuando alguien puede realizar sus planes, aunque tal vez se contrapongan con los nuestros.

Experimentar la sumisión nos permite vivir el amor genuino hacia los demás dejando a un lado la envidia, el rencor, los caprichos, y permitiendo que tanto sus tristezas, como sus éxitos también sean nuestros.

Si pudiéramos hacer de la SUMISIÓN una de nuestras cualidades, viviríamos más libres, menos estresados, más felices y nuestra relación con las demás personas sería mejor. Especialmente, en nuestra iglesia, podríamos tener relaciones más saludables que reflejaran a Cristo a través del amor genuino. 

Pero no lo dejemos como un reto inalcanzable. Con la ayuda de Dios hagamos a un lado nuestro yo y practiquemos la disciplina de la sumisión.

“Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame”     – Jesús.

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