Archivos Mensuales: abril 2017

Vuelo 3411 y la Iglesia

Por Scott Armstrong

Abril 2017 no ha sido el mejor de los meses para United Airlines. Tal vez ustedes han escuchado acerca del pasajero David Dao quien fue arrastrado violentamente por el pasillo de un avión por un elemento de seguridad, después de negarse a dejar su asiento el 9 de abril, 2017 (ahora él ha llegado a un acuerdo con la línea aérea). El video nos dejó a todos horrorizados y United recibió mala prensa después de la desagradable experiencia. 

Soy un viajero frecuente en United Airlines y hoy recibí un correo de Oscar Muñoz, su CEO (por cierto, no sabía que éramos amigos tan cercanos). Él ofreció disculpas por el notable incidente y también declaró “las acciones significativas hablarán más alto que las palabras.” 

Sé que firmas y abogados de relaciones públicas están involucrados en la construcción de estas disculpas, así que no soy suficientemente ingenuo como para pensar que este es nuestro amigo Oscar compartiendo su corazón en la computadora, a altas horas de la noche. Sin embargo, en mi opinión, toda la carta está excelentemente escrita. No ofrece excusas y detalla nuevas políticas que se han adoptado para asegurar que el servicio al cliente es la prioridad más alta. 

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En un momento dado, Muñoz declara: 

“Durante las semanas pasadas, hemos estado trabajando con urgencia para responder dos preguntas: ¿Cómo sucedió esto, y cómo podemos hacer lo mejor para asegurar que esto no vuelva a ocurrir nunca? Sucedió porque nuestras políticas corporativas fueron puestos por encima de nuestros valores compartidos. Nuestros procedimientos se interpusieron en medio de lo que nuestros empleados saben que es correcto.”  

Esos dos últimos enunciados están haciendo eco en mi cerebro. ¿Los captaron? 

Las políticas fueron puestas por encima de los valores. 

Los procedimientos fueron más importantes que “lo que es correcto.”

Yo vuelo en United, pero mi preocupación por el servicio al cliente de la aerolínea es mínima en comparación con nuestra misión como Iglesia de hacer discípulos a la semejanza de Cristo en las naciones.  ¿Entonces por qué estoy escribiendo sobre esto? 

Yo creo que la forma en que United está manejando esto tiene mucho para decir a la Iglesia. Espero que nosotros como ministros del evangelio descubramos lo que ellos encontraron después de mucha introspección, comunicación y tensión – antes, en lugar de más tarde. 

Es que en nuestros peores momentos como Iglesia, hemos permitido lentamente que las políticas reemplacen nuestros valores. Los procedimientos que originalmente fueron colocados para servir a “lo que es correcto,” gradualmente se convirtieron en dueños de esclavos que provocaron que prioridades esenciales como la misión o el carácter se sometieran bajo una tortura de una adherencia dogmática a las reglas. 

Decimos que valoramos la gracia, pero los recién llegados tienen que saltar a través de muchos aros moralistas antes de probar que merecen servir o liderar. 

Decimos que valoramos la santidad, pero guardamos rencor y cada reunión de junta es una lucha de poder pasiva-agresiva. 

Decimos que valoramos la niñez, pero veamos qué sucede cuando los niños del vecindario ensucien la alfombra y hablen durante todo el servicio.

Decimos que valoramos la misión, pero casi siempre esperamos que “ellos” vengan a “nosotros” en lugar de hacerlo al revés. 

¿Necesito continuar?

Que no suceda un fiasco del nivel de United Airlines para que como Iglesia nos comprometamos a una evaluación introspectiva de nuestras prácticas. Dolerá. Por momentos no nos gustará lo que veamos. 

Pero es necesario. De hecho, es bíblico. Jesús habla de este proceso en términos de podar y producir fruto: 

“Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra?

Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.” (Lucas 13:6-9)

Debemos evaluar nuestra efectividad preguntando: ¿Estamos dando fruto como congregación? Para parafrasear a Oscar Muñoz: ¿cómo podemos hacer lo mejor para asegurar que, cualquier acción que no refleja la imagen y la voluntad de Cristo para nosotros, no vuelva a ocurrir nunca?

¡Esta autoevaluación valdrá la pena! Empezaremos a ver nuevamente a nuestra comunidad como Jesús la ve. Seremos conocidos nuevamente por la forma en que servimos y nos amamos el uno al otro. Llegaremos al punto de reconocer que las acciones significativas hablan mucho más alto que las palabras. 

En ese momento, nuestros valores dictarán nuestras políticas, y no viceversa. 

Eso, mis amigos, es una Iglesia de la que quiero ser parte. 

Eso es un vistazo del reino. 

Pertenecer, Creer, Convertirse: Un Nuevo Proceso de Evangelismo

Por Eddie Cole

El proceso americano evangélico está cambiando. 

“Las iglesias no están creciendo por causa de conversiones. Las iglesias solo están intercambiando ovejas.”

¿Alguna vez has escuchado a alguien hacer este reclamo o alguno similar? Yo sí–muchas veces, de pastores y miembros de iglesia parecidos. ¿Qué es lo que hacemos de esta clase de comentario, y cómo respondemos? 

Primero, una nota de ánimo: sólo porque no ves convertidos, no significa que no están ocurriendo en las iglesias en América. Están ocurriendo.

El evangelio nunca ha dejado de ser poderoso. El crecimiento de conversión seguirá ocurriendo. Nada puede impedir que el poder del evangelio trabaje en las vidas de aquellos que creen suficiente para actuar sobre esto. 

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Algunas Sugerencias Prácticas para los Desanimados

#1: No pongas mala cara – ¡ORA! Dios es capaz de hacerte y hacer a tu iglesia poderosa en el ministerio del evangelio. ¿Recuerdas cuando el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y los empoderó para ser sus testigos? El Espíritu Santo descendió cuando ellos estaban reunidos para orar. 

Cuando el pueblo de Dios ora, cosas suceden.

#2: Considera pasar algún tiempo abordando lo que se necesita cambiar en tu acercamiento para alcanzar personas. En una reunión reciente con líderes evangélicos, aprendí que muchas iglesias americanas que están experimentando crecimiento en conversión, han descubierto un ligero, pero significativo cambio en el proceso de cómo evangelizar efectivamente.

Compara el antiguo proceso evangélico americano con el nuevo… 

Por décadas, el proceso más efectivo usado por evangélicos americanos siguió este patrón:

  1. Usando una herramienta como las Cuatro Leyes Espirituales, un tratado o folleto evangelístico, o la presentación de Evangelismo Explosivo (EE), un cristiano presenta a un no creyente la oportunidad de creer en Cristo a través de compartir la verdad con él o ella.
  2. El cristiano entonces invitaría al nuevo convertido a ser parte de una iglesia.
  3. El cristiano ayudaría al nuevo convertido a disfrutar un sentido de pertenencia con la iglesia.

El proceso hoy en día se parece más a esto:

  1. El cristiano invita a las personas a pertenecer a su comunidad (amándoles incluso si ellos no son creyentes), y a través de eso…
  2. El cristiano les ayuda a ver por qué ellos deben creer en lo que la Biblia demanda acerca de Jesús.
  3. Una vez que ellos creen en Jesús, el cristiano les anima a ser parte de la iglesia y a unirse en la misión de evangelizar a otros.

Simplificándolo, el cambio de proceso se ve así:

  • Proceso Antiguo = Creer, Convertirse, Pertenecer
  • Nuevo Proceso = Pertenecer, Creer, Convertirse

Esto me recuerda a cómo mi amigo Jeff se convirtió en seguidor de Jesús. Jeff me vio a mí y a otro amigo haciendo ejercicio en el parque que estaba justo junto a nuestro templo y paró de hablar. Mi compañero de ejercicio y yo tomamos un descanso y platicamos con él por algunos minutos. Terminamos invitándolo a venir a la iglesia con nosotros ese domingo. No solo Jeff vino al culto ese domingo, sino que le encantó y siguió viniendo.

La familia de la iglesia lo rodeó con sus brazos y le dio la bienvenida. A él le encantó la música e incluso pareció que le gustaron la mayoría de mis mensajes. Eventualmente, el evangelio se apoderó de su corazón. Después de varios meses de asistir, él rindió su corazón a Jesús y tuve el privilegio de bautizarlo.

Jeff era la clase de persona a quien los estereotipos etiquetarían ‘odia’ a los evangélicos. Algunos sugerirían que nunca viniera a uno de nuestros servicios de adoración. Pero Dios hizo un trabajo poderoso en él por el amor que le había sido mostrado a través de los cristianos. La forma en que Dios trabajó en su vida nos muestra un ejemplo del cambio en el proceso de evangelismo.

El proceso más nuevo – pertenecer, creer, y convertirse – funcionó con Jeff. Está funcionando en muchas vidas y para un número creciente de congregaciones.

Está listo en todo tiempo para compartir el evangelio, porque es el evangelio el que cambia vidas. Déjanos comenzar el proceso solamente mostrando el calor del evangelio hasta que esa puerta de la conversación se abra. En otras palabras, ama a las personas hasta que ellos pregunten, “¿Por qué?”

Artículo publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2017/january/church-growth.html

 

La palabra más ofensiva en América – Parte 2 de 2

Esta es la continuación de la entrada anterior.

Por Curt Devine

No siempre lo reconocemos, pero nuestro subconsciente piensa que Dios nos da mandamientos para forzarnos a entrar a una rígida línea. Esta mentira hace parecer a Dios como un enojado árbitro obsesionado con reglas y regulaciones inflexibles, como si Él amargamente se paseara por el cielo ondeando una bandera roja y tratando de controlar cada paso y cada palabra nuestra. ¿Quién querría obedecer a un Dios así?

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La realidad es que Dios es más como un Padre amoroso tratando de mantener a sus hijos lejos del tráfico. Cuanto más aprendamos a someternos a sus mandamientos, más nos daremos cuenta que no son reglas tan difíciles, sino señalamientos que nos indican el camino de gozo verdadero, vida y paz. Por ejemplo, yo siempre pensé que el Rey David sonaba un poco loco en el Salmo 19 cuando dice: “Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal” Pero cuando comparo la paz del sometimiento con el vacío que deja el pecado, sé que él tenía razón.

Quizás pensemos que lo que queremos es independencia, pero esta viene con un precio muy alto.

Hablando con un ateo que preguntó acerca de la diferencia entre el cielo y el infierno, un renombrado autor y pastor, Tim Keller le dijo: “Nadie nunca va al infierno a menos que quiera ir. La gente va al infierno porque quiere apartarse de Dios, quien les dirá lo que deben hacer. La gente en el infierno diría: esto es bastante miserable, pero no quisiera estar en el cielo con Dios, donde él le dice a la gente lo que tienen que hacer.”

Nuestra cultura nos dice que la verdadera libertad viene de seguir nuestros a deseos hacia donde sea que ellos nos dirijan. Mientras que eso suena agradable y provee la trama para la mayoría de las comedias románticas, la realidad revela por qué esto es falso. Por ejemplo, yo tengo un determinado número de amigos que abusan en extremo de sustancias adictivas. Cuando uno de mis amigos hizo el recuento de su pasada adicción a las pastillas contra el dolor, me dijo: “me había convertido en un completo esclavo de las pastillas. Mis deseos me estaban matando.” En muchas formas, el orgullo desenfrenado, la lujuria, la codicia, el miedo, el control, los celos y la ira tienen el mismo efecto.

Desafiar los mandamientos de Dios puede que nos dé una efímera sensación de poder e independencia, pero esto en realidad deja al descubierto nuestra debilidad y constante necesidad de gracia. Tenemos que tener la humildad de reconocer nuestras propias faltas y la confianza de seguir los mandamientos de Dios, incluso cuando van en contra de nuestros deseos personales. Vale la pena puesto que algo mejor nos espera del otro lado. Dios nos ofrece vida abundante, libertad plena y más amor del que nuestra mente tiene la capacidad de comprender.

Si esperamos alguna vez experimentar estas cosas, tenemos que hacer la cosa más contra–cultural y rebelde que podemos imaginar dentro de nuestra cultura: someternos a una verdad más profunda que nosotros mismos.

 

Curt Devine escribe sobre cuestiones de fe y justicia social, para dar voz a los que no la tienen. Actualmente reside en Washington D.C. donde estudia una maestría en medios internacionales de comunicación.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/god-our-generation/most-offensive-word-america

La palabra más ofensiva en América – Parte 1 de 2

Por Curt Devine

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Esta palabra es la raíz que enciende a los connacionales. Y por supuesto, afecta tu fe.

En una ocasión me quedé en un convento católico lleno de estrictas y arrugadas monjas en Hyderabad, India. Una noche, mis amigos y yo decidimos salir a divertirnos, ir por comidas y bebidas etc. Pero conforme nos aproximamos a la puerta principal del complejo, nos encontramos a la Madre Superiora. Como la más grande, fría e intimidante de las monjas, nos dio órdenes estrictas: “Vuelvan antes de las 9:00pm o cerraremos las puertas y soltaremos a los perros guardianes antes de que ustedes hayan regresado.”

Por supuesto que esto tan sólo logro que nos sintiéramos más ansiosos de desafiar su autoridad. Nos burlamos de sus órdenes y huimos a comer la picante comida tandoori sin ninguna preocupación en el mundo. Naturalmente que regresamos después del toque de queda y asumimos que estábamos en nuestro derecho porque la monja nos había invadido la libertad de hacer lo que quisiéramos, cuando quisiéramos hacerlo. Y aunque los perros guardianes resultaron ser unos cachorritos de 5kg, nuestras relaciones con el convento se volvieron tensas, y todas nuestras actividades llamadas organizaciones de misiones, se cuestionaban ante los ojos de las monjas.

Más que un incidente aislado de rebelión juvenil, vi esto como el reflejo de una ideología más amplia que impregna nuestra cultura. Somos la tierra de la libertad, el hogar de los valientes, un continente fundado sobre la revolución y la autonomía individual. Estas son cosas hermosas por supuesto, pero también vienen con efectos secundarios.

La palabra más ofensiva para muchos de nosotros es una muy simple de tres sílabas, que insulta nuestras creencias y viola nuestro sistema de valores: someter.

Inherentemente creemos que nadie tiene el derecho de decirnos cómo vivir, a dónde ir o qué hacer. Somos nuestros propios maestros. He oído decir que una cultura puede ser entendida a través de sus celebridades, y así, amamos el ego de músicos como Shakira, la imagen de revolucionarios como el Che Guevara, y a las estrellas del entretenimiento televisivo como el Dr. House. Todas estas figuras representan rebeliones individuales contra las autoridades. Se rehúsan a someterse, y los amamos por ello.

Aunque la mayoría de nosotros no nos rebelamos como los excéntricos mencionados anteriormente, con frecuencia desafiamos la autoridad en formas sutiles. Volamos por las carreteras y luego nos sentimos agredidos cuando el oficial de policía obstruye nuestras rutinas diarias dándonos una multa por ir a exceso de velocidad. ¿Cómo se atreven a decirnos que estamos mal, cierto?

El problema es que esta hostilidad hacia el sometimiento frecuentemente nos deja con muchas ganas de tener una ganancia egoísta sin considerar cómo nuestras acciones afectan a otros. Y lo más importante, endurece nuestros corazones para poder cumplir la voluntad de Dios.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

Una Señal Esencial

Por Rev. Ken Childress

1 Corintios 15:17, “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros delitos y pecados.”

La Resurreción da valor a todo lo que creemos. Sin ella, la Biblia es suficientemente audaz para decir, que nuestra fe no tiene valor. Aquellos que piensan que el Cristianismo vale la pena para la vida solo en este mundo no están de acuerdo con Pablo; él pensó que, en efecto, seríamos criaturas miserables si nuestra fe es simplemente una fe de este mundo (Ver versículo 19).

No, Dios nos dio la Resurrección –de Jesús y la nuestra– por una razón. Es una PROMESA, un COMPROMISO, una CONFIRMACIÓN de que nuestra vida en este planeta caído es solo una pequeña fracción de la vida que estamos destinados a vivir. Mientras el resto del mundo está viviendo para el aquí y ahora, nosotros vivimos para la eternidad. Mientras ellos invierten esperando buenos rendimientos en cuestión de años o décadas, nosotros invertimos esperando buenos rendimientos para la eternidad. Mientras ellos interpretan sus pruebas como algo que hará o romperá la calidad de sus vidas, nosotros interpretamos nuestras pruebas como eventos que están formándonos para entender a Dios y heredar sus riquezas. La Resurrección hace toda la diferencia en el mundo. Y más allá.

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Esto, de hecho, fue el propósito de la creación desde el primer día. Génesis es el relato de la creación de Dios, pero la cruz de Cristo y la tumba vacía son el relato de la re-creación. La iglesia primitiva de repente estuvo consciente de que estaban viviendo en el re-génesis, el cumplimiento de todo lo que Dios había prometido, el Reino que no desaparece. Y ese conocimiento guió todo lo que hicieron.

Constantemente pensamos que la Resurrección como un fenómeno de la época de Semana Santa – un milagro pasado que nos da una tenue esperanza para el futuro. Es MUCHO MÁS.

La Resurrección valida nuestra fe en el trabajo redentor de nuestro Sumo Sacerdote, quien ha quitado nuestros pecados. Nos permite vivir con un sentido de riesgo y aventura, porque nos hace parte de un nuevo orden de la creación que finalmente no puede fallar. ¡Nuestras vidas están cimentadas en Alguien que reina eternamente en VICTORIA!

Él resucitó…Él ciertamente resucitó. ¡Sin Resurrección no hay Cristianismo!

¡Ha Resucitado!

Pastor Gerardo Aguilar

De niños jugando a las escondidillas pasamos momentos dulcemente tensos. Era un desafío buscar el mejor lugar posible y guardar silencio con un aguante tremendo de risa nerviosa sin que te descubrieran. ¡Nadie quiere ser encontrado! – Por gracia, no todo en la vida es juegos, sino también realidades.

Hablando de querer encontrar a alguien, recordamos a las mujeres piadosas que fueron a buscar a Jesús a la tumba donde le habían puesto después de ser crucificado y muerto en la cruz. Ellas esperaban encontrarle para poner perfumes y especies aromáticas según la costumbre de su cultura.

El corazón de aquellas mujeres tenía cierta fe y duda al mismo tiempo, pues se preguntaban entre sí quién les movería la enorme roca que cubría la entrada al sepulcro. Sin tiempo de contestarse la pregunta, –de repente– observaron la roca movida y a un ángel del Señor sobre ella que les habló y dijo: ¿porque buscáis entre los muertos al que vive? –Jesús–¡No está aquí, pues ha resucitado!

–¡¿No está aquí?! ¡Ha resucitado!

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Vaya aseveraciones de aquel personaje celestial! –En nuestros días quizá hubiéramos respondido: –¿Estás hablando en serio?–, –¿Alguien podría ponerme eso por escrito?–, o –¿Puedes hablarlo bajo declaración jurada ante la ley?–.

No es fácil recibir tan gloriosa y también tan desconcertante noticia, luego de haber visto al Maestro en sufrimiento y cruel muerte en el madero. Nadie creería eso a menos que, el poco de fe que mantenían como un leve ardor en el corazón, se haya convertido luego en una antorcha interna de gozo y confianza, que trajo a la memoria las mismísimas palabras de Jesús cuando les decía: “el Hijo del Hombre será entregado…y le condenarán a muerte;…para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará–¡Ahora todo tiene sentido!…¡Ha resucitado!

Las tumbas de los llamados profetas e iluminados, de las religiones del mundo, contienen los restos de esos hombres. –Todos murieron como cualquier humano–. Algunos son considerados como dioses, sin embargo no lo son pues en el último y agónico “round” de sus vidas la muerte les venció sin escollo.                                

Pero nuestro Señor Jesucristo en un encuentro cara a cara con la muerte, le venció y resucitó al tercer día, significando así “la muerte de la misma muerte”, y por ello también el apóstol Pablo testificó con poder diciendo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? –¡Sorbida es la muerte en victoria!–.

Para nosotros hoy en día, traer a la memoria la victoria de Jesús sobre la muerte es algo que debe aumentar nuestra fe y confianza hasta lo sumo. De hecho la Resurrección de Cristo es el evento que le da sentido y esperanza a nuestra fe. Al adorar a un Cristo vivo, el mismo Espíritu que le levantó de los muertos también nos sostiene en Sus Promesas y Palabras de poder que alimentan el alma cada día. ¡Jesús ha resucitado!

Persecución, Resurrección y Vida

Por Eugenio Duarte
Superintendente General de la Iglesia del Nazareno

Sobre un librero en mi estudio, tengo un recordatorio para orar por los cristianos perseguidos: es una jarra que recibí en una conferencia misionera. En un costado se puede ver un rostro humano incógnito, y en el otro la reflexiva y provocadora pregunta: “¿Y qué si tú fueras uno de ellos?”

Ese rostro humano representa a aquellos que están literalmente: atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos (2 Cor. 4:8-10). La pregunta está dirigida a los corazones bondadosos del resto de nosotros: ¿Qué se siente beber de esta jarra?

Aunque sé que cada seguidor de Jesús es probado, estoy agradecido por la libertad de adorar y compartir el evangelio. Me doy cuenta que mi sufrimiento no puede ser comparado con el de la iglesia perseguida. Tengo mucho que aprender de estos cristianos y su devoción al Señor. Es algo reconfortante pensar que mis oraciones pueden ser un ministerio crucial para mis hermanos y hermanas perseguidas.

El enemigo ataca a la iglesia por ambos lados: la persecución y el frente de oración, y a menos que los discípulos libres y los perseguidos compartamos acerca de la muerte de Jesús y la revelación de Su vida, estamos fallando en ser parte de Su Iglesia.

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En ambas situaciones, la fuerza viene de la muerte y la vida de Jesús. La crucifixión y la Resurrección de nuestro Señor alimentan nuestra perseverancia. Justo antes de la Crucifixión, los discípulos de Jesús temían por sus propias vidas, y parece que nada cambió inmediatamente después de ese evento. Ellos estuvieron escondidos hasta que fueron capaces de pasar un tiempo con el Señor Resucitado. Sólo la vida de Jesús les haría posible convertirse en valientes testigos, sin importar la persecución. Y no solo eso, al final, todos ellos dieron su vida por el evangelio. Nada sino la Resurrección de Jesús puede producir un cambio tan maravilloso.

En su libro: “Man’s Search for Meaning”/ (“La búsqueda del hombre por el significado”), Viktor Frankl escribe desde su perspectiva como psiquiatra y sobreviviente de los campos de concentración Nazi, para argumentar sobre lo que él llama: “el optimismo trágico”. Este es el potencial humano para transformar el sufrimiento en logros, y la vida transitoria en acción responsable. “Comparto el clamor del Apóstol Pablo: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte…”

José de Arimatea

Por Scott Armstrong

Dentro de cualquier institución, siempre hay personas que escogen diferentes caminos cuando ésta se ha vuelto inefectiva y anticuada. Trabajan dentro de los parámetros y respetan todos los niveles jerárquicos y de protocolos. Sin embargo, chocan continuamente con el gran monolito con el fin de impulsar un nuevo movimiento. Con frecuencia son criticados por sus posturas.

Y así encontramos a José de Arimatea, un miembro respetable del Sanhedrín, ofreciendo enterrar a Jesucristo, una seria amenaza para el gobierno Judío.

En una ocasión, este Jesús se había levantado en la sinagoga y leído del profeta: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año agradable del Señor”. Muchas cabezas asintieron ese día, hasta que el Proclamador emitió una proclamación audaz: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. Los contemporáneos de José se volvieron en su contra, y él mismo se sintió ofendido. Pero había una esperanza casi olvidada en José que lo sobresaltó y lo dejó sin aliento a la vez.

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Había algo acerca de cómo Jesús dignificaba a las mujeres que habían sido olvidadas, mirándolas amorosamente, sin pretensión. Había algo sobre la manera en que se reía con los niños y que llevaba a José a pensar: “¿Qué tal si Yahvéh es diferente de lo que siempre me han enseñado?”

Aun cuando Jesús criticaba severamente al Consejo de liderazgo de José, había algo en sus palabras que le sonaba cierto. ¿Podría ser él el Mesías?

Como consecuencia, en medio del caos en el que se encontraban todos en Jerusalén, este mismo José obedeció la agitación en su corazón después de la crucifixión de Jesús y fue audazmente hacia Pilato para pedir el cuerpo. Requería coraje ir a hacer una petición ante un gobernante corrupto como Pilato, pero especialmente para pedir el cuerpo del hombre que había causado que toda la ciudad se amotinara. Y aun así, la audacia de José fue más grande debido a la avalancha de odio que recibiría de su propio Consejo religioso. Su reputación por los suelos, su influencia puesta en duda, la tradición nos dice que por sus acciones fue puesto luego en prisión y azotado.

Aun mientras tal vez previó el sacrificio que su propia decisión implicaría, el sacrificio del hombre que bajaba del madero comenzó a pesar sobre él.

Los pies y las manos sangrantes de Jesús manchaban la cómoda ropa de José. Con lágrimas, limpió las heridas y honró al difunto envolviéndolo cuidadosamente con un paño nuevo de lino. Aunque se esforzó, la tela se pegaba a las heridas y las manchas carmesí empapaban el lino puro.

Las emociones del momento abrumaban a José.

Había querido honrar a Jesús; sin embargo, por primera vez en su ilustre vida, él fue el que se sintió verdaderamente honrado.

Había venido a ayudar y había terminado siendo ayudado.

Había anhelado en su dolor conocer a Cristo, pero también terminó siendo conocido por el hombre de dolores.

Y cuando lloroso se apresuró a preparar el cuerpo para el entierro antes del Sábado, José de Arimatea se encontró con Jesús de Nazaret por primera vez.

Ya no había necesidad de esconderse. El que había removido a Jesús de la cruz, decidió tomar la suya.

 

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