Archivos Mensuales: marzo 2018

Mirando la Verdad, sin Verla

Por Hiram Vega

Durante su ministerio en la tierra, Jesús impactó muchas vidas,  y aún al final de su carrera su vida seguía estremeciendo otras vidas.

Una de ellas fue la del hombre más poderoso del lugar. Poncio Pilato, representante del imperio romano y gobernador de esa region. Jesús fue llevado ante Pilato por las autoridades religiosas, para que fuera juzgado por él, aún cuando ellos ya habían determinado el resultado del juicio. Pilato era un gobernante endurecido, acostumbrado a aplastar rebeliones, para poder conservar su posición y para mantener el dominio romano.                    

¿Qué se podia esperar entonces de Pilato al ver a Jesús? Lo más probable es que considerara su tiempo demasiado valioso como para entrenenerse en un prisionero de poco valor político, y rapidamente lo mandara ejecutar. Sin embargo algo asombroso ocurrió:

Pilato llegó a estar tan convencido de la inocencia de Jesús, que lo declaró no culpable en tres ocasiones diferentes.

La primer ocasión Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: “ningún delito hallo en este hombre” (Lc. 23:4).

La segunda ocasión les dijo: “―Ustedes me trajeron a este hombre acusado de fomentar la rebelión entre el pueblo, pero resulta que lo he interrogado delante de ustedes sin encontrar que sea culpable de lo que ustedes lo acusan. Y es claro que tampoco Herodes lo ha juzgado culpable, puesto que nos lo devolvió. Como pueden ver, no ha cometido ningún delito que merezca la muerte” (Lc. 23:14-15).

Y la tercera justo antes de que lo entregara para ser crucificado, pidió agua y se lavó las manos delante de la gente. “―Soy inocente de la sangre de este hombre —dijo—. ¡Allá ustedes!”

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Tambien buscó no condenar a Jesús de diferentes maneras.

  • Primero lo envió a Herodes para que él lo interrogase (Lc. 23:5-12).
  • Después propuso azotarlo en lugar de crucificarlo (Lc. 23:16).
  • Y aún hizo un tercer intento de librar a Jesús dada la costumbre que se tenía durante la pascua de liberar un preso, pero la gente pidió a Barrabás (Lc. 23:17-25).

Queda claro que Pilato sabía que Jesús no era un preso normal, ni siquiera una persona común.  Las últimas palabras de Pilato hacia Jesús, vinieron en forma de una pregunta: ―¿Y qué es la verdad? —preguntó Pilato.Dicho esto, salió otra vez a ver a los judíos. ¡No esperó a escuchar la respuesta!

Parece increíble, estár frente a la Verdad y no verla, el hombre que tuvo la última oportunidad de tener un diálogo con la Verdad, no tomó el tiempo para oírla.

Hoy día pasa igual. Mucha gente espera la Semana Santa con ansias, pero no para escuchar el milagro que ocurrió en ella, sino para olvidar el trajín cotidiano.  Sin embargo, por cada Pilato que decide no escuchar, hay otro que dice que sí. Esa es la Victoria de la cruz. Conscientes de esto, no permitamos que la incredulidad de unos pocos, nos desvíe de la misión de llevar el mensaje de la verdad a muchos otros, que sí la escucharán.

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

Barrabás, el Hijo del Padre

Por Hiram Vega

¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando escuchas el nombre de Barrabás? Muy probablemente recuerdas a un asesino que fue liberado de ser crucificado, y Jesús murió en su lugar. Y es muy cierto.

Después de ser arrestado, Jesús enfrentó varios juicios: uno de ellos ante el rey Herodes, otro ante las autoridades religiosas, y otro ante la autoridad romana.

Es precisamente en el juicio ante el gobernador romano, Pilato, que aparece el nombre de Barrabás. Su nombre se menciona en los evangelios Mateo 27:15-26; Marcos 15:6-15; Lucas 23:18-24; y Juan 18:40. Y es interesante descubrir cómo la vida de este personaje oscuro se cruza con la de Jesús.

Jesús estaba de pie ante Poncio Pilato, quién ya lo había declarado inocente de cualquier cosa digna de muerte (Lucas 23:15). Pilato sabía que Jesús estaba siendo acusado por los líderes religiosos para conservar su poder y privilegios, ya que sentían que el pueblo se iba tras el nuevo profeta. Pilato, de manera extraña, buscó la forma de liberar a Jesús y al mismo tiempo mantener la paz, por lo que ofreció a la multitud una elección: la liberación de Jesús o la liberación de Barrabás, un malhechor bien conocido que había sido encarcelado por insurrección en la ciudad y por homicidio (Lucas 23:19).

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La liberación de un prisionero judío era costumbre antes de la fiesta de la Pascua (Marcos 15:6). El gobernador romano concedió el perdón a un criminal como un acto de buena voluntad hacia los judíos a quienes él gobernaba. La elección de Pilato ante ellos no podría haber sido más clara: un asesino de alto perfil e incitador de la violencia que era incuestionablemente culpable, o un maestro y un hacedor de milagros que era claramente inocente. La multitud presente eligió Barrabás para ser liberado, azuzados por los líderes religiosos.

Pilato no esperaba esta respuesta. Él en realidad buscaba liberar al inocente. Inclusive la esposa de Pilato, entrometiéndose de manera sorprendente en un área que no le correspondía, le envió un mensaje: No tengas nada que ver con este inocente (Mateo 27:19). Sin embargo, ellos no sabían que la muerte de Jesús en la cruz ya estaba profetizada. 

El hecho de que apareciera Barrabás, que en arameo significa el hijo del Padre, fue para recordarle a la humanidad, que Jesús, el Hijo de Dios (el otro hijo del Padre), había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido, en este caso tú y yo, y venía a morir en una cruz para pagar el precio por nuestra salvación y reconciliarnos con el Padre. ¡Qué estupenda noticia! Sin embargo, hoy día siguen habiendo millones de Barrabases que no han oído del Hijo del Padre que vino a morir en su lugar. Hoy es el día para compartir este mensaje a los que están alejados de la casa del Padre viviendo perdidamente, para informarles que el precio ya fue pagado y que es tiempo de volver a casa.

¿Irás a ellos? ¿Les dirás?

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

COM – Guatemala, 2018

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Ajustar las Velas

Por Raphael Rosado

Recuerdo una ocasión en que veníamos de regreso de un retiro de jóvenes en el área montañosa de mi país.  Al entrar a uno de los pueblos que están en el trayecto nos percatamos que el tráfico estaba totalmente congestionado y no se movía. De todos los días en que podíamos pasar por ese pequeño lugar, se nos había antojado hacerlo el día en que se corría el maratón del pueblo.  La carretera que habíamos seleccionado estaría cerrada por varias horas.

Nos empezamos a asustar cuando vimos que las personas se estaban bajando de los vehículos y sacando comida y sillas (cómo terminamos saliendo de allí es una aventura que contaré otro día). Cuatro personas íbamos en ese viaje. El primero se quejó: “Qué suerte la nuestra.” El segundo más optimista dijo: “Quizás abran pronto.” Sólo al tercero se le ocurrió decir: “Tal vez haya otra ruta.”  La pregunta que debes estar haciéndote es: ¿Qué rayos hacía yo? Pues yo me reía recordando una cita famosa que ilustraba muy bien nuestra situación, va algo así: “Los pesimistas se quejan del viento, los optimistas esperan que cambie, los realistas ajustan las velas.”

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Ante una situación difícil, ni quejarse, ni sentarse a esperar, ni mis disquisiciones filosóficas sobre nuestra situación fueron algo útiles. Sólo el que intentó adaptarse a la situación y buscar una ruta alterna nos ayudó a llegar a nuestros hogares.

Dios es especialista en ajustar las velas, sobre todo cuando se trata del ser humano. Cuando el hombre pecó en el Edén, el plan de Dios fue trastocado, pero Dios no se quejó. Tampoco se sentó a esperar. Dios encontró una ruta alterna hacia nuestro corazón. Dios nos habló a través de los patriarcas, la ley, los profetas y, finalmente, cuando la humanidad se negó a escuchar, Dios nos habló a través de su propio Hijo, Jesús.

Todo ajuste es pequeño para Dios cuando se trata de su amor por ti. No hay nada que él no haría para llegar a tu corazón.

Recuerda durante Semana Santa que no existe un ajuste de velas más grande que el que ocurrió en el Calvario. Si Dios mismo estuvo dispuesto a ajustar las velas porque te amó, ¡cuánto más nosotros debemos esforzarnos por ajustar nuestros planes para acomodar a los demás! Amar al prójimo significa dejar de quejarnos por las cosas que la gente hace mal.  También significa dejar de esperar que ellos cambien para acomodarnos.  Tal vez, amar al prójimo significa que soy yo quien tengo que ajustar las velas para llegar a su corazón y alcanzarlos con el amor de Dios.

Después de todo, eso precisamente fue lo que Jesús hizo por mí en el Calvario.

Regresa a la Historia del Calvario

Por Raphael Rosado

¡Cuánto admiro a las personas que tienen verdadera vocación por lo que hacen! Como dice el refrán: “Haz aquello que te apasiona y no trabajarás un día en tu vida.” Sin embargo, es importante entender que la pasión no es un accidente, tampoco es algo con lo que se nace y mucho menos es el resultado del éxito.

Por ejemplo, Picasso no nació siendo Picasso. Por el contrario, su genialidad fue el producto de muchos factores: su ambiente, su época y, sobre todo, su voluntad. Las obras maestras son mucho más que el producto del talento del autor. Saca a Picasso de su época y “Guernica” nunca es pintada. Más aun, Picasso sólo pudo pintar “Guernica” una vez y, no importa cuánto lo intentó, nunca pudo pintar una igual. La pasión que requirió pintar esa obra maestra del arte moderno es hija de un momento y de una historia. Difícilmente se entiende la pasión con la que se pintó el cuadro si no se entiende el significado histórico que tiene.

Dele a una persona con el mismo talento que Picasso los mismos instrumentos y difícilmente podrá pintar el cuadro. No importa cuanto lo intente una persona que carece de la pasión que emana de una conexión personal con la situación que representa, nunca podrá producir el mismo resultado que él.

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Lo mismo ocurre en nuestra vida cristiana.  Dios nos ha dado unas herramientas para pintar el cuadro de nuestra relación con él: la oración, la Biblia, el ayuno y las demás disciplinas espirituales. Sin embargo, la utilización mecánica de esas herramientas no puede producir una obra maestra.

Para que nuestra práctica de las disciplinas espirituales pueda producir un cuadro digno de museo, es necesario que entendamos que nuestra relación con Dios es el producto de la historia del sacrificio de Jesús en la cruz. Solamente cuando nuestros actos provienen de nuestra identificación personal con la historia del Calvario puede nacer en nuestro corazón la pasión necesaria para poder pintar con lo mejor de nuestra vida.  Ese es el único cuadro que Dios acepta y el único que nos hace sentir realizados.           

Me entristece el corazón ver a los hijos de Dios luchando todos los días tratando de “cumplir con su deber” de orar, de leer la Biblia o de congregarse, un “deber” que los desgasta, cansa y entristece. Qué diferente sería mi relación con Dios si en vez de nacer de un sentido del deber, naciera de mi pasión por él.  Te invito a que en esta Semana Santa regreses al Calvario y permitas que la historia de la cruz te llene de la pasión necesaria para pintar la obra maestra que Dios espera de ti.

 

Próximos Proyectos Pablo en México

México está movilizándose asombrosamente por medio de la plantación de iglesias y el envío de misioneros. ¡Participa en uno de los Proyectos Pablo que están organizando próximamente en el norte del país!

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Mirando Hacia la Cruz

Por Raphael Rosado

Los seres humanos pasamos gran parte de nuestra vida preparándonos para el futuro. Por ejemplo, algo tan sencillo como viajar de un lugar a otro requiere cumplir con ciertos requisitos.  Hay que darle mantenimiento al vehículo, poner gasolina, programar el GPS, hacer la maleta y reservar el hotel.  Como dice el viejo refrán, si no sabemos exactamente dónde termina el viaje es mejor no emprenderlo. 

La planificación es importante, y al final es lo que le da valor y significado a nuestros logros.  Una persona que se gana la lotería puede tener suerte, pero no es merecedora de lo que se ganó.  No puede decir que su premio es el producto de un plan o de su esfuerzo.  Suerte y mérito son conceptos incompatibles.

Más aun, la preparación es la muestra fehaciente de que algo nos importa, de que lo amamos.  Es un “cliché cultural” que en las relaciones de pareja las mujeres se quejan de que los hombres no ponen suficiente preparación en las fechas especiales.  Más de una vez, he escuchado a la heroína de la serie de moda decir, “no es el regalo lo que me hace feliz, sino el pensamiento que contiene.” La alegría que produce el regalo proviene de la preparación y el esfuerzo que costó.    

Dios es un planificador por excelencia y Él siempre está preparado.  Dios no le deja nada al azar.  Todo lo que Él hace es el resultado de su propósito eterno.  Para confirmar este hecho, no hay más que mirar a la cruz.

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Dios comenzó a preparar la solución final al pecado desde el mismo día que el hombre pecó.  Cuando Dios llamó a Abraham, miraba a la cruz. Cuando le dio la ley al pueblo de Israel, pensaba en la cruz.  Cuando le mostró su gloria a Isaías, ya Dios tenía en mente al siervo sufriente.  Cada detalle del Antiguo Testamento mira hacia Jesús y hacia la cruz.  Cada tentación, cada cuestionamiento, cada problema al que Jesús se enfrentó en su vida en la tierra, lo preparó para la cruz.  El Calvario no fue un accidente. El mérito del sacrificio de Jesús consiste precisamente en que fue el plan de Dios para salvarnos y mostrarnos su amor.

De eso exactamente trata la época de Cuaresma, de prepararnos para hacer memoria de lo que Jesús hizo por nosotros.  Cada renuncia, cada buena obra, cada ayuno que realizamos en esta época debe tener un plan específico: prepararnos para encontrarnos con Jesús en la cruz.  Sin ese propósito nuestras obras – por buenas que sean – carecen de significado.  Te invito a que utilices estos últimos días de Cuaresma como preparación para encontrarte con Jesús en el Calvario.

“Oren por mí, Quiero Entregarme a Dios”

En una de las ciudades de México donde se realizó Proyecto Pablo, se anunció la capacitación para los misioneros voluntarios que deseaban trabajar en dicho proyecto. Los talleres dieron inicio, y los organizadores suponían que todos los presentes eran participantes del proyecto. Nadie se percató que entre los presentes había un hombre de unos 35 años que llegaba por primera vez sin saber de qué trataba la actividad.

Cuando se acercaba el final del taller, el maestro invitó a los presentes al altar para orar comprometiéndose con el Señor y el proyecto. Mientras la gente caminaba al altar, el joven visitante alzó la mano y le dijo al maestro: “Oren por mí, quiero entregarme a Dios”, así que, antes de orar por los misioneros, guió en oración al joven visitante quien con lagrimas en sus ojos entregó su vida a Jesucristo.

Al siguiente día, los talleres continuaron y el joven estaba ahí de nuevo. Los hermanos de la iglesia lo felicitaron por su decisión de seguir a Cristo y por haber regresado y unirse a los misioneros.

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Al final de los talleres, el joven comentó a los organizadores que él había llegado de otra ciudad y que había vivido una vida de violencia, vicios y malos negocios. Lo que lo llevó a poner en peligro su vida y a abandonar a su esposa e hijos. El día que encontró la iglesia, sentía una gran necesidad de Dios pero pensaba que no merecía su perdón, pues había hecho muchas cosas malas. Dijo que durante el taller escuchó muchas veces fue que “Dios anda buscando al pecador”, así que eso dio convicción a su corazón y lo llevó a tomar la decisión de entregarse a Cristo.

El pastor le ofreció la primer clase de discipulado, y los misioneros lo invitaron a salir a compartir el evangelio por las calles. Desde ese día no ha dejado de testificar de su nueva fe a sus compañeros de trabajo, a sus vecinos y amigos. También le ha compartió por teléfono su testimonio a su esposa, le ha pedido perdón y se ha propuesto recuperar su matrimonio. Nuestro nuevo hermano en Cristo continúa siendo discipulado y recientemente ha sido bautizado. El pastor y los misioneros están muy sorprendidos ya que todo transcurrió en un periodo 3 semanas.

¡La gloria sea para Dios!

Fuente: Rev. Manuel Molina, coordinador de Proyecto Pablo

Este testimonio fue publicado originalmente en: mesoamericaregion.org

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