Archivos diarios: 16 mayo 2018

Aún sin Desilusionarse: Parte dos de una Súplica para Resistir el Cinismo en la Vida y el Ministerio

Scott Armstrong

En la entrada anterior, compartí la historia de cuando era nuevo en el campo misionero y me encontré con verdades difíciles de conflicto y política en la Iglesia. ¿Eran correctas las palabras de una confiable misionera veterana? ¿Eventualmente iba a desilusionarme como todos los demás?

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Desde entonces determiné que no dejaría que eso pasara. Lucharía contra el cinismo y el fastidio. Las siguientes sugerencias, hasta ahora, me han ayudado tremendamente:

  1. Empieza a tener citas otra vez. Así como los matrimonios se pueden volver secos y sin pasión después de años de la rutina y el estrés de la vida, también nuestras vidas espirituales deben tener una tendencia hacia la intencionalidad y la creatividad. ¿Cómo era cuando conociste a Dios por primera vez o cuando Él te llamó por primera vez? ¿Cuáles eran los sueños que Él puso en ti? ¿Qué es lo que más te gusta de servir a Dios? Quizá necesitas dedicar tiempo no solo al ministerio, pero a Cristo mismo. “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2:4).
  2. Asegúrate que en todo lo que haces individual y colectivamente, la misión es predominante. “Desilusionarse” muchas veces puede atribuirse a olvidar nuestra misión. Esto aplica a un olvido generalizado de la Gran Comisión, pero también se refiere a la misión específica que Dios te ha dado a ti, a tu familia y a tu equipo de liderazgo. Recuerdo que en la universidad leí el libro de Stephen Covey, Primero lo primero (First Things First), y después me asignaron escribir mi declaración personal de misión. Puse énfasis en la renovación de varios aspectos de mi vida y en la dedicación al llamado de Dios y a mi familia. Tal vez parece risible, para un joven de 20 años con esperanzas muy altas y muy poca experiencia, trazar un rumbo misional hacia el futuro. E incluso Covey nos anima a revisitar y modificar esa declaración según sea necesario de vez en cuando. Sin embargo, si no lo hacemos cuando tenemos 20 años, ¿cuándo lo haremos? Si no nos enfocamos en una misión hoy, no deberíamos sorprendernos cuando nos quedamos sin rumbo años después. Volver a visitar y ajustar ocasionalmente esa declaración ha provisto una base para mi vida y ministerio en las últimas dos décadas – y continuará haciéndolo mientras avanzo.
  3. Llamar a las cosas por su nombre. Muchas personas piensan que el antídoto para la desilusión es negar o descartar las cosas terribles que nos han hecho a nosotros dentro de la Iglesia. Es bastante impresionante cómo podemos racionalizar las acciones pecaminosas de otros con pretensión bíblica o espiritual. “Él era abusivo, pero es un líder venerado, así que debo ser yo quien tiene la culpa.” “Ella me lastimó, pero yo sé que todas las cosas nos ayudan a bien…” Esta gimnasia mental (y emocional) puede enmascarar el asunto temporalmente, y hacer que las cosas avancen suavemente a pesar de la disfunción. Pero la forma real de permanecer apasionado por la vida y el ministerio es admitir que la Iglesia ha fallado en muchas maneras. Sé especifico. ¿Quién te lastimó? ¿Qué te robó el gozo? ¿Has perdonado? Solo cuando identificamos la enfermedad que envenena nuestro gozo podemos empezar a tratarla.
  4. Desarrollar tenacidad emocional y espiritual. Muchas veces equiparamos la tenacidad con el aspecto físico. La imagen en nuestras mentes puede ser la de un soldado llevado al borde del cansancio, la deshidratación y el dolor. Con una mezcla de sangre y sudor en su frente, él sigue adelante – literalmente apretando sus dientes. El apóstol Pablo también usa una metáfora de correr una carrera cuando habla de perseverancia espiritual, e incluso se refiere a “golpear su cuerpo” para ganar el premio (1 Co. 9:24-27). Sin embargo, es difícil pensar en imágenes de perseverancia emocional. ¿Qué pasaría si debiéramos desarrollar emocionalmente una perseverancia efectiva? ¿Qué pasaría si tuviéramos que empezar a valorar una actitud tenaz tanto como un esfuerzo físico? La mayoría de la tenacidad espiritual y emocional tiene que ver con elegir el gozo en medio del sufrimiento o enfocarse en las grandes bendiciones de Dios en lugar de las molestias diarias. ¿Recuerdas a Pablo y a Silas cantando en la cárcel de Filipos? En otras palabras, la tenacidad emocional es reconocer que “esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17). Dios necesita soldados que son tenaces: física, emocional y espiritualmente.
  5. Ama la Iglesia. Es la esposa de Cristo. Es el cuerpo de Cristo. Sin embargo, si tú eres como yo, muchas veces me encuentro quejándome y murmurando de ella. Un llamado a amar a Cristo es amar a su Iglesia. Esta relación es tanto vertical (con Dios) como horizontal (con otros). No seremos capaces de fingir por mucho tiempo antes que la gente sepa que somos fraudes. El Espíritu Santo debe cambiar nuestros corazones cuando hemos sido desilusionados o heridos. “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:21). Esto no es lo mismo, pero está estrechamente relacionado con nuestra sugerencia final…
  6. Mira a la Iglesia a través de lentes reales. Después de sentir que Dios me llamaba a unirme a Él en su obra redentora, casi no podía contener mi entusiasmo. Seguramente fue abrumador, pero Dios ¡quería usarme para cambiar el mundo! Poco sabía acerca de que el obstáculo que más intentaría desanimarme y disuadirme de esa misión, a través de los años, sería la falta de visión y salud de la Iglesia. Mientras ya había resuelto nunca perder mi optimismo, también tenía que ser realista. Cada obstáculo no iba a desaparecer mágicamente porque respondí al llamado de Dios. Soy imperfecto, y también lo es cada cristiano. La mezquindad y la política seguirán permaneciendo en la Iglesia en cada nivel porque está hecha de seres humanos. Pero saber todos los detalles de conflicto y confrontación no significa que estamos forzados a permitir que la realidad desfigure la imagen de Dios en nosotros. El movimiento tras bambalinas no tiene que desviarnos de la obra maestra que Dios está llevando a cabo en el escenario frente a nosotros.

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Ya no soy un misionero novato. He visto mucha suciedad, y ha habido muchas circunstancias que han amenazado con dejarme frustrado y cínico. Sin embargo, permanezco tan apasionado como el primer año de ministerio transcultural – incluso mucho más.

¿Qué hay de ti? ¿Te unes a mí en esta lucha contra la desilusión?

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