Archivos diarios: 25 mayo 2018

Abatidos…y Gozosos

Por Scott Armstrong

En el mundo nazareno y más allá saben que hace una semana un avión Boeing 737 con más de 110 pasajeros, incluida la tripulación, se estrelló en las cercanías del aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, Cuba, poco después de haber despegado. El vuelo, Cubana 972, se dirigía a Holguín, Cuba cuando ocurrió el accidente cerca de las 12 p.m. hora local.

A bordo de la aeronave, 10 parejas del Distrito Este regresaban a casa en la Provincia de Holguín, después de haber sido parte de una Conferencia Nacional para Pastores de la Iglesia del Nazareno. En los días posteriores, se pudieron sentir las expresiones de luto y solidaridad por parte de los Superintendentes Generales, así como de hermanos y hermanas alrededor del mundo. El 21 de mayo, la Dra. Carla Sunberg dedicó su mensaje en el servicio de la capilla del Centro Global de Ministerios a las parejas que fallecieron, a los miembros de sus familias, y también a los líderes cubanos quienes se están recuperando después de esta tragedia.

En República Dominicana los misioneros y el liderazgo de la Oficina Nacional se reunieron como cada semana, para devocional y oración. Esta vez el ambiente fue lúgubre. Conocemos la teología correcta: Dios es soberano. Él tiene un plan. Él ofrece vida eterna a quienes mueren en Él. Sin embargo, las preguntas quedan: ¿por qué sucedió esto? ¿Por qué Dios no lo detuvo? ¿Qué pasará con los 10 hijos que han quedado en la orfandad y tristeza de no ver a sus padres de este lado del cielo?

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En medio de esta dificultad, la Coordinadora de Ministerio Nazarenos de Compasión en el Área Central (Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá y Puerto Rico), Paquita Bidó, comenzó a leer el Salmo 100:

“Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra;

adoren al Señor con regocijo.

Preséntense ante él

    con cánticos de júbilo.

Reconozcan que el Señor es Dios;

    él nos hizo, y somos suyos.

    Somos su pueblo, ovejas de su prado. 

Entren por sus puertas con acción de gracias;

    vengan a sus atrios con himnos de alabanza;

    denle gracias, alaben su nombre.

Porque el Señor es bueno y su gran amor es eterno;

    su fidelidad permanece para siempre.” 

¿Adorar con regocijo? ¿Cánticos de júbilo? ¿Acción de gracias y alabanza? ¡Claramente, este no es un salmo de lamento! 

Paquita reconoció que nos entristecemos junto con nuestra familia cubana, y reconocemos nuestro desconcierto. No debemos explicar esta pérdida devastadora con palabras trilladas de afirmación o máximas teológicas. Al mismo tiempo, ella explicó que leyó este Salmo a nosotros como una expresión de en medio del dolor. El Señor es Dios; nosotros no. Él es Creador, y somos su creación. Como ovejas, disfrutamos el cuidado del Pastor y obedecemos su voz. Qué privilegio servirle por el tiempo en que Él nos dé aliento. 

Paquita continuó. Si proclamamos que Dios es fiel solo en los momentos buenos, ¿qué de bueno tiene eso? Nuestra confianza estaría basada solo en circunstancias que se presentan en el camino, no en un Padre amoroso que permite el dolor en nuestras vidas porque sabe qué es lo mejor. Sin embargo, declaramos, de hecho, que Él es bueno, que su amor es para siempre, incluso cuando – o especialmente cuando – esta amarga realidad nos confronta. Y su fidelidad es una promesa no solo para nosotros, pero continúa a través de todas las generaciones.

A la luz de esta realidad, e incluso en medio de la tristeza ¡gritamos de gozo! Nuestras lágrimas se mezclan con acción de gracias y alabanza. Dios es bueno. Todavía.  Aun ahora.

Nuestra región entera está devastada. Nos hemos movilizado para dar y orar por Cuba. Y mientras lloramos, también nos regocijamos porque servimos a un Dios bueno y fiel.  Sí, su amor es para siempre.

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