Archivos diarios: 2 noviembre 2018

Grandes Líderes Piensan en Pequeño

Por Gustavo Crocker

En una conocida historia, alguien pregunta a D.L. Moody cómo había estado la reunión evangelística nocturna. Su célebre respuesta fue, “Tuvimos dos conversiones y media.” El entrevistador respondió, “¿Te refieres a dos adultos y un niño?” “No,” replicó Moody, “dos niños y un adulto. El adulto solo tiene la mitad de su vida para seguir a Cristo. Los niños tienen sus vidas enteras para seguirlo.”

Este intercambio me recuerda a la inclinación de pensar en los niños como “quienes aún no son participantes del reino de Dios.” ¡Esto no puede estar más alejado de la verdad! Los grandes líderes piensan en los niños como protagonistas del reino de Dios y del plan de Dios para la reconciliación. Ellos los ven como personas cruciales para su misión.

Jesús utilizó niños para ilustrar algunas de las verdades más grandes sobre el reino de Dios. Jesús les recordó a los discípulos que no solamente los niños son un modelo de fe para entrar al Reino, pero que se nos requiere examinarnos a nosotros mismos en cómo recibimos a los niños en nuestro medio.

¿Qué significa poner a los niños en el medio?

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Mateo registra la discusión de los discípulos sobre la grandeza en el reino de los cielos. Antes de que Jesús respondiera, Él describió una vívida metáfora de liderazgo: Él puso un niño en el medio. Poner a los niños en el medio significa que no podemos pensar en los niños como personajes secundarios. La verdadera conversación de liderazgo debe comenzar con la perspectiva de que los niños importan y están en el centro del plan de Dios para la redención.

Los niños son un modelo de fe. La respuesta audaz de Jesús a sus discípulos resalta el poder dañino de “crecer” (Mateo 18). “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.” La fe como la de un niño es absolutamente necesaria para disfrutar la plenitud de las riquezas de su reino. La fe de un niño es pura, es genuina, sin prejuicios. Mientras los niños crecen, su fe, ya contaminada por la tendencia de Adán al pecado, es deteriorada por las sociedades agnósticas, materialistas, egocéntricas que los moldean y educan. Mientras nuestra fe se vuelve más compleja, empezamos a cuestionar incluso las verdades más evidentes. Para disfrutar la rica y pura bendición del reino de Dios, debemos volvernos como niños.

Los niños son el campo misionero más listo y dispuesto. Alrededor del mundo, en cualquier país o cultura, más de 3 cuartos (75%) de los adultos que están llenando nuestras iglesias recibieron a Cristo entre las edades de 4 y 18 años. Los misiólogos han definido a este grupo de edad como la ventana 4/14, el grupo de personas que está más listo y es menos alcanzado.

Desafortunadamente, pensamos en ellos como “una manera de atraer a sus padres,” “una fuga de nuestros presupuestos y programas,” “una distracción para nuestros servicios solemnes,” o incluso como “entidades no productivas quienes no votan ni ofrendan.” Los discípulos estaban en el mismo barco. Mateo 19 narra otro evento de Jesús y los niños. Mientras las personas traían sus niños a Jesús para que orara por ellos y los bendijera, los discípulos reprendieron a sus padres. La respuesta de Jesús fue empática: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.” No seas obstáculo para los niños. Tú fuiste uno de ellos.

A través de la historia de la iglesia, los téologos y profesionales han discutido la “veracidad de la fe de un niño.” Los líderes bienintencionados, contagiados por el insecto del “crecimiento,” cuestionan la validez de la conversión de un niño. D.L. Moody responde a ellos: “Es una obra maestra del diablo hacernos creer que los niños no pueden entender la religión. ¿Cristo hubiera hecho de un niño el estándar de fe si hubiera sabido que no era capaz de entender sus palabras?”

Los niños son el campo misionero más productivo. ¡Coséchalo!

Los niños pueden ser agentes de la misión de Dios. No podemos dejar de ministrar solo a los niños y jóvenes. Los grandes líderes invirten en la niñez y la juventud como agentes de la misión transformadora de Dios. Los niños y jóvenes son capaces de compartir el amor de Cristo a sus familiares, amigos, redes sociales, y de guiar a otros a unirse a su fe.

La Escritura está llena de historias de niños y jóvenes utilizados por Dios para cumplir su misión:

…un jovencito objeto de tráfico, José, trajo esperanza a su pueblo…

…un pastorcito de ovejas, David, derrotó a un gigante y se convirtió en rey de Israel…

…un joven ministro, Samuel, guió al pueblo de Dios mientras servía en tiempos de sequedad y desesperación…

…un niñito anónimo pero bien preparado, proveyó recursos para la alimentación milagrosa de Jesús a cinco mil personas…

…y Jesús mismo, siendo todavía era un niño pequeño, declaró su compromiso con los negocios de su Padre…

Fue dicho por el profeta Isaías: “y un niño pequeño los guiará” (Isaías 11:6).

Los grandes líderes expresan su grandeza pensando en pequeño. Debemos enfocarnos en los niños de nuestro medio.

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