Cómo Supe que Dios Estaba Conmigo en el Divorcio de mis Padres

Por Scott Armstrong

Septiembre de 1993. Tenía 15 años. Mi papá y mamá llamaron a una reunión familiar después de la cena. Mi hermano y yo bajamos de nuestras habitaciones, preguntándonos lo que estaba pasando. Normalmente teníamos las famosas “reuniones familiares” una vez al año cuando alguna regla nueva iba a ser implementada o cuando las vacaciones necesitaban planearse o discutirse.

Esta vez era diferente. Había un ambiente estremecedor en la sala. Mi papá exhaló fuertemente mientras mi mamá movía sus manos con nervios e inquietud. Entonces—¡boom!—mi mundo cambió para siempre. Se iban a divorciar. No pudieron resolver sus asuntos. Habían tenido muchas diferencias. Bla, bla, bla.  Aunque no tiene sentido, una parte de mí estaba escuchando todo perfectamente, mientras que otra parte instantáneamente apagó el sonido de sus voces.

Después llegó mi turno. “¿Qué quieren decir, no pudieron resolver sus diferencias? ¿Acaso son una pareja de adolescentes que hoy están juntos y mañana no? ¿Los votos que hicieron hace años significan nada?” Estaba furioso. Estaba triste. Estaba paralizado.

Esa es la realidad #1. Eso de verdad ocurrió. Y, por eso, nunca volveré a ser el mismo.

Aquí está la realidad #2. Dios con nosotros. “…también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré…El Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas” (Josué 1:5,9 NVI). “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Escuchamos mucho de esta segunda realidad alrededor del tiempo de Navidad, ¿no? La “Encarnación.” Dios con nosotros. Nos hace sentir bien dentro de nosotros mismos, especial y particularmente cuando las cosas van bien en la vida.

Pero ¿qué sucede cuando la Realidad #1 y la #2 chocan? Como adolescente, sabía que la Realidad #2 era verdad—había escuchado sobre eso cada Navidad desde que nací. Y ciertamente sabía que la Realidad #1 era verdad—la estaba experimentando tal y como una planta rodadora experimenta un tornado. Y déjame ser honesto: fue muy difícil ver cómo la realidad de “Dios con nosotros” podía ser cierta aun cuando la realidad del divorcio estaba frente a mí cada día. Los gritos. Mi mamá mudándose. La primera vez que tuve dos cenas de Acción de Gracias, dos árboles de Navidad, dos casas y ninguna se sentía como un hogar. ¿Dónde estaba Dios en todo esto?

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No tengo una respuesta sencilla. En mi cabeza sabía que Dios estaba conmigo, pero mi corazón y mi vida me decían algo distinto. Las personas de la iglesia, con buenas intenciones, pero con poco tacto, se acercaban a mí y me aseguraban, “Tú sabes, Dios siempre está con nosotros, sin importar lo que pase. Vas a superar esto.” Eso es lo que realmente necesitaba–¡un mini-sermón para sentirme mejor! Ya sabía lo que decían las Escrituras, que Dios estaba en algún lugar en todo este desorden de soledad y enojo, pero ¿dónde?

Puedo mirar hacia atrás y ver algunos indicadores de la presencia de Dios en todo ese lío. Primero, aprendí que Dios mismo “se encarna” en y a través de otras personas. Él está con nosotros porque otros cristianos dan de su tiempo y lágrimas para estar con nosotros también. Siempre decimos que somos “el cuerpo de Cristo” y que tenemos que ser “las manos y los pies” de Cristo en el mundo, ¿entonces por qué nos sorprendemos cuando en realidad sucede? Por medio del amor y la compasión de mi pastor de jóvenes y de otros adolescentes y adultos, sentí la presencia de Dios.

Eso no significa que las personas sabían qué decir; muchas veces ellos dijeron cosas demasiado tontas. Tampoco significa que no estaba molesto, frustrado, o incluso deprimido en varios momentos. Todavía, mientras algunos en mi situación deciden hibernar y nunca volver a hablar con las personas de la iglesia, yo tenía que llegar a los servicios de la iglesia cada semana. Ahí fue donde sentí la presencia de Dios—a través de la música y la predicación por supuesto, pero también mediante el pueblo de Dios que me rodeó con amor los domingos y durante la semana.

En segundo lugar, sabía que Dios estaba conmigo por medio de mis tiempos personales con Él. Antes del divorcio de mis padres, tengo que ser honesto: fui un buen chico cristiano que hacía todas las cosas correctas. Aún así, no tenía una relación profunda con Cristo. Bueno, todo esto cambió cuando me encontré sin esperanza y sin alguien con quien hablar. Normalmente en circunstancias difíciles confiaría en mis padres. Eso no iba a suceder ahora; ¡ellos no poseían precisamente una perspectiva objetiva de su divorcio! Pude hablar con mi pastor de jóvenes, pero él realmente no entendía lo que yo estaba pasando porque sus padres aún seguían felizmente casados. Entonces, ¿a quién podía acudir?

Mi única respuesta era Dios. Yo comencé a ver mis tiempos devocionales no como un quehacer de mi lista, sino como el único tiempo en el que podía ser yo mismo. Yo lloraba delante de Dios. Le gritaba. Comencé a luchar con las palabras que estaba leyendo en las Escrituras. Algunas veces lo que leía me hacía enojar; otras veces me confortaba. No siempre escuchaba una respuesta. Nunca escuché voces del cielo ni recibí otras pruebas tangibles de su existencia. Pero en mis tiempos devocionales, empecé a confiar más en Él. En los momentos más difíciles de mi vida, Él se volvió mi amigo más cercano, y continúa siéndolo hasta este día.

Dios con nosotros. Parece absurdo, ¿no? Especialmente cuando tú estás experimentando la realidad de una vida llena de quebrantamiento y vacío. Pero eso es lo que hace la segunda realidad más fuerte—Dios se especializa en estar con nosotros, no solo en los buenos tiempos cuando lo “sentimos,” pero en los tiempos oscuros llenos de miedo y soledad. Deja que hoy Dios hable su realidad en tu realidad. Dios. Con. Nosotros.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (17 años) y Sydney (15 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 27 diciembre 2019 en Calendario Cristiano, Familia, Fe y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Pastor Ricardo Gonzalez

    Nuestra experiencia ha sido muy parecida. El divorcio de mis padres durante mi niñez ha sido uno de los eventos más difíciles de nuestra vida, y uno de los que ha tenido mayor impacto (hasta el día de hoy). Pero de mayor forma hemos visto el consuelo de Dios y su cuidado en medio de todo tiempo. El Señor nos ha bendecido por medio de la iglesia, de amigos y de familiares(algunos no cristianos). Dios ha sido bueno en medio de nuestras realidades, él ha sido nuestra sustento en todo tiempo.

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