“El Hermano Misionero”

La semana pasada  publicamos el informe sobre un viaje misionero en el Distrito Sur de México en nuestro post llamado: Cinco Paradas, Cientos de Vidas Cambiadas. Hoy compartiremos el testimonio de uno de los jóvenes que sirvió como misionero voluntario en esa experiencia transcultural. Si tienes interés en este tipo de actividades o en misiones en general, ¡responde abajo en la sección de comentarios!

Soy Abner Gutiérrez Rivera, y pertenezco a la MTI Iglesia del Nazareno “Puerta de Fe” en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en la Zona Ribera del Distrito Sur de México.

Hermanos, quiero testificarles que hasta hoy mi experiencia ha sido increíble. Todo inició cuando decidí tomar el curso de Misiones Transculturales y cubrir el requerimiento de llevar a cabo un viaje misionero en el que se visitarían 5 poblaciones del Estado de Chiapas, en un lapso de 23 días.

Previa oración de nuestro líder Freivy, Director de Misiones, iniciamos el recorrido el 23 de noviembre de 2019, y hasta ese momento sentía cierta incertidumbre sobre mi llamado misionero.  Conocí a mis compañeros de viaje y fui consciente de que estaríamos al servicio de Dios durante todo este tiempo. ¡Tener la oportunidad de testificar lo que Él ha hecho en mi vida y compartirlo es increíble!

El primer lugar visitado fue Soyatitán, y al observar la emoción de los hermanos al recibirnos y escuchar por primera vez que me decían: “el hermano misionero” tuve la intención de aclararles que estábamos aprendiendo, que era mi primera experiencia. Sonreía nervioso,  pero en mi interior me gocé porque me encanta poder servir a Dios de esa manera. Sin embargo, estaba preocupado por las expectativas que habíamos creado entre los hermanos que nos esperaban ansiosos.

Algo que tocó mi corazón fue conocer a los hermanos que trabajan como payasitos cristianos en la población y que se hacen llamar: “los Pancholines”. Al vernos evangelizar se acercaron, nos llevaron a su casa y nos enseñaron los materiales con los que trabajan en su  ministerio.  El Señor puso en el corazón de ellos obsequiarnos un traje completo de payaso, pintura y otros artículos de juegos, etc. Aprendí una gran lección: nuestro Dios es un Dios vivo y hace posible todas las cosas, ya que nosotros solo teníamos el maquillaje para trabajar con los niños. Fue increíble escuchar a Dios mediante la gente que recibía a Cristo y el ministerio de payasitos.

La segunda población fue Comitán, donde realmente encontramos pocas dificultades para el ministerio.  Aunque se trata de una ciudad eminentemente católica tradicionalista y encontramos personas que tenían literatura católica especial para responder a protestantes, ahí estaba Dios, dándonos palabra para responder con base en las Escrituras.  Con la asesoría del pastor David junto con Freivy, pudimos ver cómo la Palabra del Señor no vuelve vacía, fue un reto muy bonito para mí.

Realmente sentí la presencia de Dios tocando mi vida y haciéndome entender la necesidad de que todo mundo le conozca, fue una experiencia inolvidable. Por la noche subía al techo del templo a orar y miraba al cielo, reconociendo que Él está presente siempre en nuestras vidas.

La siguiente población fue la Colonia Michoacán, una zona rural.  Allí se presentaron mis primeras barreras de comodidad y de miedos, por ejemplo, las arañas y cucarachas.  Sin embargo, aprendí una lección: debemos depender totalmente de Dios y esos miedos dárselos a Él.

Fue de mucha enseñanza la población de la Trinitaria, porque Freivy corrigió muchos detalles de mi manera de evangelizar, ya que aún estoy aprendiendo, y me fue mucho mejor en las siguientes ocasiones. Realmente fue un reto pero Dios y mis compañeros me ayudaron en mi debilidad y eso me hizo sentir como en una familia.

La población de Unión Juárez, municipio de la Trinitaria, fue también una experiencia increíble.  Tuvimos el respaldo de la iglesia, hacíamos el show de payasos y empezamos a evangelizar a los niños con una buena respuesta.  Después fuimos a una población cercana llamada San Marcos Jalal, y sentimos cómo Dios nos usó en el ministerio porque para la mayoría de esos niños era la primera vez que veían un payasito e incluso era la primera vez que escuchaban de Cristo. Aprendimos otra gran lección: Dios te pone en gracia con los hombres con el don que tengas, al obrar en tu vida de forma increíble.

Por último visitamos la población de Lázaro Cárdenas. Fue maravilloso tener la experiencia de evangelizar a una persona que empezó peleando y terminó llorando, aceptando al Señor y pidiendo a Dios que cambiara su vida.  Verdaderamente fue transformacional en mi vida como cristiano.

Cada vez siento más y más fuerte a Dios en mi vida, y sé que este es mi llamado, mi ministerio. Seguiré trabajando para buscar la entera santificación y la dependencia total hacia él. Lo más bonito  es recordar que lo único que le dije fue: “heme aquí envíame a mi” y decir SI a todo lo que él me llamara a hacer.  Y aquí estoy, sirviéndole y no puedo decir más que gracias Dios por llevarnos y traernos con bien.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (17 años) y Sydney (15 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 14 enero 2020 en El Misionero Nazareno, Evangelismo, Otro. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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