La Espera

Por: Ingrid Jocholá

¿A cuántos de nosotros nos gusta esperar? Muchos lo hemos experimentado y sabemos que la espera puede ser lo peor que nos pasa.  Queremos que todo sea instantáneo. Muchas veces oramos durante años por personas que quisiéramos que conocieran al Señor, pero al final dejamos esas oraciones como casos perdidos porque pensamos que la respuesta tarda más de lo que podemos esperar. Creo que debemos recordar que no ocurrirá en nuestro tiempo, sino en el tiempo del Señor.

Don Hernán Lindo es una persona de la tercera edad, ciego desde hace aproximadamente tres años a causa de un leucoma.  Lo invitamos a una jornada médica en el sitio Los Libertadores, Panamá.  Debido a su condición, nos ofrecimos a ir a buscarlo a su apartamento en el piso cinco, para llevarlo a la cancha de baloncesto, lugar donde tendríamos la jornada.  Sin embargo, ese día, por las atenciones y la respuesta de tanta gente, nos fue difícil ir por él para que fuera atendido.  No obstante, al final de la jornada le llevamos al médico y las medicinas hasta su apartamento. El médico realizó el chequeo, y oramos por él ese día. Se le preguntó si se le podría visitar otro día, a lo que respondió que sí.

Al pasar el tiempo y conocerlo un poco más, nos dijo que no atendía mucho a las personas que tocaban a su puerta, y mucho menos aceptaba que lo visitaran como nosotras, mi compañera Marleidy y yo.  Orábamos y le leíamos la Biblia.  Era un tiempo muy especial por que él decía que nunca en su vida había leído la Biblia y ahora la escuchaba a través de nosotras.  Era un tiempo de aprendizaje para los tres, pues le gustaba argumentar y dar puntos de vista para poder entender.

Él ahora confía y ama al Señor.  Una vez nos comentó que si él estuviera bien de su vista probablemente el día que pasamos a su casa no lo hubiéramos encontrado, ya que su casa sólo la utilizaba para dormir.  Él sabía que sin duda Dios utilizó esa forma para que lo conociéramos.  Gracias a la ayuda de Dhariana de Murillo (Cordinadora de Ministerios Nazarenos de Compasión) se le consiguió un aparato para que tenga la Biblia en audio.  Se le enseñó a utilizarlo y ahora la escucha desde allí, ya que sus amigas de Guatemala y México terminaron su tiempo de asignación.

Sin duda la oración del hijo de Don Hernán Lindo fue contestada, ya que una de sus peticiones era que él conociera del Señor. Durante mucho tiempo esperó la respuesta de Dios, y ahora al ver la vida de Don Hernán transformada, siente que es una respuesta a muchas oraciones hechas tiempo atrás.

“Yo, Señor, espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.” Salmo 38:15 NVI

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