Tres Recomendaciones Al Iniciar Una Iglesia en Casa

Por: Diana González

En la entrada anterior hablé sobre tres ventajas de trabajar con las iglesias en casa, ahora quiero compartirles tres recomendaciones para la práctica del modelo casero de ser y hacer iglesia. Como misionera nazarena plantando iglesias en Quetzaltenango, Guatemala con el ministerio Génesis en la Región Mesoamérica, me está sirviendo muchísimo, pues, un cambio de realidad nos lleva a cambiar los métodos y modelos tradicionales.

  1. Añadir practicidad a nuestras reflexiones

En Romanos 1:16 NTV dice: “Pues no me avergüenzo de la Buena Noticia acerca de Cristo, porque es poder de Dios en acción para salvar a todos los que creen, a los judíos primero y también a los gentiles.” La Palabra en sí misma tiene poder. Al momento de compartirla usamos algunos métodos, estrategias y hasta técnicas de oratoria, porque todo lo que hacemos debe ser de calidad. Sin embargo, el resultado no depende de qué tan bien hagamos nuestra parte, sino de la obra del Espíritu Santo en las personas, tal como lo vemos en el discurso de Pedro, “las palabras de Pedro traspasaron el corazón de ellos” (Hechos 2:37 NTV).

El discurso de Pedro tenía muchos elementos, uno de ellos era el testimonio de lo que él había visto, pero también invita a quienes lo escuchan a que presten atención a lo que están viendo y escuchando (v. 33). Esto se aplica en las iglesias en casa. Como se dijo en el artículo anterior, en la reflexión de la Palabra pueden participar todos dando opiniones o puntos de vista propios.  En las primeras sesiones en especial, puesto que no se llevan a cabo predicaciones o estudios de la Biblia, se recomienda compartir el testimonio propio como resultado práctico de seguir a Jesús. No basta solo con hablar del amor de Jesús y de la salvación que ofrece, porque las personas se preguntarán para qué lo necesitan. El pragmatismo está presente en la cosmovisión de muchos. Ser prácticos dará relevancia a nuestro mensaje.

  • Disminuir la jerga evangélica

Debemos tener presente que en las iglesias en casa tenemos nuevos visitantes constantemente, debido a la cercanía y familiaridad que el entorno ofrece. Los nuevos visitantes serán personas que probablemente nunca han escuchado de Jesús, o que nunca han visitado una iglesia. ¿Puedes pensar en cómo se sentirán al escuchar un montón de jerga evangélica que muchas veces ni siquiera los mismos cristianos entendemos? Lo que buscamos es brindar sentido de pertenencia para que sigan siendo parte de nuestras reuniones. No podemos comenzar a decir palabras tratando de mostrar “espiritualidad”, debemos usar un lenguaje sencillo y común, traducir el mensaje bíblico al lenguaje de los oyentes, tal como Jesús lo hacía al enseñar públicamente (Marcos 3:34), y compartir verdades bíblicas profundas a través de ideas con las que las personas se identifiquen y puedan comprender.

  • Evitar temas condenatorios

Al elegir los temas de reflexión para las reuniones en casa, debemos tomar en cuenta la condición de las personas, pues para entonces ya hemos conversado con ellas y tenemos una idea de quiénes son, de sus necesidades e intereses. También necesitamos pensar en el entorno, por ejemplo, preparar temas de actualidad presentados con un enfoque bíblico, o temas que queremos que la iglesia conozca, como las disciplinas espirituales y los fundamentos de nuestra fe. Todo lo que compartamos debe ir encaminado a educar a la iglesia, y a la vez debemos ser sabios al expresar nuestras ideas, teniendo presente que estamos enseñando a nuevos creyentes, incluso a personas que solo están de visita con la idea de ver cómo es la iglesia. Por ellos hablemos con prudencia, evitando temas condenatorios.

No se trata de no hablar sobre el pecado o la santidad, sino de ser sabios al escoger los temas de reflexión, ya que algunos son muy delicados y sensibles para los oyentes. Temas como ideología de género, racismo o realidad política no debieran ser tratados en las primeras sesiones. El crecimiento espiritual del grupo marcará la pauta para abordar temas complejos de actualidad, siempre con amor y dejando fuera los prejuicios religiosos.

Trabajando con las recomendaciones anteriores, las iglesias en casa podrán fortalecerse de la mano de sus líderes y, sobre todo, con la guía del Señor, quien es la cabeza de la Iglesia. Continuemos llevando a cabo la obra sin dejarnos abatir por los limitantes, sino maximizando las oportunidades de servicio en donde quiera que nos encontremos.

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