Mentoreo con Intención

Es fácil confundir el ser un mentor y la amistad. Las amistades son conexiones esenciales e importantes para nuestro sentido de bienestar. La gente necesita amigos. El tiempo con los amigos trae risa, oídos que escuchan, y aliento. Cuando los amigos hacen cosas juntos, su conversación puede conducir a una pregunta importante y a una oportunidad para ser orientados bíblicamente. Pero la conversación a menudo no va más allá del clima, los deportes y los niños. Se ofrecen consejos amistosos, pero rara vez son intencionales acerca de dirigirnos hacia la madurez en Cristo.

Las relaciones de mentoreo a veces pueden atascarse en el nivel de la amistad. La gente pasa tiempo junta, se cuentan cosas sobre sus vidas, y se animan unos a otros, pero no hay un movimiento espiritual. Hemos mencionado anteriormente que las personas a menudo aprenden mejor a través de compartir experiencias vida, pero ser mentor es más que contarle a alguien acerca de tu vida. Ser mentor es una relación con un propósito. Sin propósito la relación puede deambular sin rumbo, convirtiéndose en amigos que “pasan el rato.”

Ser mentor, es más que una amistad o dar consejos. Nuestro propósito es ayudar a la gente seguir a Cristo y ser transformados a Su imagen. La intencionalidad en la relación nos permite movernos en esta dirección.

Escuchar con un Propósito

Los mentores que atraen a hombres y mujeres postmodernos comienzan con escuchar atentamente. Su mundo de conexión a través de la tecnología crea hambre por un oyente paciente y sabio. Cuando las agendas ocupadas gobiernan el día, escuchar puede parecer una pérdida de tiempo. Por el contrario, escuchar es una poderosa herramienta de mentoría. Cuando escuchas atentamente a tu aprendiz, se genera confianza y él / ella se siente aceptado, valorado y comprendido. Comienzas a verlo, y su corazón comienza a abrirse a ti. Un aprendiz, es poco probable que te reciba hasta que se sienta escuchado y comprendido. “Me uní a un programa de mentores, pero me retiré después de dos meses”, reveló una joven mujer. “Mi mentor seguía diciéndome que hacer, pero ni siquiera me conocía.”

Desarrollar Conversaciones de Calidad

Un mentor intencional facilita conversaciones de calidad. Escuchar con propósito, eventualmente guía la conversación más allá de que pasó y quién hizo qué. Hacer buenas preguntas pone en evidencia lo que está pasando al interior de tu aprendiz. Preguntas como: ¿Qué no te gusta de esta situación? ¿Qué no te gusta de ti mismo en esta situación? ¿Por qué estás confundido o molesto? ¿Dónde necesitas ayuda? ¿Cómo quieres cambiar? ¿Qué sientes que Dios quiere que hagas? No hagas suposiciones y no des ningún consejo en este punto; solo escucha.

Las buenas preguntas te ayudan a escuchar el corazón de tu aprendiz y a discernir dónde está espiritualmente. Después que responda, resume lo que has oído y deja que él verifique la precisión para que ambos comprendan la situación. Cuando el aprendiz escucha su propio pensamiento, comienza a ver el problema, y se abre la puerta para el crecimiento espiritual. Las buenas preguntas lo llevan a reflexionar, algo que, probablemente, rara vez tengan tiempo para hacer, permitiéndole procesar su vida a la luz de la verdad de Dios. La conversación de calidad lleva la relación debajo de la superficie y crea la profundidad que los jóvenes anhelan. Sus necesidades salen a la superficie. Cuando esta dinámica está presente, se sienten vistos.

Discernir su Situación Espiritual

Para ser un mentor espiritual se necesita ser informal y organizado a la vez. Viniendo de Auckland, Nueva Zelanda, la cual es llamada “Ciudad de las Velas”, veo los elementos organizados (tales como aparecer en la vida del otro, escuchar “ferozmente”, y hacer buenas preguntas) como izar las velas para que los elementos informales (el viento del Espíritu, en una actitud de dependencia diaria) puede golpear nuestras velas y llevarnos a lugares en nuestra relación que nunca hubiéramos soñado.

Ser un mentor informal puede ser natural, pero no es sin esfuerzo. Como mentor, escuchas que él o ella trabaja duro para discernir el lugar de la otra persona en su viaje con Jesús. Para hacer esto debes escuchar al aprendiz, al Espíritu, y a ti mismo, todo al mismo tiempo. Ahora, eso requiere un serio esfuerzo mental y espiritual.

Al escuchar a la otra persona, está alerta para el pensamiento no bíblico, comportamiento pecaminoso o imprudente, hábitos nocivos, fortalezas, debilidades, dones, conocimiento de la Biblia, su comprensión de Dios. ¿Está este aprendiz empezando el viaje, o ha viajado por el camino durante un tiempo? ¿Qué experiencias con Dios traen con ellos? Escuche lo que revela el Espíritu y cómo Él puede dirigir la conversación. Dios es el que causa crecimiento, y Él tiene una opinión sobre la vida de tu aprendiz. ¿Cómo Él se está moviendo? Estás allí para ayudarles a escuchar y responder a la presencia y actividad de Dios en sus vidas.

Escuche a sus propios pensamientos también. ¿Qué obstáculos observas en tu vida? ¿Qué te revela la Escritura? ¿Hay alguna experiencia similar en tu vida que puedas relacionar? Ser mentor es una interacción dinámica entre escuchar y discernir. Esto ha sido referido como “enteramente escuchar, santamente escuchar, y santamente ver”. El dominio de esta habilidad te permite llevar a tu aprendiz a la verdad que da vida y viene con la práctica a través del tiempo. Date a ti mismo gracia y depende completamente de que Dios trabaje a través de ti en el proceso. Él lo hará.

Usar un Plan de Estudio

A medida que tú y tu aprendiz identifiquen sus necesidades, un libro o un estudio bíblico podrían ser útiles. La mayoría de los hombres y mujeres están abiertos a un “estudio” si se relaciona con su necesidad actual. Si no sabes mucho sobre el tema, no hay problema; puedes aprender junto con tu aprendiz. El aprendizaje mutuo crea la atmósfera de colaboración que les gusta. Recuerda, no eres la persona que tiene todas las respuestas. Ellos te eligieron porque confían en ti y quieren aprender de tu vida, así que relájate. Si se selecciona un libro, asegúrate de discutirlo juntos en lugar de “enseñar” el material.

Es nuestra opinión ser mentor debe incluir la verdad bíblica. La Palabra de Dios es fundamental para toda la vida y demasiadas vidas posmodernas están sin ser tocadas por ella. Anima a tu aprendiz para asistir a un estudio bíblico fuerte para complementar tu influencia en su vida. Nos encontramos con que muchos jóvenes ya asisten a un estudio bíblico y no quieren más de lo mismo en cuanto a los mentores. Sin embargo, en una relación de mentor, están abiertos a la exploración de las Escrituras que se relacione a sus necesidades y metas de crecimiento.

Recuerda, el mentor es siempre responsable de traer la perspectiva de Dios a la mesa. Si tu pupilo no está en un estudio bíblico, querrás pensar acerca de cómo introducir la Palabra de Dios en su relación. Si nunca han hecho estudio de la Biblia antes, puede tomar algún tiempo para que valoren la Palabra de Dios y quieran aprender de ella. Una vez establecida su relación, ambos pueden decidir elegir el estudio bíblico como un objetivo de crecimiento, y puedes enseñarle cómo estudiar la Palabra de Dios, o tal vez asistir a un estudio de la Biblia juntos.

Resumen

Los enfoques tradicionales de ser mentor nos llevaron a creer que el estudio de los materiales pre-empaquetados era la mejor manera de hacer crecer a un joven. Nuestros jóvenes han votado y esa no es su elección. En su lugar, quieren un mentor que escuche de sus vidas. Tienen hambre de la verdad presentada en un formato creíble. Ellos quieren ver de primera mano cómo Dios obra en la vida de un hombre o mujer, como conocer y obedecer a Dios en un mundo desordenado. Compartir las experiencias de vida les da oportunidades para conectar sus vidas con la verdad bíblica. Si queremos ganar a nuestros jóvenes de nuevo, las relaciones deben pasar de un enfoque de enseñanza a un enfoque relacional donde las experiencias compartidas sean prominentes.

Cuando haces que tu meta sea ver a tu aprendiz y responder a sus necesidades, ambos experimentan una relación gratificante. Ellos crecen y tú creces, y Dios es glorificado en sus vidas. ¿No es esto lo que queremos? Los resultados pueden ser transformacionales cuando dejamos de lado nuestros libros y manuales, miramos a los ojos y corazones de nuestros aprendices, y comenzamos el proceso de escuchar intencionalmente, compartir y amar.

Extraído de Ser mentor Orgánico. Copyright © 2014 por Sue Edwards y Barbara Neumann. Usado con permiso de Publicaciones Kregel.

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