Misionera con Génesis Reflexiona en sus Dos años de Servicio

Por: Diana González

En la entrada anterior https://transformaelmundo.com/2021/10/22/iglesia-plantada-por-la-iniciativa-genesis-celebra-recepcion-de-miembros-en-pacaja-guatemala/ , he tenido el privilegio de compartir sobre lo que Dios está haciendo en Pacajá, Guatemala durante nuestras últimas semanas acá. La verdad es que la recepción de miembros, la instalación del nuevo pastor, y muchas más cosas han confirmado mi llamado y mi deseo de servir en las misiones.

Admito que la pandemia nos hizo cuestionarnos las cosas con frecuencia. La confianza parecía distante en algunos momentos, cuando pasamos de estar todos los días en contacto con las personas de la comunidad a estar encerrados en nuestras habitaciones sin poder si quiera vernos entre nosotros mismos como compañeros. ¿Cómo se supone que llegaríamos a las metas propuestas estando en casa sin poder ver a los hermanos a los que discipulábamos?  También este cuestionamiento fue respondido cuando recibimos los primeros miembros.

No es como lo imaginamos o queremos, es tal y como Dios lo ha dispuesto, con quienes ha dispuesto. Porque en el camino conocimos, acompañamos y despedimos a muchas personas con las que contábamos para la congregación que estábamos plantando, personas a las que veíamos y decíamos: “él será parte”, “ella seguramente estará”, pero no fue así. Hay dolor en mi corazón al pensar en todos aquellos que casi dicen que sí, que casi se arrepienten, que casi forman parte de la Iglesia pero que por una u otra razón no dieron ese paso de fe y confianza en Jesús. ¿Será que quedó algo por hacer o algo por decir? Siempre hay algo más que dar, hacer, decir, crear, imaginar, pero tuve que reconocer algo importante: la misión se trata de hacer todo lo que está en mis manos y creer que el Dios que puede alimentar a 5,000 personas usando el pequeño almuerzo de un niño pueda usar lo que tengo para ofrecer para propósitos más grandes de lo que yo puedo percibir.

La esperanza es característica de los cristianos. Siempre estamos expectantes ante la obra de Dios en nuestras vidas, del cumplimiento de sus promesas, de salvación, de transformación, y de provisión. En este caso, tenía todas estas esperanzas para Quetzaltenango, pero el mundo entero ha transitado por un valle de desesperanza en los últimos meses con la pandemia. Han sido días en los que el quehacer diario se vio afectado por la incertidumbre. No sabíamos qué pasaría al día siguiente: ¿cómo sería posible visualizar una congregación nueva en Pacajá desde este lugar de inestabilidad?

Poco a poco fue haciéndose posible, cuando comenzamos a ver herramientas nuevas de socialización, cuando pudimos estar cerca de las personas desde nuestras casas, o cuando la necesidad se convirtió en una oportunidad de servicio y de relaciones nuevas. La esperanza resurgió gracias a las dudas que las personas tenían, porque podíamos responder con la esperanza de un Dios amoroso y cuidador de los que ama. Algunas de las relaciones que surgieron gracias a esto llegaron a visualizarse mucho más en el culto de recepción de miembros, cuando recibimos hermanos con disposición de compartir del Dios que los sostuvo y fortaleció en momentos de desesperación.

En estos dos años de servicio misionero en Quetzaltenango pude ver a Jesús cumplir con Su Palabra. En Mateo 16:18 vemos a Jesús diciendo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” Jesús se está poniendo frente a nosotros como el edificador de la iglesia. Él es quien obra para que la Iglesia crezca, para que más y más sean añadidos cada día. Me siento privilegiada de haber sido parte de lo que Dios está haciendo para edificar Su iglesia en una comunidad tan necesitada de la verdad. Ha sido una temporada de bendición, crecimiento y aprendizaje, y veo el propósito de Dios cumplirse al ver a los hermanos de Pacajá listos para dirigir ellos mismos la iglesia, para proponer, crear, y continuar con los diferentes ministerios existentes. Están dispuestos a ser testimonios del amor de Dios para sus familias y la comunidad. Ahora estoy saliendo de Quetzaltenango y, aunque el camino ha traído y se ha llevado tanto de mí, tengo el mismo corazón agradecido, confiado y esperanzado con el que vine. Solo que  ahora todo es más sólido porque estoy viendo el fruto de la verdad predicada en este tiempo.

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