Archivo del Autor: Scott Armstrong

¿Sabueso del Cielo…o León Africano?

El Sabueso del Cielo” es un poema escrito por Francis Thompson, en el cual el autor habla de un Dios que lo persigue (metafóricamente, por supuesto, como un sabueso) a través de dificultades e incredulidad, e incluso, ocasionalmente, a pesar del deseo del autor de conocerlo. Ese título ha menudo ha sido utilizado para ayudar a describir lo que algunas denominaciones cristianas llaman “gracia preveniente.” Tal gracia va delante, preparando el camino para conocer a Dios y prevenirnos del daño en muchos casos, incluso cuando en realidad no merecemos tal protección. Esta gracia nos atrae a una relación con él. El apóstol Juan hace eco de esta verdad cuando dice, “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19).

Recientemente me encontré con una historia que me hizo pensar en el sabueso del cielo desde una óptica diferente. Espero que esto te permita ver la gracia preveniente de una forma distinta.

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“A Father Donovan, que llevaba diecisiete años con los masai de Tanzania, un viejo cristiano le estaba explicando lo que es la fe: –No es como cuando un blanco dispara y mata a distancia, simplemente moviendo un dedo. No, la fe se parece a cuando un león se lanza contra su presa.  Su nariz, sus ojos y sus oídos la descubren.  Sus patas le dan velocidad.  Toda la fuerza de su cuerpo se pone en tensión para dar el salto terrible y el zarpazo mortal.  Y cuando la víctima queda presa, el león la atrae hacia sí y la convierte en parte de sí mismo.  Así es como mata el león.  Así es como cree el hombre.  Esa es la fe. 

Father Donovan pensó que lo entendía.  La fe supone un esfuerzo, a veces doloroso, en busca de Dios. Nuestra alma se pone en tensión, como el león.  Pero el anciano africano no había terminado.  –Nosotros los masai no fuimos a buscarle, Father, ni queríamos que viniese, nos dijo que teníamos que buscar a Dios.  Pero fue Él quien nos buscó y nos encontró.  Siempre nos creemos que somos el león, pero, en realidad, el león es Dios.”

 

¿Intachable? ¡Eso es Imposible!

“Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:—Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera.” (Génesis 17:1-2)

Por Emily Armstrong

Dios está renovando su pacto con Abraham de que la promesa de una gran nación vendría de Abraham y Sarah. El versículo 1 del capítulo 17 de Génesis dice que Abraham tiene 99 años cuando Dios tiene esa conversación con Él. Solo puedo imaginar lo que Él estaba pensando, “Bueno, Dios, seré padre por primera vez, pero solo con tu ayuda.” Mientras estamos hablando de hacer lo imposible, ¿nos perdimos la pequeña pero significativa frase en el versículo 1 que dice, “vive delante de mí, y sé intachable.”? Otra vez, Abraham tiene que estar pensando, “Bueno, Dios, pero solo con tu ayuda.”

¿Realmente Dios esperaba que Abraham se convirtiera en padre a la edad de 99? Sí.

¿Realmente Dios esperaba que Abraham anduviera delante de Él y fuera intachable? Por supuesto. Y Dios espera lo mismo de nosotros. ¿Es una expectativa justa? Sí, pero solo porque tenemos el Espíritu Santo en nuestras vidas. El Espíritu Santo nos ayuda a tomar las decisiones correctas, y nos ayuda continuamente a andar delante de Dios y ser perfectos. Esto no significa que el Espíritu Santo decide por nosotros, sino que continuamente nos está guiando por los caminos correctos, si se lo permitimos.

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Recuerdo que cuando estaba en la universidad, de verdad empecé a luchar con el concepto de ser intachable. He sido cristiana desde que era pequeña, pero el Espíritu Santo empezó a hablarme acerca de la música que escuchaba. No era una música MALA, pero ciertamente no era la mejor. Realmente tuve que luchar con el Señor y ver si lo que estaba escuchando era para ayudarme a que mi relación con Él creciera y se fortaleciera. Estoy segura que no te sorprende descubrir que me di cuenta que el Espíritu Santo estaba en lo correcto, así que hice algunos cambios en la música que escuchaba. Fue difícil y fue un proceso, pero sé que eso me ha ayudado hasta este día a andar de forma intachable delante de Dios.

Entonces, ¿estás listo? ¿Has sentido que el Espíritu Santo te ha hablado sobre algunos de los hábitos que tienes y que te detienen de andar intachable delante de Dios? Si es así, empieza a evaluar los cambios que necesitas hacer, y comienza a hacerlos. Muy pronto aprenderás como yo, que caminar siendo intachable es posible, con la ayuda de Dios.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

No Estoy Avergonzado

“Así que no estén avergonzados de testificar acerca del Señor.” Ahí está, en blanco y negro en el versículo 8 del primer capítulo de 2ª de Timoteo. Sin alejarse de eso; testificar acerca de lo que Jesús está haciendo en nuestras vidas es la expectativa. Es lo que los cristianos hacen. Entonces, ¿por qué hacerlo es tan difícil?

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He sido un misionero en varios países por los últimos años, y me he dado cuenta que durante ese periodo de tiempo yo, también, entro en la categoría de estar “asustado” de compartir con no creyentes lo que Dios hizo en mi vida. Como misionero, parte de mi descripción de trabajo es estar listo para compartir de Jesucristo todo el tiempo con cualquier persona que encuentre. Pero es lo suficientemente asombroso que eso, también, era parte de mi descripción de trabajo antes de que me convirtiera en misionero. Es algo que he tenido que estar haciendo diariamente desde el día en que me convertí en cristiano.

Tal vez tú estás pensando que no has experimentado suficiente. ¿De cualquier forma qué dirías? Bueno, ¿Dios está trabajando en tu vida? ¿Has visto su mano sanadora, o su mano de protección, o su mano de misericordia? Esas son historias que tú puedes compartir – nadie puede decir que eso no sucedió. Quizá ellos no creerán que Dios hizo todo, pero eso no debería detenerte de compartirles. Cada vez que compartes acerca de la grandeza de Dios, una semilla ha sido plantada.

Entonces, ¿estás listo para empezar a compartir con tus amigos lo que Dios está haciendo en tu vida? No te avergüences de testificar acerca de lo asombroso que es Dios. De hecho, una vez que empiezas a hacerlo, te darás cuenta que se vuelve más fácil. Así como todo lo demás, la práctica hace al maestro.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Manos a la Obra

Saber qué es misión y estar en misión son cosas muy diferentes. Para estar en misión se requiere tener iniciativa, pero sobre todo se necesita un corazón servicial y dispuesto a trabajar en respuesta al amor de Dios.

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Durante una semana (del 23 al 30 de junio), once jóvenes nazarenos trabajamos con mucha disposición para apoyar la construcción del Centro de Formación Misionera en las instalaciones del Seminario Nazareno ubicado en Santo Domingo, República Dominicana. Estuvimos acompañados por algunos miembros de la Primera Iglesia del Nazareno en Bethany, Oklahoma, EE. UU., y fuimos liderados por los coordinadores de Trabajo y Testimonio en el país, AJ y Chelsea Fry.  También contamos con la participación de Wendy Rivera, como coordinadora de Misiones Globales en el país.

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Además de apoyar con la construcción, colaboramos en la realización de escuelitas bíblicas de verano de dos iglesias nazarenas, cuyos templos están ubicados cerca del seminario. Ahí tuvimos la oportunidad de ministrar a más de 150 niños. Nuestra intención fue trabajar para Dios y entendimos que al hacerlo serviríamos al Señor con todo el corazón por medio de servir a otros.

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Tuvimos momentos de trabajo intenso en la construcción, también de gozo mientras compartíamos con los niños de las iglesias, y disfrutamos mucho el tiempo que como equipo pudimos pasar en comunión con Dios y unos con otros. Estamos agradecidos por lo que Dios hizo en nuestras vidas, también por lo que seguirá haciendo; ésta fue una experiencia inolvidable y de gran bendición.  Sin embargo, espero que no solo sea una experiencia, sino que sea un impulso y que, donde nos encontremos, continuemos trabajando para el Señor, ¡manos a la obra!

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

–Yerys Amador, voluntario de Trabajo y Testimonio en República Dominicana.

Operación Rescate

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres(Colosenses 3:23).

Teniendo en mente este versículo, del 20 al 23 de junio, la Iglesia del Nazareno del Distrito Oriental en República Dominicana, realizó su segunda Máxima Misión en tres comunidades necesitadas del pueblo llamado Bayaguana, donde con un corazón dispuesto a servir, alrededor de 50 participantes provenientes de cuatro distritos del país, se reunieron para llevar a cabo esta obra misionera.

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“Operación Rescate” fue el lema de esta gran actividad, la cual buscaba cumplir con lo dicho por Jesús en Mateo 20:28: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Los participantes se movilizaron para SERVIR y compartir con muchas personas que necesitaban escuchar un mensaje de esperanza.

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Más de 60 familias fueron bendecidas con la Palabra de Dios y la entrega de alimentos.  Además se compartieron charlas sobre autoestima, se realizó una escuelita bíblica, se  repararon algunas casas, se proyectó una película, y se celebró una campaña evangelística, entre otras actividades que impactaron a los habitantes de Bayaguana. Cuatro personas decidieron aceptar a Jesús como Señor y Salvador de sus vidas, para así empezar a caminar con Él.

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Creemos que éste es el tiempo de que la iglesia se movilice y salga de su zona de confort.  Las necesidades están allá afuera y las almas vagan sin dirección y sin Dios. Se necesitan hombres y mujeres dispuestos a decir: ¡Heme aquí, envíame a mi!

— Elba Isabel Duson, Misiones Globales Distrito Oriental, Rep. Dominicana.     

 

 

Caminar una Milla en los Zapatos de Otro

“Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” (Juan 4:5-9)

Por Scott Armstrong

¿Te has dado cuenta alguna vez lo bueno que es Jesús poniéndose en los zapatos de alguien más? En este pasaje, lo vemos haciéndolo otra vez. Jesús es un judío que está de camino a Galilea, y decide viajar A TRAVÉS de Samaria, en lugar de rodearla como la mayoría de los otros judíos de aquel tiempo. Los judíos hacían todo lo posible para permanecer lejos de Samaria y los samaritanos, y los samaritanos se sentían igual respecto a los judíos. Jesús no es un judío común. Jesús caminó hacia Samaria y se sentó en un lugar común de reunión para las mujeres. Es como si Él quisiera tener una conversación con alguien que viene a sacar agua del pozo. Y es exactamente lo que ocurre.

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En el momento en que Jesús pone un pie en las fronteras de Samaria, Él se convierte en el discriminado. No por coincidencia, Jesús encuentra a la mujer samaritana – quien era discriminada en su propia ciudad.

Creo que esta es una lección que todos debemos aprender lo más temprano posible en la vida. ¿Por qué la popularidad es TAN importante para nosotros cuando estamos en la secundaria o el bachillerato? ¿Por qué excluimos a las personas, solo porque se visten diferente o hablan diferente o no pertenecen a los mismos círculos sociales que nosotros? ¿Por qué no podemos ponernos a nosotros mismos en las situaciones de otras personas?

¿Cómo podrías ministrar a alguien que es excluido? En esta escritura, vemos que Jesús se convirtió en el discriminado para ministrar a la discriminada – y eso cambió su vida. ¿Podría Jesús estar llamándote para encontrar a alguien que necesita un amigo? Yo pienso que por lo menos Él nos está llamando a ver el mundo como Él, y empezar a incluir a los excluidos. Tal vez eso significa mirar afuera de nuestro “círculo” normal e involucrar a caras nuevas. Quizá eso significa integrar a tu grupo de jóvenes, y que los mayores conozcan a los menores, y viceversa. Cualquiera que sea el paso, empieza a darlo ahora. Cambia el mundo – una persona a la vez.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Máxima Misión – Honduras, 2019

Del 28 al 30 de junio, la comunidad de La Ceiba en Honduras, un total de 98 personas originarias de México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Estados Unidos y Honduras, se dieron cita para ser parte de un tiempo de servicio a otros, por medio de una Máxima Misión, la cual incluyó visitas a un asilo y orfanato, evangelismo creativo, escuelita bíblica para niños, entrega de alimentos a familias necesitadas, limpieza en casas, manualidades, clínica de belleza, entre otras actividades. 

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Los participantes pudieron vivir una experiencia transcultural a través de compartir con sus hermanos y hermanas nazarenas de distintos países, y tuvieron la oportunidad de impactar vidas con el amor de Dios y el mensaje del evangelio. 

Durante este tiempo muchas personas se reconciliaron con Dios y otras aceptaron a Jesús en sus corazones. ¡Gloria al Señor porque Él sigue usando a su Iglesia para cambiar el mundo! 

A continuación te presentamos dos videos donde podrás ver y escuchar las actividades realizadas y también algunos testimonios de los participantes:

 

 

–Luz Jiménez y Karen Pop, Misiones Globales, Área Norcentral.

Donde hay Voluntad, hay una Manera

“La palabra del Señor vino a mí: Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones. Yo le respondí: ¡Ah, Señor mi Dios! ¡Soy muy joven, y no sé hablar! Pero el Señor me dijo: No digas: ‘Soy muy joven’, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene. No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte. Lo afirma el Señor. Luego extendió el Señor la mano y, tocándome la boca, me dijo: He puesto en tu boca mis palabras.”

Por Emily Armstrong

Dios está llamando a Jeremías a ser un profeta, y Él lo llama muy claramente. Incluso después de saber EXACTAMENTE lo que Dios quiere que él haga, Jeremías todavía dice, “Yo no sé cómo hablar” – él empieza a ofrecer excusas de porqué él no puede hacer lo que Dios le está llamando a hacer. Parece que Dios lo toma con calma y le dice que no se preocupe; Él estaría con Jeremías e incluso va más alla, ¡poniendo las palabras en su boca! No sé tú, pero parece que ¡Jeremías se queda sin excusas!

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Que tú sinceramente preguntas a Dios lo que Él quiere hacer con tu día, tu semana, tu vida, y la respuesta que Él te da parece imposible? Cuando le pedimos algo a Dios, ¿de verdad estamos listos para escuchar lo que Él tiene para decirnos?

Cuando mi hijo era pequeño a él constantemente le gustaba darme dos opciones para elegir, como por ejemplo “Mamá, ¿quieres este bloque amarillo o este bloque azul?” Después de que elegía el color que yo prefería, él me miraba y me decía si había elegido el correcto. Y no, no resultaba ser la opción elegida, y la verdad es que él no quería saber lo que yo quería. Desde el principio él sabía que me iba a dar el bloque amarillo, lo eligiera o no.

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Creo que muchas veces nos acercamos a Dios de esa manera. “Ok, Dios, tengo que tomar una decisión – ¿quieres que le hable a la nueva chica de la clase, o debería dejarle eso a alguien más?” Desde el principio estamos esperando que Dios nos diga que le dejemos eso a alguien más, y cuando Él dice, “Sí, quiero que le hables a la nueva chica,” le decimos que no estamos preparados para hacerlo…¿podría él hacernos la misma pregunta mañana?

Muchas veces Dios deja muy claro lo que quiere que hagamos y quiere que seamos obedientes a Él. Más vale que tengamos una muy buena excusa de porqué NO podríamos hacerlo, pero normalmente Dios puede resolver eso. Así como con Jeremías, Dios proveerá una manera para hacer su voluntad.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

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