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Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 2 de 2

Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Ilustraciones que Conectan

Es por eso que las ilustraciones importan. Las ilustraciones nos ayudan a situarnos en la historia. Pero las ilustraciones que nos invitan a la necesidad de ser algo que realmente podemos imaginar. La mayoría de nosotros no luchamos contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Si nos pides que nos coloquemos en esa historia, siempre nos imaginaremos a nosotros mismos como el héroe– escondiendo los judíos en nuestro sótano o dando pan al soldado hambriento del otro lado.

Pero, siendo realistas, muchos de nosotros podemos imaginarnos luchando con nuestro hermano por el control remoto, o, años más tarde, peleando por el lugar donde la familia tendrá la reunión, o quién debería decirle a papá que es hora de dejar de conducir, o quién se quedará con la mesa del comedor cuando los padres hayan muerto. No nos imaginamos siendo el héroe en estas historias porque probablemente no lo hemos sido. Lo que necesitamos en una historia sobre nuestros hermanos, es una idea acerca de qué hacer a continuación––cómo se vería realmente ser como Cristo, no en algún pueblo francés en 1942, sino hoy en la sala de la casa o mañana en el teléfono.

Porque nosotros sabemos que las ilustraciones ayudan a nuestros oyentes a colocarse en la historia, los predicadores y los maestros podemos pasar mucho tiempo buscando la ilustración perfecta: la historia que se enlaza con el pasaje de la Escritura, con la extensión correcta, y que nos mueve fácilmente al siguiente punto. Esta es la razón por la que hay libros de ilustraciones disponibles para comprar y sitios web ansiosos porque te suscribas. Pero las ilustraciones enlatadas normalmente saben de esa manera: tienen la esencia de una buena historia, pero son carente de color y sabor.

Las ilustraciones más fuertes se extraen de la vida de la iglesia y del ministerio mismo. Si comienzas una oración con “Esta semana en el estudio Bíblico, Ben mencionó…” o “Nancy, de nuestra junta de la iglesia, me invitó a unirme a ella en una visita esta semana, y…” Las cabezas se van a levantar. La gente va a prestar atención. ¿Ben dijo algo interesante en el estudio bíblico? ¿Qué pasó en la visita?

De repente, la vida de la iglesia se ha convertido en el sermón. Alguien estaba prestando atención a las cosas que suceden cada semana. Este no fue un evento de una vez en la vida. El estudio de la Biblia ocurre cada semana. Los miembros de la Junta visitan a la gente todo el tiempo. Esta era la vida regular siendo llamada como un ejemplo de vida en el reino. La ilustración no era teórica, distante o abstracta. Era personal, atractiva, accesible, y relevante. Eso llama la atención de la gente.

Esto también significa que debemos prestar atención. Si has leído y estudiado tu texto a principios de la semana, vigila el resto de esa semana: identifica cualquier cosa que pueda vincular este texto a las vidas de estas personas. Un intercambio con el mesero en el almuerzo. Un artículo de una revista. Una canción en la radio. Otro pasaje de la Escritura. Una gran cita en las redes sociales. A medida que avanza la semana, escribe estas cosas. Incluso si sólo está remotamente conectado a lo que estás predicando o enseñando, grábalo. Nunca se sabe cómo el Espíritu puede usarlo.

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Una palabra de precaución

Una nota importante: Siempre pide permiso. Si Ben dice algo en el estudio Bíblico que llama la atención, menciónalo luego y ve si está bien usarlo y si quiere el crédito. Di algo como: “Me encantó lo que dijiste sobre el versículo 5. Puedo usar eso el domingo, ¿estaría bien si mencionara tu nombre?” No prometas que vas a usar la ilustración. Todos sabemos que lo que parece perfecto el miércoles por la mañana puede no encajar cuando estamos terminando el sermón o la lección el sábado por la noche.

También sabemos que algunas ilustraciones brillantes nos golpearon a las 6 de la mañana del domingo, y no siempre tenemos tiempo para consultar con la persona antes de predicar o enseñar. Pero si ellos no saben que vas a utilizarlos, no los utilices. El uso de los demás en las ilustraciones es una oportunidad para nosotros como pastores y maestros de cuidar bien a las personas. Queremos que se vean bien en las ilustraciones, y queremos que se sientan seguros en la iglesia. Respeta sus deseos si no quieren ser utilizados, o se ofrecen a cambiar su nombre o los detalles del evento si eso los hace sentir más cómodos con la idea. Pero si se niegan, respeta eso. Piensa en el uso de ilustraciones como una oportunidad para construir confianza con tu congregación.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

 

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 1 de 2

Escrito por: Mary S. Hulst. Trad. por: Yadira Morales

Cómo enseñar de una manera que conecte, impulse y construya confianza.


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Mis hijastros entran empujando la puerta después de ver una película con su padre. Están riendo, hablando y citando líneas de la película mientras exploran la alacena para comer algún aperitivo.

“¿Como estuvo la película?”

“¡Estuvo realmente buena! Muy divertida.”

Entonces hago esta pregunta: “¿De qué se trataba?”

Por lo general, ellos hacen una narración del relato “jugada por jugada,” uno de ellos hablando encima del otro para aclarar un punto en la trama. Me hablan de los actores, de los carros y de las partes divertidas. Me dicen quién ganó en el final y si este era mejor que el otro que era un poco como este pero que protagonizó ese otro tipo. Por supuesto todo esto se dice a través de bocados de queso cheddar y patatas fritas de crema agria.

Nunca, en todas las veces que me han hablado de películas, ¿alguna vez me miraron y me dijeron: “No puedo recordar. Había un tipo, y tal vez era un detective o algo así, y tenía un coche. Algo estalló. No lo sé.”

Siempre lo saben. Siempre pueden recordar. Siempre pueden decirme. Ese es el poder de una historia. Podemos recordar una película porque alguien nos está contando una historia. La historia comienza con personas que necesitan algo, o algo les sucede, o existe la promesa del amor, la amenaza de la extinción global, o una batalla épica entre el bien y el mal. La historia se desarrolla a medida que los personajes responden a lo que venga en su camino. Una buena historia nos atrae porque queremos saber cómo resulta: ¿El acusado cometió el crimen? ¿Los alienígenas destruyen la vida en la tierra? ¿La chica encuentra el amor?

Nuestro desafío como predicadores y maestros es que casi todos los que nos escuchan saben cómo se desarrolla la historia. Dios está en voz baja y sutil. El muchacho mata al gigante. Jesús cura al ciego. Tomás profesa la fe. Pablo, una vez más, le dice a la gente qué hacer. Bostezo. ¿Por qué nuestra gente debe seguir escuchando si saben cómo esto va a terminar? Hay un problema. Dios lo resuelve. Toma la ofrenda.

Necesitamos crear tensión, o tenemos que reconocer la tensión que ya existe. Porque aunque la mayoría de nuestros oyentes saben cómo resultan las historias bíblicas, no saben cómo están saliendo sus historias. No pueden leer hasta el final de sus libros. Todos nosotros, predicadores y asistentes, escuchamos las palabras de la Biblia y pensamos: ¿Es esto cierto? ¿Es importante? ¿Me sucederá a mí?

Esa es la tensión. ¿Es esta verdad para mí? ¿Es Dios el Dios real para mí? ¿Mis pecados están realmente perdonados, y cómo puedo saberlo? ¿Realmente importa una vida de obediencia cuando me está costando tanto?

Y ahí está nuestro anzuelo. Todos entran en la iglesia esperando, orando, pidiendo que algo que se diga o se cante les ayude, los consuele, los asegure, y a veces los desafíe, los condene o los empuje. Para decirlo simplemente: quieren verse ellos mismos en la historia.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

La Arrogancia de Saber

Por Richard Rohr

En Génesis 3, se les dice a Adán y Eva que hay un árbol del que no comerán, con el nombre más inusual: el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Ahora, ¿por qué sería algo malo comer de él? ¿No es bueno conocer la diferencia entre el bien y el mal? 

Aquí está el problema: nota que dice, “Si tú comes de este árbol, serás como Dios.” Solo Dios sabe lo que es realmente bueno y lo que es realmente malo. Y el gran orgullo y arrogancia de la religión…es pensar que nosotros sabemos. 

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La arrogancia de saber. “Yo sé quién irá al cielo.” “Yo sé quién irá al infierno.” “Yo sé quién está en lo correcto; yo sé quién está equivocado.” Déjame decirte algo: lo que caracteriza al mal es que el mal siempre tiene “la razón”. El mal no experimenta la duda en sí mismo. No admite crítica. “Tengo la razón y lo sé.”

Quienes intentamos vivir lo que esperamos sea una buena vida, tenemos que vivir en el territorio llamado fe, donde nunca estamos absolutamente seguros de tener la razón. ¡¿Quién quiere eso?! 

Y si piensas en la mayor parte de la religión que te ha decepcionado — y hay mucho de ella que debería decepcionarte — siempre es dirigida por personas quienes están seguras de tener la razón. Ellos no experimentan duda en sí mismos. Ellos tienen la verdad absoluta. Ellos saben quién va al cielo y quién al infierno. Ellos saben quiénes tienen la razón y quiénes están equivocados. Ellos, claramente, han dividido al mundo. Y, por supuesto, ellos siempre tienen la razón, el resto del mundo y las otras religiones siempre están equivocados. 

Qué pérdida de tiempo. 

Qué absurdo.

Y se nos advierte acerca de esto en los primeros capítulos de la Biblia. 

*Esto es un fragmento del sermón predicado por Richard Rohr en la Iglesia Familias Sanas en Albuquerque, Nuevo México, en el primer domingo de Cuaresma: 5 de marzo, 2017.

“Pero Dios”

El siguiente artículo fue publicado originalmente en el sitio web: “Moments with the book

Cuando leemos las Escrituras, uno no puede evitar darse cuenta de la expresión, constantemente repetida, “Pero Dios…” estas dos palabras señalan un cambio, un contraste o una aclaración que se presenta a continuación. “Pero Dios.” Lo que sigue a esta transición significativa intenta desafiar nuestra fe y cambiar nuestra vida. Cuando Él aparece en la foto, Dios hace toda la diferencia. Pensando en alguien que lea esto y tal vez no tenga una Biblia para buscar las referencias, citaremos algunos de los versículos “Pero Dios”, mientras les animamos a todos a buscar otros y leer los contextos que los respaldan. 

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Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente (Génesis 50:20 NVI).

Pero el Señor su Dios no escuchó a Balaam, sino que convirtió su maldición en una bendición para ustedes, porque los ama (Deuteronomio 23:5 NVI).

David se estableció en los refugios del desierto, en los áridos cerros de Zif. Día tras día Saúl lo buscaba, pero Dios no lo entregó en sus manos (1 Samuel 23:14 NVI).

¡Sean fuertes y valientes! No tengan miedo ni se desanimen ante el rey de Asiria y todo el numeroso ejército que lo acompaña, porque nosotros tenemos más que él. Él cuenta con la fuerza de los hombres, pero con nosotros está el Señor nuestro Dios para ayudarnos a luchar nuestras batallas. Al oír las palabras del rey Ezequías, el pueblo se sintió animado (2 Crónicas 32:7-8 DHH).

Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna (Salmo 73:26 NVI).

Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor y verdad (Salmos 86:15 NVI).

Esa gente es tan malvada que acabarás por destruirla. Pero tú, mi Dios, eres mi más alto escondite; ¡eres como una roca en la que encuentro refugio! (Salmo 94:22-23 TLA).

Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas; pero Dios los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino (Isaías 17:13 RVR1960).

La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre (Isaías 40:8 NVI).

A esto Daniel respondió: ―No hay ningún sabio ni hechicero, ni mago o adivino, que pueda explicarle a Su Majestad el misterio que le preocupa. Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios. Ese Dios le ha mostrado a usted lo que tendrá lugar en los días venideros (Daniel 2:27-28 NVI).

Por su parte, Dios hizo brotar una planta; ésta creció y cubrió el refugio de Jonás. Así Dios le dio a Jonás una sombra mejor para que no sintiera tanto calor. ¡Jonás quedó muy contento con aquella planta! Pero después, Dios hizo que un gusano viniera al otro día, y picara la planta (Jonás 4:6-7 TLA).

 Los discípulos se sorprendieron mucho al oír lo que Jesús dijo, y comentaban entre ellos: —Entonces, ¿quién podrá salvarse? Jesús los miró y les dijo: —Para la gente, lograr eso es imposible; pero para Dios todo es posible (Mateo 19:25-26 TLA).

 Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios (Lucas 12:19-21 RVR1960).

Él les dijo: «Ustedes se hacen los buenos ante la gente, pero Dios conoce sus corazones. Dense cuenta de que aquello que la gente tiene en gran estima es detestable delante de Dios (Lucas 16:15 NVI).

Entonces les habló así:―Ustedes saben muy bien que nuestra ley prohíbe que un judío se junte con un extranjero o lo visite. Pero Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo. (Hechos 10:28 NVI).

Después de llevar a cabo todas las cosas que estaban escritas acerca de él, lo bajaron del madero y lo sepultaron. Pero Dios lo levantó de entre los muertos. (Hechos 13:29-30 NVI).

Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:7-8 NVI).

Quien sólo vive para pecar, recibirá como castigo la muerte. Pero Dios nos regala la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 6:23 TLA).

Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos (1 Corintios 1:26-27 NVI). 

Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios, quien es el que hace crecer (1 Corintios 3:6-7 NVI).

Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir (1 Corintios 10:13 NVI).

Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza (Filipenses 2:27 RVR1960). 

Reflejando a Cristo: Proactivo e Intencional

Escrito por: Howard Culbertson

Jesus and Zaccheus smallerJesús se ocupó durante sus tres años de ministerio en la tierra de maneras intencionales y proactivas. Él no esperó a que las interrupciones de la vida dictaran su dirección, ritmo o prioridades absolutas.

Jesús modeló cómo los misioneros pueden asegurar que sus acciones del día a día a avancen hacia los objetivos a largo plazo. Para estar seguros, los misioneros pueden lograr cosas buenas, incluso cuando operan primitivamente por las decisiones de estímulo-del-momento. Cuando hacen eso, sin embargo, corren el riesgo de ser “llevados de aquí para allá por todo viento” (Efesios 4:14).

Numerosos pasajes del Evangelio indican la intencionalidad con la que Jesús vivió y actuó. Éstos son cuatro:

  • Jesús tomó la iniciativa de llamar a las personas específicas para ser sus discípulos. Él sabía lo que quería y se fue tras ellos. Él era diferente de otros rabinos judíos que esperaban que la gente aplicara en vez de elegir a personas como seguidores.
  • La historia del encuentro de Jesús con la mujer en un pozo del pueblo en Samaria comienza con “Jesús tenía que pasar por Samaria” (Juan 4: 4). La elección de ruta que fue intencional porque los judíos evitaban a propósito de viajar por Samaria. El encuentro en el pozo era algo más que una casualidad.
  • Cuando Jesús se encontró con Zaqueo, dijo, “es necesario que yo pose en tu casa” (Lucas 19: 5). Invitarse a sí mismo al almuerzo en casa de un odiado recaudador de impuestos fue intencional por parte de Jesús.
  • A medida que se acercaba la última Pascua que Jesús pasó en la tierra, era obvio que el Señor iba a hacer un viaje a Jerusalén con intención y propósito. Él les dijo a sus discípulos exactamente lo que iba a pasar allí. (Marcos 9:31).

Ser proactivo e intencional no significa que los misioneros deban correr a un ritmo frenético de trabajo en una lista interminable. Esto no significa que actúen con motivos ocultos o futuros. Esto no quiere decir que se ajusten a los planes elaborados previamente de forma tan rígida que no haya ajustes que puedan hacerse.

Nosotros, por supuesto, no podemos conocer el futuro en la forma en que Jesús lo hizo. Sin embargo, los misioneros transculturales harán bien en copiar la manera en que Jesús fue proactivo e intencional. Los misioneros pueden ir más allá de una simple reacción a las cosas a medida que ocurren. Esto no significa desterrar la espontaneidad. Esto no significa que los misioneros deban ser fríamente calculadores. Lo que significa es que los misioneros, como Jesús, pueden hacer las cosas de forma intencionada para que las actividades diarias contribuyan a propósito a seguir un patrón que cumpla con el llamado de Dios en sus vidas.

Publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-proactive-and-intentional

¿Qué Pasaría Si La Iglesia Diezmara? – Parte 2 de 2

diezmar_472_314Esta es la segunda parte del artículo anterior. Escrito por: Mike Holmes, y traducido por: Ariadna Romero.

La verdad es que dar es un asunto del corazón, no de cantidades de dinero.

Cuando Pablo habló sobre la legendaria ofrenda de la iglesia en Macedonia, le pedía a los Corintios que probaran su amor como los Macedonios habían probado el suyo:

“Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro” (2Cor 8:7-8).

Luego fue un paso más allá y habló sobre los más altos estándares en cuanto a dar y amar:

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor 8:9).
 
Dios ha tenido siempre un lugar especial para los dadores radicales.

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Cor 9:7).

Así que, ¿cómo es un dador alegre?

Aquí hay algunas sugerencias, pero quiero advertirte: esto no es para aquellos que están satisfechos con una vida ordinaria y normal:

  1. Empieza a diezmar. Con base en las estadísticas, la Iglesia en verdad podría hacer cosas maravillosas si tan solo empezáramos a diezmar consistentemente. Pero ten en cuenta cuando empieces a diezmar que hay una diferencia entre la ley del diezmo y la gracia del diezmo. El poder del diezmo se encuentra en la gracia, no en el temor. Es algo que debemos hacer, en lugar de algo que tenemos que hacer.
  1. Enseña a diezmar. Este es un asunto delicado y tiene el poder de dividir iglesias por la mitad. Esto es por lo que la gente se desanima o bien, reciben amenazas. Pero diezmar es algo que, dicho con sabiduría y tacto, puede ser un gran sermón.
  1. Lleva el diezmo al siguiente nivel. Diezmar es solo el fundamento. La ofrenda que de verdad cambia el mundo es aquella que da más de lo que es requerido.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/what-would-happen-if-church-tithed

¿Qué Pasaría Si La Iglesia Diezmara? – Parte 1 de 2

Cómo dar el 10 %  puede cambiar el mundo

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Escrito por: Mike Holmes. Traducido por: Ariadna Romero.

La Iglesia de hoy no es muy buena para dar.

Y esto no es una novedad, son hechos estadísticos:

  • Los diezmeros conforman solamente entre el 10% y el 25 % de una congregación normal.
  • Solo el 5% de los norteamericanos diezman, con el 80% de americanos dando solo el 2% de sus ingresos.
  • Los cristianos están dando solo un 2.5% por persona, cuando durante la Gran Depresión daban un 3.3 % en cantidad promedio.

Cifras como esas pueden provocar mucha culpa, lo cual no es realmente el punto. Lo principal es preguntarse qué pasaría si los creyentes incrementaran su ofrenda al mínimo, o digamos, al 10%. Habría un adicional de $165 mil millones  para que las iglesias usaran y distribuyeran. El impacto global sería fenomenal. He aquí algunas cosas que la Iglesia podría hacer con ese dinero:

  • $25 mil millones podrían aliviar el hambre global, la desnutrición y las muertes por enfermedades prevenibles en 5 años.
  • $12 mil millones podrían eliminar el analfabetismo en 5 años.
  • $15 mil millones podrían resolver el problema mundial del agua y la higiene, específicamente en lugares del mundo donde mil millones de personas viven con menos de 1 dólar por día.
  • Mil millones podrían financiar el trabajo de misiones transculturales.
  • De $100 a 110 mil millones quedarían todavía adicionales para la expansión del ministerio.

 Los números son impresionantes.

Entonces, ¿Por qué no damos?

El verdadero problema cuando se trata de dar, no es acerca del dinero. De hecho, la Biblia dice que es sobre nuestros ojos. Es lo que Jesús llama “el ojo maligno”.

“Porque donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón. El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (Mateo 6:21-23).

El “ojo maligno” es un término judío. Mientras que el “ojo bueno” en el Judaísmo se refiere a la buena voluntad, la benevolencia y el ser genuinamente feliz cuando los demás prosperan,  el ojo maligno es exactamente lo contrario.

La persona que tiene un ojo maligno se siente afligido cuando otros prosperan, se regocija cuando los demás sufren, ama su dinero y no hace nada con respecto a las obras de caridad.

Así que cuando Jesús habló sobre los ojos, estaba hablando a una gran audiencia Judía que sabía a lo que Él se estaba refiriendo. Sabían que un ojo bueno era una persona generosa y un ojo maligno era un tacaño, avaro.

Este artículo continuará en la próxima entrada.

El inmigrante entre nosotros

Por: Jerry D. Porter*

*Adaptado y usado con permiso de Holiness Today “Santidad Hoy” en Mayo/Junio 2012.

inmiLa palabra hebrea gēr y del griego xenos de palabras se puede definir como “extraño” o “extranjero”. La palabra inmigrante se utiliza en este artículo en el lugar de estos nombres.

Abraham y Moisés eran inmigrantes. “Aunque no soy más que un extranjero que ha venido a vivir entre ustedes, véndanme algún … en donde pueda enterrar…” (Génesis 23: 4, TLA). Ella (Séfora) tuvo un hijo, y Moisés le puso por nombre Guersón, pues razonó: «Soy un extranjero en tierra extraña. » (Éxodo 2:22, NVI).

“No opriman al extranjero, pues ya lo han experimentado en carne propia: ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto” (Éxodo 23: 9, NVI). Debido a la trata de personas, José emigró a Egipto. Más tarde su familia emigró allí con el fin de sobrevivir. Del mismo modo, los esclavos involuntarios fueron transportados desde África a las Américas. Hoy las personas emigran para ayudar a sus familias a sobrevivir.

La Biblia nos instruye a otorgar justicia a los inmigrantes como si fueran nuestros propios hermanos. “No oprimirás al jornalero …, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra…” (Deuteronomio 24:14, RV60). “No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano… Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda” (Deuteronomio 24:17, 21, RV60).

Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos…” (Levítico 19: 33-34, NVI). Nuestro Señor citó, “lo amarás como a ti mismo“, como parte del Gran Mandamiento.

La iglesia de Jerusalén se convirtió en una iglesia inmigrante. Dios utiliza a menudo los inmigrantes para difundir el evangelio. “Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia en Jerusalén, y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron…” (Hechos 8: 1, NVI). Cada año millones de refugiados desplazados huyen de sus hogares en busca de seguridad. Recuerde que Jesús y sus padres huyeron a Egipto para escapar de la ira celosa del rey Herodes.

Jesús dijo: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento” (Mateo 25:35, NVI).

No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13: 2, NVI). Los cristianos genuinos son instruidos a hacer amistad y ayudar a los inmigrantes. Al hacerlo, nos preocupamos por Cristo y entretenemos a los ángeles.

Honramos a los inmigrantes al referirnos a ellos como “inmigrantes indocumentados” en lugar de “extranjeros ilegales”. Sus documentos no están en orden, similar a una persona que conduce con una licencia vencida. Hay que diferenciar entre lo que es legal y lo que es moralmente correcto. Por ejemplo, la prostitución es inmoral, incluso si es legal. Bajo la segregación racial de Sudáfrica, una persona fue arrestada por usar el baño equivocado. Ancestros de mi esposa ayudaron ilegalmente esclavos que huían hacia la libertad. Mientras que sus acciones no eran legales, era moralmente correcto.

Si todas las leyes en nuestras naciones estuvieran en consonancia con el reino de Dios, entonces violar la ley sería moralmente incorrecto. Naciones de todo el mundo, sin embargo, han elaborado leyes que a menudo van en pro de borrar la instrucción bíblica. Necesitamos leyes que dignifican a los inmigrantes productivos.

Independientemente del debate político, Dios nos llama a respetar, proteger, ayudar, evangelizar, discipular y amar a todos los inmigrantes cerca de nosotros.

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