Nuestro Masivo e Incomparable Dios

Por Rev. Rob Prince

No tenemos idea de lo grande que es el universo.

Lo más lejano que hemos podido medir hasta ahora con la ayuda de un poderoso telescopio – de hecho dos telescopios: uno en Hawai y otro en el espacio exterior- es 13,000 millones de años luz de distancia (por cierto, un año luz de distancia son 5.88 billones de millas). ¡Eso es BASTANTE LEJOS!

En alguna parte en medio de este vasto universo se encuentra una galaxia espiral llamada La Vía Láctea, la cual está formada por cientos de millones de estrellas.

Una de esas estrellas es nuestro sol, rotando alrededor del centro de la Vía Láctea una vez cada 250 millones de años. Uno de los planetas girando alrededor del sol es una pequeña y diminuta pelota llamada planeta Tierra.

Nuestra pequeña y diminuta pelota de agua y polvo, el planeta Tierra, tiene solo 8,000 millas de diámetro y orbita una pequeña estrella de la Vía Láctea en este vasto, vasto universo.

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Y tú y yo somos solo 2 de los 7.400 millones de personas en este diminuto planeta.

¿Para qué la lección de astronomía?

Escucha esto:

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,
Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

Tema a Jehová toda la tierra;
Teman delante de él todos los habitantes del mundo.

 Porque él dijo, y fue hecho;
Él mandó, y existió.   (Salmo 33:6, 8-9)

Deja que la verdad de estas palabras profundice en tu mente.

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,
Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

Dios ni siquiera levantó un dedo para crear este masivo, asombroso, enorme, vasto e increíble universo. Lo hizo sin usar un kit de “Cómo crear un universo”.

No tenía diagramas.

No tenía planos.

Solamente habló, habló, habló… y todo comenzó a existir.

Dios es más masivo que nuestra más salvaje imaginación.

Más grande que las palabras más grandes que tengamos para describirlo.

Después de una eternidad siendo Dios…

No muestra señales de cansancio.

No tiene dilemas.

No tiene apuros.

No tiene consejeros.

No tiene escasez.

No tiene rivales.

No tiene temores.

No tiene grietas.

No tiene preocupaciones.

Él es auto existente.

Autónomo.

Perpetuo.

Autosuficiente.

Consciente de sí mismo.

No tiene necesidades.

Dios hace lo que quiere hacer.

Sus propósitos son seguros.

No hay nada que lo detenga.

Nadie le corta el paso.

No hay cortocircuitos en su agenda.

Dios siempre tiene el control.

Dios sabe todo y conoce a todos.

No escapa de su visión el vuelo de un ave en este pequeño planeta, o incluso si se detiene en una ramita.

Pudo haber empezado con Adán y haber nombrado a cada hombre, mujer y niño que ha vivido y decirte cada pequeño detalle de sus vidas.

Nada se esconde de Él.

No lucha contra ningún misterio.

No tiene que esperar por una prueba de polígrafo para descifrar la verdad.

Nadie se le compara.

No tiene igual.

No tiene competencia.

¡Él es Dios todopoderoso! (Me gustaría que retumbaran los tambores después de decir eso).

Pero ese no es el final de la historia.

Aunque somos niebla…

Estamos aquí hoy, y mañana quizás ya nos habremos ido…

Una pequeña mancha de polvo en su enorme y vasto universo…

Uno de los 7,400 millones de personas en este planeta…

Dios te creó.

Piensa en eso.

A su imagen.

Dios te creó.

Y nos formó con la habilidad de conocerlo.

Y aquí están las buenas noticias…

Realmente buenas, muy buenas noticias… ¡Él te ama!

¡ÉL. TE. AMA.!

Así es, a ti.

Quizá reprobaste tu primer examen en la universidad pero aún Él te ama.

A ti, que te enojaste sin razón contra tu cónyuge ayer… también te ama.

A ti, que acabas de decepcionar a alguien… sí, Él te ama.

Eres uno de los 7,400 millones de gente en este pequeño planeta en los alrededores de la Vía Láctea.

Pero Dios te conoce, sabe todo acerca de ti. Sabe tus más oscuros secretos… ¡y aún así te ama!

Él sanó la enfermedad.

Sació el hambre.

Caminó sobre el agua.

Calmó la tormenta.

Y aquí está el trato:

AQUEL que puede sanar la enfermedad,

SACIAR el HAMBRE,

Caminar sobre el agua y

CALMAR LA TORMENTA…

Aquel que creó este universo masivo de 5.88 billones de veces 13 mil millones de millas…

Te conoce.

Te ama. 

¡Y puede rescatarte, redimirte, refrescarte, renovarte y revitalizarte!

¿Alguien necesita eso el día de hoy?

El Humo Subió

Por Rev. Rob Prince

El humo subió cuando dije “Sí” al llamado de Dios al ministerio de tiempo completo. No fue un “humo blanco saliendo de la chimenea, como cuando eligen a un papa;” fue más como un humo tipo “mucha madera húmeda en el fuego.”

Estaba sentado al lado de una fogata en el Campamento de la Iglesia del Nazareno del Distrito Este de Michigan, en una sensación adolescente después de un servicio de reunión de campamento, cuando pensé por primera ve que Dios me estaba llamando a algún tipo de servicio cristiano. 

Estaba en séptimo grado. 

No vi nada escrito en las paredes. (Estábamos al aire libre—sin paredes).

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No escuché una voz audible. (Excepto por el chico dirigiendo en la fogata y tratando de tener un montón de música, desafiando a los adolescentes a cantar, “Haz Señor,” nadie estaba hablando o cantando).

Pero sabía en lo profundo de mis huesos que Dios estaba llamándome. 

¿Por qué Dios me llamaría al ministerio? 

Nunca había hablado en público. 

Yo era bastante raro, 75 libras, pequeño bateador débil de segunda base. 

No era hábil en nada, excepto coleccionando cartas de béisbol y molestando a mis hermanos. 

No tenía idea de lo que realmente hacía un pastor. (Quizá estaba pensando que ellos solamente trabajaban los domingos y miércoles por la noche. En ese momento yo era muy perezoso).

Aún así, sabía que Dios estaba llamándome. 

No sabía que ese llamado me llevaría al Colegio Olivet Nazarene (ahora Universidad) y al Nazarene Theological Seminary (Seminario Teológico Nazareno). Nunca hubiera adivinado que mientras estaba en el seminario serviría en el staff pastoral de una iglesia presbiteriana e iglesias nazarenas en Alanson, Bad Axe, Roseville y Otisville, Michigan y ahora en Lenexa, Kansas. No sabía que sería capaz de predicar no solo en las iglesias maravillosas que me han permitido usar sus púlpitos cada semana—pero también he tenido el privilegio de predicar en Dominica, Rusia, El Salvador, Suazilandia, Israel, Jordania y ahora Cuba. No puedo describir adecuadamente cuán bendecido he sido en mi vida desde que dije “Sí” a Dios alrededor de aquella fogata. 

Nada de humo subió en mi oficina en la Iglesia del Nazareno Metropolitana cuando Dios me llamó a escribir. Otra vez, no vi nada escrito en las paredes (sí había paredes ahí—pero nada escrito en ellas). No escuché una voz audible. Pero una vez más, sabía en lo profundo de mis huesos que Dios me estaba llamando. 

¿Por qué Dios me llamaría a escribir? 

No tenía una especialidad en Inglés. (Tenía una especialidad en psicología—lo que explica algunas cosas ¿no?)

Soy malo delatreando. (¿Se dan cuenta lo que hice aquí?)

Mi gramática no buena es. (Lo hice otra vez, ¡Ja!)

Mi mecanografía apesta. (Si ustedes rascan y huelen la pantalla de sus computadoras, olerían algunas técnicas viciadas de mecanografía).

Aún así, sabía que Dios me estaba llamando. 

He escrito algunos artículos aquí y allá en publicaciones que casi nadie lee. De hecho, una revista que publicó un artículo mío, ahora está extinta; y otra, después de publicar muchos de mis artículos, ahora sólo es una versión en línea. No creo que he sido amable con el mundo editorial. El Sr. Pulitzer no me ha estado recomendando en ninguna asignación para escribir. 

A pesar de toda esa historia (posiblemente con miedo y temblando), la Casa Nazarena de Publicaciones ha acordado publicar mi libro, Siguiendo a Jesús con una Migraña. Hoy estaré firmando el contrato. No estoy seguro cuando será publicado el libro. No estoy seguro si alguien realmente va a leerlo. Esto es lo que sé: Dios me llamó a escribir—y este libro, en muchas formas, es un cumplimiento de ese llamado. 

No sabía que experimentaría una hemorragia cerebral para tener un tema acerca del cual escribir. 

No sabía que pasarían quince años después de haber sentido ese llamado que un libro sería escrito. 

No sabía muchas cosas. 

Sólo sabía que Dios me llamó, y para mí ser obediente significó que tenía que escribir. 

Quizá Dios te está llamando a algo para lo que no estás técnicamente calificado. 

Quizá es algo que piensas que no es posible hacer. 

Quizá tome algún tiempo antes que el llamado dé fruto. (Recuerden—para mí fueron 15 años). 

Quizá alguien sea menos que alentador. (Para los esfuerzos de mi primer libro sometido a publicación, recibí una carta de “Gracias, pero no gracias”).

Quizá otros factores fuera de tu control, sucederán. (Perdí algunos capítulos cuando mi computadora se arruinó hace algún tiempo).

Pero si eres llamado por Dios para alguna tarea y tú sabes en lo profundo de tus huesos—no te preocupes acerca de las razones por las cuales no puedes cumplir el plan de Dios. Sólo hazlo. ¡Sigue ese llamado!

Me encanta lo que dijo Jeremías cuando sabía que Dios lo estaba llamando a hablar. Él escribió: Si digo: “No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre, entonces su palabra en mi interior se vuelve un fuego ardiente que me cala hasta los huesos. He hecho todo lo posible por contenerla, pero ya no puedo más” (Jeremías 20:9 NVI).

Si Dios te está llamando—y no puedes contenerlo, no puedes dejarlo ir, no puedes hacer otra cosa que seguir el llamado—¡así que síguelo! ¿Habrá desafíos por delante? Probablemente. ¿Serás tentado a renunciar? Quizás. ¿Será fácil? Normalmente, nada grande es fácil. Aún así, Dios tiene preparadas grandes cosas. Cuando Él llama—Él te capacita y empodera para realizar ese llamado. Si Dios te está llamando, Él hará un camino para que logres aquello que Él te está llamando a hacer. 

Tal vez no haya humo subiendo cuando tú digas “sí”—pero después, quizá sí. 

Nuevos Comienzos

Por Scott Armstrong

¿Necesitas un nuevo comienzo en tu vida, en tu ciudad, o en tu iglesia? Dios se especializa en ayudarnos a empezar de nuevo.

Dios nos da canciones frescas de alabanza.

“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. “(Sal. 40:3) 

Dios está en el negocio de trasplantar corazones.

“Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne.” (Ez. 11:19)

En el desierto más árido, ¡la fuente refrescante de Dios ya está brotando!

“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.” (Is. 43:19)

¡Dios cambia las mentes, actitudes, y nuestros seres por completo para que podamos ser como Él!

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Ef. 4:22-24)

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Dios, verdaderamente, hace nuevas TODAS las cosas.

“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.” (Is. 65:17)

En Cristo, Dios nos da un nuevo comienzo.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Co. 5:17)

El nuevo comienzo no tiene que esperar – ¡Las misericordias de Dios son nuevas cada mañana!

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lm. 3:22-23)

Incluso, al final de la historia, Dios inicia otra.

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.” (Ap. 21:5)

El Corazón de Dios: Parábola de la Semilla de Mostaza

Por Howard Culbertson

“Es [la semilla de mostaza], por cierto, la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, se hace más grande que las otras plantas del huerto, y llega a ser como un árbol, tan grande que las aves van y se posan en sus ramas.” — Mateo 13:32 DHH

Mateo 13 contiene más de una docena de las parábolas de Jesús acerca del Reino. Jesús inicia con la parábola del sembrador. Después, Él habla de la invasión de la cizaña o mala hierba, la semilla de mostaza, la levadura, el tesoro escondido, la perla, la red y el dueño de una casa. 

Para explicar la parábola de la semilla de mostaza, el Pastor Leo Hartshorn usa solo diez palabras: “Un puñado de discípulos se convierte en una iglesia universal.” Sin lugar a dudas, el hecho de que el Reino de Dios va a extenderse es el punto central de la analogía de la semilla de mostaza. Hay, sin embargo, un detalle en esto que recibe poca atención: las aves. 

La transformación de una semilla de mostaza en un gran árbol, enfatiza el aspecto orgánico de expansión continua del Reino. Lo que las aves enfatizan es que el Reino está abierto a todos. Desafortunadamente, cuando las personas piensan en las aves, ellos las ven como una “fachada” o una simple indicación de lo grande que es el árbol. 

Tristemente, esto pierde la idea original de las aves. Aquí, como en un escenario similar en Ezequiel 17, las aves representan varios grupos de personas. Jesus mencionó a las aves para decir que el Reino no es solo para “mi tipo” de personas (aquellos que piensan, actúan y hablan como yo). ¡El Reino es para todo tipo de aves!

Los observadores de aves dicen que la tierra de Israel es un paraíso para ellas. Ciertamente lo es. En esta área bastante pequeña — con 70 millas de ancho y 270 millas de largo — más de 400 especies de aves han sido avistadas. Es por esto que el área donde Jesús vivió y ministró es una ruta importante de migración de aves, hacia y desde Europa y Asia, hacia el norte, y de África hacia el sur. 

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A la luz de eso, las “aves del aire” (en palabras de la versión en inglés King James) seguramente se refiere a más que solo algunos gorriones o estorninos. Palestina tuvo 70 especies indígenas de aves. Con esos diferentes tipos de aves alrededor, además de toda esa migración de aves cruzando, ¿no será que Jesús quería que pensáramos cuán inclusivo es el Reino de Dios?

Más allá, las aves ilustran que el Reino de Dios es atrayente a todas las personas. Mientras que la versión King James habla de “posarse,” traducciones como New Living y New American Standard usan “anidar.” De este modo el Reino se convierte en un “hogar.” “Anidar” significa que el Reino que proclamamos es algo atractivo. 

La inclusividad presentada en la parábola de la semilla de mostaza, para mí evoca palabras que he cantado frecuentemente: “Cristo ama a los niños, cuantos en el mundo están, no le importa su color, a Jesús, el Salvador; Cristo ama a los niños por doquier…”

Lo maravilloso para nosotros es que ¡llegamos a guiar a todas las “aves” (personas del mundo) diferentes hacia el extraordinario árbol llamado Reino de Dios!

7 Excusas Para No Hacer La Obra Misionera

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Infografía creada por: Jorge H. Gutiérrez.

Publicada en: http://www.celestialstereo.net/7-excusas-para-no-hacer-la-obra-misionera/

5 Errores Que Las Iglesias Pequeñas Son Más Propensas a Cometer

Por Karl Vaters

Los diferentes tamaños de iglesias realizan funciones diferentes. Y enfrentan retos distintos. 

Las iglesias pequeñas no solo son versiones más pequeñas de las iglesias grandes. 

Cada tamaño tiene valor, pero las congregaciones de diferentes tamaños realizan diferentes funciones en el cuerpo de Cristo. También tienen distintos retos y ellas tienden a cometer distintos tipos de errores. 

Aquí hay 5 errores que las iglesias pequeñas son más propensas a cometer, en comparación con las que son grandes. Entre más pequeñas, son más susceptibles. 

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1. Aferrarse a Tradiciones Anticuadas

Algunas tradiciones fortalecen una iglesia, otras la debilitan. 

Algunas tradiciones que se usan para fortalecernos, eventualmente nos debilitan si nos aferramos a ellas cuando ha pasado su fecha de caducidad.

Algunas iglesias necesitan hacerse a sí mismas una pregunta muy seria. Concretamente, ‘¿qué es más importante para nosotros? ¿Aferrarnos a tradiciones que están matando nuestra iglesia, o dejar ir algunas tradiciones para salvar la iglesia?’

No, no estoy hablando de principios bíblicos. Sin ellos, no podemos llamarnos iglesia. Pero cualquier otro diferente de ellos, necesitan estar sujetos ligeramente, y algunas veces no en absoluto. 

2. Planeación Deficiente o Inexistente

No hace mucho, estaba hablando con el pastor de una iglesia agonizante. Él estaba emocionado con sus planes para revitalizarla, así que le pedí enviarme un bosquejo de esos planes. ¿Qué me envió? Un calendario de seis meses de sus reuniones de comité. 

Ciertamente, tener el equipo de planeación reunido para tiempos regulares de oración, estrategia y asesoría, es una parte muy valiosa de este proceso. Pero tener más reuniones es un sustituto deficiente de tener un plan. 

Otro pastor en una situación similar me envió una lista de su serie de sermones. Predicar en series puede ser muy útil. Lo he hecho por años. Pero no podemos confundir una serie de sermones con un plan de revitalización más que lo que son las reuniones. Ellas pueden ser elementos de un plan, pero no pueden ser el plan. 

En un reciente, y muy útil Podcast de Thom Rainer acerca de replantar iglesias muertas o agonizantes, Mark Clifton dijo que las iglesias en crisis “generalmente valoran el proceso de decisión por encima del resultado de la decisión.” Las iglesias saludables priorizan los resultados. 

Un plan incluye un mapa del camino para saber cómo llegar de donde estás ahora a un futuro mejor, más deseable. Ciertamente ese plan cambiará con las circunstancias, también la habilidad para adaptarse y cambiar necesita ser construida en ese plan. Pero, para repetir el viejo cliché, aquellos que fallan en planear, planean para fallar. 

3. Asesoría o Evaluación Insuficiente

Entre más pequeña sea la iglesia, más difícil es evaluar su efectividad numéricamente. 

Pero eso no significa que no podemos o no debemos evaluar su efectividad de alguna forma. 

Después de que Jesús envió a los 72, los reunió y les preguntó cómo salió su misión. Luego, les dijo cómo evaluar su efectividad (Lucas 10). 

Cada vez que hacemos cualquier ministerio, necesitamos reunir al liderazgo para analizar: 

    • Lo que salió bien
    • Lo que salió mal
    • Por qué salió bien o mal, y
    • Qué podemos hacer para mejorar la próxima vez.

Yo sé, cuando las cosas están realmente mal, eso puede ser doloroso. Pero es esencial. 

4. Demasiado Enfoque Interno

Muchas iglesias agonizantes están haciendo esto debido a sus muchos años de obvio e intenso conflicto. 

Pero algunas iglesias se sorprenden de estar agonizando, porque, frecuentemente, las personas que permanecen están teniendo un buen tiempo entre ellas. 

“La predicación es grandiosa, la adoración es vibrante y el compañerismo es muy profundo,” es lo que frecuentemente dirán. Pero muchas veces solo se siente así para aquellos que ya pertenecen a esa congregación. 

En un artículo previo, hice una declaración con la cual muchos lectores no estaban de acuerdo. Pero la sostengo. Aquí está otra vez. “Si tu iglesia no está dispuesta a ser cambiada por los no creyentes que vienen a tu iglesia, ellos no vendrán.”

Sí, necesitamos estar dispuestos a permitirles cambiarnos, no solo esperar que nosotros les cambiemos. De hecho, entre más pequeña es la iglesia, esto es más cierto, porque en un grupo más pequeño cada persona tiene un impacto mayor. 

Si no estamos dispuestos a escuchar y adaptar nuestros métodos (pero no nuestra teología central, por supuesto) basados en las necesidades cambiantes de la comunidad que nos rodea, seremos vistos por ellos con una creciente frialdad, distancia e irrelevancia. 

No, la iglesia no debe abandonar nunca a los santos que la construyeron y apoyaron (un reto que abordaré en el artículo complementario acerca de los errores que las iglesias grandes tienden a cometer), pero si todo lo que estamos haciendo es mantener un grupito santo, hemos dejado de ser una luz en la oscuridad. 

5. Dependencia en el Pastor, en Lugar de Hacer Discípulos

Entre más pequeña la iglesia, más necesitamos luchar en contra de la expectativa de que el pastor debe hacer ministerio para los miembros. En lugar de esto, debemos seguir el mandato bíblico de equipar miembros para que hagan la obra del ministerio (Efesios 4:11-12). 

Ninguna iglesia puede sobrevivir si su ministerio no crece más allá de la capacidad del pastor. Necesitamos expandir nuestra base de ministerio a través de equipar e involucrar a todos. 

Lo Que Esta Lista No Significa

Antes de concluir, quiero asegurarme que ningún lector se va pensando algo que no intento decir con la lista, específicamente estos cinco posibles malentendidos. 

Primero, esta lista no es exhaustiva. Ninguna lista puede serlo. 

Segundo, ninguno de estos errores es inevitable, sin importar lo pequeña que la iglesia sea. 

Tercero, éstas no necesariamente son razones para que la iglesia siga siendo pequeña. Entonces, si tu iglesia es pequeña y no está cometiendo ninguno de estos errores, ¡eso es grandioso!

Cuarto, arreglar estos errores tal vez no traiga crecimiento numérico. Hay muchas iglesias saludables, misionales y estratégicas que no tienen estos problemas, pero sigo encontrando que su mayor contribución para Cristo y su iglesia viene en paquetes más pequeños. 

El crecimiento numérico no es la meta. La salud sí. Algunas veces esa salud producirá crecimiento numérico, otras veces no. 

Finalmente, las grandes iglesias no son perfectas. Tal vez no tienden a cometer estos errores, pero ellos tienen sus propios grupos de desafíos.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/karl-vaters/2017/april/5-mistakes-more-likely-small-churches.html?paging=off

 

Compasión por los Perdidos

Rev. Ken Childress

Isaías capítulo 6, versículo 8: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”

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¿Es posible, después de haber sido bautizados con el Espíritu Santo, estar satisfechos con lo que vemos? ¿Qué hizo que Jesús llorará sobre Jerusalén? Él tenía un corazón de compasión. Por dondequiera hay almas enfermas de pecado. Necesitamos un bautismo de amor que va hasta el fondo de la enfermedad. Necesitamos clamar a Dios hasta que Él nos traiga a ”la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Jesús dijo una parábola: “un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones…” (Lucas 10:30). ¿Quién de los que pasó cerca y vio su predicamento fue su prójimo? Aquél que tuvo misericordia de él y lo ayudó (v. 36-37). ¿Estamos despiertos al hecho de que Dios nos ha dado vida eterna? Con el poder que Dios ha puesto a nuestra disposición, ¿cómo podemos descansar cuando vemos a nuestros prójimos? ¿Cómo hemos pecado contra Dios? ¡Cómo nos falta este espíritu de compasión! ¿Lloramos mientras vemos a los que no son salvos? Si no, no estamos llenos del Espíritu Santo. Jesús fue movido a la compasión. ¿Y tú?

Todavía no hemos comprendido la difícil situación de los que no son salvos. Desde mis días de seminario, he tenido muchos amigos que fueron al campo misionero, tengo un poco de idea de lo que significa que Dios amó tanto al mundo que DIO a Jesús (Juan 3:16). Dios dio a Jesús. ¿Qué significa? COMPASIÓN. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Si no tienes poder, no te has arrepentido. Estás pensando, “Eso es lenguaje fuerte.” Es verdad.

¿Quién es el guarda de tu hermano? (Ver Génesis 4:9). ¿Quién es el hijo y heredero? (Ver Gálatas 4:7). ¿Eres sal? (Ver Mateo 5:13). ¿Tienes una vida pura? No te dejes engañar; no vivas en una posición falsa. El mundo quiere conocer cómo ser salvo, y el poder está a tu disposición. ¿Cumpliremos con las condiciones? Dios dice, “Si tú lo haces, Yo lo haré.” Dios lo hará.

Daniel conocía el tiempo en el que él estaba viviendo; él respondió a Dios, y una nación fue salvada. Nehemías cumplió con las condiciones de Dios para su tiempo, y la ciudad fue reconstruida. Dios ha puesto las condiciones. Él derramará su Espíritu en sobre su pueblo.

Si no continuamos, tendremos que enfrentarlo. Tal vez dependa de nosotros traer el Evangelio a las naciones y a nuestra ciudad. Podemos ganar el mundo para Jesús. Podemos abrir la llave. ¿Cuál es la condición? Es rendimiento incondicional. “…no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). La santidad abre las ventanas del cielo. El Espíritu de Dios será derramado sin medida, hasta que la gente diga, “…¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30).

Con el bautismo del Espíritu Santo viene una demolición del hombre completo y una compasión por el mundo en que vivimos.

La Fe de la Próxima Generación

Por David A. Busic

Se ha realizado mucha investigación y ha habido mucha discusión acerca del impacto de los millennials (aquellos que están llegando a ser adultos en los principios del siglo XXI) en la iglesia y el impacto de la iglesia en los millennials. La mayoría de los datos tienden a enfocarse en los aspectos negativos de su demografía. 

Sin embargo, en mi constante interacción con líderes jóvenes nazarenos — tanto pastores como laicos — me siento muy animado con su amor para la iglesia y su compromiso con la tradición Wesleyana de santidad. 

He llegado a varias conclusiones acerca del ministerio con y entre los millennials. 

Primero, dirigir la iglesia como si “aquí no pasara nada,” no los alcanzará. En 2016, 23 por ciento de las iglesias organizadas reportaron que no tienen jóvenes en su congregación. Piensa en ello… 5,207 iglesias nazarenas no tienen ni un solo joven entre 12 y 29 años. Además de esto, investigación reciente sobre todas las iglesias protestantes en los Estados Unidos, informa que 50 por ciento de los estudiantes en nuestros ministerios juveniles se irá de la iglesia después de salir del bachillerato. Una mayor preocupación del Reino, muchos de estos jóvenes adultos también abandonarán su fe en Cristo. 

Es importante preguntar: ¿Por qué estos jóvenes se están yendo?

Tendencias alarmantes demandan que reconsideremos en oración que “aquí no pasa nada.” No es el momento de ir a lo seguro. Los desafíos nunca han sido tan altos ni las oportunidades tan grandes. 

Segundo, y del lado positivo, estudios muestran que 94 por ciento de los cristianos vienen a la fe en Cristo entre los 4 y 30 años (85 por ciento entre los 4 y 14 años). Más allá, a pesar de que la mitad de los jóvenes adultos están yéndose de la iglesia después del bachillerato, la mitad se está quedando. Así como la iglesia debe preguntarse por qué algunos se están yendo, es esencial descubrir por qué la otra mitad se está quedando y encontrar maneras de replicar esas razones en nuestros contextos locales. ¿Cómo es que los jóvenes adultos están encontrando identidad, pertenencia y propósito en sus congregaciones, que los hace querer ser parte nosotros?

Aquellos que están dispuestos a quedarse, tienen esperanza y sueños para la iglesia. Descubrí esto en una serie de grupos de enfoque con millennials, realizada en los últimos 12 meses. Aprendí que ellos quieren ser parte de una iglesia que es auténtica, honesta, encarnacional, que hace la diferencia, y sobre todo, que está centrada en Cristo. Las preguntas que ellos están haciendo a la iglesia son simples, pero al mismo tiempo profundas: 

  1. ¿Ustedes (la iglesia) están haciendo las preguntas correctas? ¿Conocen los problemas más profundos que el mundo está enfrentando ahora, y están dispuestos a enfrentar estos problemas directamente? 
  2. ¿Están siendo honestos acerca de las deficiencias de la iglesia? ¿Están dispuestos a hacer el arduo trabajo de cambiar para ser relevantes en el futuro para la gloria de Dios? 
  3. ¿Ustedes me quieren?
  4. ¿Ustedes me necesitan?

Los millennials, indudablemente, harán las cosas diferentes a sus predecesores. Ellos no están motivados por las mismas cosas que las generaciones anteriores. Ellos no están inspirados por mantener instituciones. Pero ellos darán sus vidas a un movimiento de Dios que desea su ayuda.

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