La Historia de Christina Comienza

Recientemente hemos estado recibiendo los informes de nuestras misioneras que han estado plantando iglesias con la iniciativa Génesis. Ellas han estado sirviendo por más de un año en sus sitios y están empezando a ver una gran cosecha. Acá queremos compartir uno de los testimonios del equipo en Querétaro, México, escrito por Jhoselyn Barrios:

Christina es una jovencita de 22 años, tiene cuatro hermanos; ella y sus hermanos viven con sus padres en Los Olvera, llegaron a este lugar hace un año, antes vivían en otro municipio de Querétaro que se llama Cadereyta. Como familia, ellos tienen un vivero que es su fuente de ingreso económico.

Conocimos a Christina en el Centro de Desarrollo Humano de la comunidad, ahí es donde servimos como voluntarias en las clases que impartimos (computación, alfabetización). Hace algún tiempo nos inscribimos a clases de “Zumba,” con el propósito de conocer más a las mujeres de la comunidad…quizá algunos dirán: ¡qué loco! ¿clases de Zumba?, pero la verdad es que es un buen lugar para conocer personas, reír, generar empatía e iniciar conversación.  

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Luego de un par de días, Christina se comunicaba más con nosotras, así fue como un día conversando le mencionamos a ella que tendríamos una actividad especial por el día de la mujer y además un taller de belleza. Así fue como Christina comenzó a participar y se involucró en nuestras actividades.

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Después de relacionarnos más con ella, pudimos agendar una visita a su casa y, para gloria de Dios, ese día ¡toda su familia recibió a Jesús en su corazón!

Hace unas semanas fue el cumpleaños de Christina, y todas fuimos invitadas a comer a su casa, nosotras llevamos el pastel y un regalo para ella, convivimos con la familia y nosotras nos sentimos como en casa cuando les visitamos. Ahora ellos son una de las familias que están recibiendo discipulado para bautismo. ¡Dios está haciendo algo maravilloso en Querétaro!

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¿No es emocionante ver lo que Dios está haciendo en nuestras ciudades? Por favor ora por Christina y su familia. También ora por los dos equipos de misioneras trabajando en la Ciudad de Panamá y en Querétaro.

 

 

Viaje Misionero – Distrito Sur de México

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De Extraño a Señor

Por Scott Armstrong

Estaba en séptimo grado cuando me llegó la noticia: el nuevo pastor de jóvenes estará en la iglesia este miércoles. Un hombre llamado Ed Belzer. Había escuchado que él era agradable, chistoso, y que realmente amaba a los adolescentes. Pero yo quería verlo con mis propios ojos.

Ese miércoles yo estaba hablando con un amigo en el lobby cuando alguien vino detrás de mí y dio un sofocante “abrazo de oso”. ¿Quién era? ¿Qué es lo que iba a hacer? Me puse alerta. No podía mover mis brazos, así que rápidamente, lo más fuerte que pude, le di una patada al ofensor. Él exhaló muy fuerte y me liberó. Me di la vuelta para ver a nuestro nuevo pastor de jóvenes doblado en el piso. “Hola. Soy Ed,” él hizo una mueca y me dio su mano.

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Rápidamente llegué a conocer a este hombre durante los siguientes meses y años. Este extraño a quien conocí tan brutalmente, pronto se convirtió en mi pastor y el hombre a cargo. Antes de saberlo, este líder se convirtió en la persona que más me escuchaba, mientras atravesaba mis momentos más difíciles. Ahora, después de años de compartir y orar juntos, lo considero uno de mis amigos más cercanos.

Creo que eso en parte explica lo que sucede en el pasaje que leemos. ¿Te das cuenta cómo el hombre ciego se refiere a Jesús? En Juan 9:11, él, básicamente, le dice a la multitud que “aquel hombre que se llama Jesús” lo sanó (“Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: ‘Ve y lávate en Siloé’. Así que fui, me lavé, y entonces pude ver.”). Después, él decide que Jesús es un profeta (v.17). Mientras recibe amenazas y es forzado a luchar con lo que le ha pasado, él valientemente les dice a quienes lo critican que este Jesús, sin lugar a duda, viene de Dios (v.33 “Si este hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.”). Más adelante, este mismo Jesús busca al hombre que sanó y todo el encuentro produce una transformación extraordinaria: “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró” (v. 38). ¡Wow! ¡En un día, un hombre que había nacido ciego fue salvo de su oscuridad física Y espiritual! ¡Este extraño llamado Jesús se había convertido en su Señor!

¿Dónde estás tú en este camino de descubrir quién es Dios? ¡Sigue buscándole, porque tu relación con Él crecerá más y más con cada día que pase!

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Causa y Efecto

“A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. 2 Y sus discípulos le preguntaron:—Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” (Juan 9:1-3)

Por Scott Armstrong

No soy un científico, pero recuerdo algunas cosas de mis clases de física en secundaria. Recuerdo que la Ley de Causa y Efecto es muy importante. En química, cuando mezclé químico A con químico B (causa), hubo una pequeña explosión (efecto). ¡Genial! Cuando estamos enfermos, tomamos medicina (causa) para sentirnos mejor (efecto). La Ley de Causa y Efecto está por todas partes, y ayuda a que nuestro loco mundo tenga sentido.

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Así que no deberíamos estar sorprendidos cuando queremos reducir todo lo espiritual a una simple causa y efecto. Ya has escuchado antes: si confías en Dios, Él te hará rico con casas, carros y mucho dinero. Del otro lado, si una cristiana desarrolla cáncer (efecto), tiene que haber una causa espiritual, ¿cierto? Ella está carente de fe. O quizá secretamente ¡ha estado pecando (¡ah!)!

En los días de Jesús, la gente llevó esta ley aún más lejos. En Juan 9, Jesús y sus discípulos pasaron por el camino donde estaba un hombre ciego. Obviamente estaba ciego por su propio pecado–o incluso el de sus padres, ¿cierto (v.2)? Esto tiene más sentido–si la gente solo sufre o experimenta dificultades en la vida por las cosas tontas que hacen, eso encaja en nuestra idea de lo que es justo y correcto. Él o su familia había pecado (causa). Por lo tanto, este hombre es ciego (efecto).

Jesús descarta esa teoría. Ni él ni sus padres han hecho algo malo. Este hombre nació ciego ¡para que la gente pudiera ver la obra de Dios en su vida (v.3)! Había un propósito divino incluso en la incapacidad de este hombre para ver.

Me pregunto si vemos las dificultades en nuestra vida de la misma manera. Seguro, muchas veces traemos malas cosas sobre nosotros como resultado de nuestras decisiones tontas o por el pecado en nuestras vidas. Pero algunas veces suceden malas cosas a la gente buena simplemente para que la obra de Dios se muestre en nuestras vidas. No siempre lo entendemos. De hecho, algunas veces aquellos a nuestro alrededor, reaccionarán con incredulidad o sorpresa (vean el resto del capítulo 9). Pero Dios tiene un plan. No sé tú, pero esto hace que la oscuridad del momento se vea mucho más manejable. Él estará con nosotros y trabajará en nosotros hasta que su propósito se cumpla en nuestra vida.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong, para adolescentes y jóvenes. Esta serie continuará en las próximas 6 entradas. 

Siendo como Ellos

Por Freya Galindo Guevara

“…Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles.” 1 Corintios 9:22 

Cuando el mensaje de salvación ha cambiado nuestras vidas, llegamos a estar apasionados por compartirlo. Y eso implica que tendremos que buscar las mejores formas de hacerlo con ánimo y eficacia. El apóstol Pablo tenía un anhelo intenso de compartir con otras personas la Palabra de Dios y su propio testimonio. No obstante, él se da cuenta de algo: aunque quiere compartir con toda la gente, conforme va recorriendo las ciudades y los pueblos se percata de que todos son distintos.  Se ven, hablan, piensan y se comportan de manera distinta. ¿Será que se puede compartir el mismo mensaje con personas tan diferentes?

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Él mismo nos da la respuesta: sí. Pablo menciona que por voluntad propia decide actuar como un siervo y así alcanzar a la mayor cantidad de gente posible. Sus principios no cambian, tampoco su identidad que está arraigada en Cristo, pero sí trata de introducirse en el ambiente de distintos grupos de personas.  Y su único propósito es compartirles el mensaje del evangelio, no solo hablándoles sino también viviendo como ellos. No es que Pablo pone en juego su comportamiento cristiano.  Lo que hace es tratar de entender las perspectivas de los diversos grupos, no desde un lugar distante o alejado, sino acercándose y aún volviéndose como uno de ellos.

Todos estamos rodeados de personas que, aunque son diferentes tienen algo en común: necesidad de Dios. Tal vez no se ven o no hablan diferente, pero sí piensan distinto a nosotros. ¿Estamos tratando de entender su perspectiva? ¿Intentamos compartir el único mensaje que puede cambiar vidas estando a lo lejos? ¿O hacemos el esfuerzo de acercarnos a aquellos que lo necesitan?

Que la urgencia e importancia de hablar del evangelio nos impulse a acercarnos a las personas.  Que voluntariamente decidamos, sin perder nuestra identidad cristiana, volvernos como ellos para que puedan escuchar de la salvación de Dios y también verla por medio de nuestro testimonio.

*Freya Galindo sirve como misionera con la Iglesia del Nazareno y es coordinadora de Misiones Globales para el Área Central: Costa Rica, Cuba, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.

¡Fuera toda Barrera!

Por Luz Jiménez Avendaño

“En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros: Bernabé; Simeón, apodado Níger; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo. Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado.’ Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.” Hechos 13:1-3

La iglesia cristiana ya estaba madura para tomar la más grande de todas las decisiones. Habían consentido, con toda deliberación en llevar el mensaje del evangelio a todo el mundo. Fue una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo. La verdad es que los hombres de la Iglesia primitiva no hacían su voluntad, sino la de Dios.

El pasaje de Hechos 13:1-3 nos habla de profetas y maestros. Éstos tenían funciones diferentes. Los profetas no pertenecían a ninguna iglesia determinada. Eran predicadores errantes que daban toda su vida para escuchar la Palabra de Dios y transmitirla a sus hermanos en la fe. Los maestros pertenecían a las iglesias locales y sus funciones eran las de instruir a aquellos que aceptaban la fe cristiana.

Esta lista de profetas simboliza el llamado universal del evangelio. Bernabé era un judío oriundo de Chipre; Lucio provenía de Cirene en el Norte de África; Simeón era también un judío, pero se da su otro nombre, Níger (el Negro), que es romano y que muestra que se debe haber movido en círculos formados por romanos. Manaén era un hombre con conexiones en la aristocracia y en la corte; y Pablo mismo era un judío de Tarso en Cilicia y un rabí. Como podemos darnos cuenta, en este grupo está ejemplificada la influencia unificadora del cristianismo. Hombres de muchas tierras y con distintos trasfondos habían descubierto el secreto de estar juntos: habían descubierto la unidad en Cristo.

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Dios llama a todo creyente a proclamar su palabra en diferentes partes del mundo. Todos somos llamados a llevar buenas noticias de salvación. Hay mucho que contar, tenemos mucho que decir, pero tenemos algunos problemas: nuestros prejuicios hacia una cultura distinta a la nuestra, costumbres, tradiciones, legalismos, y pretextos vanos.  Todo aquello que no funciona ante el llamado del Señor constituye una barrera para no obedecer a la orden de “ir.”   

Lo cierto es que somos creyentes y ante un llamado que viene del cielo, necesitamos corresponder al amor maravilloso de Dios para que otros puedan conocerle. Estos hombres aceptaron el llamado del Señor. Eran de diferentes culturas, pero formaron un solo equipo para cumplir un solo fin y un solo propósito: predicar el mensaje a aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados y necesitaban ser salvos.  ¡Es hora de echar fuera toda barrera y de predicar las buenas noticias!

*Luz Jiménez ha servido por cinco años como misionera voluntaria, y actualmente es la Coordinadora de Misiones Globales y Génesis para el Área Mesoamérica NorCentral: Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua.

Cómo el Espíritu Santo y el Fuego Vencen los Vientos Negativos en tu Vida

Por Rev. Rob Prince

Mi Pequeñita Luz es una adorable canción de niños que es bien conocida alrededor del mundo. La canción anónima es un viejo espiritual negro (es decir, un himno) que ha sido entonado en escuelas dominicales y catedrales. La letra simplemente dice que mientras tal vez nosotros tengamos una pequeña luz, cuando no la escondemos, permitiéndole que brille e impidiendo que Satanás la apague, entonces ¡la oscuridad huye! Puedo apreciar esta verdad. La dejaré brillar. La dejaré brillar. La dejaré brillar.

No me lances piedras (¿o me escondas debajo de un almud? ¡No!), pero hay un problema con las luces pequeñas. La parpadeante flama de una pequeña vela es apagada fácilmente. No se necesita de Satanás para soplar y apagarla. Cualquier viento inesperado la apagará. He visto suficientes videos caseros chistosos para saber que todos, desde abuelas perdiendo sus dentaduras hasta bebés cubiertos de azúcar, pueden soplar las pequeñas luces de las velas de un pastel de cumpleaños. Las pequeñas luces de las velas son débiles. Se apagan fácilmente.

Por otro lado, una fogata en pleno auge, el tipo de fogata que tiene mucha madera, muchas flamas, perfecta para tradiciones y costumbres, no puede ser apagada por abuelas, bebés o cualquier otro viento que aparezca. De hecho, los expertos en incendios forestales saben que un incendio en el bosque no es aminorado por el viento, al contrario, el incendio se vuelve más fuerte a causa del viento. El viento extingue una vela, pero aviva un incendio.

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A lo largo de la Biblia, el fuego representa el poder y la presencia de Dios. Moisés encontró a Dios en una zarza ardiente, y después Dios se le apareció en una columna de fuego para guiar a su pueblo en el desierto (Éxodo 3:2, 13:21). En Pentecostés, seguido del sonido de un viento recio, Lucas nos dice que algo como lenguas de fuego reposaban sobre cada uno de los discípulos ahí reunidos. Ellos inmediatamente fueron llenos con el Espíritu Santo, y sus vidas y el mundo fueron transformados para siempre. Todo esto cumplió la profecía de Juan el Bautista de que el Mesías bautizaría “con el Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11-12). Eso es lo que necesitamos también—ser bautizados con el Espíritu Santo y fuego.

Cuando somos empoderados por el Espíritu Santo y fuego, incluso los vientos más resistentes no pueden apagarnos. Los vientos vendrán hacia todos. Vientos de desánimo. Vientos de negatividad. Vientos de tentación. Vientos de angustia. Vientos de dolor. Esos vientos, en algunos casos, son originados por las cosas de la vida, pero en otras ocasiones esas frías ráfagas vienen a través de personas arrogantes en nuestro camino. Las circunstancias difíciles, y la gente carnal y negativa, pueden intentar extinguir tu pequeña luz. Pero la gente que está consumida por el Espíritu Santo y fuego no es frágil, no falla como cuando los vientos están soplando sobre una pequeña vela. En lugar de eso, los creyentes llenos del abrasador Espíritu Santo miran al viento, y a esas personas en nuestra vida quienes están llenas de palabras huecas, y citan a Pablo, “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:14-15).

No seas simplemente una frágil y pequeña luz en un mundo oscuro, oscuro.  En lugar de eso ¡recibe el poder del Espíritu Santo y su fuego consumidor! Ni siquiera los tornados se comparan al fuego del Espíritu. Quizá hay lugar para un cambio en la letra. “Mi GRAN luz es Jesús y ‘aun los vientos y el mar le obedecen’” (Mateo 8:27). No es una estrofa pegajosa, ¡pero es verdad!

Este artículo fue publicado originalmente en: robprinceblog.wordpress.com.

Belleza en la Diversidad

Por Freya Galindo Guevara

Hay algunos chistes que empiezan más o menos así: “Estaba un chino, un estadounidense, un mexicano y un español, cuando de repente…” El punto de estas historias es mostrar con exageración las diferencias entre nacionalidades, y mencionar las impresiones o clichés que se tienen de las personas que pertenecen a esos países.

En la actualidad, gracias a fenómenos como la globalización, encontramos a personas de lugares distantes y distintos en el mundo viviendo en una misma ciudad, incluso en un mismo vecindario. Uno puede adivinar que alguien es extranjero porque su aspecto físico o su ropa son diferentes, o también porque habla en otro idioma. Es fácil marcar las diferencias que saltan a la vista entre una persona y otra, mayormente cuando son de otro país que no es el nuestro.

En muchas ocasiones el mundo resalta las diferencias entre razas, culturas o nacionalidades, solo para dividir, discriminar o ridiculizar; y como siempre Dios nos muestra que en su Reino no es así. Él ha puesto belleza en la diversidad, ¿imaginas si todos fuéramos exactamente iguales? Creo que sería muy aburrido.

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Llegará un día en que toda esa diversidad de grupos humanos que han existido en la tierra, aún siendo de diferentes países, razas, idiomas y pueblos, estarán juntos haciendo una misma cosa: “…delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano. Gritando a gran voz: ¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!” (Apocalipsis 7:9-10).

Mientras ese día llega, aprendamos a apreciar la diversidad que Dios ha creado, pues ese ha sido su plan desde el inicio. Reconozcamos que somos diferentes, pero que eso no nos separe, al contrario, que sea lo que nos una cuando buscamos adorar al mismo Dios.

*Freya Galindo sirve como misionera con la Iglesia del Nazareno y es coordinadora de Misiones Globales para el Área Central: Costa Rica, Cuba, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.

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