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Informe de Misión: Contextualización

Por Howard Culbertson

Cuando los creyentes de una cultura introducen el “evangelio inmutable” a personas de otra cultura, ¿cómo evitan ellos que las Buenas Nuevas no sean rechazadas como una importación foránea? La respuesta breve es una palabra: Contextualización. 

Cuando el cristianismo se mueve de una cultura a otra, hay peligro de que sea enseñado como una pertenencia de la primera cultura, y que esté fuera de lugar en la segunda. Las posibilidades de que eso ocurra pueden ser disminuidas si el Evangelio será proclamado y vivido en formas culturalmente comprensibles. Ese proceso de conectar significativamente la revelación bíblica con una cultura específica se denomina “contextualización.”

El misiólogo Darrell Whiteman lo dijo de esta forma: “La contextualización intenta comunicar el mensaje en palabra y acción, y establecer la iglesia en maneras que tengan sentido para las personas en su contexto local cultural.”

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Que el evangelio “tenga sentido” para la gente de una cultura no significa, por supuesto, que todos se apresurarán a aceptarlo. Las personas deben decidir si están dispuestas a hacer los cambios necesarios en su vida para que Jesús sea su Señor y Salvador. Desde luego, eso no quiere decir que la gente debe abandonar su identidad étnica o cultural para seguir a Jesús. La contextualización auténtica está basada en la premisa que cuando las personas permiten al poder transformador de Cristo entrar a sus vidas, ellos serán mejores nicaragüenses, japoneses o búlgaros o navajos de lo que eran antes. 

La contextualización no significa quitar o diluir la esencia del Evangelio para hacerlo más aceptable. Por el contrario, la buena contextualización retrata expresiones del “Evangelio inmutable” que son más fieles a la Escritura de lo que serían de otra manera. El Espíritu Santo guía a la contextualización a permitir que la Escritura sea lo más poderosa y transformadora posible en cada contexto cultural. 

La contextualización adecuada mueve la proclamación del evangelio más allá de una sensación de extrañeza a permitir que cada grupo de personas pueda escuchar a Dios decir: “Este mi diseño para ti.” La contextualización permite que la gente de cada cultura vea que Yahveh, el Creador del universo quien se revela a sí mismo en Jesucristo, los ama y quiere una relación con ellos. 

En términos tangibles, la contextualización implica la formulación de expresiones teológicas en cosas como las ilustraciones de un sermón, estilos de música, arte, toma de decisiones, elecciones de estilo de vida, programas y horarios de iglesias, métodos de predicación y enseñanza, el proceso de discipulado, alcance evangelístico, selección de liderazgo e incluso arquitectura. 

Debe quedar claro, como dice el profesor de misiones Zane Pratt, que el fin último de la contextualización “no es comodidad, sino claridad.” Por tanto, la contextualización auténtica no implica el ablandamiento o blanqueamiento de los mandamientos radicales de Jesús. De hecho, la contextualización permite que el Evangelio sea ofensivo a cada cultura por las razones exactamente correctas. Whiteman ha dicho que la buena contextualización asegura que el Evangelio “encuentre a las personas en el nivel de sus necesidades más profundas.” 

La contextualización auténtica deberá viajar sobre dos rieles. Un riel es una fidelidad inquebrantable a la Escritura. El otro riel es el de la comunicación y vivencia de la Palabra del Señor en maneras que son familiares a las personas en un contexto cultural particular. 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

15 Cosas Que Quiero Decir A Mis Hijos De Una Tercera Cultura

Por Rachel Pieh Jones

En cuatro días iré a visitar a dos de nuestros hijos de una Tercera Cultura. Luego, dentro de once días ellos estarán en nuestra casa por treinta días. La vida es buena. Pero solo los siguientes cuarenta y cinco días. No, también será buena después, solo que más tranquila y ligeramente más llorosa.

Una parte de mí duda hoy sobre si debo apretar el botón de “publicar,” porque siento que esto es privado. ¿Es el internet el lugar para compartir estas cosas? Pero parte de mí piensa: no soy la única madre de familia que se siente abrumada y honrada, que presume de criar hijos de una tercera cultura. Y esa parte de mí quiere dar a conocer a otros padres y a nuestros hijos todas las emociones propias de ello. Así que aquí les comparto algo de lo que quiero transmitir y he dicho a mis propios hijos, que son de una tercera cultura.

  1. Ustedes son los chicos más geniales del planeta. Ustedes saltan y suben y bajan y se convierten en volcanes activos. Vuelan internacionalmente por su propia cuenta antes de ser adolescentes. Duermen bajo las estrellas en la playa y saben cómo orinar en un baño o en un agujero, o detrás de un arbusto o incluso donde no hay arbustos. 
  2. Sé que es difícil. Les he observado, orgullosa y con lágrimas, el primer día de escuela cuando no sabían cómo contar hasta 10 en francés, y el primer día de escuela en América, cuando no sabían cómo comer el lunch en la cafetería. Veo sus momentos de duda cuando los otros chicos hablan de cosas que ustedes no entienden. Vi sus hombros caer el día que usaron su tradicional traje yibutiano para ir a la iglesia y entonces, una vez que vieron la forma en que iban vestidos los otros niños, preguntaron si podían quitárselo. Escucho a los tres referirse a diferentes lugares como “nuestra casa.” 
  3. No sé cómo es. Sé cómo es ser padre de un niño de una tercera cultura, pero no sé lo que es ser un niño de tercera cultura. He leído libros, he escuchado pláticas y asistido a seminarios, pero ustedes están forjando un camino que yo no he caminado. Aun así cubro sus espaldas, tengo una caja llena de Kleenex y me duele el estómago de tanto reírme con ustedes. No sé cómo es este viaje tan particular pero sostendré sus manos con fuerza hasta el final. 

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  4. Perdón por las cosas que este estilo de vida les ha quitado. Los nombres de todos los amigos a los que les han tenido que decir adiós están marcados en mi mente. Los abuelos y los primos en sus fiestas de cumpleaños y eventos de la escuela. El sentimiento de pertenencia a un lugar, casa, cultura, o lenguaje específico. Una madre que puede ser chaperona sin tener el acento. Las actividades deportivas, musicales y académicas en las cuales sobresalen con naturalidad pero que nunca experimentarán plenamente. 
  5. Estoy emocionada por las cosas que esta vida les ha dado. Aventura y una amplia visión del mundo. La oportunidad de confiar en Dios cuando nada alrededor tiene sentido o cuando todo alrededor tiene sentido. Amigos de todo el mundo, de diferentes religiones, lenguas y color de piel, con diferentes gustos en las comidas y de distintos niveles económicos. Fluidez en múltiples idiomas. Creatividad y la intrínseca habilidad de mirar fuera de la caja, de mirar con la perspectiva de la otra persona. Gratitud genuina derivada de comprender que las cosas son pasajeras, gratitud por las relaciones y por el tiempo pasado en unidad. Adaptabilidad. Valentía. Valentía. Valentía.
  6. Quiero saber de ustedes. Díganme lo difícil que es, cuéntenme de las cosas que aman, de las cosas que quisieran que fueran diferentes, de las cosas que nunca cambiarían. Necesito escuchar de ustedes sobre cómo es, necesito que sean honestos conmigo sobre lo bueno y lo malo y luego necesito que me dejen sostenerlos. Y también necesito que me sostengan.
  1. He llorado por las decisiones que hemos tomado. Y luego las he defendido con pasión. No es fácil ser padres de niños con una tercera cultura, o de cualquier tipo de niño, he limpiado manchas de lágrimas de nuestros sillones y nuestras almohadas, de las camisetas de papá. A veces me pregunto si hemos estado locos o hemos sido irresponsables. Pero entonces los miro a ustedes y lloro de nuevo. Lágrimas de felicidad, porque son hermosos y complicados y profundos, y estas decisiones han sido parte de formarlos a la manera en que son ahora.
  1. Ustedes son fuertes. Han pasado por salidas y mudanzas internacionales, por crisis médicas, por bienvenidas y despedidas. Han intentado cosas nuevas y atemorizantes. Se han reído y llorado pero no los he escuchado quejarse. Han abrazado la vida.
  1. Ustedes son únicos. Nadie más en el mundo tiene sus historias. Y aun así, son parte de una comunidad increíble de gente con historias muy similares y al mismo tiempo diferentes a las suyas de las cuales ustedes pueden aprender. 
  1. Han construido recuerdos impresionantes. ¿Recuerdan cuando acamparon en Arta Plage, vino la inundación y los militares franceses tuvieron que rescatarlos? ¿Recuerdan la vez que cargaron un niño Dios por el vecindario de Balbala, encabezando un tren de familias que cantaban y aplaudían? ¿Recuerdan cuando conocieron a los jugadores trotamundos de Harlem?
  1. Tienen aflicciones. Y eso está bien, mamá y papá no se atemorizan por eso, queremos sobrellevarlas con ustedes.
  1. Son creativos.
  1. Son empáticos.
  1. Son sabios.
  1. Estoy muy orgullosa de ustedes.

¿Conocen el libro que se llama “¿Te amo hasta la luna”? Bueno, les amo hasta Somalilandia. Y Kenia. Y Francia. Y Djibouti. Y Minnesota. Y  cualquier otro lugar. ¡Y de regreso!

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.djiboutijones.com/2013/03/1-things-i-want-to-tell-my-third-culture-kids/

Por Qué El Multiculturalismo Es Un Requisito Para La Iglesia

Escrito por Ashlee Holmes. Trad. por Ariadna Romero.

Es tiempo de ponerse serios sobre la diversidad en el cuerpo de Cristo.

Hay una fina línea gris entre las cosas de la vida que son buenas  y las cosas que son absolutamente necesarias.

¿Cable, TV, y acceso al Wi-Fi? buenas, pero no necesarias. ¿Manicura sin manchas con esmalte de laca? Buena, pero no necesaria. ¿Mi Iphone 5? Bueno —y vergonzosamente crucial para mi salud mental— pero a final de cuentas, no es necesario.

Hay muchas decisiones que hacemos a diario sobre bases que pueden ser categorizadas ya sea como buenas o como necesarias, pero ¿qué sucede cuando se trata de cosas más profundas, como el multiculturalismo en la iglesia, ¿por ejemplo?

Antes que nada, hablemos de lo que es y no es el multiculturalismo. El diccionario define el término como “la preservación de diferentes culturas o identidades culturales dentro de una sociedad unificada.”

Me gusta la palabra “preservación.” Preservar significa mantener vivo o en existencia, mantener a salvo de daños o lesiones, mantener, conservar. Así que solo tolerar y ciegamente aceptar a las personas de diferentes colores (o ser multicolor) no es suficiente. La experiencia y la cultura de una persona deben mantenerse a salvo y vivas. Deben encajar perfectamente en el tapiz humano para que las personas comiencen a aprender y eventualmente crezcan a raíz de la verdadera identidad de otros.

El multiculturalismo significa invitar al otro a ser plenamente él mismo, sin disculpas y celebrando activamente las diferencias. El término “multicolor” deja lagunas y desconexión. “Multicultural” construye puentes y provoca celebración.

Interesantemente, mi primer combate y lucha por el valor del multiculturalismo no inició en la iglesia. Empezó el día que una pequeña niña de mi programa de extra clases inocentemente me preguntó si tomaba duchas, porque veía que mi piel era muy oscura, y continuó el día que una chica de mi equipo de pista me preguntó en el club cómo es que podía hablar  “como los blancos.”

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Así que mi lucha con este valor no inició en el contexto de la comunidad; inició conmigo. ¿Por qué el que yo sea tan diferente era misterioso para otros? ¿Qué era lo amenazante —si acaso— de mi piel oscura y mi acento? No tenía respuestas para mis preguntas en ese momento, pero sabía que me sentía sola e incómoda.

Me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos blancos, y me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos negros. Había una brecha enorme, dolorosa y desalentadora entre la gente de la comunidad con la que desesperadamente quería entablar una amistad y yo. Internamente me disculpaba por mi singularidad y decidí convertirme en lo que necesitara para ser aceptada. La idea de encajar en ese entonces, no era solo buena para mí; era necesaria.

Cualquiera que se sienta fuera de lugar experimenta cierto nivel de malestar, cuando es simplemente parte de “los otros.” No obstante, de lo que me di cuenta después en la vida, fue que ese malestar era en realidad bueno para mí. No solamente fui forzada a buscar mi verdadera identidad en Cristo —una identidad formada con mucho más que el color de mi piel—  sino que también hice un inventario de la gente que estaba eligiendo para rodearme, y el inventario resultó hermoso.

Me di cuenta de que mi vida era más rica y más maravillosamente compleja por la singularidad y autenticidad de otros con los que elegí relacionarme. Con el tiempo, decidí que sacrificar mi comodidad por el bien de esa hermosa ventaja no era solamente bueno; era necesario para mí caminar con Dios y para comprender más profundamente cómo trabaja Su Reino. 

Creo verdaderamente que Dios siente lo mismo con respecto a Su Iglesia.  Una simple pero profunda manifestación de este sentimiento está fundada en el Evangelio de Lucas, cuando Simón de Cirene tuvo que cargar la cruz de Jesús. Cirene era una ciudad en Libia, un país del norte de África. 

Un africano cargó la cruz de Jesús.

No se menciona mucho sobre Simón de Cirene, pero metafóricamente, su singularidad e incomodidad me dice algo sobre el corazón de Dios: que todos —sin importar raza o etnia— tienen un rol vital en la historia del Evangelio.

Aunque es incómodo a veces, el seguimiento del multiculturalismo en la Iglesia no es solamente bueno, es necesario. Últimamente hemos desarrollado opiniones sobre Dios más profundas y complejas y un amor y apreciación más profundos de unos a otros cuando escogemos participar activamente en las historias de los otros, los que son diferentes de nosotros, originarios de otros lugares.

Mi esperanza para la Iglesia es que las congregaciones y las comunidades sean más desafiadas —incluso que se sientan más incómodas— en la lucha contra la idea de dar la bienvenida no solo al color, sino a la cultura, y que las expresiones de adoración, enseñanza, evangelismo y discipulado sean tan ricamente influenciadas por el multiculturalismo que Cristo pueda ser conocido plenamente en toda Su belleza por muchos.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/why-multiculturalism-must-church

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo anterior.

Repítela.

El púlpito (o mesa en mi caso) será siempre un lugar clave para dar forma a los valores y la cultura de la iglesia. Cuando el pastor inserta repetidamente la idea de servir a otros en los mensajes, escritos, o conversaciones, eso tiene un impacto en los oyentes y se trabaja para corregir el enfoque equivocado.

Por ejemplo, en Grace Church, hablé sobre cómo trabajar en la cultura que queremos tener. Nuestra iglesia usa los conceptos: Inicio, Conexión, Prosperidad y Compromiso. Esos son nuestros cuatro valores. Hemos tenido mucha gente en el Inicio y  la Conexión. Pero luego, ¿cómo movemos a la gente a las siguientes dos, Prosperidad y Compromiso, creando una cultura en la que nuestra pasión sea hacer discípulos? ¿Cómo se logra eso?

Tenemos que martillarlo sin descanso (y no somos perfectos todavía en hacerlo; necesitamos hacerlo más).

Conforme las iglesias crecen, aparece con más frecuencia un alto porcentaje de gente que obtiene la cultura deseada cuando se le enseña al inicio, mientras que menos gente la retiene cuando se le trata de inculcar después de cierto tiempo. Se debe ayudar a aquellos que llegaron después (no importa si la iglesia tiene 200 años o 2 años) a tener el nivel de servicio que tenían al principio.

Es esa consistente repetición de la cultura y sus valores lo que nos ayuda a crear una mentalidad de discipulado.

Para perpetuar este valor cultural (o llevar a cabo un cambio cultural) se debe reiterar continuamente a través de líderes claves, los cuales deben ser los primeros en comprometerse. Después hay que motivarlos a repetirlo en sus grupos pequeños y dentro de su círculo de influencia. Usted que trabaja con varios ministros de su iglesia, téngalos a todos consistentemente concentrados en desarrollar una cultura de servicio.

Este no es un proceso de seis meses, es un proceso de muchos años. Hará eco de los valores de su cultura una y otra vez. Aquellos que no estén a bordo al principio, no permitirán que la repetición penetre en ellos y seguirán la nueva cultura o se fastidiarán de escuchar repetidamente sobre el servicio y se irán. A veces eso es lo mejor que puede suceder.

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Celébrala.

He dicho repetidamente que “te conviertes en aquello que celebras.” La Iglesia Internacional de Santidad Pentecostal celebra la plantación de iglesias dándoles a los pastores broches por plantar o promocionar la plantación de iglesias. No es de sorprender que las últimas dos décadas hayan sido las mejores para ellos en mucho tiempo.

Cuando prediqué en la Iglesia Primitiva Bautista Progresista noté  claramente que celebraban los logros educativos de sus miembros, incluyendo a un joven que tenía una larga lista de logros académicos desde la secundaria hasta su maestría.

Las denominaciones y las Iglesias deben afianzar lo positivo al menos tanto como rechazan lo negativo. La gente en la iglesia debe saber que usted está en contra de lo que no es bíblico, y no debe haber lugar a dudas sobre el tipo de cultura eclesial que apoya.

Usted celebra aquello en lo que quiere convertirse.

Si quiere que su iglesia mantenga una cultura de servicio, debe celebrarla en cada oportunidad. Haga labores de reconocimiento para los voluntarios que colaboran con los niños. (¡Quizá sea apropiado darles algunas medallas!) Cree un artículo mensual en su página web para resaltar a algún miembro que sirvió a otros de alguna forma extraordinaria. Anuncie una gran celebración en la iglesia por cada miembro que se involucre en un viaje misionero durante el año. Cualquier idea que se le pueda ocurrir para continuar recordándole a la iglesia cuál es su valor, ¡llévela a cabo!

Nosotros premiamos a algún trabajador voluntario en nuestras noches de adoración. La semana pasada, hice que todos le aplaudieran al equipo que instaló el montaje para el cine. Hemos tenido cenas de reconocimiento para quienes se ofrecen a hacer algunas labores. Y la lista puede continuar.

Aquellos que visiten su iglesia deben irse con una imagen clara de cuál es su valor, a través de lo que ahí se celebra. Los miembros y los asistentes sabrán que el servicio es apreciado, lo cual los motivará a adoptar la cultura de servicio que usted haya inculcado y repetido en todo el Cuerpo.

La Cultura Desayuna Estrategia.

Así es la cosa, la cultura desayuna estrategia todos los días. Eso no lo digo yo, la cita se le atribuye al último gurú de negocios Peter Drucker. La frase nos recuerda que nuestros planes carecen de sentido si el ambiente en nuestra iglesia los debilita. Su estrategia se convierte entonces en un tipo de complemento con el que muy pocos están comprometidos.

En Juan 20:21 Jesús dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Eso nos dice que todos los que son de Dios han sido enviados a una misión. 1 Pedro 4:10 nos recuerda que los hijos de Dios son llamados al ministerio.

Así que no te equivoques, todos los que son de Dios son enviados en misión y todos los hijos de Dios son llamados al ministerio. La única pregunta es ¿Dónde? ¿Entre quiénes? y ¿Haciendo qué? 

Tener una cultura de servicio establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras. (Hebreos 10:24).

Con esa cultura aplicada, la gente no se estará preguntando si deberían servir. Las preguntas serán dónde deben servir, entre quiénes y de qué formas lo harán.

Eso creará una cultura de servicio —parte de un enfoque misional— en su iglesia.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2014/march/moving-to-missional-part-i-3-steps-to-develop-culture-of-se.html

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 1 de 2

 Escrito por Ed Stetzer. Trad. por Ariadna Romero

Tener una cultura misional establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla, provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras.

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¿Por qué las iglesias con frecuencia se estancan y se encierran en sus cuatro paredes?  ¿Qué se puede hacer para revertir este enfoque centrado en el interior?

Muchas veces, cuando una iglesia crece en número (o también cuando se hace más vieja) tiende a enfocarse en el mantenimiento y servicio de lo que ya existe. Los ministerios internos agobian la misión hacia el exterior. Cualquier iglesia es susceptible de caer en esa abrumadora tentación.

Sin embargo, en muchas partes de la Escritura se señala a la iglesia como un cuerpo de sirvientes —usados por Dios para ministrarse unos a otros y a un mundo herido. Por ejemplo, 1 Pedro 4:10 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

La frase clave aquí es “a otros.” Cada uno de los miembros de la iglesia está para servir a los otros. La mayor parte del tiempo leemos versículos como estos y entendemos que hay que servirse unos a otros dentro del cuerpo, pero hay muchos otros versículos que hablan sobre los pobres y heridos que conocemos; muchos son llamados a servir también fuera del cuerpo. Me gusta decir que podemos servir en, a través y más allá de nuestra iglesia local. Pero desgraciadamente, hay un gran abismo entre este pasaje y nuestra práctica.

De acuerdo a la investigación para el libro del que soy co-autor junto a  Thom Rainer, Transformational Church, muchas de las personas en la mayoría de las iglesias no están comprometidas con algún ministerio o misión significativos. Llegan por el show —y eso puede suceder en una iglesia contemporánea, tradicional, litúrgica etc. porque los números no muestran diferencias— pero no se quedan para servir.

Así que, ¿Cómo podemos evitar tener una iglesia llena de clientes en lugar de tener una iglesia llena de colaboradores en el Evangelio? 

Desarrollamos una cultura e implementamos una estructura.

Las iglesias necesitan una cultura que los motive y una estructura que le permita a la gente moverse de la pasividad a la actividad, de ser espectadores pasivos a ser participantes activos de la misión de Dios. 

Hoy quiero concentrarme en el desarrollo de la cultura. Aquí hay 3 pasos para desarrollar una cultura con mentalidad de servicio: incúlcala, repítela y celébrala.

Incúlcala.

Un pastor que conozco lo dijo de una forma que considero que fue realmente de mucha ayuda. Dijo que puede ver cuatro categorías de gente que llegan a la iglesia: tres categorías que le agradan y una que no:

  • Categoría uno: El visitante o que anda buscando.
  • Categoría dos: El discípulo en crecimiento que empieza a caminar.
  • Categoría tres: El discípulo maduro que sirve a otros.
  • Categoría cuatro: Las personas que piensan que son maduros pero que no quieren compromisos y no sirven a otros.

Y esto es lo que les dijo a los de la última categoría: “necesitamos sus lugares para los de las otras tres categorías.”

Con algunas contadas excepciones (alguien en transición, con problemas personales, etc.) creo que esa mentalidad es de mucha ayuda. Mientras más rápido se aplique ese enfoque en el ADN de la iglesia, será mejor, porque cuando se alcance a nuevos individuos se querrá que lleguen a un lugar donde la norma sea servir. La persona nueva llegará a ser lo que la mayoría de los miembros ya es.

Se puede ayudar a desarrollar esto dentro de la iglesia. Como Mike Dodson y yo descubrimos en nuestro libro Comeback Churches, el factor principal para la revitalización de la iglesia es el liderazgo. La misma verdad se aplica para el desarrollo de la cultura de servicio. Los líderes, incluidos pero no limitados al pastor y su staff, deben trabajar intencionalmente para injertar la nueva mentalidad en el cuerpo. ¿Cómo se puede lograr eso? Repitiendo una y otra vez los valores de la cultura que se quiere inculcar.

Predíquelo regularmente. Explique por qué es importante. Exprese la idea de que se puede ser maduro y aun así no estar sirviendo a otros. Enseñe servicio.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

Tres Cosas que los Musulmanes Pueden Enseñar a los Cristianos Acerca de la Oración

Por Sofya Shahab

Solo porque nuestras creencias son diferentes, no significa que no debemos poner atención. 

Yo sabía que Afganistán me iba a encantar incluso antes de llegar a ese país. Como estudiante de artes, es muy fácil pensar románticamente en el Medio Oriente, atraídos por su misticismo exótico, su historia y cultura. 

Mis primeras noches en Kabul, las pasé escuchando adormilada a los helicópteros pasando sobre mi cabeza, preguntándome qué es lo que estaba pasando y a dónde iban. A las 4 a.m., la ciudad se despertaba, cada Mezquita hacía oír su llamado a la oración, incitando a los afganos así como a los expatriados. 

En cada país, el llamado a la oración es un poco diferente, y mientras Afganistán está lejos de ser lo peor, ciertamente yo no di la bienvenida al muecín local interrumpiendo mi sueño. 

Pero no tomaría mucho tiempo a mi cuerpo silenciar el coro nocturno de Kabul, muy parecido a aquellos viviendo cerca de las vías ferroviarias aprendiendo a acostumbrarse al ruido de los trenes cuando pasan. Ahora, diez meses después, aprecio la intromisión del tiempo de oración a lo largo de mi día, mientras me he dado cuenta cuánto hay que aprender de mis colegas musulmanes, acerca de mi propia fe. 

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Los cristianos y musulmanes obviamente tienen creencias muy diferentes. Como cristianos, necesitamos ser firmes en esto, y no comprometer lo que sabemos que es verdad en la Biblia. Pero tiene que haber dedicación para aprender de nuestro vecindario, mientras sostenemos la verdad hacia nuestra fe. 

Piensa en las declaraciones de Malala Yousafzais hacia Jon Stewart, acerca de la importancia de poner la otra mejilla. O en el tremendo trabajo de Eboo Patel en el area de crear un diálogo religioso. Estos son musulmanes que han vivido algo que es maravillosamente verdad. Y, como es dicho comúnmente, toda la verdad es la verdad de Dios. 

En ese interés, he visto tres cosas que los cristianos pueden aprender de los musulmanes acerca de la Oración: 

Disciplina

La mayoría de los cristianos que conozco pasarían la primera parte de su día en devocionales matutinos, despertándose quizá 30 minutos antes de que comiencen las prisas para alistarse y así pasar tiempo con Dios. Pero no estoy segura cuántos de los que conozco, se despertarían al amanecer, sin importar lo temprano que esto sea, para orar. 

Para mí, levantarme con el sol cada día demuestra una emoción incontenible por Dios. Hay muchas mañanas donde es demasiado fácil presionar el botón de repetición y simplemente relegar a Dios para más tarde en el día. 

Utilizar el llamado a la oración como un recordatorio para tomar tiempo fuera e invertir en una relación con Dios que enseña una disciplina que a menudo está ausente. No importa dónde tú estés o lo que estés haciendo, debes detenerte para leer, adorar o reflexionar. Esto pone a Dios en el centro de tu vida y físicamente demuestra que Él es más importante que cualquier otra de las preocupaciones que tú pudieras tener, mientras ellas toman el segundo lugar. 

Reverencia 

Al observar los preparativos que realizan los musulmanes para la oración, puede cambiar la forma en que nosotros nos acercamos a Dios. Quitan sus zapatos y lavan sus manos, su rostro y sus pies; se están purificando. 

Mientras la sangre de Cristo ha hecho esto ya por nosotros, es un recuerdo emotivo de que nuestro Dios es un Dios Santo, a quien debemos acercarnos con reverencia. Él es nuestro Padre que nos ama, pero eso no significa que nuestro acercamiento hacia Él debe ser a la ligera. 

Una de las cosas bellas de la cruz es que ha removido las barreras entre nosotros y Dios, para que podamos alzar nuestra voz a Él compartiendo nuestras necesidades y gozo, cuando nos ataca. Pero quizá también veamos quién es Dios verdaderamente cuando le hablamos. Él es el Dios que dijo “Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa” (Éxodo 3:5). Y el Dios de Apocalipsis 4, quien brilla desde su trono como piedras preciosas.

Comunidad

Orar cinco veces al día, ya sea en la Mezquita, en la oficina o en el hogar, crea un sentido de unidad entre los musulmanes, ya sea que estén todos juntos literalmente o esparcidos en todo el mundo. 

Fui criado en una iglesia Bautista evangélica, así que no fue hasta que vine a Afganistán que experimenté por primera vez la liturgia. Y me sorprendió lo mucho que lo disfruté. 

Una amiga que recientemente ha estado trabajando en su camino por “Las Divinas Horas” (The Divine Hours), explicó cómo, orar una oración que tú sabes que alguien más en algún lugar retomará, después de que tú aportes a una comunidad que representa el verdadero cuerpo de Cristo, sin importar la denominación o ubicación, crea “una cascada de alabanza ante el trono de Dios,” como Phyllis Tickle dice en su libro The Divine Hours.

En cierta manera, es más fácil ser un cristiano en Afganistán que en Inglaterra. Hay un valor ubicado en la religión que frecuentemente es desestimado en las culturas seculares. A pesar de que los cristianos y los musulmanes obviamente están en desacuerdo en muchos aspectos acerca de quién es Dios y cómo nos relacionamos con Él, hay mucho que podemos aprender los unos de los otros. 

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/worldview/3-things-muslims-can-teach-christians-about-prayer

La palabra más ofensiva en América – Parte 2 de 2

Esta es la continuación de la entrada anterior.

Por Curt Devine

No siempre lo reconocemos, pero nuestro subconsciente piensa que Dios nos da mandamientos para forzarnos a entrar a una rígida línea. Esta mentira hace parecer a Dios como un enojado árbitro obsesionado con reglas y regulaciones inflexibles, como si Él amargamente se paseara por el cielo ondeando una bandera roja y tratando de controlar cada paso y cada palabra nuestra. ¿Quién querría obedecer a un Dios así?

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La realidad es que Dios es más como un Padre amoroso tratando de mantener a sus hijos lejos del tráfico. Cuanto más aprendamos a someternos a sus mandamientos, más nos daremos cuenta que no son reglas tan difíciles, sino señalamientos que nos indican el camino de gozo verdadero, vida y paz. Por ejemplo, yo siempre pensé que el Rey David sonaba un poco loco en el Salmo 19 cuando dice: “Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal” Pero cuando comparo la paz del sometimiento con el vacío que deja el pecado, sé que él tenía razón.

Quizás pensemos que lo que queremos es independencia, pero esta viene con un precio muy alto.

Hablando con un ateo que preguntó acerca de la diferencia entre el cielo y el infierno, un renombrado autor y pastor, Tim Keller le dijo: “Nadie nunca va al infierno a menos que quiera ir. La gente va al infierno porque quiere apartarse de Dios, quien les dirá lo que deben hacer. La gente en el infierno diría: esto es bastante miserable, pero no quisiera estar en el cielo con Dios, donde él le dice a la gente lo que tienen que hacer.”

Nuestra cultura nos dice que la verdadera libertad viene de seguir nuestros a deseos hacia donde sea que ellos nos dirijan. Mientras que eso suena agradable y provee la trama para la mayoría de las comedias románticas, la realidad revela por qué esto es falso. Por ejemplo, yo tengo un determinado número de amigos que abusan en extremo de sustancias adictivas. Cuando uno de mis amigos hizo el recuento de su pasada adicción a las pastillas contra el dolor, me dijo: “me había convertido en un completo esclavo de las pastillas. Mis deseos me estaban matando.” En muchas formas, el orgullo desenfrenado, la lujuria, la codicia, el miedo, el control, los celos y la ira tienen el mismo efecto.

Desafiar los mandamientos de Dios puede que nos dé una efímera sensación de poder e independencia, pero esto en realidad deja al descubierto nuestra debilidad y constante necesidad de gracia. Tenemos que tener la humildad de reconocer nuestras propias faltas y la confianza de seguir los mandamientos de Dios, incluso cuando van en contra de nuestros deseos personales. Vale la pena puesto que algo mejor nos espera del otro lado. Dios nos ofrece vida abundante, libertad plena y más amor del que nuestra mente tiene la capacidad de comprender.

Si esperamos alguna vez experimentar estas cosas, tenemos que hacer la cosa más contra–cultural y rebelde que podemos imaginar dentro de nuestra cultura: someternos a una verdad más profunda que nosotros mismos.

 

Curt Devine escribe sobre cuestiones de fe y justicia social, para dar voz a los que no la tienen. Actualmente reside en Washington D.C. donde estudia una maestría en medios internacionales de comunicación.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/god-our-generation/most-offensive-word-america

La palabra más ofensiva en América – Parte 1 de 2

Por Curt Devine

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Esta palabra es la raíz que enciende a los connacionales. Y por supuesto, afecta tu fe.

En una ocasión me quedé en un convento católico lleno de estrictas y arrugadas monjas en Hyderabad, India. Una noche, mis amigos y yo decidimos salir a divertirnos, ir por comidas y bebidas etc. Pero conforme nos aproximamos a la puerta principal del complejo, nos encontramos a la Madre Superiora. Como la más grande, fría e intimidante de las monjas, nos dio órdenes estrictas: “Vuelvan antes de las 9:00pm o cerraremos las puertas y soltaremos a los perros guardianes antes de que ustedes hayan regresado.”

Por supuesto que esto tan sólo logro que nos sintiéramos más ansiosos de desafiar su autoridad. Nos burlamos de sus órdenes y huimos a comer la picante comida tandoori sin ninguna preocupación en el mundo. Naturalmente que regresamos después del toque de queda y asumimos que estábamos en nuestro derecho porque la monja nos había invadido la libertad de hacer lo que quisiéramos, cuando quisiéramos hacerlo. Y aunque los perros guardianes resultaron ser unos cachorritos de 5kg, nuestras relaciones con el convento se volvieron tensas, y todas nuestras actividades llamadas organizaciones de misiones, se cuestionaban ante los ojos de las monjas.

Más que un incidente aislado de rebelión juvenil, vi esto como el reflejo de una ideología más amplia que impregna nuestra cultura. Somos la tierra de la libertad, el hogar de los valientes, un continente fundado sobre la revolución y la autonomía individual. Estas son cosas hermosas por supuesto, pero también vienen con efectos secundarios.

La palabra más ofensiva para muchos de nosotros es una muy simple de tres sílabas, que insulta nuestras creencias y viola nuestro sistema de valores: someter.

Inherentemente creemos que nadie tiene el derecho de decirnos cómo vivir, a dónde ir o qué hacer. Somos nuestros propios maestros. He oído decir que una cultura puede ser entendida a través de sus celebridades, y así, amamos el ego de músicos como Shakira, la imagen de revolucionarios como el Che Guevara, y a las estrellas del entretenimiento televisivo como el Dr. House. Todas estas figuras representan rebeliones individuales contra las autoridades. Se rehúsan a someterse, y los amamos por ello.

Aunque la mayoría de nosotros no nos rebelamos como los excéntricos mencionados anteriormente, con frecuencia desafiamos la autoridad en formas sutiles. Volamos por las carreteras y luego nos sentimos agredidos cuando el oficial de policía obstruye nuestras rutinas diarias dándonos una multa por ir a exceso de velocidad. ¿Cómo se atreven a decirnos que estamos mal, cierto?

El problema es que esta hostilidad hacia el sometimiento frecuentemente nos deja con muchas ganas de tener una ganancia egoísta sin considerar cómo nuestras acciones afectan a otros. Y lo más importante, endurece nuestros corazones para poder cumplir la voluntad de Dios.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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