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Regalos al Adorar con una Iglesia Multiétnica y Urbana – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo anterior.

La mayoría de las iglesias de las que he sido parte están diseñadas para alguien como yo.

Así como disfruto el sabor caribeño de nuestra adoración, es un recordatorio constante de que nuestro servicio y programas no están diseñados para alcanzarme–están diseñados para hablar el lenguaje del corazón y satisfacer las necesidades de otras personas en nuestra comunidad.

Por supuesto, así es como debe ser. Pero me golpea que durante toda mi vida he sido parte de iglesias que activamente estaban complaciendo a personas como yo–personas de mi edad, mi raza y mi estatus socioeconómico. Y nunca pensé en nuestra adoración y programas como algo que definiera la manera en “cómo hacemos iglesia.” Pensaba que esas cosas eran la manera en “cómo las personas deberían hacer iglesia.”

Las implicaciones de esta lección no se detienen con mi experiencia del pasado con la iglesia. Se ha vuelto más claro para mí en los últimos meses que la gran mayoría de los recursos del ministerio, incluso más ampliamente los recursos cristianos, son producidos teniendo en mente a personas como yo. He disfrutado de un estatus privilegiado por largo tiempo y nunca me había dado cuenta. Lo percibo tan pronto me encuentro con algo que no está hecho a la medida de mis gustos.

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El regalo que viene de adorar en un servicio que no está diseñado para mí es que revela la profundidad de mi relación consumista con la iglesia. No es una lección divertida, pero es una muy importante.

La diversidad no solo “ocurre.”

Pensamos que mudarnos a una de las ciudades más diversas en Estados Unidos significaría que encontraríamos diversidad confortable en todos lados. Estábamos equivocados. Mientras más vivo en la ciudad de Nueva York más me sorprende lo segregado de la ciudad. Los barrios e incluso cuadras dividen denominaciones étnicas. Las escuelas pueden ser monoculturales incluso en un barrio con diversidad cultural. Es más difícil de lo que pensé encontrar iglesias en la ciudad que están comprometidas con la diversidad radical.

Todos nuestros sistemas sociales y cívicos trabajan contra la integración étnica y socioeconómica. Es posible que yo supiera esto intelectualmente esto antes. Pero vivir donde vivimos y adorar donde adoramos ha enfatizado el mensaje: la diversidad no solo “ocurre.” Se necesita una intencionalidad deliberada e incómoda. Se necesita un grupo de personas que están felices de escuchar dos veces los anuncios de la iglesia–una vez en inglés y después otra vez en español–felices de cantar las canciones en dos idiomas. Se necesita un grupo de personas dispuestas a sacrificar sus preferencias para que alguien que se siente cerca de ellos pueda escuchar a Dios hablándole de la forma en que ellos necesitan escucharlo.

Supongo que el verdadero regalo de adorar con una iglesia multiétnica y urbana ha sido la hospitalidad tangible. Mientras nuestro servicio no está diseñado para atraer mis gustos, constantemente soy conmovido por cómo personas serviciales se aseguran de que mi familia se sienta bienvenida. Hemos sido los recipientes de una enorme gracia y bondad. Esa gracia y bondad ha hecho que esta nueva y gran ciudad se sienta pequeña y familiar.

Este artículo fue publicado originalmente en: City to City

Regalos al Adorar con una Iglesia Multiétnica y Urbana – Parte 1 de 2

By Brandon O’Brien

Cuando nos mudamos de Arkansas a la ciudad de Nueva York, nos instalamos en Washington Heights en la parte alta de Manhattan. Nuestra decisión de vivir en Washington Heights estuvo principalmente determinada por la economía. No podía imaginar pagar mucho dinero por un espacio tan pequeño en algún lugar de la zona Oeste del Alto Manhattan.

Así, de manera totalmente ingenua, nos mudamos a Heights e inmediatamente nos convertimos en una minoría étnica.

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Además de ser blancos en un vecindario predominantemente dominicano, mi esposa y yo también tenemos dos hijos adoptivos. Ambos son étnicamente diferentes a nosotros y entre ellos. Somos todo un espectáculo. Y hemos recibido una buena cantidad de miradas en los últimos meses–no solo en Heights. Pero un lugar en el que nos sentimos totalmente normales es con la iglesia.

Adoramos con una nueva iglesia llamada Iglesia de Heights Comunidad Cristiana. Nuestro servicio es bilingüe con música y anuncios en español e inglés, y un sermón en Inglés, traducido en vivo por hablantes hispanos. En su mayoría la congregación es latina, pero muy diversa. De hecho, la congregación refleja la diversidad étnica del vecindario (apróximadamente 60% son latinos y 40% son “otros”). El número de parejas trans-raciales es igual al número de parejas de la misma raza.

Para una familia como nosotros, estar rodeado por familias diversas es un regalo en sí mismo. Hemos recibido otros regalos al adorar en una iglesia multiétnica y urbana. A continuación algunos, expresados como lecciones aprendidas. Por ejemplo, he aprendido:

Puedes usar tus caderas para adorar.

He levantado mis manos en adoración. He doblado mis rodillas en adoración. Me encanta, hasta he aplaudido y me he movido un poco. Pero nunca antes mis caderas habían sido tentadas a involucrarse en la adoración. Y la verdad es que: son muy malas para eso.

En algún lugar aquí hay un punto muy serio. El estilo de adoración es más que cuestión de gustos. Formas diferentes de música abren diferentes posibilidades, incluso posibilidades teológicas. Por ejemplo, he cantado la canción “Bendito sea Dios” en muchas iglesias en los últimos quince años. En todas ellas, el tono de la canción ha variado de reflexiva, a ser de arrepentimiento, y a triunfante. Pero cuando la canto sobre una línea de bajo y una sección de ritmo caribeño, se abre una nueva posibilidad. La canción se convierte positivamente en celebración.

En este caso, el estilo musical es el reflejo de valores profundos y personalidad cultural. Nuestros hermanos y hermanas dominicanas saben cómo hacer una fiesta y saben cómo traer esa fiesta a la iglesia. Nunca pensé que podía cantar “Tú quitas y Tú das” con una sonrisa en mi rostro. El hecho de que lo puedo hacer ahora es un regalo de parte de mi congregación tan diversa.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

Gozosos

Muchos lectores de nuestro blog saben que en este momento mi familia y yo estamos en Rusia por la Copa Mundial. Ayer asistimos al partido Francia vs Dinamarca, que fue genial. Curiosamente, el Dr. Eugénio Duarte, uno de nuestros Superintendentes Generales de la Iglesia del Nazareno, escribió acerca de Dinamarca y su positividad. Puedo confirmar desde mi limitada experiencia con aficionados de Dinamarca que ciertamente son un país feliz. Espero que disfrutes este artículo sobre Dinamarca, pero mayormente enfocado en el gozo que Cristo da a cada creyente.

Escrito por Eugénio R. Duarte

Copenhague, Dinamarca, es uno de los lugares más bonitos que he visitado. Mi única estancia en la ciudad fue corta, pero pude pasar un par de horas en un tour que me introdujo a su vida histórica, cultural, económica, política, industrial y social. Una de las cosas que escuché, y tuve que considerar, fue esta declaración de uno de los guías de turistas: “Dinamarca fue calificada como el país más feliz del mundo.” 

En el momento en que hice mi primera compra y vi la cuenta, decidí que con tan alto costo de vida, la gente debe necesitar un ingreso considerable para mantenerse feliz. Pero un rápido recuerdo de lo mismo que el guía de turistas había dicho acerca del alto valor que para ellos tiene la comunidad y la mutua rendición de cuentas – especialmente en lo que se refiere a la vida familiar – me llevó a pensar otra vez.

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Cuando aprendemos a apreciarnos el uno al otro, y la contribución que cada uno puede hacer sin restricciones para el bien común, desaparece nuestra tendencia humana a quejarnos sobre cualquier sufrimiento o dificultad.

Ciertamente nos asombramos por lo que algunas doctrinas sociales pueden hacer utilizando el espíritu de tolerancia y responsabilidad. Ellas pueden generar e incluso mantener cierto grado de alegría.

Sin embargo, necesitamos más que alegría. Nuestras vidas son diseñadas para ser llenas de gozo, y el gozo es más constante, confiable, duradero, estable y fructífero. El gozo está enraizado en “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” y “guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). 

La alegría y el gozo, ambos residen en nuestros corazones y mentes, pero la alegría está en una relación que depende de cosas, condiciones, promesas y resultados temporales, mientras que el gozo se establece sobre valores eternos. Cuando la propiedad de nuestros corazones y mentes está en las manos de Jesús, nuestra parte en mantener el gozo es la confianza y fe.

La Biblia dice, “y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Dios nos empodera para estar gozosos no solo con base en un acuerdo o arreglo temporal. Su Espíritu Santo completa fielmente la misión de derramar – no a cuenta gotas – su amor en nuestros corazones; el amor que origina, alimenta, y hace crecer un gozo real en nosotros.

Es Jesús, el vino, que produce fruto; y nosotros, las ramas, llevamos el fruto, incluyendo el fruto del gozo.” Billy Graham 

Informe de Misión: Choque Cultural

Por Howard Culbertson. Trad. por Maximiliano Pimentel

Las personas frecuentemente piensan que los sentimientos provocados por encuentros con comida extraña o costumbres, constituyen el “choque cultural.” En realidad, esos breves momentos de incomodidad no son lo que los antropólogos quieren decir con choque cultural.

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Los antropólogos y psicólogos, usan el término “choque cultural” para describir la confusión, duda, y nerviosismo común en las personas que recientemente han comenzado a vivir transculturalmente y que también están experimentando una o más de las sensaciones a continuación:

  • Nostalgia exagerada
  • Sueño excesivo
  • Pérdida del sentido del humor
  • Evasión del contacto con lugareños, pasando tiempo en el correo electrónico, la Internet y las redes sociales
  • Sufrir enfermedades psicosomáticas
  • Sentimientos frecuentes de aburrimiento o apatía
  • Ataques inexplicables de llanto
  • Comer compulsivamente
  • Disminución de la capacidad para trabajar efectivamente
  • Alto nivel de irritabilidad
  • Hostilidad hacia las personas de la cultura anfitriona
  • Jingoísmo o súper patriotismo
  • Estereotipar a las personas de la cultura anfitriona
  • Atención exagerada a la limpieza

El verdadero choque cultural es, por lo tanto, más arraigado que la inconformidad momentánea experimentada cuando se confrontan cosas extrañas para comer, o normas sociales desconocidas. Lo que los antropólogos llaman choque cultural surge de un largo periodo de adaptación a formas desconocidas de hacer, organizar, percibir, y valorar las cosas. De hecho, debido a que las personas experimentan síntomas del choque cultural durante un periodo de tiempo en vez de en un acontecimiento aislado, algunos antropólogos lo llaman “ciclo de adaptación” más que “choque cultural.”

Los síntomas del choque cultural son muy notorios en algunas personas y menos en otras. Sin embargo, el ciclo de adaptación (o choque cultural) –– luna de miel, frustración, ajuste, y aceptación –– es inevitable. Aunque el choque cultural no es una condición médica, la desorientación psicológica, el aislamiento, y el exceso de sueño pueden ser comparados con organismos yendo de un choque físico a un trauma.

Los síntomas del choque cultural pueden ir y venir durante un periodo de tiempo. Describiendo su experiencia en Senegal, la misionera Linda Louw dijo, “pensé que el choque cultural era algo por lo que pasas y se termina, pero sigue ocurriendo.”

La sensación de inquietud e irritabilidad aguda, común en la etapa de frustración, puede ser detonada por cosas simples. La etapa de ajuste usualmente no surte efecto hasta que una persona se familiariza y se siente cada vez más cómoda en una cultura nueva.

Afortunadamente, los efectos del choque cultural pueden ser, en cierto modo, mitigados. Aquí hay media docena de sugerencias de adaptación:

  • Date cuenta de lo que te pasa, y por qué.
  • Recuerda que esto le sucede a cada expatriado en mayor o menor medida, y que las personas regularmente sobreviven a esto.
  • Niégate a caer en el deseo de aislarte de las personas. Elige, por el contrario, relacionarte con aquellos de la cultura anfitriona.
  • Involúcrate en un pasatiempo que involucre, de alguna forma, el lugar donde sirves.
  • Sé audaz en alcanzar a personas de la cultura anfitriona, con el fin de construir una red de confidentes, incluyendo una lista de individuos que pueden ayudarte a mejorar tu idioma y adquisición.
  • Cultiva, intencionalmente, tu curiosidad acerca de la vida silvestre, la geografía, la fauna, la historia, la literatura, las comidas, las normas sociales, los cuentos infantiles, los proverbios, las leyendas y fábulas del lugar donde sirves.

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

Informe de Misión: Contextualización

Por Howard Culbertson

Cuando los creyentes de una cultura introducen el “evangelio inmutable” a personas de otra cultura, ¿cómo evitan ellos que las Buenas Nuevas no sean rechazadas como una importación foránea? La respuesta breve es una palabra: Contextualización. 

Cuando el cristianismo se mueve de una cultura a otra, hay peligro de que sea enseñado como una pertenencia de la primera cultura, y que esté fuera de lugar en la segunda. Las posibilidades de que eso ocurra pueden ser disminuidas si el Evangelio será proclamado y vivido en formas culturalmente comprensibles. Ese proceso de conectar significativamente la revelación bíblica con una cultura específica se denomina “contextualización.”

El misiólogo Darrell Whiteman lo dijo de esta forma: “La contextualización intenta comunicar el mensaje en palabra y acción, y establecer la iglesia en maneras que tengan sentido para las personas en su contexto local cultural.”

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Que el evangelio “tenga sentido” para la gente de una cultura no significa, por supuesto, que todos se apresurarán a aceptarlo. Las personas deben decidir si están dispuestas a hacer los cambios necesarios en su vida para que Jesús sea su Señor y Salvador. Desde luego, eso no quiere decir que la gente debe abandonar su identidad étnica o cultural para seguir a Jesús. La contextualización auténtica está basada en la premisa que cuando las personas permiten al poder transformador de Cristo entrar a sus vidas, ellos serán mejores nicaragüenses, japoneses o búlgaros o navajos de lo que eran antes. 

La contextualización no significa quitar o diluir la esencia del Evangelio para hacerlo más aceptable. Por el contrario, la buena contextualización retrata expresiones del “Evangelio inmutable” que son más fieles a la Escritura de lo que serían de otra manera. El Espíritu Santo guía a la contextualización a permitir que la Escritura sea lo más poderosa y transformadora posible en cada contexto cultural. 

La contextualización adecuada mueve la proclamación del evangelio más allá de una sensación de extrañeza a permitir que cada grupo de personas pueda escuchar a Dios decir: “Este mi diseño para ti.” La contextualización permite que la gente de cada cultura vea que Yahveh, el Creador del universo quien se revela a sí mismo en Jesucristo, los ama y quiere una relación con ellos. 

En términos tangibles, la contextualización implica la formulación de expresiones teológicas en cosas como las ilustraciones de un sermón, estilos de música, arte, toma de decisiones, elecciones de estilo de vida, programas y horarios de iglesias, métodos de predicación y enseñanza, el proceso de discipulado, alcance evangelístico, selección de liderazgo e incluso arquitectura. 

Debe quedar claro, como dice el profesor de misiones Zane Pratt, que el fin último de la contextualización “no es comodidad, sino claridad.” Por tanto, la contextualización auténtica no implica el ablandamiento o blanqueamiento de los mandamientos radicales de Jesús. De hecho, la contextualización permite que el Evangelio sea ofensivo a cada cultura por las razones exactamente correctas. Whiteman ha dicho que la buena contextualización asegura que el Evangelio “encuentre a las personas en el nivel de sus necesidades más profundas.” 

La contextualización auténtica deberá viajar sobre dos rieles. Un riel es una fidelidad inquebrantable a la Escritura. El otro riel es el de la comunicación y vivencia de la Palabra del Señor en maneras que son familiares a las personas en un contexto cultural particular. 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

15 Cosas Que Quiero Decir A Mis Hijos De Una Tercera Cultura

Por Rachel Pieh Jones

En cuatro días iré a visitar a dos de nuestros hijos de una Tercera Cultura. Luego, dentro de once días ellos estarán en nuestra casa por treinta días. La vida es buena. Pero solo los siguientes cuarenta y cinco días. No, también será buena después, solo que más tranquila y ligeramente más llorosa.

Una parte de mí duda hoy sobre si debo apretar el botón de “publicar,” porque siento que esto es privado. ¿Es el internet el lugar para compartir estas cosas? Pero parte de mí piensa: no soy la única madre de familia que se siente abrumada y honrada, que presume de criar hijos de una tercera cultura. Y esa parte de mí quiere dar a conocer a otros padres y a nuestros hijos todas las emociones propias de ello. Así que aquí les comparto algo de lo que quiero transmitir y he dicho a mis propios hijos, que son de una tercera cultura.

  1. Ustedes son los chicos más geniales del planeta. Ustedes saltan y suben y bajan y se convierten en volcanes activos. Vuelan internacionalmente por su propia cuenta antes de ser adolescentes. Duermen bajo las estrellas en la playa y saben cómo orinar en un baño o en un agujero, o detrás de un arbusto o incluso donde no hay arbustos. 
  2. Sé que es difícil. Les he observado, orgullosa y con lágrimas, el primer día de escuela cuando no sabían cómo contar hasta 10 en francés, y el primer día de escuela en América, cuando no sabían cómo comer el lunch en la cafetería. Veo sus momentos de duda cuando los otros chicos hablan de cosas que ustedes no entienden. Vi sus hombros caer el día que usaron su tradicional traje yibutiano para ir a la iglesia y entonces, una vez que vieron la forma en que iban vestidos los otros niños, preguntaron si podían quitárselo. Escucho a los tres referirse a diferentes lugares como “nuestra casa.” 
  3. No sé cómo es. Sé cómo es ser padre de un niño de una tercera cultura, pero no sé lo que es ser un niño de tercera cultura. He leído libros, he escuchado pláticas y asistido a seminarios, pero ustedes están forjando un camino que yo no he caminado. Aun así cubro sus espaldas, tengo una caja llena de Kleenex y me duele el estómago de tanto reírme con ustedes. No sé cómo es este viaje tan particular pero sostendré sus manos con fuerza hasta el final. 

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  4. Perdón por las cosas que este estilo de vida les ha quitado. Los nombres de todos los amigos a los que les han tenido que decir adiós están marcados en mi mente. Los abuelos y los primos en sus fiestas de cumpleaños y eventos de la escuela. El sentimiento de pertenencia a un lugar, casa, cultura, o lenguaje específico. Una madre que puede ser chaperona sin tener el acento. Las actividades deportivas, musicales y académicas en las cuales sobresalen con naturalidad pero que nunca experimentarán plenamente. 
  5. Estoy emocionada por las cosas que esta vida les ha dado. Aventura y una amplia visión del mundo. La oportunidad de confiar en Dios cuando nada alrededor tiene sentido o cuando todo alrededor tiene sentido. Amigos de todo el mundo, de diferentes religiones, lenguas y color de piel, con diferentes gustos en las comidas y de distintos niveles económicos. Fluidez en múltiples idiomas. Creatividad y la intrínseca habilidad de mirar fuera de la caja, de mirar con la perspectiva de la otra persona. Gratitud genuina derivada de comprender que las cosas son pasajeras, gratitud por las relaciones y por el tiempo pasado en unidad. Adaptabilidad. Valentía. Valentía. Valentía.
  6. Quiero saber de ustedes. Díganme lo difícil que es, cuéntenme de las cosas que aman, de las cosas que quisieran que fueran diferentes, de las cosas que nunca cambiarían. Necesito escuchar de ustedes sobre cómo es, necesito que sean honestos conmigo sobre lo bueno y lo malo y luego necesito que me dejen sostenerlos. Y también necesito que me sostengan.
  1. He llorado por las decisiones que hemos tomado. Y luego las he defendido con pasión. No es fácil ser padres de niños con una tercera cultura, o de cualquier tipo de niño, he limpiado manchas de lágrimas de nuestros sillones y nuestras almohadas, de las camisetas de papá. A veces me pregunto si hemos estado locos o hemos sido irresponsables. Pero entonces los miro a ustedes y lloro de nuevo. Lágrimas de felicidad, porque son hermosos y complicados y profundos, y estas decisiones han sido parte de formarlos a la manera en que son ahora.
  1. Ustedes son fuertes. Han pasado por salidas y mudanzas internacionales, por crisis médicas, por bienvenidas y despedidas. Han intentado cosas nuevas y atemorizantes. Se han reído y llorado pero no los he escuchado quejarse. Han abrazado la vida.
  1. Ustedes son únicos. Nadie más en el mundo tiene sus historias. Y aun así, son parte de una comunidad increíble de gente con historias muy similares y al mismo tiempo diferentes a las suyas de las cuales ustedes pueden aprender. 
  1. Han construido recuerdos impresionantes. ¿Recuerdan cuando acamparon en Arta Plage, vino la inundación y los militares franceses tuvieron que rescatarlos? ¿Recuerdan la vez que cargaron un niño Dios por el vecindario de Balbala, encabezando un tren de familias que cantaban y aplaudían? ¿Recuerdan cuando conocieron a los jugadores trotamundos de Harlem?
  1. Tienen aflicciones. Y eso está bien, mamá y papá no se atemorizan por eso, queremos sobrellevarlas con ustedes.
  1. Son creativos.
  1. Son empáticos.
  1. Son sabios.
  1. Estoy muy orgullosa de ustedes.

¿Conocen el libro que se llama “¿Te amo hasta la luna”? Bueno, les amo hasta Somalilandia. Y Kenia. Y Francia. Y Djibouti. Y Minnesota. Y  cualquier otro lugar. ¡Y de regreso!

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.djiboutijones.com/2013/03/1-things-i-want-to-tell-my-third-culture-kids/

Por Qué El Multiculturalismo Es Un Requisito Para La Iglesia

Escrito por Ashlee Holmes. Trad. por Ariadna Romero.

Es tiempo de ponerse serios sobre la diversidad en el cuerpo de Cristo.

Hay una fina línea gris entre las cosas de la vida que son buenas  y las cosas que son absolutamente necesarias.

¿Cable, TV, y acceso al Wi-Fi? buenas, pero no necesarias. ¿Manicura sin manchas con esmalte de laca? Buena, pero no necesaria. ¿Mi Iphone 5? Bueno —y vergonzosamente crucial para mi salud mental— pero a final de cuentas, no es necesario.

Hay muchas decisiones que hacemos a diario sobre bases que pueden ser categorizadas ya sea como buenas o como necesarias, pero ¿qué sucede cuando se trata de cosas más profundas, como el multiculturalismo en la iglesia, ¿por ejemplo?

Antes que nada, hablemos de lo que es y no es el multiculturalismo. El diccionario define el término como “la preservación de diferentes culturas o identidades culturales dentro de una sociedad unificada.”

Me gusta la palabra “preservación.” Preservar significa mantener vivo o en existencia, mantener a salvo de daños o lesiones, mantener, conservar. Así que solo tolerar y ciegamente aceptar a las personas de diferentes colores (o ser multicolor) no es suficiente. La experiencia y la cultura de una persona deben mantenerse a salvo y vivas. Deben encajar perfectamente en el tapiz humano para que las personas comiencen a aprender y eventualmente crezcan a raíz de la verdadera identidad de otros.

El multiculturalismo significa invitar al otro a ser plenamente él mismo, sin disculpas y celebrando activamente las diferencias. El término “multicolor” deja lagunas y desconexión. “Multicultural” construye puentes y provoca celebración.

Interesantemente, mi primer combate y lucha por el valor del multiculturalismo no inició en la iglesia. Empezó el día que una pequeña niña de mi programa de extra clases inocentemente me preguntó si tomaba duchas, porque veía que mi piel era muy oscura, y continuó el día que una chica de mi equipo de pista me preguntó en el club cómo es que podía hablar  “como los blancos.”

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Así que mi lucha con este valor no inició en el contexto de la comunidad; inició conmigo. ¿Por qué el que yo sea tan diferente era misterioso para otros? ¿Qué era lo amenazante —si acaso— de mi piel oscura y mi acento? No tenía respuestas para mis preguntas en ese momento, pero sabía que me sentía sola e incómoda.

Me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos blancos, y me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos negros. Había una brecha enorme, dolorosa y desalentadora entre la gente de la comunidad con la que desesperadamente quería entablar una amistad y yo. Internamente me disculpaba por mi singularidad y decidí convertirme en lo que necesitara para ser aceptada. La idea de encajar en ese entonces, no era solo buena para mí; era necesaria.

Cualquiera que se sienta fuera de lugar experimenta cierto nivel de malestar, cuando es simplemente parte de “los otros.” No obstante, de lo que me di cuenta después en la vida, fue que ese malestar era en realidad bueno para mí. No solamente fui forzada a buscar mi verdadera identidad en Cristo —una identidad formada con mucho más que el color de mi piel—  sino que también hice un inventario de la gente que estaba eligiendo para rodearme, y el inventario resultó hermoso.

Me di cuenta de que mi vida era más rica y más maravillosamente compleja por la singularidad y autenticidad de otros con los que elegí relacionarme. Con el tiempo, decidí que sacrificar mi comodidad por el bien de esa hermosa ventaja no era solamente bueno; era necesario para mí caminar con Dios y para comprender más profundamente cómo trabaja Su Reino. 

Creo verdaderamente que Dios siente lo mismo con respecto a Su Iglesia.  Una simple pero profunda manifestación de este sentimiento está fundada en el Evangelio de Lucas, cuando Simón de Cirene tuvo que cargar la cruz de Jesús. Cirene era una ciudad en Libia, un país del norte de África. 

Un africano cargó la cruz de Jesús.

No se menciona mucho sobre Simón de Cirene, pero metafóricamente, su singularidad e incomodidad me dice algo sobre el corazón de Dios: que todos —sin importar raza o etnia— tienen un rol vital en la historia del Evangelio.

Aunque es incómodo a veces, el seguimiento del multiculturalismo en la Iglesia no es solamente bueno, es necesario. Últimamente hemos desarrollado opiniones sobre Dios más profundas y complejas y un amor y apreciación más profundos de unos a otros cuando escogemos participar activamente en las historias de los otros, los que son diferentes de nosotros, originarios de otros lugares.

Mi esperanza para la Iglesia es que las congregaciones y las comunidades sean más desafiadas —incluso que se sientan más incómodas— en la lucha contra la idea de dar la bienvenida no solo al color, sino a la cultura, y que las expresiones de adoración, enseñanza, evangelismo y discipulado sean tan ricamente influenciadas por el multiculturalismo que Cristo pueda ser conocido plenamente en toda Su belleza por muchos.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/why-multiculturalism-must-church

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo anterior.

Repítela.

El púlpito (o mesa en mi caso) será siempre un lugar clave para dar forma a los valores y la cultura de la iglesia. Cuando el pastor inserta repetidamente la idea de servir a otros en los mensajes, escritos, o conversaciones, eso tiene un impacto en los oyentes y se trabaja para corregir el enfoque equivocado.

Por ejemplo, en Grace Church, hablé sobre cómo trabajar en la cultura que queremos tener. Nuestra iglesia usa los conceptos: Inicio, Conexión, Prosperidad y Compromiso. Esos son nuestros cuatro valores. Hemos tenido mucha gente en el Inicio y  la Conexión. Pero luego, ¿cómo movemos a la gente a las siguientes dos, Prosperidad y Compromiso, creando una cultura en la que nuestra pasión sea hacer discípulos? ¿Cómo se logra eso?

Tenemos que martillarlo sin descanso (y no somos perfectos todavía en hacerlo; necesitamos hacerlo más).

Conforme las iglesias crecen, aparece con más frecuencia un alto porcentaje de gente que obtiene la cultura deseada cuando se le enseña al inicio, mientras que menos gente la retiene cuando se le trata de inculcar después de cierto tiempo. Se debe ayudar a aquellos que llegaron después (no importa si la iglesia tiene 200 años o 2 años) a tener el nivel de servicio que tenían al principio.

Es esa consistente repetición de la cultura y sus valores lo que nos ayuda a crear una mentalidad de discipulado.

Para perpetuar este valor cultural (o llevar a cabo un cambio cultural) se debe reiterar continuamente a través de líderes claves, los cuales deben ser los primeros en comprometerse. Después hay que motivarlos a repetirlo en sus grupos pequeños y dentro de su círculo de influencia. Usted que trabaja con varios ministros de su iglesia, téngalos a todos consistentemente concentrados en desarrollar una cultura de servicio.

Este no es un proceso de seis meses, es un proceso de muchos años. Hará eco de los valores de su cultura una y otra vez. Aquellos que no estén a bordo al principio, no permitirán que la repetición penetre en ellos y seguirán la nueva cultura o se fastidiarán de escuchar repetidamente sobre el servicio y se irán. A veces eso es lo mejor que puede suceder.

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Celébrala.

He dicho repetidamente que “te conviertes en aquello que celebras.” La Iglesia Internacional de Santidad Pentecostal celebra la plantación de iglesias dándoles a los pastores broches por plantar o promocionar la plantación de iglesias. No es de sorprender que las últimas dos décadas hayan sido las mejores para ellos en mucho tiempo.

Cuando prediqué en la Iglesia Primitiva Bautista Progresista noté  claramente que celebraban los logros educativos de sus miembros, incluyendo a un joven que tenía una larga lista de logros académicos desde la secundaria hasta su maestría.

Las denominaciones y las Iglesias deben afianzar lo positivo al menos tanto como rechazan lo negativo. La gente en la iglesia debe saber que usted está en contra de lo que no es bíblico, y no debe haber lugar a dudas sobre el tipo de cultura eclesial que apoya.

Usted celebra aquello en lo que quiere convertirse.

Si quiere que su iglesia mantenga una cultura de servicio, debe celebrarla en cada oportunidad. Haga labores de reconocimiento para los voluntarios que colaboran con los niños. (¡Quizá sea apropiado darles algunas medallas!) Cree un artículo mensual en su página web para resaltar a algún miembro que sirvió a otros de alguna forma extraordinaria. Anuncie una gran celebración en la iglesia por cada miembro que se involucre en un viaje misionero durante el año. Cualquier idea que se le pueda ocurrir para continuar recordándole a la iglesia cuál es su valor, ¡llévela a cabo!

Nosotros premiamos a algún trabajador voluntario en nuestras noches de adoración. La semana pasada, hice que todos le aplaudieran al equipo que instaló el montaje para el cine. Hemos tenido cenas de reconocimiento para quienes se ofrecen a hacer algunas labores. Y la lista puede continuar.

Aquellos que visiten su iglesia deben irse con una imagen clara de cuál es su valor, a través de lo que ahí se celebra. Los miembros y los asistentes sabrán que el servicio es apreciado, lo cual los motivará a adoptar la cultura de servicio que usted haya inculcado y repetido en todo el Cuerpo.

La Cultura Desayuna Estrategia.

Así es la cosa, la cultura desayuna estrategia todos los días. Eso no lo digo yo, la cita se le atribuye al último gurú de negocios Peter Drucker. La frase nos recuerda que nuestros planes carecen de sentido si el ambiente en nuestra iglesia los debilita. Su estrategia se convierte entonces en un tipo de complemento con el que muy pocos están comprometidos.

En Juan 20:21 Jesús dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Eso nos dice que todos los que son de Dios han sido enviados a una misión. 1 Pedro 4:10 nos recuerda que los hijos de Dios son llamados al ministerio.

Así que no te equivoques, todos los que son de Dios son enviados en misión y todos los hijos de Dios son llamados al ministerio. La única pregunta es ¿Dónde? ¿Entre quiénes? y ¿Haciendo qué? 

Tener una cultura de servicio establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras. (Hebreos 10:24).

Con esa cultura aplicada, la gente no se estará preguntando si deberían servir. Las preguntas serán dónde deben servir, entre quiénes y de qué formas lo harán.

Eso creará una cultura de servicio —parte de un enfoque misional— en su iglesia.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2014/march/moving-to-missional-part-i-3-steps-to-develop-culture-of-se.html

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