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Venid Fieles – Y No Tan Fieles – … ¡Todos!

Por el Rev. Chris Gilmore

Uno de mis villancicos preferidos de navidad inicia con la frase: Venid fieles todos, a Belén marchemos, de gozo triunfantes y llenos de amor.” Imagino a los pastores y los sabios cantando estas palabras y pidiéndoles a otros que se unieran a su visita al recién nacido y largamente esperado Salvador. Es una invitación a reunirse alrededor de Jesús para celebrar su venida. Venid, fieles todos.

Pero, ¿qué pasa con los que no son tan fieles? ¿Ellos también están invitados? ¿Solo los triunfantes de gozo y llenos de amor pueden venir a Jesús?

Si es así, la lista de invitados será notablemente pequeña. Incluso aquellos que están más entusiasmados con Jesús son infieles a veces. Todos fallamos en cumplir nuestros propios estándares, mucho más los de Dios. Todos nos hemos sentido derrotados. Honestamente, muchos de nosotros nos sentimos así con frecuencia.

Cuando leemos los evangelios, encontramos que la invitación es mucho más amplia que solo para los gozosos y triunfantes. Ahí vemos que es el mismo Cristo quien hace la invitación. Jesús revela que Su reino, Su mesa, y Su gracia son para toda la gente. Que vino por todo el mundo, e invita a cualquiera a venir a Él. Jesús encarna un amor que es para la gente, quien quiera que sea y donde quiera que se encuentre.

A veces no comunicamos ese mensaje de buena forma. A veces excluimos a las personas que son descuidadas o que pecan de forma diferente a la que pecamos nosotros.  A veces encontramos difícil hacer espacio para la gente que no es como nosotros. A veces actuamos como que hemos sido fieles, pero no es verdad. A veces pretendemos estar gozosos y triunfantes cuando no lo estamos en lo absoluto. A veces nuestro comportamiento levanta barreras entre Jesús y la gente a la que Él ama.

Pero Jesús es más que eso. Y es Su fiesta, no de nosotros. Y Él dice que estás invitado.

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Así que sí, venid fieles todos, y venid también los no tan fieles.

Venid los que se sienten derrotados, los que se sienten sin esperanza.

Venid todos los que están cansados, los que llevan cargas pesadas.

Venid los que están estresados y en la cuerda floja.

Venid los que se sienten sucios e indignos de amar.

Venid ustedes los afligidos.

Venid hombres sabios con regalos para el rey.

Y venid niños con tambores, sin nada de valor para ofrecer.

Venid leprosos, recolectores de impuestos y prostitutas.

Venid los que se sienten rechazados.

Venid pastores y doctores, hoteleros y meseros.

Venid gente de todas las tribus y toda lengua. Venid jóvenes y viejos.

Venid los que se sienten traicionados. Y los que han cometido la traición.

Venid los que fracasaron este año. Y el año pasado.

Venid ustedes que dudan y los escépticos. Venid con sus preguntas y su intelecto.

Venid los hambrientos y sedientos por algo más.

Venid los que tienen cicatrices.

Venid los que tienen temores.

Venid los que tienen roto el corazón y desechos los sueños.

Venid los que han renunciado. Y los que desearían poder hacerlo.

Venid los refugiados y los Ejecutivos Corporativos.

Venid ustedes que son enemigos. Venid ustedes que son extraños.

Venid ustedes ansiosos y ustedes que se esconden detrás de una máscara.

Venid los que apenas pueden musitar una oración, ustedes que lloran diariamente.

Venid vagabundos y buscadores, legalistas y charlatanes.

Vengo yo, ven tú.

 “Cantad jubilosas, célicas criaturas, resuenen los cielos con vuestra canción”.

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Venid a ver que el Señor es bueno.

Venid a encontrar esperanza, ayuda y sanación.

Venid a encontrar descanso.

Venid a encontrar propósito.

Venid a encontrar sentido de pertenencia, una familia.

Venid por perdón y salvación.

Venid a encontrar la luz.

Venid a encontrar un nuevo comienzo.

Venid a hallar gracia.

Venid a encontrar a Jesús. Él es Cristo el Señor.

Cuando vengas encontrarás que Él es mejor de lo que hemos demostrado, y más maravilloso de lo que merecemos. Él es digno de confianza y es verdadero. Está aquí por nosotros. Está aquí con nosotros.

Y tú, quien quiera que seas y donde quiera que estés, como quiera que te sientas, estás invitado. Ven.

Este artículo fue publicado originalmente: iamchrisgilmore.com

Parte del Regalo

Por Charles W. Christian

Una de mis historias favoritas de Adviento es acerca de una pareja misionera en la costa del este de África. Ellos estaban esperando para regresar a Estados Unidos, su país de origen, después de haber servido por veinte años e impactar dos generaciones de personas en el pueblo donde fueron asignados.

Ellos estaban esperando, temporalmente, en un lugar a muchas millas al interior de la costa, hasta terminar todos sus arreglos para poder regresar a los Estados Unidos para Navidad y su retiro.

Una mañana, durante la época de Adviento, algunos días antes de que salieran, alguien tocó a su puerta. Un joven, hijo de una familia a la que habían conocido durante todo su tiempo en la costa africana, les saludó. Él estaba sosteniendo una pequeña caja que contenía un regalo que, les dijo, decoraría su árbol como un recordatorio del amor de su familia hacia ellos.

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“¿Tu familia viajó contigo?” preguntó el misionero. Él sabía que ellos eran una de las pocas familias en esa pequeña comunidad que tenía un vehículo. “No,” dijo el joven. “Yo caminé. Viajé en vehículos cuando pude, pero la mayor parte del recorrido lo hice caminando. Dejé mi pueblo poco después que ustedes tomaran el tren hacia acá, hace un par de semanas.”

La pareja estaba asombrada. “¡Tú no tenías que caminar todo eso para darnos este regalo!” dijeron. “Aunque apreciamos mucho este adorno, lo hubiéramos atesorado de igual forma si tú lo hubieras enviado.” El joven respondió, “¡El largo recorrido es parte del regalo!”

Mientras realizamos el largo recorrido, a través de Adviento, hacia la celebración del nacimiento de nuestro Salvador, recordamos un viaje más largo todavía: el camino de la encarnación, cuando “La Palabra se volvió carne y sangre, y se mudó a nuestro vecindario” (Juan 1:14, The Message).

Que nuestros corazones sean llenos con expectativa y gratitud, mientras caminamos juntos hacia el Salvador y el nuevo reino que Él trae.

Oración para la semana:

Dios de esperanza y promesa, ven a estar con nosotros durante esta época de Adviento, y acércanos más a ti mientras viajamos juntos hacia el establo y el nacimiento de tu Hijo, nuestro Salvador. Amén. (De John Birch en: Faith and worship)

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

 

Una Misión Insólita

Por Ken Childress

 “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” Juan 20:21

Una lectura rápida de este versículo podría darnos la impresión de que Jesús está diciendo, “El Padre me envió primero; ahora es tu turno.” Pero hay más que solo eso en este versículo. Él también está diciendo, “De la misma manera que el Padre me envío, es como yo les envío a ustedes.” La pregunta crucial es: ¿Cómo Dios envió a Jesús?

Filipenses 2 nos da un conocimiento adecuado de la naturaleza de la misión de Jesús. Él se humilló a Sí mismo, Él tomó la forma de un siervo, y se hizo obediente hasta la muerte (Fil. 2:6-11). Jesús fue de las riquezas celestiales a los harapos terrenales; de la exaltación a la humillación; de la autoridad a la obediencia; del significado al rechazo; de la comodidad a la dificultad; de la seguridad al peligro; de la gloria al sacrificio; de la vida a la muerte. ¡Y Él nos llama a ir al mundo exactamente de la misma forma!

Lee la lista de nuevo. Todas aquellas transiciones humillantes van en contra de lo habitual. Tratamos de tener una posición más alta, no vaciarnos de nosotros mismos. Queremos más significado, más seguridad, más autoridad, más atención, más comodidad. Pero Jesús nos llama a morir a nosotros, a tomar nuestra cruz y seguirle. Él nos envía, así como Él fue enviado.

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¿Tu actitud corresponde a la actitud de Jesús? ¿Tomas tu misión tan en serio como para entrar en las profundidades de este mundo –sin importar que esas profundidades estén en otro país, tu propia ciudad, o incluso tu propia familia– y vivir el evangelio de humildad para que otros vean? La misión de Jesús es redimir este mundo, y Él desea hacer brillar la luz en cada vil y oscura esquina –a través de ti y de mí. Él llama a sus seguidores a ir a prisiones y campos de concentración, a antros de opio y burdeles, a colonias de leprosos y pabellones psiquiátricos. También los llama a ir a clubes nocturnos, salas de conferencias empresariales, salones universitarios, y arenas deportivas. No hay ningún lugar demasiado incómodo, peligroso o difícil. ¿Estás dispuesto? Así como el Padre lo envió a Él, Él nos envía a nuestra comunidad.

 

Porque Esperamos

Por Charles W. Christian

“…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas…” (Isaías 40:31)

La época de Adviento se trata de una espera; no una espera pasiva, pero el tipo de espera que vemos en este pasaje de Isaías es: una espera expectante. Si es que existe un tipo de espera que sea “divertido” ¡es este! Como cristianos, no solamente nos sentamos y esperamos, nerviosos, malas noticias. En lugar de eso, somos personas que esperamos con ansias la mejor noticia de todas: la plenitud de la presencia de Jesucristo.

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Adviento, como todas las épocas centradas en el reposo de Dios, es un recordatorio de que Dios nos ha llamado a esperar para que estemos preparados en lo siguiente que Él está por hacer. En los Evangelios, por ejemplo, Jesús es bautizado y alabado por la voz del Padre, y después es “llevado al desierto” por el Espíritu Santo, para un tiempo de ayuno y reposo enfocado.

Durante este periodo de descanso, Jesús vence la tentación y se prepara para sus próximos pasos. Cuando su viaje por el desierto llega a su fin, Jesús está listo para el siguiente aspecto de su ministerio en conjunto con Dios, avanzando de acuerdo con el Padre y no de acuerdo con el mundo.

Del mismo modo, mientras entramos en la época de espera para el inicio del Calendario Cristiano (Adviento), somos llamados al reposo, la preparación y la esperanza.

¿Podemos comenzar a poner el año pasado detrás nuestro, para entrar en un tiempo dedicado al reposo? ¿Podemos reenfocar nuestros corazones en la plenitud de la época navideña – la plenitud de la presencia de Cristo guiándonos hacia nuevas aventuras? En las palabras del gran teólogo Jurgen Moltmann, los cristianos son “gente de Adviento:” gente que vive sus vidas esperando verdaderamente la guía de Dios y el movimiento hacia el futuro.

Permitamos que el Espíritu Santo cree en nosotros un Adviento, como familias e iglesias. Esto dará la pauta para una época navideña que verdaderamente esté centrada en Cristo. Más que eso, abrirá nuestros corazones a lo que sea que Dios esté preparando para nosotros en los días venideros. Que encontremos reposo, reenfoque y renuevo mientras Adviento nos mueve hacia Navidad.

Oración para la Semana:

Oh Emanuel, Dios con nosotros, realmente en esta época de Adviento celebramos que no estás escondido en una nube remota, pero escogiste estar con nosotros en lo difuminado y misterioso de nuestras vidas.

En medio de listas y prisas, estás con nosotros como una canción que hace eco en nuestras mentes, como la luz de una vela, como la carta de un amigo. Son signos de tu presencia.

Nos dirigimos a ti en esta época y oramos que produzcas en nosotros gozo, sanidad, bendición y esperanza.

Que algo hermoso comience en nosotros – algo sorprendente y santo.

Que tu mano esté sobre nosotros. Que tu amor nos inunde. Que tu gozo nos abrume.

Que nuestro anhelo por ti sea satisfecho en una noche venidera: Emanuel con nosotros, otra vez.

Amén. (Escrito por Rev. Jerry Chism).

Publicado originalmente en: Holiness Today

Familia Verdadera

Por Scott Armstrong

“Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12: 48-50).

Enseñar, predicar, sanar. Mateo hace un buen trabajo documentando el propósito del tiempo de Jesús en la tierra (ver 9:35-38). En Mateo 12, después de viajar mucho, proclamando muchas cosas controversiales y recibiendo amenazas de muerte, Jesús se retira del bullicio de las multitudes (12:15). Al menos es lo que piensa. Muchas personas necesitadas lo siguen y Jesús continúa sanando, echando fuera demonios, y respondiendo a sus críticas. El día se pone caluroso, el maestro se está agotando.

Jesús necesita recargar baterías. ¿Qué mejor manera de hacer eso que pasando un tiempo agradable con la familia? Él probablemente no ha visto a su madre y hermanos en muchos meses. Imagina su gozo, entonces, cuando alguien le dice que su familia está esperando afuera y quieren hablar con él. ¡Ellos lo sorprendieron! Seguramente Él terminaría su sermón, dispersaría a la multitud, y ¡recibiría a su familia con los brazos abiertos!

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Pero eso no es lo que pasa. De hecho, su respuesta parece un poco dura. Parece que Él dice, “¿A quién le importa? Ellos no son mi verdadera familia. Ustedes sí.” Y luego el capítulo 13 dice que ese mismo día Jesús continúa su ministerio como si nada hubiera pasado.

Tenemos que ser cuidadosos aquí. El punto de este pasaje no es que necesitamos abandonar nuestras familias para servir a Dios. La clave se encuentra en la respuesta de Jesús (v. 50). Cualquiera que hace la voluntad de Dios es verdaderamente parte de la familia de Cristo. Hay algo que sustituye la relación sanguínea aquí.

Mi esposa y yo somos misioneros viviendo en República Dominicana. Nuestros padres están en Estados Unidos. Les extrañamos. Valoramos nuestra relación con ellos casi más que cualquier cosa. Digo “casi” porque llegó un punto años atrás, donde nos quedó claro que la voluntad de Dios para nosotros era servirle lejos de casa y familia.

Eso nunca es fácil. ¡Pero no nos arrepentimos! Seguir la voluntad de Dios nos ha acercado más a Dios y de igual manera a nuestra familia, en muchas maneras. ¡No dejes que nadie te diga que seguir la voluntad de Dios y ser parte de la familia de Jesús, no vale la pena o el sacrificio!

Mi Respuesta Sigue Siendo Sí

Mi nombre es Freivy López, soy miembro de la Segunda Iglesia del Nazareno en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Durante 2 años serví como misionero voluntario de Génesis, en la ciudad de San Pedro Sula, Honduras. Ese tiempo me permitió desarrollar muchas capacidades para el servicio de Dios. Pero, lo mejor fue aprender a depender de Dios en todo.

Cada día, Dios me enseñaba a depender de Él, aun en los momentos más difíciles, como el día que tuve por primera vez una pistola apuntándome, recuerdo que después de escuchar tantas noticias horribles, que sucedían día con día, en mi mente solo había una frase “Dios está contigo”; cuando la persona dejó de apuntarme, lloré como nunca lo había hecho, y di gracias a Dios porque me había librado de algo peor.

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No solo hay experiencias malas, conforme pasaban los dias en San Pedro Sula me enamoraba más de cada sonrisa que un niño expresaba en su rostro y de cada experiencia de transformación que el Espíritu Santo hacia en la vida muchas personas.

Puedo describir a estos dos años con las siguientes palabras: “Increíbles y Bendecidos.”

El 13 de enero de 2017 regrese a casa, estaba feliz de ver a mi familia y amigos, pero había una sensación de que algo me faltaba y se hacía cada vez mas grande conforme pasaban los días.

Las personas me preguntaban si volvería a ser misionero, mi respuesta era sí.

En Septiembre de 2017 me mudé a la ciudad de Monclova, Coahuila. Bajo el proyecto “Iniciativa Frontera,” se me hizo el llamado para servir como misionero voluntario en el área de plantación de Iglesias por 10 años.

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Hoy quiero hacerte una invitación: acepta el reto que Dios está poniendo frente a ti, no te preocupes por todo lo demás. Dios hará grandes cosas contigo.

¿Y sabes qué?, cuando estás haciendo eso a lo que Dios te ha llamado, serás una persona feliz, puedo decirte que yo soy feliz haciendo lo que hago.

Lecciones de Una Cuerda Floja y Una Carreta

Por Scott Armstrong

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:20-21).

(Leer Romanos 4:13-25)

He escuchado la historia de un famoso equilibrista que decidió cruzar las Cataratas del Niágara en una cuerda floja que había atado de un extremo al otro. Publicitó el gran evento y miles llegaron a presenciar esta impresionante hazaña. Balanceándose sobre las aguas turbulentas, avanzó pulgada a pulgada mientras la multitud lo observaba con asombro.

Luego de que llegó al otro lado, la multitud lo vitoreó en aprobación. Nunca antes habían visto un despliegue tan maravilloso de coraje y talento. Sin embargo, el acróbata no había terminado. Se cubrió los ojos con una venda y caminó nuevamente de vuelta al otro extremo. Exitosamente, y escuchando el estruendoso aplauso de la multitud, el hombre cruzó las cataratas de nuevo, sólo que esta vez, él llevaba puesta la venda y empujaba una carreta poco a poco en la delgada cuerda. La ovación esta vez fue la más fuerte que él había escuchado.

Ahora, éste equilibrista nunca se había caído en una exhibición pública, así que le gritó a la masa de espectadores, “¿Creen que puedo cruzar esta cuerda floja con los ojos vendados y la carreta una vez más?”

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“¡Sí! ¡Creemos que tú puedes hacerlo!” gritó la audiencia en respuesta.

“Si realmente creen”, replicó el hombre, “entonces, ¿Quién de ustedes se subirá a la carreta?”

Romanos 4:13-25 nos dice que Abraham vivió una vida de fe. Él no sólo hablaba; él caminaba. Él creía contra todos los pronósticos que tendría un hijo a la avanzada edad de 100 años, y así fue. Él creía en el Dios que podía resucitar a los muertos, así que casi sacrificó a su propio hijo antes de que Dios lo rescatara y lo felicitara por su fe. Pero Abraham se mantuvo “plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (v.21).

¿Cuándo fue la última vez que verdaderamente caminaste en fe? Servimos a un Dios que “da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fuesen” (v.17). ¿Confiarás en Él hoy a pesar de las circunstancias en tu vida? Es tiempo de no solo decir que creemos en Él, sino también de subirnos a la carreta y vivirlo.

 

Dando el Perdón por Sentado

Por Scott Armstrong

“¡Vengan, volvámonos al SeñorÉl nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará” (Oseas 6:1).

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(Leer Oseas 5:15 – 6:6)

Este pasaje graba una conversación entre Dios y su pueblo. El Señor empieza en 5:15 esperando que sus hijos rebeldes lo busquen. Israel responde en 6:1-3 en lo que parece genuino arrepentimiento. Y entonces Dios se pone agresivo en 6:4-6. ¿Por qué responde diciendo que los “cortará en pedazos” “matándolos” y “enviando rayos sobre ellos” (v.5) ¿Esto tiene sentido?

Miremos más de cerca. Israel está tomando el perdón como algo seguro. Dios ha sido tan perdonador antes; ¿por qué no lo sería ahora? “Seguro hemos pecado, pero aún así nos sanará” (v.1). “Dos o tres días de buenos sacrificios y él  nos resucitará al tercer día” (v.2).  Dan el perdón por sentado y piensan que realmente pueden pecar durante la noche, pedir perdón, y tan seguro como que el sol saldría la mañana siguiente (v.3), Dios los perdonaría a ellos.

Cuidado aquí. Este tipo de actitud es falsa y Dios lo sabe. Su amor es como el rocío de la madrugada sobre la hierba que desaparece al mediodía (v.4). El punto es claro. El falso arrepentimiento enferma a Dios. Él no perdonará esos corazones.

De hecho, Dios no tiene que perdonar a nadie. Él desea hacerlo; Él quiere hacerlo (Oseas 11:8-9). Pero el pecado es algo serio. Creo que nada enoja tanto a Dios como cuando su propio pueblo peca y luego pide perdón sólo para cubrir sus posiciones. Mi antiguo pastor lo llamaba “seguro contra incendios” –hacer una pequeña oración para asegurarte que aún vas al cielo y no al infierno. No hay un corazón cambiado y ciertamente no hay una vida cambiada. “Dios me perdonará; voy a hacer lo que quiera y obtendré perdón después.”

Lee los versículos otra vez. Luego lee 1 Juan 1:9. Los mensajes no son contradictorios. Si genuinamente confesamos nuestros pecados, Él nos perdonará. Cuenta con eso. Pero la confesión verdadera no incluye pronunciar una oración sin ningún plan de cambiar nuestras acciones.

¿Hay aún pecado en tu vida, y si es así, cómo lo ves? De acuerdo a nuestro Dios, el pecado lo enferma (Apocalipsis 3:16).  Él nos llama a ser santos –una obra que sólo Él puede hacer. Lo que Él necesita de nosotros es un corazón completamente vuelto hacia Él. Examínate a ti mismo. ¿Es hoy el día para un arrepentimiento genuino?

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