Archivo de la categoría: Fe

Evangelización Urbana – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Debemos ser una presencia continua en nuestra ciudad.

Jeremías continúa su profecía y les dice a los israelitas que casen a sus hijos y que se multipliquen. Estamos hablando de un impacto generacional en la ciudad – nuestro evangelismo debe producir transformación y cambio que serán visibles a las generaciones en la ciudad.

Para impactar generaciones a través de métodos evangelísticos, debemos abrazar una postura que desafíe los sistemas sociales de hoy en día. Debemos empezar a conocer a los jóvenes que están siendo invitados por las pandillas en nuestros vecindarios, a los niños que están siendo forzados y utilizados en la trata de personas, a las familias rotas que están buscando sanidad en el alcohol y las drogas. Vamos a tener que ensuciarnos las manos. El evangelismo urbano no es fácil – es desgarrador. Cuando empecemos a ver a las personas que NECESITAN las buenas noticias de Jesús, empezaremos a responder diferente a esos ambientes.

Hace poco hablé con algunos plantadores de iglesias urbanas que se encuentran en un área que está llena de edificios de apartamentos. Me contaron acerca del edificio en el que ellos se sienten más cómodos – el edificio donde la pandilla del vecindario está a cargo de quién entra y quién sale. Al principio, ellos estaban nerviosos cada vez que pensaban en ir a ese edificio. Pero como ahora ellos son conocidos por los vecinos como “buenas personas que están sirviendo a Dios,” la pandilla les protege. Sonrío al pensar en el día cuando escuchemos que los miembros de la pandilla han rendido sus vidas a Cristo, y que ellos empiezan a ver cambios sociales y generacionales en sus vidas.

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Debemos orar por nuestra ciudad.

Quizá la instrucción más evidente que podemos tomar de Jeremías es: procuren la paz de la ciudad y rueguen por ella.

Orar por la ciudad es una de las partes más importantes del evangelismo urbano. Las fuerzas espirituales que están trabajando en la ciudad, están luchando cada día, y cada vez que pisamos su territorio estamos participando en una guerra espiritual. Debemos orar y de verdad anhelar el SHALOM, el bienestar holístico, de nuestra ciudad. Y para orar eficazmente, debemos conocer profundamente nuestra ciudad. Necesitamos conocer sus ritmos, sus heridas, y su gente.

Dios ya está trabajando en la ciudad, y la oración es nuestra conexión con él y con su trabajo. Cuando nos comprometemos con la oración pidiendo paz para la ciudad, Dios empieza a guiar nuestro camino hacia los encuentros diarios que Él quiere que tengamos, y Él sustituye el miedo por el amor. Será entonces cuando, en lo supuestamente mundano y secular, Dios nos use para evangelizar: para traer sus buenas noticias a la gente de nuestra ciudad.

El evangelismo en la ciudad no se trata de la técnica más nueva o más grande (¡ojalá fuera así de fácil!). El evangelismo urbano está basado en crear relaciones interpersonales que sean estratégicas e intencionales. Y, simplemente, eso lleva tiempo. Si estás siendo llamado al evangelismo urbano, estás siendo llamado a una visión de largo plazo. Considera mudarte a un vecindario donde ves que Dios ya está trabajando. Pasa tiempo con personas en sus lugares de trabajo y tiempos de entretenimiento. Conoce a las personas que están involucradas en pecados sistémicos y hazte amigo de ellos. Sobre todo, ora por la paz en tu ciudad. Confía en que tu ciudad está en el corazón de Dios y que Él desea usar tu testimonio y tus interacciones cotidianas para traer paz a tu ciudad.

 

Evangelización Urbana – Parte 1 de 2

Por Scott y Emily Armstrong

La ciudad tiene todo, ¿verdad? Escuelas y universidades, hospitales y consultorios médicos, teatros y centros comerciales – la lista ¡sigue y sigue! Con más oportunidades de empleo y acceso a servicios de salud y educación, es obvio por qué la gente quiere vivir en la ciudad. Las estadísticas globales nos dicen que la Región Mesoamérica ya es URBANA. Más del 80% de nuestra gente vive en una ciudad muy poblada, y muchas de estas personas no pertenecen a la Iglesia.

Tal vez estás pensando que la evangelización en la ciudad no es diferente a la de los suburbios o áreas rurales, pero estarías equivocado. ¿Cómo hacemos discípulos de personas que viven una vida acelerada y no tienen tiempo para Jesús? ¿Cómo creamos relaciones y ganamos la confianza de alguien que trabaja 7 días a la semana? ¿Cómo se ve la esperanza en medio de la drogadicción, las pandillas y la pobreza?

Primero lo primero: Dios tiene un plan para la ciudad. Tú tienes que creer esa verdad si quieres ser un evangelista urbano exitoso. A menudo cuando pensamos en la ciudad, pensamos en los problemas que se encuentran ahí – todo, desde el tráfico, la contaminación atmosférica, los horarios atareados, hasta las pandillas. Sin embargo, debemos empezar a ver la ciudad como Dios la ve: un lugar de influencia, donde la justicia y la paz se pueden obtener. Imaginemos por un minuto la visión revelada a nosotros en Apocalipsis 7:9-10,

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.”

Este pasaje se desarrolla en ¡la CIUDAD de SION! La historia infinita de Dios continúa para siempre EN UNA CIUDAD. ¡Nos reuniremos con cada nación, tribu y lengua, y alabaremos a Dios para siempre! ¿No es interesante cómo nuestras ciudades ya se están convirtiendo en el hogar de tantas culturas al mismo tiempo? ¿Podríamos pensar que tal vez, solo tal vez, Dios ya nos está dando la oportunidad de experimentar un vistazo del cielo en el corazón de nuestras ciudades?

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Jeremías 29:4-7 es otro pasaje que nos habla acerca de Dios y su deseo de usar a su pueblo para impactar la ciudad:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.”

Este pasaje nos ofrece tres principios que debemos tener en mente al evangelizar en la ciudad:

Debemos vivir en nuestra ciudad para amar nuestra ciudad.

Debemos ser una presencia continua en nuestra ciudad.

Debemos orar por nuestra ciudad.

Debemos vivir en nuestra ciudad para amar nuestra ciudad.

Jeremías les dice claramente a los exiliados de Jerusalén (quienes por cierto eran ¡habitantes de una ciudad!) que “edifiquen casas y las habiten…” Él no les dice que disfruten de un breve descanso ahí o que lo vean como un destino turístico temporal. Él les dijo que habitaran ahí.

Recientemente estuve en un taller escuchando a plantadores de iglesias urbanas quienes contaron sus experiencias, y uno de ellos dijo, “Si tú te estás transportando a la ciudad, significa que trabajas ahí, no que te preocupas por el vecindario.” Él se refería a que la ciudad es un ambiente acelerado, de ir y venir, para tanta gente que solo está ahí por 10 horas durante una jornada laboral. ¿Pero las personas que VIVEN en la ciudad? ¡Ellas siempre están ahí! Las decisiones que son tomadas por el gobierno local afectan sus vidas personales, los sistemas educativos moldean a sus hijos, la falta de transporte público ahí afecta su capacidad de empleo.

¿Cómo es que vas a preocuparte por todas las dinámicas de la ciudad si no vives ahí? Muchas veces vemos el evangelismo como una tarea por cumplir, pero este modelo no funcionará en la ciudad. Si solamente estás llegando a la ciudad para evangelizar de vez en cuando, los vecinos empezarán a ver tu evangelismo como TRABAJO y no como amor. Y cada vecindario es diferente: una sola ciudad puede ser el hogar de cientos de comunidades diferentes quienes tienen su propia cultura y oportunidades. Por lo tanto, es muy importante vivir en el lugar donde estás evangelizando, porque son las interacciones cotidianas las que hablan más fuerte.

Puesto que la vida se mueve tan aceleradamente, nuestras relaciones en la ciudad son típicamente construidas alrededor de actividades económicas. A menudo compramos nuestra comida mientras vamos al mismo supermercado, y así llegamos a conocer a los empleados locales. Vamos a un evento deportivo y conocemos a otros compañeros aficionados que tienen intereses similares. Disfrutamos la comunidad de un centro comercial local y entramos en contacto con otros quienes también están disfrutando de entretenimiento gratuito. Cada día, nuestras interacciones con otras personas son numerosas, pero convertirlas en un encuentro intencional es la clave para hacer evangelismo en la ciudad. Un contacto – o incluso una docena de contactos – no necesariamente permiten una relación duradera. Debemos vivir en la ciudad, lo que nos permite vivir la vida con nuestros vecinos, y que abre la puerta para conversaciones espirituales más profundas y para un evangelismo continuo a través de nuestro testimonio cotidiano.

 

*Este artículo continuará en la próxima entrada

Tercera Ola: Corramos la Carrera

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“La Gloria del Cielo” por Giovanni da San Giovanni en la Basílica di Santi Quattro Coronati en Roma

Cientos de jóvenes y líderes juveniles de todo el mundo viajan hoy a la conferencia Tercera Ola que se llevará a cabo en Hyderabad, India. Esta iniciativa es uno de los eventos más importantes que la Iglesia del Nazareno lleva a cabo cada tres a cuatro años con el fin de levantar y equipar a líderes juveniles emergentes. Aunque no participaré este año, tuve el privilegio de viajar a Bangkok, Tailandia y San José, Costa Rica en 2012 y 2015, respectivamente, y esas conferencias de la Tercera Ola tuvieron un impacto en todos los que estuvimos allí.2019 3rd wave

Uno de los momentos más influyentes en Tailandia ocurrió el 8 de enero de 2012, cuando el Superintendente General, el Dr. Eugenio Duarte, dio el mensaje de cierre titulado: “Haciendo discípulos semejantes a Cristo en las naciones”. Con jóvenes que represantaron 56 países diferentes y la Santa Cena servida, el sermón era mucho más que mera teoría: fue un desafío para los asistentes y para todos los jóvenes de todas las naciones a participar en nuestra misión principal.

Para los jóvenes que quieren ver que el mundo cambie en un abrir y cerrar de ojos, el Dr. Duarte nos recordó desde Hebreos 12 que estamos corriendo una carrera, y que esta carrera es un maratón, no un sprint. Aunque hay muchas razones por las cuales las personas corren (para estar saludables, para participar con otros, o para competir y ganar, por ejemplo), nosotros, como cristianos, corremos para cambiar el mundo.

Hebreos 12 también tiene claro que esta es una carrera que requiere ánimo, claridad, perseverancia, habilidades, disciplina y motivación. Muchos de estos son escasos en el mundo que nos rodea. De hecho, a veces podemos sentirnos tan cansados ​​que nuestro objetivo parece inalcanzable. Pero Duarte destacó poderosamente que la victoria vendrá. ¡Ganaremos el mundo! Reconocemos que habrá valles profundos durante esta carrera. Sin embargo, no pasamos por alto las bendiciones que vienen disfrazadas en los valles.

Mientras que corremos en este maratón, surge la pregunta a medida que nuestros cuerpos y espíritus se cansan: ¿cómo podemos correr con perseverancia? Hebreos 12 nos da la receta.cloud of witnesses 1

  1. Recuerda la gran nube de testigos (v.1). Hebreos 11 es el estímulo que necesitamos: es un capítulo lleno de personas reales con dificultades reales para servir realmente con fidelidad. Pero ¿quiénes son las personas que también nos han precedido en nuestras vidas: aquellos mentores y líderes que han invertido en nosotros? ¡No debemos olvidarlos! Dieron lo mejor de ellos. ¡Debemos dar lo mejor de nosotros! Se lo dieron todo. Jesús dio todo (vv.1-2) ¡y también debemos dar todo!
  2. Deshazte del pecado y viaja ligero. Muchos de nosotros pensamos que nuestra necesidad de perdón es algo que ocurre solo una vez. Pero una aplicación en un teléfono inteligente debe actualizarse constantemente. Hay correcciones de errores y nuevas herramientas de software. También somos constantemente sensibles a las provocaciones y los estímulos de Dios. Nunca debemos ser complacientes. No debemos admirar la santidad, sino que debemos VIVIR la santidad. El pecado no se define por la cultura. El pecado es definido por Dios y sus convicciones. Susana Wesley le escribió a su hijo, Juan, en 1725 con esta definición: “Todo lo que nuble tu razón, adormezca tu conciencia, oscurezca tu sentido de Dios, o elimine el sentir de las cosas espirituales, todo lo que incrementa la autoridad de tu cuerpo sobre tu mente, todo ello para ti es pecado”. ¡Debemos actualizar nuestra aplicación constantemente! ¡Debemos deshacernos de todo lo que enreda y dificulta!
  3. Sé disciplinado y posee un enfoque singular. La fe es el tema del capítulo 11. Pero la fe va de la mano con la disciplina. Los mejores maratonistas dicen que nunca pueden faltar un día de entrenamiento. ¿Por qué, entonces, somos tan indiferentes con nuestras disciplinas espirituales y entrenamiento? ¡Debemos fijar nuestros ojos firmemente en Jesús! ¿Cuáles son los objetivos que Él ha establecido para ti? ¡Considérelo, conózcalo, ámelo y sé un verdadero seguidor de Jesucristo! Aun cuando pensamos y admiramos a nuestros mentores y a las grandes personas de fe que han vivido antes, no fijamos nuestros ojos en ellos, sino en JESÚS, el autor y perfeccionador de nuestra fe.

Respondimos al mensaje del Dr. Duarte orando en el altar y compartiendo un momento significativo de la Cena del Señor. Pero creo que todos respondimos después, también, al correr la carrera. Oremos para que esta Tercera Ola en la India ayude a crear corredores de maratones disciplinados y perseverantes quienes empezarán a cambiar la historia una vez más.

Es Hora de Levantar un Ebenezer

Por Carla Sunberg

¿Cuándo fue la última vez que viste un Ebenezer? “¿Un qué?” ​​podrías preguntar. Es una palabra bastante antigua de la que escuchamos bastante poco. Sí, aparece en el Antiguo Testamento en el libro de 1 Samuel. En dos ocasiones se usa la palabra y leemos que Samuel estableció un Ebenezer entre Mizpa y Sen, después de que Dios ayudó a los israelitas y los mantuvo a salvo de los filisteos. Literalmente, ebensignifica “roca,” y ezer significa “ayudador.” Esta es una roca que le recuerda a la gente que Dios es nuestro ayudador. También nos permite saber que el nombre de Ebenezer Scrooge era una contradicción.

Con el tiempo, el pueblo de Dios marcó su viaje con un Ebenezer. Esta roca se convirtió en un continuo recordatorio de que “hasta aquí el Señor nos ha ayudado.” Cada vez que veían la roca, generación tras generación relataban la forma en que Dios había ayudado en una circunstancia en particular.

A lo largo de los años, parece que pudo haber habido más de un Ebenezer. Si Dios había sacado al pueblo de Egipto, cruzando el río Jordán o si había ayudado a derrotar a los filisteos, una roca era colocada como recordatorio de la fidelidad de Dios. Esta roca fue puesta en un lugar visible para que la gente de Dios no la perdiera de vista.

Avancemos rápidamente algunos milenios hasta la época de Juan Wesley, donde la roca física, o Ebenezer, parece haber sido reemplazada por el testimonio. Las primeras sociedades metodistas alentaron a sus miembros a pronunciar regularmente una palabra de testimonio, un recordatorio verbal de que “hasta ahora el Señor nos ha ayudado.” Semanalmente se reunían para un tiempo de rendición de cuentas y para dar testimonio del trabajo de Dios en sus vidas. Hablaban entre sí, y con cualquier otra persona que estuviera dispuesta a escuchar la historia de Dios trabajando en sus vidas. Se dedicaron a una práctica antigua, la de contar historias. Es algo que el pueblo de Dios ha hecho a lo largo de la historia.

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Ya fuera Samuel o Juan Wesley, fueron los líderes quienes ayudaron a la gente a levantar su Ebenezer. Samuel era un siervo sensible que pasaba tiempo en la santa presencia de Dios, por lo tanto, fue capaz de dirigir efectivamente a la gente. Wesley se sometió a la rigurosa responsabilidad de sus propias sociedades metodistas.

Los líderes siempre deben tener su propio testimonio para poder señalar los Ebenezers en el camino. Una cercanía con Cristo es necesaria si queremos dirigir un pueblo de Dios. Ocasionalmente, volverse vulnerable ante nuestra gente y señalar la dependencia de Dios no es algo malo. Un buen líder reconoce que no tiene todas las respuestas, pero él o ella demuestra confianza, glorificando a Dios en el proceso.

Mientras que el antiguo culto de testimonios ya no está de moda, tal vez tengamos que recuperar el valor de Ebenezer. El espacio necesita ser creado para el testimonio, para que individual y colectivamente podamos hacer un recuento de la fidelidad de Dios. No debería haber monumentos para nosotros mismos, sino solo para Dios quien constantemente nos ayuda en este viaje de la vida. Dios nos ha traído hasta aquí, no iremos más allá sin que el Señor nos guíe, por lo tanto, debemos brindar la oportunidad para que nuestra gente eleve su Ebenezer.

Las promesas de Dios no fueron solo para una generación, sino para todos. Todos debemos convertirnos en participantes activos al contar la historia, y nunca debería haber solo un Ebenezer. Las rocas de la ayuda de Dios deben alinearse en el camino de nuestras vidas y el de la iglesia. Para las generaciones venideras, debemos apuntar continuamente a las rocas, hablando de la ayuda de Dios. Los Ebenezers se convierten en nuestra razón de ser para el futuro. Si no podemos señalar un momento en el que Dios fue nuestro ayudador, puede que simplemente muramos. Es hora de levantar un Ebenezer.

Orando por la Ciudad – 40 Días

MAÑANA, 1º de enero de 2018, iniciamos 40 días Orando por la Ciudad, te invitamos a unirte a este movimiento para que Dios traiga un Génesis a nuestras ciudades. 

En el siguiente enlace puedes descargar el calendario completo, ¡compártelo con otros!: 40 Días Orando por la Ciudad.

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Y no te olvides de visitar nuestro sitio web MesoamericaGenesis.org, síguenos en Facebook, Twitter e Instagram, para ver las peticiones diarias de oración. 

¿Cómo Podré Estar Seguro de Esto?

Por Scott Armstrong

Hemos llegado al final del Adviento y ahora oficialmente estamos en la época de Navidad (así es: de acuerdo con el calendario cristiano ¡Navidad acaba de empezar!). ¡Nuestro Salvador ha nacido en Belén! ¡¿Qué gozo más grande que éste?!

Desde principios de diciembre muchos pasajes han demostrado ser significativos en mis tiempos devocionales, predicaciones y reflexiones. Sin embargo, hay una frase peculiar que sigue resonando en mi mente y corazón que al principio parece tener muy poco que ver con Adviento o con la historia de Navidad:

“¿Cómo podré estar seguro de esto?” (Lucas 1:18).

Tal vez un poco de contexto ayude.

Zacarías y Elisabet están más cerca del retiro de lo que les gustaría estar, y ellos se han rendido ante la esperanza de tener un bebé. A pesar de su inigualable integridad (v.6), ellos han permanecido excluidos, los comentarios de sus vecinos y de sus llamados amigos han hecho que incluso se pregunten si hay algo mal con ellos espiritualmente. Ellos han orado, llorado y confiado en el tiempo de Dios y otra vez solo para decepcionarse mes tras mes y año tras año. Servir a Dios todavía es su compromiso inquebrantable, pero solía ser su pasión y gozo.

¿Por qué para nosotros no, Señor? ¿Por qué para los demás sí?

Un sacerdote (esta vez, Zacarías) es elegido para entrar al templo interior y quemar incienso para el Señor. Los adoradores están afuera. Esto sucede cada año.

Excepto que este año el ritual no va según lo planeado. Un ángel aparece y casi le da un infarto al viejo Zacarías. Y su mensaje fue más asombroso que su apariencia: “No temas. Tu oración ha sido escuchada. Tendrás un hijo. Le pondrás por nombre Juan.”

Todos los contemporáneos de Zacarías ya eran abuelos, algunos eran bisabuelos. Ahora, ¡¿se supone que él crea que será papá por primera vez?! Es más de lo que cualquiera de nosotros pudiera haber manejado.

Y ahí es cuando escuchamos su jadeante y titubeante respuesta:

Cómo. Podre. Estar. Seguro. De. Esto.

No había nadie más íntegro en Israel que Zacarías. Nadie más tenía acceso a la misma presencia de Dios como él (este año, literalmente). Y por décadas nadie había tenido más fe que Zacarías. Y aún así la pregunta tartamudeó sobre sus labios en incredulidad. De verdad, es inquietante.

Una cosa es creer que Dios es capaz de hacerlo imposible. Pero otra cosa es creer que Él lo hará.

Y una cosa es creer que Dios hará lo imposible en la vida de alguien más. Pero otra cosa es saber que Él va a intervenir en medio de tu imposibilidad.

“Escucho tu voz, Señor. Entiendo el mensaje. Es solo que, en lo profundo, tengo que ser honesto: ¿cómo puedo estar absolutamente seguro de que tú vas a intervenir?”

La mejor cura para la falta de fe que nos traiciona en momentos como estos a menudo es el silencio. Bien, el geriátrico Zacarías tuvo una dosis grande de eso. Durante el embarazo de su esposa, él podía escribir mensajes, pero no todos podían leer al mismo tiempo. Él se volvió muy bueno en las charadas, pero muchas personas perdieron la paciencia con él o solamente empezaron a reírse de las señales que hacía con sus manos. Así que él acabó teniendo mucho tiempo para solamente escuchar.

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Y en esos nueve meses de silencio forzado, él escuchó la voz de Dios más claramente de lo que la había escuchado antes.

“Elisabet tenía náuseas matutinas. ¿O pensabas que era el pan y los higos que había comido?”

“Su vientre estaba creciendo, Zacarías. Puedo decir que estás empezando a creer después de todo…”

“¿Sientes esa patadita? ¡Jaja! ¡Este bebé de seguro va a cambiar el mundo!”

Hasta que, finalmente…

“¡Zacarías, esto es todo! ¡El bebé está listo! Elisabet está pujando. ¿Puedes estar seguro ahora?”

Escuchar, escuchar, escuchar.

Y en el octavo día después de su nacimiento, cuando se escabulló para escribir en la tabla: SU NOMBRE ES JUAN, su fe había crecido tanto como el gozo que él tenía mientras cargaba a su pequeño niño. Su lengua estaba suelta y no había nada más que hacer que dar rienda suelta a las alabanzas a Dios quien asombrosamente había hecho – y todavía estaba haciendo – lo imposible.

Ahora estaba seguro de esto.

 

 

Navidad Desde la Eternidad

Por Hiram Vega

Los evangelios cuentan el nacimiento del Mesías prometido, situándolo en el contexto del pueblo Israelita, con detalles históricos y presentando largas genealogías para probar que era un legítimo descendiente del rey David. Sin embargo, el libro de Juan recorre la cortina del tiempo y nos cuenta una historia que inicia en la eternidad:

En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de Él, y nada fue creado sin Él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.

Juan comienza su historia estableciendo y afirmando la divinidad de Cristo Jesús.

“En el principio…”  Nos habla de su eternidad.

“…estaba con Dios…” Nos dice que es parte de la Trinidad.

“…la Palabra era Dios.” Confirma que Jesús es Dios.

“Todas las cosas por medio de Él fueron creadas.” Afirma que la creación es obra suya.

¡Qué perspectiva tan emocionante! Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo. Los antiguos adoraban al sol, ya que sin su luz no habría vida en la tierra. No concebían un mundo sin sol, pero Juan presenta a alguien infinitamente más grande que la creación: el Creador del sol, la luna y las estrellas. Él, la Palabra, se había hecho hombre y venía a vivir entre nosotros.

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Ante semejante revelación, cualquiera hubiera asegurado que el mundo estaría expectante por su llegada, agradecido por su presencia entre nosotros. Sin embargo, la realidad fue diferente. Vino al mismo mundo que Él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron.

Los religiosos no lo reconocieron, la mayoría del pueblo no lo identificó. ¿Terminó todo allí? Por supuesto que no.  ¡La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla!

Hubo otros que sí vieron su luz y confiaron en Él. Por eso, a todos los que creyeron en Él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

La historia de salvación no ha terminado, la luz verdadera sigue alumbrando, y hay muchos Portadores de la luz llevándola a lugares de densa oscuridad. Algunos la rechazan, mas otros la aceptan. Las tinieblas no pueden extinguir la luz. Los portadores de luz son hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que en todo lugar y en todo momento proclaman las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

¡Sigamos alumbrando a nuestro mundo con la luz de Cristo!

 

 

Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Para todo, hay una época (cambio, cambio, cambio)

El ser humano es una criatura sujeta a plazos determinados por diseño divino. Naturalmente tendemos a organizar nuestras vidas alrededor de diferentes ritmos que se desarrollan a tiempo. Dependiendo de nuestra vocación, las diferentes épocas traen diferentes expectativas y demandas.

Provengo de una línea de granjeros de un lado de mi familia y pastores del otro lado. He observado que tanto con los pastores como con los granjeros, las épocas cambiantes determinan mucho la manera en cómo vivimos nuestras vidas.

Los contadores tienen que lidiar con la temporada de impuestos. Los políticos y funcionarios públicos tienen ciclos de elección. Los semestres y recesos del año escolar determinan el tiempo para estudiantes y maestros. Y algunas veces nuestra recreación, en lugar de nuestra vocación, determina cuáles épocas importan más: cuando podemos cazar o pescar, qué deportes podemos seguir, si podemos salir en bote, o en motocicleta o en los esquís de nieve.

Creciendo como hijo pastor en la Iglesia del Nazareno, no seguí el calendario cristiano rigurosamente; pero sin falta, observábamos el Adviento. Cada año, en el domingo después de Acción de Gracias entraríamos en un santuario decorado para Navidad: árboles y guirnaldas junto a nacimientos y la corona de Adviento con sus velas, las tradiciones entremezcladas con lo sagrado. Para cada uno de los cuatro domingos que conducen hacia Navidad, encendimos las velas, usualmente acompañado de la lectura de la profecía del Antiguo Testamento, y cantábamos canciones como “¡Oh Ven, oh Ven Emanuel!”

Algunas veces perdíamos un poco la trama, y cantábamos “Allá en el Pesebre” o “Del Oriente Somos” durante Adviento. Es difícil resistir la urgencia de avanzar hacia el clímax del día de Navidad, justo tan difícil como es durante Semana Santa permanecer en la desolación del viernes y el sábado santo cuando sabemos que “¡el domingo viene!”

Pero el Adviento se trata de esperar.

La paciencia y la esperanza son virtudes a menudo descuidadas en nuestros días, pero esto es precisamente lo que el Adviento busca cultivar en nosotros: paciencia, la anticipación expectante de que nuestro Dios es confiable y no hace promesas vacías.

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Mirando hacia al futuro mientras miramos el pasado

Durante Adviento, no solamente anticipamos un evento que ya sucedió—la primera venida de Jesús—sino que también miramos adelante y anticipamos ¡su segunda venida!

Este Adviento, mientras nos preparamos para darle la bienvenida al Dios que viene a nosotros, nos deseo a todos un “Feliz Año Nuevo,” y nos invito a comenzar el viaje a través de la historia de salvación de Dios a través del los ritmos del calendario cristiano. Haciendo esto, nos unimos con un sinnúmero de cristianos a lo largo del tiempo y el espacio, quienes han ordenado sus vidas y su adoración de acuerdo con este patrón, todo para la gloria de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente: Holiness Today

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