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Piedras Vivas

Por Ken Mitchell

La guía de turistas se presentó en la entrada de las Cavernas de Linville e inmediatamente nos advirtió acerca de no tocar ninguna de las piedras dentro del lugar. Ella explicó que esas eran piedras vivas y que el ácido producido por el contacto humano podía hacer que ellas dejaran de crecer.

Era un sábado por la tarde, Janet, nuestros dos nietos y yo estábamos en nuestra excursión anual. Este año habíamos visitado minas de piedras preciosas y ahora estábamos a punto de explorar el interior de la montaña de Linville en Carolina del Norte. Me pareció interesante la advertencia, pero el concepto de piedras vivas no captó por completo mi atención hasta la mañana del siguiente martes cuando leí 1 Pedro 2. Mientras leía los versículos 4 y 5 recordé nuestro viaje del sábado. “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Me di cuenta que, si soy una piedra viva, debo saber lo que una piedra viva es.

El Espíritu Santo me llevó de regreso a la guía de turistas. Ella había indicado que las piedras estaban vivas porque estaban creciendo. Cuando el agua mineral fluye sobre las piedras, deposita sobre ellas minerales adicionales. Estos depósitos adicionales provocan un crecimiento lento. Creo que ella dijo que crecían aproximadamente 1 pulgada cúbica cada 100 años. Por supuesto que es un crecimiento lento, pero es crecimiento. Ella definió las “piedras vivas” como “piedras crecientes.”

También nosotros debemos ser piedras crecientes si queremos encajar en la definición de piedras vivas en 1 Pedro 2:5.

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Las piedras en las Cavernas de Linville son alimentadas por el flujo constante de agua mineral. Yo me pregunté a mí mismo, ¿cómo puedo alimentarme para crecer y ser una piedra viva?

Encontré la respuesta en el versículo 2: “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” Recordé a Elizabeth, nuestra nieta de 7 meses de edad. Cuando ella desea leche, todos a su alrededor lo saben. Ella no se tranquiliza hasta que su hambre es satisfecha. ¿Qué pasaría si solo alimentamos a Elizabeth una vez a la semana los domingos por la mañana? O tres veces a la semana: ¿domingo por la mañana, domingo por la tarde, y miércoles por la tarde? Obviamente esto no funcionaría. Primero, ella no nos dejaría en paz expresando su deseo por tomar leche, y en segundo lugar, ella no crecería.

¿Mi deseo por “la leche espiritual no adulterada” es tan fuerte como el deseo de Elizabeth por leche para su estómago? ¿Mi alma ruega por ser alimentada? Esto es un reto para mí. Elizabeth no se puede alimentar a ella misma ni puede controlar sus horarios de alimentación, pero yo sí puedo. Como un adulto maduro, alimento mi cuerpo físico tres veces al día. ¿Cómo es qué puedo hacer menos por mi vida espiritual? Gracias a Señor por enseñarme cómo ser una “piedra viva.” Espero que otros lean esto y sean desafiados también, “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.”

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

Nuestro Hogar

Por Scott Armstrong

Viajo mucho: alrededor de 80 días cada año, sin incluir nuestra gira misionera, la cual, de todos modos, es un estado de movimiento permanente. Poder visitar tantas culturas y compartir con amigos cristianos de otros países ¡es una enorme bendición! Al mismo tiempo, al finalizar cada viaje, no hay nada como llegar a casa.

Algunas veces me pregunto cómo fue para los israelitas recorrer errantes el desierto esos 40 años. Vemos en Números 14 que esto fue la consecuencia de su desobediencia y falta de fe. Aún así, ¡no me puedo imaginar gastar cuatro décadas de vida sin sentirme en algún momento como en casa!

Moisés fue el líder de esta brigada errante. Y él comienza uno de sus salmos con una profunda declaración de alabanza:

“Señor, a lo largo de todas las generaciones, ¡tú has sido nuestro hogar!” (Sal. 90:1 – NTV)

Es muy probable que haya escrito esas palabras durante sus últimos cuarenta años de vida. Los años sin casa, esperando por la Tierra Prometida que él nunca iba a disfrutar. Entonces ¿cómo es que él puede testificar que tiene un “hogar”?

Un hogar no es solo una casa. Un sinónimo de hogar podría ser “morada.” Casi todas las versiones en español traducen esta palabra hebrea como “refugio”, y Dios es ciertamente eso. Pero que Dios sea el hogar de Moisés, significa que él se siente seguro no solo con Yahvé, sino en Él. Es una declaración de que él no solo recibe descanso de parte de Yahvé, pero descansa en Él.

A salvo. Descansa. En Dios.

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En la tradición cristiana en la que crecí, hablamos mucho más sobre Dios, a través de Cristo, viviendo en nosotros (¿Cómo podrías ser un verdadero creyente si nunca le has “pedido a Jesús entrar a tu corazón”?). Mientras que Cristo viviendo en nosotros es un concepto bíblico (Rom. 8:9-11, Ef. 2:22, Col. 1:27, etc.), frecuentemente descuidamos la realidad que también es mencionada varias veces en la Escritura: nosotros en Él.

En Colosenses 3:3, nuestras vidas se describen como “escondidas con Cristo en Dios.” Dios es ese lugar secreto, ese lugar seguro donde nos acurrucamos con Jesús. Cuando Pablo se dirigió a los atenienses, él explicó que Dios no está lejos de ninguno de nosotros, “puesto que en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28). Dios es un hogar para su pueblo, y es un lugar espacioso donde podemos relajarnos y movernos con libertad.

Dios no nos invita a ser sus huéspedes. No somos invitados a vivir como siervos en su palacio. No. La invitación es a hacer nuestra morada en Él.

Mientras viajamos podemos ser los recipientes de cantidades copiosas y no merecidas de hospitalidad. Pero el único lugar en el que nos sentiremos verdaderamente como nosotros mismos es estando en casa.  

 Y la casa no es tanto un lugar como lo es una persona.

Abba.

Del pasado al presente, hombres y mujeres han quitado sus zapatos, se han recostado, y han colocado sus pies descalzos en la sala llamada Yahvé. Y ahora mi oración es que las generaciones venideras, mis hijos, nietos y bisnietos sepan que ellos pueden jugar, reír, llorar, cantar, acostarse, amar, comer, y relajarse en Él. Quiero que ellos, también, moren en su Señor y encuentren su verdadero hogar en Él.

“Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
Agustín de Hipona

 

Ministrando a los Pobres y con los Pobres

Por David A. Busic

El énfasis del ministerio de Juan Wesley hacia los pobres está bien documentado. Sin embargo, es importante recalcar que Wesley creía que trabajar con y entre los pobres no es meramente un acto de compasión; es un aspecto necesario de la formación de cada cristiano. De este modo, Wesley sostenía que vivir con el pobre es una obra de misericordia y una obra de piedad.

Wesley creía que el evangelio eran buenas noticias para los pobres. Él convirtió la práctica de visitar a los pobres en una disciplina espiritual, y animó— en realidad, les insistió—a los metodistas para que hicieran lo mismo. Incluso ya como un hombre anciano, Wesley arriesgó su propia salud y bienestar en el frío invierno, caminando con dificultad sobre la nieve profunda, para mendigar públicamente por fondos para los necesitados. Teodoro Jennings sugiere “Cada aspecto del metodismo estaba sujeto al criterio, ¿de qué manera esto beneficiará a los pobres?” Sin embargo, como Jennings señala, era más que una preocupación por la comodidad de los pobres lo que motivaba a Wesley; era vitalmente importante para él porque no veía otra manera de entender o identificarse con los pobres sino estando entre ellos. Por esa razón, Wesley creía que era mucho mejor “llevar la ayuda al pobre, en lugar de enviarla,” por el impacto espiritual que resultaba en la vida de quien llevaba esa ayuda.

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Así, el entendimiento de Wesley sobre el ministerio hacia y con los pobres marginados, enfermos y presos, era más que compasión; como un medio de gracia para los cristianos, es indispensable para la espiritualidad wesleyana. Estos actos de misercordia se vuelven maneras por medio de las cuales Dios obra para establecer el carácter de santidad en el pueblo de Dios y para dar crecimiento en la gracia hacia la recuperación de la imagen divina.

El énfasis en los pobres como un medio de gracia comienza a menguar después de la muerte de Wesley y mientras maduró el metodismo americano. Los metodistas ya no eran los nuevos o una secta excluida. Los metodistas se habían vuelto exitosos en los negocios, finanzas, política, educación, etc. Los edificios de la iglesia metodista empezaron a cambiar para acomodar la afluencia recién adquirida. Órganos tubulares y vitrales fueron instalados en los santuarios metodistas, seguidos rápidamente por la práctica de bancos de iglesia como una manera de levantar fondos de la congregación para pagar por sus elaboradas instalaciones, lo que posteriormente segregó a los miembros metodistas más prestigiosos de otros miembros. Incluso la doctrina de la entera santificación empezó a disminuir para dar lugar a preocupaciones éticas más progresistas.

El cambio en la atmósfera fue notable. Metodistas prominentes empezaron a hablar en contra de la injusticia. En un esfuerzo para no perder su conexión vital con los pobres, líderes francos como Phineas Bresee empezaron a llamar a recuperar la visión original hacia los pobres. Bresee dejó una distinguida carrera eclesiástica para regresar a su pasión de ministrar a los pobres y con los pobres. Los edificios de las iglesias nazarenas y la vestimenta formal fueron intencionalmente menos pretenciosos y más simples para que los pobres se sintieran bienvenidos y cómodos. La pasión de Bresee por el pobre se podía sentir fuertemente, él escribió a los primeros nazarenos, “La evidencia de la presencia de Jesús en nuestro medio es que llevamos el evangelio, particularmente a los pobres.”

Los actos de compasión para servir al pobre y oprimido son una parte importante de abrazar el ministerio encarnacional de Cristo y engrandecer el reino de Dios. Además, lo que Dios hará en esas interacciones es un medio de gracia para cada creyente. El discipulado en la eclesiología wesleyana de santidad depende de la búsqueda de la semejanza de Cristo y de ministrar a los marginados y con los marginados.  

Grandes Líderes Piensan en Pequeño

Por Gustavo Crocker

En una conocida historia, alguien pregunta a D.L. Moody cómo había estado la reunión evangelística nocturna. Su célebre respuesta fue, “Tuvimos dos conversiones y media.” El entrevistador respondió, “¿Te refieres a dos adultos y un niño?” “No,” replicó Moody, “dos niños y un adulto. El adulto solo tiene la mitad de su vida para seguir a Cristo. Los niños tienen sus vidas enteras para seguirlo.”

Este intercambio me recuerda a la inclinación de pensar en los niños como “quienes aún no son participantes del reino de Dios.” ¡Esto no puede estar más alejado de la verdad! Los grandes líderes piensan en los niños como protagonistas del reino de Dios y del plan de Dios para la reconciliación. Ellos los ven como personas cruciales para su misión.

Jesús utilizó niños para ilustrar algunas de las verdades más grandes sobre el reino de Dios. Jesús les recordó a los discípulos que no solamente los niños son un modelo de fe para entrar al Reino, pero que se nos requiere examinarnos a nosotros mismos en cómo recibimos a los niños en nuestro medio.

¿Qué significa poner a los niños en el medio?

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Mateo registra la discusión de los discípulos sobre la grandeza en el reino de los cielos. Antes de que Jesús respondiera, Él describió una vívida metáfora de liderazgo: Él puso un niño en el medio. Poner a los niños en el medio significa que no podemos pensar en los niños como personajes secundarios. La verdadera conversación de liderazgo debe comenzar con la perspectiva de que los niños importan y están en el centro del plan de Dios para la redención.

Los niños son un modelo de fe. La respuesta audaz de Jesús a sus discípulos resalta el poder dañino de “crecer” (Mateo 18). “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.” La fe como la de un niño es absolutamente necesaria para disfrutar la plenitud de las riquezas de su reino. La fe de un niño es pura, es genuina, sin prejuicios. Mientras los niños crecen, su fe, ya contaminada por la tendencia de Adán al pecado, es deteriorada por las sociedades agnósticas, materialistas, egocéntricas que los moldean y educan. Mientras nuestra fe se vuelve más compleja, empezamos a cuestionar incluso las verdades más evidentes. Para disfrutar la rica y pura bendición del reino de Dios, debemos volvernos como niños.

Los niños son el campo misionero más listo y dispuesto. Alrededor del mundo, en cualquier país o cultura, más de 3 cuartos (75%) de los adultos que están llenando nuestras iglesias recibieron a Cristo entre las edades de 4 y 18 años. Los misiólogos han definido a este grupo de edad como la ventana 4/14, el grupo de personas que está más listo y es menos alcanzado.

Desafortunadamente, pensamos en ellos como “una manera de atraer a sus padres,” “una fuga de nuestros presupuestos y programas,” “una distracción para nuestros servicios solemnes,” o incluso como “entidades no productivas quienes no votan ni ofrendan.” Los discípulos estaban en el mismo barco. Mateo 19 narra otro evento de Jesús y los niños. Mientras las personas traían sus niños a Jesús para que orara por ellos y los bendijera, los discípulos reprendieron a sus padres. La respuesta de Jesús fue empática: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.” No seas obstáculo para los niños. Tú fuiste uno de ellos.

A través de la historia de la iglesia, los téologos y profesionales han discutido la “veracidad de la fe de un niño.” Los líderes bienintencionados, contagiados por el insecto del “crecimiento,” cuestionan la validez de la conversión de un niño. D.L. Moody responde a ellos: “Es una obra maestra del diablo hacernos creer que los niños no pueden entender la religión. ¿Cristo hubiera hecho de un niño el estándar de fe si hubiera sabido que no era capaz de entender sus palabras?”

Los niños son el campo misionero más productivo. ¡Coséchalo!

Los niños pueden ser agentes de la misión de Dios. No podemos dejar de ministrar solo a los niños y jóvenes. Los grandes líderes invirten en la niñez y la juventud como agentes de la misión transformadora de Dios. Los niños y jóvenes son capaces de compartir el amor de Cristo a sus familiares, amigos, redes sociales, y de guiar a otros a unirse a su fe.

La Escritura está llena de historias de niños y jóvenes utilizados por Dios para cumplir su misión:

…un jovencito objeto de tráfico, José, trajo esperanza a su pueblo…

…un pastorcito de ovejas, David, derrotó a un gigante y se convirtió en rey de Israel…

…un joven ministro, Samuel, guió al pueblo de Dios mientras servía en tiempos de sequedad y desesperación…

…un niñito anónimo pero bien preparado, proveyó recursos para la alimentación milagrosa de Jesús a cinco mil personas…

…y Jesús mismo, siendo todavía era un niño pequeño, declaró su compromiso con los negocios de su Padre…

Fue dicho por el profeta Isaías: “y un niño pequeño los guiará” (Isaías 11:6).

Los grandes líderes expresan su grandeza pensando en pequeño. Debemos enfocarnos en los niños de nuestro medio.

Testimonio de la Dra. Natalia Nikolova

Hace cuatro meses recibí la noticia sobre el fallecimiento de una amiga y colega en el ministerio.  He estado pensando mucho en su legado desde ese día.  El Seminario Nazareno de las Américas en Costa Rica produjo un tributo lindo a ella que se puede encontrar en su sitio web.

Dra. Natalia Nikolova nació en Rusia y fue adoctrinada en el comunismo y ateísmo.  Pero Dios tenía otro plan para su vida.  Tuve el privilegio de conocerla en Costa Rica, y después viajamos de corto plazo a Ucrania en abril de 2006 en un viaje misionero con Ardeo Global. Después de conocerla más en esas dos semanas, pedí que escribiera su testimonio. Aquí, en sus propias palabras escritas algunas semanas después del viaje, está la historia asombrosa de la fidelidad de Dios.

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Yo nací en Ucrania en 1973 en Ciudad de Bolgrad en la región de Odessa. Mi padre fue un líder comunista, y nosotros vivíamos bien económicamente. Desde preescolar yo fui enseñada en la doctrina comunista. Se nos inculcó que el mejor niño del mundo fue Lenin, y que todos los niños de la Unión Soviética debían ser como él. Él era muy obediente con sus padres, no decía malas palabras, era muy educado. Por eso todos los niños queríamos ser como él. La profesora del preescolar escogía a los niños que tuvieran la capacidad de retener los versos y poderlos recitar de memoria. Claro, la mayoría de los versos eran sobre Lenin. Muchos años después del preescolar, en mi memoría todavía sonaban aquellos versos que la profesora me ponía a recitar en la reunión de padres y maestros en preescolar.

También en la escuela pasamos leyendo mucho sobre Lenin, su infancia, sobre el contexto histórico de su tiempo, sobre su heroísmo, su carácter revolucionario, y que a él es al que debemos que nuestro país sea el mejor país del mundo: libre, donde no existen ni ricos ni pobres, donde cada persona puede llegar a ser lo que quiera ser. Esa imagen se les proyectaba a todos los niños y jóvenes, y todos sabíamos que él era una persona perfecta. Este era Lenin. Resultó que él era no solamente el mejor niño del mundo, sino también el mejor joven y el mejor hombre del mundo. Yo quería ser como él. En mí había un deseo genuino de ser una buena persona. Y se me enseñó que la única forma de llegar a ser muy buena persona era ser como Lenin. Por eso yo pasé las diferentes etapas del discipulado comunista: octyabryata, pioneros y komsolmolsyu. Aun había llegado a ser líder de los jovenes comunistas.

En mi familia a Dios se le veía como algo basado en la superstición. En mi conciencia luchaba con lo que había dicho Marks y Engels: que la religión era el opio para el pueblo, que estaba diseñado para tener al pueblo dominado, y que era para los débiles.

Cuando tenía 16 años en 1989, yo terminé el colegio e ingresé a la Universidad Estatal de Medicina de Odessa. En 1993 me casé con un estudiante de medicina quien era de Costa Rica. Él estaba estudiando medicina en Ucrania con una beca de su país. Fue algo raro, yo fui educada en el espíritu comunista y siendo novios le dije que amaba mucho a mi país y no estaba dispuesta a abandonarlo. Él insistía en casarnos, y después de 9 meses de su insistencia, creo que por compasión, yo cedí a su presión. Desde muy pequeña soñaba con tener un bonito hogar, donde mi futuro esposo y yo nos amáramos y criáramos a nuestros hijos en un ambiente de amor. Y por eso, si al fin y al cabo, para cumplir mi sueño, tendría que viajar tan lejos, estaba dispuesta a hacerlo.

Ese mismo año nació mi hija Linda. En 1995 yo terminé la Universidad de Medicina y viajé con mi hija a Costa Rica, donde hacía un año me esperaba mi esposo. Él tuvo que irse un año antes, porque al terminar, tenía que salir del país inmediatamente para no perder el pasaje que les daba Ucrania. Y como él era de una familia pobre, no podía darse lujo de perderlo.

Al llegar a Costa Rica y al pasar el primer mes yo quería regresar a mi país, porque toda aquella persona amorosa y atenta que era mi exesposo, se convirtió en alguien muy orgulloso y repugnante. Él no estaba preparado para recibir grandes cantidades de dinero ni ser alguien importante en la sociedad, cuando antes era alguien insignificante y pobre. Yo quería que él cambiara y que fuera como antes, yo le reclamaba esta frialdad y la falta de cariño, pero él simplemente me culpaba a mí y a mi carácter y decía que yo no le hacía caso.

Mi familia en Ucrania estaban muy en contra de mi matrimonio y de que yo me hubiera mudado a otro país. Me advertieron el riesgo de fracaso, pero mi exesposo me prometía el cielo y la tierra, que siempre me iba a ser fiel y me amaría toda la vida. Le creí a él y no a mis padres y me arriesgué a viajar tan lejos para formar un hogar feliz.

Así que la idea de regresar a mi país parecía muy vergonzosa para mí. Por eso traté de luchar por mi hogar. Sin embargo, la situación empeoraba cada día. Llegó a tal grado que estando embarazada de mi segundo hijo, Leonardo, decidí irme de la casa. Le escribí una carta de que ya no aguantaba ese infierno y que le daba una semana para que pensara. A la semana él me prometió que iba a cambiar, y entonces volví a casa. Pero debido a todo este sufrimiento que pasé viviendo en mi hogar, que de ninguna forma resultó feliz como me lo imaginaba en Ucrania al casarme, inicié con contracciones, y tenía apenas 7 meses de embarazo. Era 1997. Debido al riesgo elevado de mortalidad infantil en los niños prematuros, de la ciudad donde vivíamos, me trasladaron a la capital de Costa Rica, a uno de los hospitales centrales. Para evitar la hipoxia neonatal, allí me hicieron la cesárea.

Recuerdo muy bien cuando me levanté después de la cesárea para ir a ver a mi hijo. Era un cuadro muy conmovedor para mí. Mi pequeño hijo, solo de 1725 gramos,   estaba conectado a la máquina de ventilación asistida, tenía varios cateteres venosos con varias soluciones, estaba conectado al monitor y estaba en área de los niños más críticos.

Me solté en un inconsolable llanto. No podía aguantar el dolor que había inundado todo mi ser. Me sentía impotente, sin poder ayudarle en algo. Mi hijo estaba grave, y aunque yo soy médico, yo entendía que nada podía hacer por él. Cada madre quiere que su hijo viva. Yo también quería que mi hijo viviera. Pero al entender la gravedad del asunto, me sentí aplastada por el dolor y por la impotencia personal.

Todos los días en la mañana yo llegaba al hospital y pasaba con mi hijo hasta las 10 de la noche. Y cada noche al llegar a la casa de unos amigos en San José, la capital de Costa Rica, me ponía a llorar, para luego levantarme en la mañana para ir al hospital. Siempre llegaba corriendo hacia la incubadora de mi hijo, tenía pavor de encontrarla vacía y que me dijeran que falleció.

Una mañana que llegué al hospital, el neonatólogo me dijo que mi hijo aspiró 5 mililitros de sangre en sus pulmones. Fue la peor noche para mí, sabía que estos niños podían morir de una hemorragia pulmonar masiva. Al llegar a la casa de mis amigos, les conté que mi hijo estaba más grave. El amigo me dijo que me preparara porque el niño ya no iba a sobrevivir. Pero su esposa, que era cristiana, me dijo: “Pídale a Dios.”

Yo no sabía cómo pedirle a Dios, ella tampoco me explicó, por eso mi primera oración fue muy primitiva, pero sincera: “Dios, ayúdale a mi hijo. No lo dejes morir.” Yo no entendía lo que Cristo hizo por nosotros. Así que decir que le tuve mucha fe a este Dios, es falso. Más bien, en uno de los momentos dije: “Si Dios no salvó a su propio hijo y lo dejó morir en la cruz, cómo va a salvar al mío.”

Mi hijo pasó 22 días en la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatalogía. Había riesgo de que quedara muerto o ciego o sordo o paralítico. Pero mi hijo sobrevivió. Y yo lo acompañé todos estos días. Fui testigo del poder de Dios. A los 2 meses era un niño hermoso y gordito, y nadie que lo hubiera visto podía imaginar lo difícil que había sido para él sobrevivir.

Ver que mi hijo no solo sobrevivió, sino que también ahora era un niño sano, me dejó muy sorprendida. Entendí que algo extraordinario había pasado. No sabía cómo pasó todo eso, solo podía comprender que estaba viendo un milagro de Dios. Mi mente ateísta había sufrido un giro de 180°. Quedé tan profundamente agradecida con este Dios que salvó a mi hijo, que quería encontrarlo para decirle: “Gracias por lo que hiciste.”

Mi vida empezó a cambiar. Me fui apartando de algunos pecados: malas palabras, malos pensamientos.

Mi relación con mi exesposo había cambiado. Los dos nos sentíamos culpables de que el niño, debido a nuestras discusiones, nació antes de tiempo y todo lo que tuvo que sufrir. Pero el cambio no duró mucho. Pronto otra vez discutíamos como antes.

En septiembre de 1998 unos amigos nos regalaron una Biblia. Al ver que la situación en mi hogar estaba ya casi insalvable, empecé a buscar en la Biblia cómo salvar el matrimonio. Me dije a mí misma: “Este Dios una vez salvó a mi hijo, tal vez Él pueda hacer lo mismo con mi matrimonio.” Como no conocía la Biblia, busqué atrás del libro, en la concordancia, los versículos que dijeran “esposo”, “esposa”, etc. De esta forma fue que encontré el versículo 5:23 de Efesios y leí que Dios decía que el esposo debe ser la cabeza de la esposa. Descontenta y enojada cerré la Biblia. “No puede ser,” me dije a mí misma. “No ha nacido todavía el que me va a mandar,” no podía creer que esto fuera la voluntad de Dios, cuando en el comunismo se nos enseñó la igualdad del hombre y la mujer. No podía aceptar que tenía que tener al esposo como mi cabeza.

No volví a tocar la Biblia por más de 3 meses. Aunque me sentía muy agradecida con Dios y en mí había un profundo deseo de buscarlo, pero no estaba de acuerdo con este versículo. Muchas veces durante este tiempo volvía a pensar “¿Por qué Dios invertaría algo así?” Pero la situación de mi hogar siguió empeorando. Y lo que más me dolía no era el perder a mi esposo, la idea de volver a casarme no me asustaba. Pero me dolía que mis hijos no iban a vivir con su padre. Yo entendía que yo podía elegir a otro esposo para mí, pero mis hijos no podían elegir a otro papá. Así que al cabo de estos 3 meses sentí el deseo de volver a buscar el versículo que me causó tanto desacuerdo. Y empecé a convencerme a mí misma: “¿De qué me vale querer mandar? Si cuando él hace lo que yo diga, y sale bien, él dice que de él fue la idea. Y cuando sale mal, me culpa a mí.” Así que decidí obedecer a Dios, y le dije a mi esposo que a partir de ese día él era el que iba a mandar. Claro, él quedó muy impresionado. Pero para mí era el fin de una dura prueba. Si la prueba con mi hijo fue muy dura, esta no lo fue menos para mí. Se estaba quebrantando mi voluntad para someterla a Dios. Muchas veces sentía dentro de mí como un volcán que no estaba de acuerdo con Dios, pero recordaba lo que Él había hecho por mi hijo, y con mucho costo me sometía a Él. Por muchos años fui una persona muy dominante, por eso no fue fácil permitirle a Dios que Él me dominara a mí.

La prueba con mi hijo trató con mi parte afectiva, la prueba de someterle a mi esposo trató con mi voluntad.

De vez en cuando ganaba Dios y de vez en cuando ganaba yo. Hasta que finalmente me cansé de luchar con Dios, me cansé de la vida de pecado, y le dije a Dios: “Dios, quiero hacer Tu voluntad.” Fue abril de 2000. Esta fue mi conversión. A partir de allí mi vida empezó a cambiar más rápidamente. Todavía no entendía cuál era el plan de Dios a través de su Hijo. Pero Dios tuvo mucha misericordia de mí a pesar de mi gran ignorancia.

En este tiempo fue que entendí que los líderes comunistas habían quitado al Dios verdadero y en su lugar habían puesto a los ídolos del comunismo. Si antes yo quería hacer desaparecer a cualquier persona que hablara mal del comunismo porque me sentía parte de ello, ahora comprendí que fui víctima del comunismo. ¡Fuimos engañados! Me sentí traicionada. Mi corazón se inundó de mucho dolor por mi pueblo. ¡Mi pobre gente, cómo pudimos aguantar tanta mentira y tanto engaño! Solo en 1991 habían 250 millones de habitantes en la Unión Soviética. ¡Cuánta gente se fue al infierno durante eso 74 años de idolatría! No lo podía creer, que todo en lo que creía sinceramente, fue una gran falsedad.

Debido a esta desilusión, tuve gran temor de ser otra vez engañada por alguna secta. Quería congregarme en alguna iglesia, pero quise saber algo de Biblia antes de elegir una iglesia. Por eso cuando supe de que la Iglesia del Nazareno de Ciudad Quesada, donde yo vivía, iba a dar un curso de Antiguo Testamento I, me interesé mucho y me inscribí para recibirlo. Era septiembre de 2002. Después del curso de Antiguo Testamento I, me invitaron al curso del Antiguo Testamento II que iban a dar al mes siguiente.

Cuando llegué a recibirlo, nos explicaron que era un programa de 30 cursos de 3 años, 10 cursos por año. Me gustó la doctrina de la Iglesia del Nazareno. Oré a Dios y de esta forma tomé la decisión de congregarme. Solo que el primer día mi esposo me siguió. Y cuando llegué a casa, me hizo un escándalo de cómo yo siendo médico podía ir donde los cristianos y que si yo volvía allá iba a matar al pastor y a poner una bomba en la iglesia. Toda su familia era católica. Pero él era más ateo que creyente.

Duré varios meses desanimada, pensando que antes de que él se convertiera, no podría congregarme. Veía a otros hermanos que pudiendo ir a la iglesia no iban, y yo que quería ir, no lo podía hacer para no crear problemas en mi hogar, no sentía que era el tiempo de Dios. No tenía fe de que me iba a congregar en poco tiempo. Pero Dios me tenía una sorpresa, Él siempre me sorprende. Recibí una palabra de parte de Él que pronto iba a empezar a congregarme. Sentí esta palabra que de verdad era de Dios. Era aquella seguridad que llegaba a mi corazón. Entonces empecé a orar a Dios que preparara a mi esposo para la noticia que le iba a dar.

Y Dios respaldó su palabra. El día cuando le hablé, le dije: “Yo no sabía, pero, resulta que desde hace tiempo yo me convertí. Dios está en primer lugar para mí, y tú en el segundo. Así que voy a ir a la iglesia. Tú puedes ir a matar al pastor, puedes ir a poner una bomba en la iglesia, pero no vas a matar la fe que yo tengo.” Mi esposo había quedado perplejo. Llegó a reaccionar como a los 15 días. Terminó alegando porqué yo iba a la iglesia. Pero ya era demasiado tarde. Ya yo iba cada domingo a la iglesia y no iba a soltar la posición que Dios había entregado en mis manos. Para mí era ver lo imposible, porque nunca me imaginé yendo a la iglesia, cuando mi exesposo estaba radicalmente en contra de la iglesia evangélica. Aunque él nunca iba a ninguna iglesia, si yo hubiera ido a la iglesia católica, no hubiera sido tanto problema para él. Pero la iglesia evangélica era la iglesia que él detestaba. Era un milagro para mí. Dios hacía posible algo antes inadmisible.

Por muchos años viví un cristianismo clandestino: de leer la Biblia o escuchar canciones evangélicas o de ver canal cristiano solo y únicamente cuando mi esposo no estaba. Sufrí muchas agresiones verbales de que no tenía nada en mi cabeza ya que me había vuelto una fanática religiosa. Nunca imaginé que fuera posible servirle a Dios, siendo mi esposo una persona inconversa. Aunque él vio un gran cambio en mí, y aun lo admitía, nunca llegó a aceptar mi fe. Dios me había cambiado, pero mi hogar seguía mal. Mi exesposo siempre me culpaba. Y por muchos años llegué a aceptar la culpa. Le dije a Dios que estaba dispuesta al dolor y trato duro conmigo de parte de Él, con fin de que Él me cambiara. Ya no quería ser igual. Y de verdad Dios había cumplido mi petición.

Todavía mi exesposo seguía en su alcoholismo y rebelión contra Dios. Yo ya no aguantaba más este sufrimiento. Le dije a Dios que lo cambiara o lo quitara, porque ya había llegado al borde de mi aguante. Sin embargo, Dios me permitió aguantar un año más. Ya yo estaba en un callejón sin salida. Quería un esposo amoroso, pero tenía un esposo agresor, tanto conmigo como con nuestros hijos. Además, entendía que no podía tener un ministerio serio para el Señor, mientras mi hogar me robaba ánimos y fuerzas. Pasé por una depresión bastante seria, que enmascarababa en mi trabajo, para poder sobrevivir y no encerrarme en mi casa. El Señor fue mi único refugio. Finalmente, hace año y medio Él me guío a una decisión crucial. Después de muchas oraciones, le dije a mi exesposo: “Ya no aguanto una gota más de tu licor. Te doy 15 días de tiempo. Piénsalo y escoge entre el licor o la familia. No te presiono. Toma tu tiempo.” A los 8 días mi exesposo delante de nuestros hijos, tiró el anillo de matrimonio y dijo: “Yo me voy de la casa. Voy a seguir tomando. Nadie me manda.” Sentí que Dios mismo me estaba liberando de esta persona monstruosa. Más tarde Dios me reveló que mi exesposo deseaba poseerme como si fuera mi dueño, anulando toda mi decisión personal. En todo él quería decidir por mí. El Señor de verdad llegó a ser mi Libertador de esa posesión.

A los 5 meses de estar separada me di cuenta de la verdadera causa del porqué nunca funcionaron las cosas en mi hogar. Todos los años desde que llegué a Costa Rica, y posiblemente antes, mi exesposo me fue infiel con varias mujeres. Como médico me ha tocado a atender a muchos pacientes que han vivido en infidelidad. Ellos testifican de que es una vida de infierno, es vivir una doble vida, llegan a un punto donde ni ellos mismos saben a quien aman. Es una vida infeliz. Esto fue lo que viví con mi exesposo.

Creo que fue la prueba más dura de mi vida. Antes de casarnos habíamos hablado del tema. Aún durante el matrimonio también. Mi posición siempre fue que si él algún día deseaba buscar a otra mujer, nada más me avisara, y allí terminaba todo. Que yo no iba a hacerle escándalo, ni le iba a estorbar en su vida. Cada uno se iría por su lado. Lo único que yo le pedía es que fuera honesto y nunca me engañara. Él juraba que siempre me era fiel y que me amaba demasiado. Así que aunque a veces tenía mis dudas, al no haber nada de pruebas, seguía creyendo sus mentiras.

Cuando me di cuenta, mi corazón realmente se quebrantó. Pasé un mes de agonía, de un dolor insoportable. Pude comprender a aquellos que terminan su vida suicidándose debido a una traición de estas. En mi vida sufrí 2 terribles traiciones: con  el comunismo durante 27 años, y con la infidelidad de mi exesposo durante más de 10 años. Pero el  Señor fue fiel en levantarme de esta prueba tan dura. Así que otra vez puedo testificar de su poder, de que Él levanta a aquel que tiene el corazón hecho pedazos. En Él encontré esta verdad genuina, santidad y mucho amor tierno y eterno. Él es mi Rey. Es la razón de mi vida, es el sentido de mi caminar. Gracias a Él puedo vivir una vida de amor y de santidad. Alabado sea Su Nombre. Amén.

Lo que Desearía Haber Sabido Sobre la Mayordomía

Escrito por Dave Briggs. Traducido por Yadira Morales.

Cinco ideas que cambiaron mi relación incómoda con esta parte central de la vida cristiana y el ministerio de la iglesia.

Crecí en la iglesia y mi familia rara vez se perdía un domingo. No recuerdo un solo sermón, pero recuerdo haberme sentido nervioso acerca de la palabra mayordomía.

Cada septiembre, nuestra iglesia organizaba el Domingo de la Mayordomía, donde el ministro predicaba un sermón emocional que enfatizaba la necesidad de que todos dieran más. Funcionó; salía de esos servicios sintiéndome culpable. Para empeorar las cosas, cuando estaba en la escuela secundaria fui reclutado para visitar las casas de los miembros de la iglesia y presentarles una tarjeta de compromiso de mayordomía. Era mi trabajo obligarlos a completar su compromiso de donación para el próximo año. Se sentían incómodos. Yo también.

Afortunadamente, a mis 25 años estuve expuesto a algunas enseñanzas sobresalientes sobre la perspectiva bíblica de la mayordomía. Cambió la trayectoria de mi vida. Las cosas que nunca antes había visto llamaron mi atención. Descubrí que la Biblia habla sobre el dinero y las posesiones más que de cualquier otro tema, excepto del amor. Jesús habló a menudo y abiertamente sobre nuestra relación con el dinero.

Durante los últimos 14 años, he servido en el personal de dos grandes iglesias que lideran sus ministerios de mayordomía. Durante ese tiempo, me di cuenta de que un sorprendente número de líderes de la iglesia también tenían una relación incómoda con la mayordomía, un trasfondo similar al mío. Esto es lo que desearía haber sabido sobre la mayordomía.

  1. “Mayordomía”, “generosidad” y “dar” no son sinónimos.

Ahora me doy cuenta que usar estos términos confunde indistintamente a las personas. La mayordomía es un rol, dar es un acto, y la generosidad es una actitud. En tiempos bíblicos, un mayordomo era una persona respetada de alta integridad a la que se le confiaban las posesiones del maestro. El mayordomo administró las posesiones de acuerdo con los deseos del maestro. Como Dios creó y aún posee todo lo que tenemos, la mayordomía es reconocer que Dios es el dueño y nosotros somos sus administradores, responsables de usar las posesiones de Dios para complacerlo. Esto eleva la “mayordomía” para las personas.

La generosidad implica la voluntad de sacrificarse en beneficio de los demás. Dar es simplemente el acto de liberar algo de valor. Dar se puede hacer sin generosidad (los fariseos son un ejemplo), pero no se puede ser generoso sin dar. Sin embargo, la generosidad es solo una característica de un mayordomo bíblico. La responsabilidad principal de un mayordomo es administrar los recursos que no se regalan. Eche un vistazo a la parábola de los talentos en Mateo 25:14-28 para ver un buen ejemplo de mayordomía positiva y negativa.

  1. La mala administración es peligrosa para ti; la buena mayordomía es para tu beneficio.

 Cuando me comunico con la gente sobre el dinero, los guío para que comprendan que quiero algo para ellos, no algo de ellos. Si mi enseñanza sobre el dinero solo se trata de dar a la iglesia, la gente revisará sus teléfonos, y perderé una gran oportunidad para ayudarlos a crecer.

La mala administración es peligrosa para ti. Entre el 25 y el 50 por ciento de los asistentes a la iglesia no dan nada o casi nada. Este no es un problema financiero sino espiritual. Dios es un dador Nuestra disposición a dar revela nuestra relación con Dios.

Se pueden encontrar ejemplos en toda la Escritura, pero dos de los más fuertes se encuentran en Lucas 12 y Apocalipsis 3.

En Lucas 12:15-21, vemos a un rico agricultor bendecido con una abundante cosecha. Él no le da crédito a Dios, ni piensa en ser un mayordomo. Él solo piensa en sí mismo. Jesús lo llama tonto, no porque tuviera grandes posesiones, sino porque sus posesiones lo tenían a él.

En Apocalipsis 3:14-17, escuchamos a hurtadillas la carta de Dios a la iglesia en Laodicea. La gente en la iglesia creía que sus bendiciones materiales indicaban que estaban bien con Dios. Pero Dios expuso su ceguera, desnudez y depravación.

En ambos casos, una relación dañina con la riqueza se convirtió en la raíz de la ceguera espiritual.

Por otro lado, la mayordomía rica beneficia a todos.

La iglesia de Hechos 2 proporciona un contraste alentador a la iglesia en Laodicea. En Hechos 2:42-47, la iglesia primitiva vive una cultura de mayordomía. El versículo 45 dice: “Vendieron propiedades y posesiones para dar a quien lo necesitara”. Esta iglesia del primer siglo es una hermosa imagen de la generosidad en acción, incluso en su escasez.

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  1. La mayordomía se trata de corazones, no de causas.

Vivimos en un mundo lleno de causas para apoyar. Sin embargo, el objetivo de la mayordomía no es sobre causas, por importantes que sean. Jesús sorprendió a sus discípulos con este principio. La historia de María y el perfume costoso en Marcos 14:3-9 es un ejemplo. Durante una visita a la casa de Simón el Leproso, una mujer sale con el valor de un año de perfume precioso y lo derrama sobre Jesús. Algunos de los discípulos gruñeron, imaginando todo lo que podría haber logrado para los pobres. Pero Jesús quería centrar su atención en el corazón del dador. Esta mujer mostró su profundo amor por Jesús a través del uso de sus recursos. Los discípulos perdieron el punto. Cuando hacemos de Dios nuestra más alta prioridad, nuestro deseo es honrarlo. Esto libera un espíritu de amor, que libera recursos para satisfacer las necesidades reales.

En 2 Corintios 8:8, Pablo aborda este mismo concepto al desafiar a la iglesia macedónica primitiva: “No es que esté dándoles órdenes, sino que quiero probar la sinceridad de su amor…” La generosidad, incluso en medio de la pobreza, revela nuestro amor por Dios (2. Cor 8:2).

  1. Necesitamos más enseñanza sobre el dinero, no menos.

Cuando me convertí en pastor de mayordomía, me sorprendí al descubrir cuánta gente tenía problemas financieros. El dinero es un tema emocional, por lo que la gente quiere esconder sus problemas financieros. A menudo sienten que no están en condiciones de ser generosos. Evitar el tema del dinero solo profundiza el problema. Predicar con frecuencia sobre el dinero crea una mayor disposición en su gente para abordar su salud financiera.

Aquí hay tres aspectos del dinero para ayudar a su gente a crecer como mayordomos:
El aspecto práctico: esto implica enseñar a las personas cómo organizar sus finanzas y administrar su dinero. Todos hemos predicado en algún momento sobre el Buen Samaritano, pero ¿has enseñado esta parábola desde una perspectiva financiera? En Lucas 10, el Buen Samaritano no solo dio de sí mismo, sino que también fue un buen administrador. Ahorró dinero por adelantado para una necesidad desconocida e imprevista. Como era un ahorrador, tenía un excedente para expresar su generosidad al viajero herido.

El aspecto emocional: esto rara vez se aborda y generalmente conduce a malas decisiones financieras. Cuando se trata de dinero, si el corazón prevalece sobre la cabeza, el resultado suele ser desastroso. Solo sigue a los adolescentes por el centro comercial para ver a qué me refiero.

El aspecto espiritual: Tu gente nunca será un buen administrador si no alinea su decisión financiera con la sabiduría de la Palabra de Dios. Es así de simple.

Un poderoso ejemplo de cómo nuestra relación con el dinero impacta nuestras vidas espirituales se encuentra en la parábola de las cuatro semillas y los cuatro terrenos en Marcos 4. Comenzando en el versículo 18, Jesús explica el significado de la tercera semilla: “Otros son como lo sembrado entre espinos: oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto.” No te pierdas el sorprendente mensaje aquí. Una relación equivocada con el dinero le roba a la Palabra de Dios su fecundidad en nuestras vidas.

Sin embargo, Jesús nos da buenas nuevas para explicar la cuarta semilla: “Pero otros son como lo sembrado en buen terreno: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.” ¿No es este el tipo de multiplicación que queremos ver en cada área de nuestras vidas e iglesias? Enseñar a tu gente a resistir el engañoso poder de la riqueza, dejará las puertas de sus corazones abiertas a aceptar la Palabra y experimentar algo fructífero.

  1. Tu relación con el dinero afecta tu relación con Dios.

Esto me dio energía para dejar atrás la aprensión financiera de mi niñez y comprometerme a ayudar a las personas a crecer en esta área. La mayordomía no es un ministerio financiero; es un ministerio de discipulado. Si las personas no escuchan la enseñanza y la predicación sobre el dinero, quedan expuestos a una de las herramientas favoritas de Satanás.

En Mateo 6:24, Jesús dice que es imposible servir a dos maestros. O seguiremos y serviremos a la poderosa fuerza de Mammon (búsqueda codiciosa de riqueza) o serviremos al único Dios verdadero. No es posible hacer ambas cosas.

En uno de los pasajes más tristes de las Escrituras, experimentamos una conversación entre Jesús y un joven y rico gobernante. En Lucas 18, el hombre inteligente e influyente le pregunta a Jesús qué debe hacer para obtener la vida eterna. Jesús entabla una conversación con él y descubre que el hombre cree que ha guardado los mandamientos desde una edad temprana. Sabiendo la única cosa que detiene al joven gobernante, Jesús le pide que se separe de su riqueza y lo siga. Cuando se enfrenta con priorizar a Jesús o su riqueza, el joven rico elige su riqueza.

Las apuestas son altas. No podemos dejar a nuestra gente sin una comprensión clara de las implicaciones espirituales de su relación con el dinero.

Como he aprendido con el tiempo, si construyes una cultura de mayordomía saludable, tu iglesia nunca será la misma. Tu gente se acercará más a Dios, tu congregación experimentará una mayor vitalidad espiritual y mayores recursos serán desplegados para el impacto del reino.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

Viendo Crecer la Cosecha

Enviado de Georgetown, Guyana a la isla de Granada como parte de la iniciativa GÉNESIS, Cleon Cadogan sirvió como misionero voluntario por dos años. Hace un mes terminó su tarea principal de plantar una nueva congregación en la comunidad de Content, y recientemente ha compartido sus pensamientos sobre los desafíos y bendiciones de esta asignación:

Trabajando en la isla de Granada, los desafíos fueron muchos. Dejar familia, amigos y trabajo para vivir en un lugar de incertidumbre fue ciertamente un desafío. Pero tú debes saber que quien te ha llamado es capaz de guardarte y proveer para ti. Él solamente puede hacer lo que ha prometido si tú estás dispuesto a atravesar por la experiencia del valle de sombra de muerte como dice el Salmo 23:4, “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (RV1960). Debemos atravesar desafíos para experimentar el poder de Dios. Uno se acuerda de Jesús, quien atravesó dificultades, grandes tentaciones y salió victorioso. Él (Jesús) tomó los pecados del mundo, pero salió adelante.

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En el ministerio uno puede encontrar situaciones negativas como: quién está a cargo, crisis de identidad, heridas inestables y luchas de poder, solo por nombrar las que mayormente prevalecieron. Estas solo son estrategias que el enemigo usa para distraer al misionero del panorama completo que está a la mano: almas para el reino. Michael Youseff escribe lo siguiente en Conquista: Tu Plan de Batalla para la Victoria Espiritual: “Si el enemigo puede llevarte a debatir sobre cualquiera de los temas que están establecidos en la Palabra de Dios, Él está dos tercios adelante del camino” (p.34). El enemigo busca que cuestionemos los motivos del otro. Él desea usarnos como un medio para sembrar semillas de negatividad, discordia y confusión. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda en 1 Pedro 5:8, “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar” (NVI). Debemos estar alerta, sobrios y en un espíritu de batalla por la misión que está delante de nosotros. Jesús fue y es nuestro máximo ejemplo. No debemos permitir la negativa de superar lo bueno. Algunas de las herramientas que usé para vencer la negativa fueron la oración, escribir, compartir con otras personas que tienen un corazón por la visión, ayunar y equiparme a mi mismo con la Palabra de Dios. Sin escuchar continuamente la voz de Dios, vas a desgastarte intentando lograr la misión.

Había otras iglesias que habían ido al área de misiones donde nosotros estábamos ubicados, pero fallaron en regresar. La comunidad de Content es vista por el gobierno local como un “punto de acceso” y ha sido conocida como “nada bueno.” Supongo que puedes decir que es su “Nazaret.” Pero Juan 1: 46 nos dice: “‘¡De Nazaret!’ —replicó Natanael—. ‘¿Acaso de allí puede salir algo bueno?’ ‘Ven a ver’ —le contestó Felipe” (NVI). Incluso los hombres de edad tenían problemas con lugares que no encajaban su orden establecido. Sin embargo, Jesús vino por toda la humanidad. Verdaderamente reflejaremos a Jesús en una sociedad posmoderna cuando cambiemos la manera en que SOMOS y HACEMOS iglesia. Esto no significa que el evangelio cambia de acuerdo con nuestras distinciones o preferencias doctrinales y teológicas, sino que debemos mostrar a Jesús.

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Reflexionando sobre nuestro tiempo en Content, recuerdo que los mismos miembros de la comunidad trabajaron junto conmigo y los nuevos creyentes para celebrar nuestra primera cena comunitaria. La congregación ahora tiene una junta de iglesia establecida, un ministerio de damas, ministerio juvenil, Escuela Dominical, estudio bíblico, reunión de oración e intercesión, grupo de liberación, y ya están planeando en los próximos seis meses el lanzamiento de un alcance evangelístico. Si no estamos dispuestos a confiar en Dios, y dejar que la gente se desarrolle, somos sembradores insensatos que plantamos semillas y no les ponemos atención, o plantamos semillas y las desenterramos al siguiente día. Debemos estar dispuestos a ver crecer la cosecha.

Peticiones de Oración – Granada

Cuando nos reunimos recientemente con Crystalla Williams y Cleon Cadogan, para clausurar su tiempo en Granada como misioneros de Génesis, ellos compartieron las siguientes peticiones de oración. Por favor únete a ellos durante este tiempo de transición orando por las personas y los lugares que ellos han dejado, y preparándose para las puertas que Dios abrirá a ellos mientras regresan a casa:

Peticiones de Oración

Por la Iglesia del Nazareno Fontenoy

  • Por el Pastor Alvin Forsyth, Min. Elizabeth Forsyth, Natisha Benjamin (hija y secretaria de la iglesia), Alvonn y Kareem Forsyth (quienes todavía no son cristianos).
  • Por la Junta de Iglesia: que haya compromiso a su llamado, y que puedan funcionar con excelencia en sus roles ministeriales.
  • Por los miembros de iglesia: que ellos puedan crecer en fe, amor y unidad y que todos se levanten para hacer, ser e ir.
  • Por la juventud de la comunidad: que ellos encuentren dirección en medio de un mundo confuso y manipulador.
  • Para que el evangelismo y discipulado sean implantados en el ADN de la iglesia.
  • Por oportunidades más grandes para ministrar en la comunidad.
  • Por la nueva comunidad (Concord) donde empezamos a trabajar a finales de mayo. Oren para que las personas se levanten y caminen en la gracia a la que Dios les ha llamado.
  • Por estabilidad financiera.

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Por la Iglesia del Nazareno Content, organizada oficialmente el 13 de agosto, 2017

  • Por el pastor y su familia: Alister Douglas, Lorraine Douglas y sus hijos (uno de ellos está en la escuela de medicina).
  • Para que la obra de Dios siga creciendo en su comunidad.
  • Que, siendo la única iglesia en el vecindario, Dios les use para transformar la comunidad entera.
  • Para que se conviertan en una iglesia que planta iglesias en los próximos 2 a 3 años.
  • Que el terreno sea accesible para construir un santuario.
  • Para que la juventud de la comunidad encuentre propósito y fortaleza en Dios.
  • Que el discipulado de los nuevos creyentes sea profundo y que ellos puedan entender quiénes son en Cristo y como nazarenos.

Peticiones personales de Cleon y Crystalla:

  • Que las personas a quienes ellos ministraron continúen creciendo en Cristo.
  • Por una fácil transición mientras regresan a su vida en casa.
  • Por sus familias, quienes les han extrañado muchísimo en su ausencia.
  • Por un trabajo que pueda respaldar sus gastos de vivienda.
  • Por todas sus relaciones interpersonales.
  • Para que se abra una puerta para que ellos continúen estudiando otras culturas e idiomas.
  • Que Dios provea mentores para aquellos a quienes han dejado en Granada.
  • Por sus iglesias locales y países: que la transición de regreso al ministerio local sea tranquila.
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