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Lecciones de Una Cuerda Floja y Una Carreta

Por Scott Armstrong

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:20-21).

(Leer Romanos 4:13-25)

He escuchado la historia de un famoso equilibrista que decidió cruzar las Cataratas del Niágara en una cuerda floja que había atado de un extremo al otro. Publicitó el gran evento y miles llegaron a presenciar esta impresionante hazaña. Balanceándose sobre las aguas turbulentas, avanzó pulgada a pulgada mientras la multitud lo observaba con asombro.

Luego de que llegó al otro lado, la multitud lo vitoreó en aprobación. Nunca antes habían visto un despliegue tan maravilloso de coraje y talento. Sin embargo, el acróbata no había terminado. Se cubrió los ojos con una venda y caminó nuevamente de vuelta al otro extremo. Exitosamente, y escuchando el estruendoso aplauso de la multitud, el hombre cruzó las cataratas de nuevo, sólo que esta vez, él llevaba puesta la venda y empujaba una carreta poco a poco en la delgada cuerda. La ovación esta vez fue la más fuerte que él había escuchado.

Ahora, éste equilibrista nunca se había caído en una exhibición pública, así que le gritó a la masa de espectadores, “¿Creen que puedo cruzar esta cuerda floja con los ojos vendados y la carreta una vez más?”

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“¡Sí! ¡Creemos que tú puedes hacerlo!” gritó la audiencia en respuesta.

“Si realmente creen”, replicó el hombre, “entonces, ¿Quién de ustedes se subirá a la carreta?”

Romanos 4:13-25 nos dice que Abraham vivió una vida de fe. Él no sólo hablaba; él caminaba. Él creía contra todos los pronósticos que tendría un hijo a la avanzada edad de 100 años, y así fue. Él creía en el Dios que podía resucitar a los muertos, así que casi sacrificó a su propio hijo antes de que Dios lo rescatara y lo felicitara por su fe. Pero Abraham se mantuvo “plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (v.21).

¿Cuándo fue la última vez que verdaderamente caminaste en fe? Servimos a un Dios que “da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fuesen” (v.17). ¿Confiarás en Él hoy a pesar de las circunstancias en tu vida? Es tiempo de no solo decir que creemos en Él, sino también de subirnos a la carreta y vivirlo.

 

Hacia la Efectividad Misional: La Marca de la Multiplicación – Parte 6 de 7

Por Ed Stetzer

Ve a donde está la gente, haz discípulos, planta iglesias

Estoy en una serie de artículos abordando el tema de la efectividad misional. En los dos artículos anteriores, he explicado las marcas de la misión de Dios. Lo que he procurado hacer es destacar el énfasis principal de cada marca en un esfuerzo por construir una imagen de la representación del mensaje y el movimiento de la misión. Hoy, abordaré la marca misional de multiplicación.

La Marca Misional de Multiplicación Explicada

Hasta ahora, he intentado resaltar las marcas misionales de comunidad y envío cuando la missio Dei es puesta en práctica en una iglesia local. Pero hay más de una marca misional que es representada cuando la iglesia abraza la totalidad de la misión de Dios, y la marca es multiplicación.

La multiplicación es usada por Dios para avanzar su misión a lo largo de todo el mundo. Mientras el impulso de multiplicación es esbozado en el Antiguo Testamento en lugares como Génesis 1:28 (“fructificad y multiplicad”), Génesis 15:5 (el número infinito de Abraham de la descendencia de Abraham), y Jeremías 29:6; se vuelve muy claro en el Nuevo Testamento.

La marca misional de multiplicación, particularmente en el Nuevo Testamento, se basa  en Mateo 28:18-20, Hechos 1:8, Hechos 9:15, y Romanos 15:20. En estos pasajes, es claro que la misión de Dios se extiende hacia fuera, a las naciones—a aquellos que no han escuchado el evangelio.

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El apóstol Pablo evidentemente comprendió esto. De hecho, Pablo vio la misión global de Dios conectada a un aspecto del pacto de Dios con Abraham. Pablo escribe a las iglesias de Galacia, “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.” (Gal. 3:8). 

Entendiendo que la misión de Dios es dirigida hacia las naciones, Pablo implementó una estrategia de misiones que incluyó focalizar los centros urbanos poblados, evangelizar la ciudad (micro multiplicación), y plantar y establecer iglesias (macro multiplicación).

De acuerdo con Eckhard Schnabel, hay [por lo menos] quince fases o ubicaciones del trabajo misionero de Pablo que tuvieron lugar en 35 años entre su conversión (31/32 d.C.) y su muerte en Roma (67 d.C.). Durante esos años, Pablo tuvo tres viajes misioneros. Mientras Pablo iba a las naciones, él iría a sus ciudades.

Tim Keller afirma que esa parte de la estrategia de misión de Pablo incluyó ir a las ciudades más grandes de la región. Rara vez vemos a Pablo navegando lejos de las ciudades. Parece que Pablo creyó que las ciudades estaban donde el potencial para el impacto del evangelio y la multiplicación del evangelio sería mayor. Alvin Reid expresa que si las iglesias alcanzan las ciudades, ellas alcanzarán el mundo.

Parece que Pablo pensó lo mismo.

Una vez que Pablo estaba en la ciudad hacía al menos dos cosas: evangelizar personas y plantar iglesias. Pablo evangelizaba a través de predicar en las sinagogas locales, participar en grupos pequeños de estudio bíblico, conocer personas en los mercados, alquiler de salones y conferencias, e involucrando personas en su profesión (fabricación de carpas). Mientras hacía discípulos, después él plantaría y establecería iglesias.

Keller resume el involucramiento misional de Pablo en las ciudades, en esta manera:

Cuando Pablo empezó a reunirse con ellos [los convertidos], ellos eran llamados ‘discípulos’ (Hch. 14:22), pero cuando él los dejó, ellos eran conocidos como ‘iglesias’ (ver Hch. 14:23). Para ponerlo de forma simple, la multiplicación de las iglesias es tan natural en el libro de los Hechos como la multiplicación de individuos.

Como se ha visto en la vida de Pablo, la multiplicación requiere intencionalidad. Requiere ir a donde está la gente, compartir las buenas nuevas de Jesús, así como plantar y establecer iglesias autosustentables, autogobernadas y auto-propagada.

La Marca Misional de Multiplicación Ejemplificada

La iglesia en Antioquía ejemplifica la marca misional de multiplicación. Ellos se multiplicaron exponencialmente en Antioquía—alcanzando tanto judíos como a gentiles. No solo se multiplicaron en Antioquía, también alcanzaron personas más allá de su cuidad. Antioquía se convirtió en la primera iglesia enviadora a través del envío los primeros misioneros y se volvió la primera iglesia plantadora de iglesias (Hch. 13:1-3). Sencillamente, ellos se volvieron una iglesia multiplicadora. 

La marca misional de multiplicación es realmente el programa misional de la Iglesia Primitiva. El resultado final del programa misional de la iglesia se encuentra en Apocalipsis 5:9 y 7:9, donde Juan ve una visión del pueblo de Dios, de toda tribu e idioma, pueblo y nación. Por tanto, para que una iglesia sea misionalmente efectiva, debe convertirse en una iglesia multiplicadora—yendo donde está la gente, haciendo discípulos (micro multiplicación), y plantando iglesias (macro multiplicación). 

Artículo publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2017/january/towards-missional-effectiveness-mark-of-multiplication-part.html

Bendecido para Bendecir

Hemos estado publicando en este blog varias reflexiones de Dr. Howard Culbertson, catedrático de Misiones y Evangelismo Mundial, de Southern Nazarene University (Bethany, OK, USA) y traducidas por José Samuel Mérida.  En los siguientes días seguiremos reproduciendo otras reflexiones y creemos que son buenos recursos para líderes de MNI, pastores y líderes en general con deseos de conocer más sobre misiones.  Para todas las entradas visita el blog: La Misión Desde el Corazón de Dios.

Bendecido para Bendecir

 
“Todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia…. Por lo tanto, sepan que los descendientes de Abraham son aquellos que viven por la fe.” Génesis 22:18; Gálatas 3:7

 
Génesis 12:1-3 se conoce comúnmente como “el llamamiento de Abraham”. Esos tres versículos son, sin embargo, más que una instrucción para un hombre y su familia. En realidad, cuando el mismo mensaje se repite en Génesis 17, Dios dice que es un “pacto”. Con este pacto – que también aparece en Génesis 18 y 22 – Dios dio un paso importante para cumplir la promesa del Redentor que empezó a desplegarse en Génesis 3:15.Blessing
 
Al seleccionar a Abraham, Dios estaba eligiendo a la familia de la que nacería el Redentor. Dios también le estaba pidiendo a la famlia hacer una reubicación estratégica hacia el centro del mundo antiguo, y ahí los estaba desafiando a ser un pueblo misionero.
 
Este pacto es fundamental para entender no solo el Antiguo Testamento, sino también el Nuevo. Nos encontramos el nombre de Abraham unas 70 veces en el texto del Nuevo Testamento. Eso no fue solo porque Abraham fuera el ancestro de los hombres cuyas familias se constituyeron como las 12 tribus de Israel. Sino porque el y sus descendientes – espirituales y biológicos – eran los proveedores de la bendición de Dios a todo el mundo.
 
Cuando se piensa en los primeros versículos de Génesis 12, a menudo solo se ven las promesas de terrenos, muchos descendientes y renombre para Abraham. A decir verdad, esas promesas están en Génesis 12:1-3. Sin embargo, este pacto es sobre algo más grande que terrenos, multitud de descendientes y el legado de un hombre. Este pacto, llamado “perpetuo” en Génesis 17, es sobre llevar el mensaje del Mesías y Su obra redentora a todos los pueblos.
 
En Génesis 12:3, Dios nos permite participar de un sueño grande, el sueño de una bendición que fluye a todo el mundo. Esa bendición no era de riqueza o salud u otras cosas que a menudo hacen que la gente hoy diga, “Dios me ha bendecido”. La bendición que el pueblo de Dios debe transmitir a los demás, dice Gálatas 3:8 en su explicación del pacto Abrahamico, es el Evangelio.
 
No hay clausulas de recisión en este pacto. De manera que, en un sentido, es incondicional. Por el otro lado, está claro que el pueblo de Dios es bendecido para bendecir. Como dijo Bob Sjogren junto a otros misiólogos, este pacto tiene una bendición y una responsabilidad. El mensaje que debemos comprender es que con un privilegio viene una obligación.
 
Esa responsabilidad u obligación fue reiterada por Jesús en la Gran Comisión de Mateo 28:19-20. El “vayan” de la Gran Comisión es una reafirmación de lo que Dios había dicho dos mil años antes a Abraham: “En tí serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 12:3).

Abram, en obediencia…

Altar de Abram

Abram, en obediencia:

“Y edificó allí un altar…” (Génesis 12:7)

“Y edificó allí altar…” (12:8)

“Al lugar del altar que había hecho antes; invocó allí Abram el nombre de Jehová” (13:4)

“Y edificó allí altar…” (13:18)

¿Por qué tantos altares?

Dios lo mandó a ir, y se fue.

Pero nunca perdió la visión de Aquel que estaba guiando su peregrinaje.

“Señor, ¿este lugar?”

“Señor, yo sigo buscando tu rostro.”

“Señor, aquí en otra tierra extranjera – te necesito mucho acá.”

“Señor – dondequiera, cuando quieras, como quieras – todavía me abandono a tu llamado en mi vida.”

¿Has estado viajando por buen rato? ¿Deberás construir un altar y renovar tu fe una vez más?

Nuestro Primer Deber

Seguimos con la serie “La Formación del Misionero Nazareno” y las siguientes 5 entradas están relacionadas directamente al mismo. Pero antes de entrar de lleno al tema, queremos dar una pequeña introducción. (Estas también fueron escritas por Erika Ríos Hasenauer.)

¡Cuántos ejemplos de hombres y mujeres de Dios hay en la historia bíblica y contemporánea!; hombres y mujeres que han desafiado a la humanidad y el curso natural de la historia; laicos y siervos que con sus vidas, marcadas por compromiso genuino, compasión y relación muy cercana a Dios han impactado a sus familias, comunidades, y naciones. Cada uno de ellos comprendió que servían a un Dios Santo y que merecía lo mejor de ellos.

En la historia del Antiguo Testamento, Dios llamó a hombres y mujeres para tareas específicas y para llevar Su mensaje a los pueblos. Uno de ellos es Abraham (Gen 17:1-6).

Él no era cualquier recién convertido u ordenado, no era un novato misionero. Él era el amigo de Dios, un siervo de corazón y vocación, un misionero de experiencia que conocía a Dios y quien había experimentado múltiples veces la intervención divina.

Pero, por alguna razón muy importante Dios seguía interesado en que Abraham entendiera que su primer deber era ser perfecto. Y, ¿qué significaba ser perfecto? Era ser limpio, puro, santo, sincero, humilde de corazón. Debería no sólo tener una vida agradable delante de Él sino más allá, Abraham debía darle lo mejor a Dios, como nunca antes lo había hecho.

Siendo seres humanos imperfectos como lo somos, es sólo por Su gracia que nos mantenemos en pie. Espero transmitir esta aplicación y que usted, como yo, reflexionemos en estas palabras. Si Dios seguía demandando de Abraham una vida pura y en santidad, ¿qué no demandará de nosotros? ¿En qué nivel estamos usted y yo ante Él?

Nunca malentendamos que nuestro ‘nivel’ depende de algo externo. No estamos más cerca de Dios por hacer “algo para ÉL”. Nunca es demasiado tarde para buscar a Dios.

Abraham: Confianza Completa en Dios

Si hoy en día alguien le pidiera que confíe su vida en alguien que usted no conoce, sin duda lo pensaría dos o tres veces. Pero sin darnos cuenta, ponemos nuestra vida en manos de desconocidos cuando viajamos en avión, en autobús, en tren, inclusive cuando tenemos que someternos a una cirugía.

Entonces, ¿por qué no poner nuestra vida bajo el cuidado de Dios nuestro Creador y Salvador? El llamamiento divino para todo creyente es un llamado para poner toda nuestra confianza en Dios.

Muchos dicen que la respuesta con fe dada por Abraham al llamado divino, tiene tres características:

  1. La confianza fue uno de los resultados de su fe, por eso Abraham no vaciló cuando escuchó el llamado de Dios, ni planteó una serie de preguntas respecto a su futuro. Eso no quiere decir que no estaba preocupado por su futuro; sin embargo, confiaba en Aquel que todo lo sabe y que todo lo puede.
  2. El segundo resultado de su fe es la influencia. Lot se uniera a su tío y viajó con él hacia Canaán. La sinceridad es muchas veces una inspiración para que otros se animen a seguir en el camino del Señor. Si nosotros decaemos en la fe, afectará la vida de muchas personas, especialmente a los nuevos creyentes. Por eso te pregunto: ¿Cuántas personas, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, amigos, compañeros de estudio y hermanos de la iglesia, son bendecidos por el testimonio o estilo de vida de un hijo de Dios?
  3. El tercer resultado de la fe de Abraham es su testimonio, donde Abraham en obediencia a Dios, tomó camino del desierto guiando una caravana. Los que veían a Abraham y a su caravana, no le auguraban un buen futuro, pues ni él conocía la tierra a donde iba. Y sin duda, la parentela que se quedó en Harán, consideró una locura la decisión tomada por Abraham.

Desde el punto de vista humano, ¿qué le esperaba a Abraham? ¿Un viaje difícil y peligroso? ¿Un futuro desconocido sin un beneficio personal? Al llegar a Siquem, la tierra de los cananeos, Dios se le apareció a Abraham y allí renovó sus promesas y confortó a su siervo.

Abraham fue obediente al llamado de Dios. El vivió en una época cuando la humanidad estaba sumergida en la triste oscuridad del pecado y de la idolatría. Todavía hoy Dios está llamando a personas que estén dispuestas a dejar todo, para ir a donde Él les guíe para anunciar las buenas nuevas de salvación.

Cristianos Extranjeros

Hace dos días hablamos de Abraham.  Ahora bien, cuando uno deja su tierra para ir a otro país o cultura, llega a ser “extranjero”. ¿Cómo son tratados estos en tu país, misioneros o no, legales o no? Es fácil recibirlos cuando son de países “importantes,” pero ¿qué de nuestros países vecinos, con los que a veces no nos llevamos bien? Son personas y a Dios le importan.

Las citas de Juan 17: 14 – 18 y Filipenses 3:20 expresan similitudes claras sobre un cristiano y un extranjero. Observa la lista:

Extranjero/Misionero                                      Cristiano

1.-  No es del país en donde está.                   1.- No es de este mundo.

2.- Es enviado por Dios con un propósito.   2.- Es enviado por Dios con un propósito.

3.- No es ciudadano de ese país.                    3.- No es ciudadano del mundo.

Uno de los aspectos difíciles del llamado de Dios, es que a veces el Señor pide “dejar a nuestra familia o parentela”. ¿Por qué Jehová, el Dios de amor, nos pide que dejemos a nuestros padres y hermanos para cumplir con la misión que nos encomienda? Analiza esta pregunta.

Jesucristo dijo: “Si alguno viene a mi y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo” (Lucas 14:26).

En el idioma original la palabra que se traduce como “aborrecer”, no tiene el mismo significado de desprecio como en nuestros días. Más bien implicaba “amar menos”. En este caso, la obediencia a Dios Padre estaba sobre todo lo demás, inclusive sobre los intereses familiares.

Si aceptamos el llamado para ser discípulos de Jesucristo, tenemos que comprender que Él tendrá la prioridad en nuestra vida. Algunos cristianos creen que este mandamiento es sólo para los “llamados a algún ministerio”, pero en realidad es para todos los que han aceptado a Jesucristo como su Salvador.

¿Cuál es el llamado de Dios para tu vida? ¿Cuál es tu respuesta?

Abraham Cruza las Fronteras

Abraham fue en muchos sentidos el primer misionero de la Historia. Gracias a la vida y ministerio de éste gran patriarca, comprendimos el plan redentor de Dios para la humanidad.

Dios continúa actuando en la historia, como el buscador de la restauración del orden creado, a pesar de que exista la injusticia. Comienza a trabajar a través de un pueblo específico, del cual, Abraham es llamado para establecer un pacto, con la mira en el futuro de la humanidad. Dios le hace promesas pero también le encomienda una misión.

Las promesas de Dios a Abraham son que haría de él un pueblo innumerable en la tierra, tendría una relación especial con Dios y que le daría tierra donde habitar. Su misión era que él debe ser de bendición a todas las familias de la tierra, porque de él vendrían todas ellas.

Para Abraham, el llamamiento divino demandaba una renuncia total a todo lo que le unía, no sólo a su cultura caldea, sino también a su tierra, a su parentela y a la casa de su padre.

Y referente a esto te hago una pregunta, ¿todavía quiere Dios que sus discípulos renuncien a todo lo que poseen para predicar el evangelio de salvación? Lucas 14:33 dice que si cualquiera que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo de Jesús. Reflexiona ahora: si Dios te llamara hoy para ser misionero, ¿qué es lo que más te costaría dejar?

Tal vez Dios no te llame para que vaya a otro país (quizá sí) pero sí para que le sirvas en tu iglesia, en la comunidad donde vivies. Esto requiere dejar ciertos eventos sociales, reuniones familiares y aún amistades. ¿Estarías dispuesto a dejarlo por responder al llamado de Dios?

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