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Un Proceso de 5 Pasos para que los Líderes Manejen sus Errores

Escrito por Dan Reiland

Cuando te encuentras al frente, dirigiendo, los pasos en falso son parte del viaje. Si no estás cometiendo errores, probablemente no estés liderando.

Todos los líderes cometen errores, la clave es no cometer el mismo error dos veces. Si un líder repite el mismo error, es una indicación de que no están aprendiendo.

Seguramente hice lo que me correspondía en cuanto a desastres y todavía no me libré de ellos. Con suerte, no son tan frecuentes en estos días, y el contexto también es importante. Es decir, estás haciendo más cosas bien que mal. Pero, de nuevo, si lideras en aguas inexploradas, cometerás errores.

Los líderes que intentan encubrir, justificar o minimizar sus errores a menudo luchan con problemas más profundos. Puede ser cualquier cosa, desde orgullo, inseguridad, hasta no querer que el error sea revelado.

Pero otras veces nos tomamos todo demasiado en serio. Y es muy beneficioso estar en un entorno que es indulgente con nuestros errores.

En 12Stone damos dos premios divertidos cada mes en nuestra reunión de todo el personal. Uno se llama el Buen Pájaro, y se entrega para un gran liderazgo de servicio. El otro se llama Pájaro Sucio, y es una especie de nuestro premio “Tonto y re-tonto”. ¡Lo más temible es que creo que a nuestro personal le encanta obtener más éste último! Nos reímos y lo pasamos muy bien con eso. Lo importante es que podemos reírnos de las tonterías que hacemos y los errores que cometemos porque es un entorno seguro y saludable.

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Un proceso de 5 pasos para manejar bien tus errores: 

1) Acéptalo por completo.

En más de una ocasión, relacionado con el problema de uno de los miembros de mi equipo, le dije a nuestro pastor principal: “Soy responsable de esta situación y estoy en ella”.

Si algo es directamente tu culpa, es aún más importante que lo aceptes por completo. Algunas veces se trata de dar una disculpa, luego sigue adelante.

No trates de esquivarlo, esconderlo o pasar el camión por encima de otra persona. Solo acepta el error y sigue adelante.

2) Divúlgalo rápidamente.

Cuando cometas un error, habla de inmediato. Esto es valiente y limpia el ambiente. Les permite a todos avanzar hacia soluciones y progresar en lugar de asignar culpas.

Si algo sale mal, deberías ser el primero en decir: “Oye, cometí un error.” No “Mi culpa.” No lo minimices. Es mejor decir: “Ese es mi error”. Nuestras palabras como líderes hacen la diferencia.

No es necesario que sea un gran problema. De hecho, todo lo que se necesita es una afirmación equilibrada y práctica.

Tu jefe o tu equipo te amarán por ello, y tu revelación sincera y madura aumenta la confianza. Tendrán más respeto por ti porque lo viste, lo aceptaste y hablaste.

Y nunca es una buena idea pedirle a tu jefe que lo descubra alguien más que tú.

3) Resuélvelo correctamente.

Si no se resuelven, los errores aumentan, no mejoran.

Las soluciones ayudan a salir de un problema para progresar. Una buena solución cambia el enfoque del tono negativo de un “error” a uno de avance y progreso. Sumérgete en profundidad para arreglar el error. El trabajo cosmético que es suficiente para cubrir la superficie realmente no soluciona el problema. Las soluciones que permanecen requieren mucho más que solo un retoque.

Comprender qué salió mal y la diferencia entre, por ejemplo, una falla del sistema o un error humano es esencial.

Se requiere seguimiento, repetidamente, hasta que esté completamente rectificado. Esto podría lograrse en unos días, o podría llevar semanas o meses. No importa, resuélvelo correctamente sea lo que sea necesario.

4) Aprende de ello profundamente.

Si eres como yo o la mayoría de los líderes, nos movemos bastante rápido. Hay mucho que hacer, así que tengo una tendencia a avanzar un poco…demasiado rápido. ¿Qué hay de ti?

Una vez que se resuelve un problema, voy a lo siguiente. Pero eso no significa que realmente haya aprendido algo.

Es importante para mí tomarme un tiempo para pensar qué fue lo que me llevó a cometer el error.

Por ejemplo, ¿me falta experiencia? Tomé la decisión equivocada, y si es así, ¿por qué? ¿No pensé lo suficiente sobre los problemas? ¿Estaba distraído? ¿Fue más circunstancial? Este proceso será relevante y útil para ti también.

A partir de ahí, es aconsejable tomar unos minutos para reconocer cómo lo haría mejor la próxima vez.

5) Supéralo apropiadamente.

Es importante superar tu error y seguir adelante.

No te rindas. Si has completado los primeros cuatro pasos, suéltalo.

Haz coincidir tu nivel de respuesta con el tamaño del error.

Por ejemplo, digamos que arruinaste una cita, te perdiste una y nunca haces eso. Todo el proceso debería demorar unos cinco minutos. Acepta el error, dirígete con una disculpa, establece una nueva cita, descubre qué se descompuso en su sistema y supéralo.

O, por ejemplo, cometiste un gran error de presupuesto, y ahora estás en el hoyo por tanto dinero. Eso es un error de una magnitud diferente.

Va a ser complejo incluso antes de comenzar. Tomará tiempo entender lo que realmente sucedió. Puede llevar meses resolver el problema, etc.

Pero todavía comienza en el mismo lugar. Aceptarlo por completo y divulgarlo por completo, luego profundizar en la solución y el aprendizaje.

Ahí está.

  1. Aceptarlo por completo.
  2. Divulgarlo rápidamente.
  3. Resolverlo correctamente.
  4. Aprender de ello profundamente.
  5. Superarlo apropiadamente.

¡Comparte esto a tu personal y amigos que también son líderes!

Este artículo fue publicado originalmente en: danreiland.com

 

10 Cosas Que He Aprendido De La Gente Difícil

Escrito por Steve Dunmire. Trad. por Ariadna Romero

Cuando inicié en el ministerio, fui advertido que como pastor tendría que lidiar con gente difícil. La realidad es que no estaba preparado para lo venenosas que pueden llegar a ser estas personas.

He sido receptor de cartas anónimas vengativas, llamadas telefónicas de regaño en tonos violentos. He observado a mucha gente difícil literalmente salir furiosos de las iglesias en las que he servido (sin mencionar su comportamiento pasivo – agresivo, comentarios sarcásticos, chistes cortantes y cumplidos a las espaldas).

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Pero también he aprendido mucho de esta gente difícil. Aquí hay algunas lecciones que me han enseñado:

1. La Gente Difícil Tiene el Carácter Para Decir Lo Que Todos Están Pensando.

A veces, (no siempre) la gente difícil es la que te dice a la cara lo que otros solo murmuran por lo bajo. Ellos son a veces los únicos que tienen el carácter para decir lo que los demás están pensando. La gente difícil puede ser el equivalente pastoral a cuando un médico le ordena un análisis de sangre a un paciente: una forma eficiente de averiguar lo que está pasando en la sangre de la iglesia.

2. La Gente Difícil Me Ayuda A Tener La Piel Más Gruesa. 

Tratar con gente difícil es una de las formas más efectivas de desarrollar la piel gruesa que un pastor necesita para encajar en el ministerio. Quizás no haya un sustituto. Lidiar con gente difícil es a nuestras almas lo que el entrenamiento con pesas es a nuestro cuerpo, así que he aprendido a amar a la gente difícil, porque ellos me hacen más fuerte.

3. La Gente Difícil Revela Mis Inseguridades.

La gente difícil nos fuerza a enfrentar nuestras inseguridades y nuestra necesidad de ser queridos. Nos hace escoger ser firmes en algunas circunstancias en lugar de alimentar nuestra necesidad de ser aceptados. Su criticismo golpea la mentira que el Enemigo ha plantado en nuestros corazones: “Esto es lo que realmente eres, y todas las cosas bonitas que la gente te dice, es solo porque están siendo educados”. La gente difícil y los críticos en nuestra vida pueden ser como espejos carnívoros que critican una versión exagerada y distorsionada de nosotros mismos. Reconocemos inmediatamente que la imagen distorsionada no es lo que somos, y esto puede proveernos la oportunidad de ver nuestras vidas y a nosotros mismos como realmente somos. 

4. La Gente Difícil Me Hace Clarificar Lo Que Estoy Haciendo.

Justo como una cuerda desafinada en una guitarra nos hace afinar de nuevo las seis cuerdas, una persona difícil  en la iglesia puede llevarnos a clarificar todo lo que hacemos.  Nos fuerzan a hacer las cosas más claras y más precisas a causa de sus quejas y a veces, en anticipación a las quejas. En este sentido, la gente difícil hace nuestro ministerio mejor  debido a que nos fuerzan a ser claros y precisos acerca de lo que queremos hacer, y cómo lo vamos a hacer.

5. La Gente Difícil Me Muestra Que Estoy Haciendo Algo Bien.

Hay un hilo común que atraviesa cada punto de inflexión importante del ministerio, cada avance, cada éxito visible, cada vez que puedo señalar algún resultado medible, o incluso cada vez que recibo algún nivel de reconocimiento. El elemento común en cada uno de esas situaciones es la molesta presencia de la gente difícil que se opone a mí a cada paso del camino. Amo a la gente difícil porque son uno de los más confiables indicadores que he podido encontrar para saber que estoy haciendo algo bien. 

6. La Gente Difícil Crea Partidarios.

Un pastor necesita amistades significativas para poder resistir. Y en mi caso, algunos de mis más significativos amigos y colegas del ministerio han sido forjados en respuesta a la gente difícil de sus iglesias. A veces he visto a la gente hacerse mucho más partidaria mía como pastor debido a que han visto los ataques severos de los críticos. Estoy agradecido de tener muchas amistades significativas que fueron fraguadas en respuesta directa a la gente difícil.

7. La Gente Difícil Me Hace  Mejor Jefe Y Mejor Subordinado.

La gente difícil me ha ayudado a ver lo importante que es reconocer el buen trabajo, aplaudir el trabajo duro y expresar el reconocimiento. También me ayudan a ver que no se deben expresar todas las opiniones. En conjunto, me gustaría creer que soy menos crítico con aquellos que sirven por encima de mí gracias a mis experiencias con la gente difícil.

8. La Gente Difícil Me Lleva A La Oración.

Desearía que esto no fuera cierto, pero lo es. Y si la gente difícil me lleva a estar de rodillas en oración, entonces sé que son un gran regalo. A.W. Tozer escribe: “Cualquiera que se defienda a sí mismo se tendrá a sí mismo para su defensa, y a nadie más. Pero vuélvase indefenso ante el Señor y tendrá como defensor a nada menos que a Dios mismo”. La gente difícil me vuelve loco, así que me hacen arrodillarme en oración, y esa es una de las razones por las que he aprendido a amarlos.

9. La Gente Difícil No Es Un Obstáculo A Conquistar.

Escuché una vez a alguien que dio un sermón sobre Eliab, el hermano mayor de David, quien se puso furioso contra David  cuando éste  le preguntaba a los soldados sobre Goliat. El pastor señaló el hecho de que David había escogido en ese momento presionar sobre cómo derrotar a Goliat en lugar de detenerse a pelear con sus críticos.

Los críticos no son indicadores de éxito ni de fracaso, así que he elegido por adelantado pelear contra gigantes, no contra críticos. He aprendido a amar a la gente difícil porque amarlos es una opción. No quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre sus críticos; quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre gigantes.

10. Soy La Gente Difícil De Alguien.

Sé que he sido la gente difícil en la vida de alguien. A veces le parezco difícil a otras personas debido a un desacuerdo, a veces es solo por conflictos de personalidad, y a veces eso viene junto con ser una persona con liderazgo. Pero he aprendido a amar a las personas difíciles porque amarlas es una forma de hacer a otros lo que me gustaría que hicieran conmigo.

Aprender de las personas difíciles y aprender a amarlas es aún un trabajo en proceso, pero espero algún día ser capaz de amar verdaderamente a la gente difícil como Dios ama al difícil de mí. 

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