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¿Dónde Te Escondes? (Parte II)

¿Dónde Te Escondes? (Parte II)

Pastor y Misionero: Edwin Martínez

*Continuada de la entrada previa (18 de mayo, 2011)

Si vamos a encontrar el verdadero refugio, tenemos que darnos cuenta de que:

I. Los falsos refugios sólo traen desilusión

Bajo otra imagen, el profeta Jeremías nos da a entender esto en Jeremías 2:13: Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.  Todos nosotros necesitamos agua para vivir. Cuando uno tiene sed, un vaso de agua fría es la cosa más deliciosa que existe en el mundo. El pueblo de Dios, sin embargo, había dejado atrás su devoción a él, y buscaba en otros lugares para encontrar la satisfacción y el sostén. Iban tras dioses falsos, y también hacían alianzas políticas con naciones que no conocían nada del Dios verdadero. Ellos habían dejado atrás la única fuente de agua viva y estaban buscando satisfacer su sed bebiendo de cisternas rotas.

En mi ciudad natal, debido a la frecuente escasez de agua, era común instalar cisternas en las azoteas o los jardines de las casas. De esta manera, cuando fallaba el sistema municipal de agua potable, había suficiente para sostener al hogar por algunos días. Obviamente, si la cisterna tenía una ranura o un agujero, quedaba inservible. Toda el agua se escurría, y cuando el hogar buscaba abastecerse en su momento de necesidad, no salía ni una gota del caño.

Así son las falsas fuentes de seguridad y de satisfacción. Traen sólo desilusión. En vez de traer una satisfacción duradera y real, nos dejan con las manos vacías, con sueños quebrantados y vidas destruidas.

Yo no sé cuál es tu refugio favorito. Sé cuáles son los míos. Uno de los falsos refugios que muchas veces me atrae es  la electrónica. Con el mundo moderno del Internet la codicia ha llegado a nuevos niveles de facilidad. Uno sólo tiene que meterse en línea para empezar a ver todos los productos que le prometen una vida más divertida, más realizada, y más cómoda. Se oye ridículo, ¿verdad? Pero te aseguro que piensas de igual modo; si tu refugio no es la compra de aparatos eléctricos, puede ser la compra de ropa, el consumo de comida o inclusive la superación en el trabajo. Esas son cisternas rotas. Nunca bastan. Nunca es suficiente. Nunca nos van a dejar con la verdadera satisfacción. Por eso, tenemos que darnos cuenta también que

II. El verdadero Refugio es fiel a quienes lo buscan

¿Cuál es ese refugio? Nuestro pasaje, el Salmo 91:1-2, nos lo dice. El salmista nos da el ejemplo: Yo le digo al Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío. Sólo cuando empezamos a refugiarnos en Dios en vez de los falsos refugios podremos empezar a entender lo que dice la Biblia en otra parte: Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón (Salmo 37:4). Mientras estamos buscando saciar nuestra sed en otros lugares, no podremos conocer la satisfacción que sólo el Señor nos puede dar. He aquí la razón que tantas personas se alejan de la iglesia después de un corto tiempo: no han aprendido a buscar a Dios como su refugio.

Llegan a la iglesia y aceptan al Señor pensando que les va a dar bendición en el trabajo, o que les va a sanar de alguna enfermedad, o que tendrán una vida de bendición económica si se acercan a Dios. No me malentiendan; Dios da todas esas cosas, en su momento. Pero lo que Dios más nos quiere dar, y lo que él más quiere que recibamos, es a él mismo. Él quiere que aprendamos a deleitarnos en él, a refugiarnos en él y dejar atrás todos los falsos refugios que por tanto tiempo nos han llamado la atención.

Conclusión:

Quiero hablarte a ti que eres creyente, que has aceptado a Cristo como tu Señor y Salvador, pero que te encuentras buscando refugio en lugares equivocados. No subestimes el atractivo de esos refugios. Si vas a aprender a refugiarte en el Señor y deleitarte en él, necesitas un plan de acción.Primero, identifica los momentos de tentación y debilidad en tu vida. Es importante reconocer los momentos en que empieza el proceso de atracción. Pueden ser momentos de estrés, de desilusión o de rechazo.

Segundo, en ese momento, ejerce tu voluntad y vuélvete a Dios. Confiésale tus sentimientos, y pídele que te acerque a él y te llene con su gozo.

Tercero, reconoce tu propio dolor. Muchas veces, cargamos cantidades de dolor de nuestro pasado que nunca hemos enfrentado, y que buscamos tranquilizar de cualquier manera. Si vamos a superar ese ciclo, tenemos que enfrentar ese dolor poco a poco. Quizás con la ayuda de algún amigo, pastor o consejero, tenemos que dejar que la luz de Dios brille en esos rincones más oscuros de nuestra vida.

Quiero también decirte algo a ti que aún no aceptas a Cristo. Todas esas cosas en tu vida que crees que te van a dar felicidad y satisfacción son cisternas rotas. Nunca vas a encontrar en ellas la verdadera vida.  Cristo mismo dijo: El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna (Juan 4:14).  Si tú quieres encontrar ese verdadero refugio en esta mañana, sólo Cristo te la puede dar.  No esperes más.  Ven a él en fe, y encontrarás lo que tu alma anhela.

¿Transformación o Conversión?

Jesús y la Samaritana“La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.  Jesús le dijo: Vé, llama a tu marido, y ven acá” (Juan 4:15-16).

El pasaje es famoso.  Todos hemos escuchado de la mujer samaritana y cómo Jesús cambió su vida.  Pero, ¿qué nos puede enseñar sobre el evangelismo y el concepto de conversión que debemos tener?

Los discípulos se habían ido y Jesús se encuentra en una situación trans-cultural y un poco incómoda.  Hay tantas normativas de la sociedad que él está rompiendo.  Hombre solo hablando con mujer sola.  Judio hablando con samaritano.  Mesías santo hablando con pecadora y adúltera.  Sin duda, Jesús no está siguiendo las reglas de su cultura ni religión.

Sabemos que por medio de esta interacción trans-cultural la vida de esta mujer se transforma y de hecho, todo su pueblo llega a conocerle y creer en Él (4:39).  ¡Gloria a Dios!  Pero, según nuestros métodos, Jesús no sabía evangelizar bien.  Después de una conversación rara, la mujer empieza a mostrar interés en esta agua viva del cual Jesús habla.  ¡Llegó la oportunidad!  ¡Presenta el evangelio, Jesús!  ¡Ella está apunto de convertirse!  Pero mira de nuevo los versículos 15 y 16.  Cuando ella muestra un deseo de saber más, ¡Jesús le manda que salga!  ¡Nunca hagas esto con un inconverso que quiere más información!  ¿Acaso no le importa a Jesús el alma de ella?

Quizás Jesús tenía un concepto de conversión muy diferente que el nuestro.  Quizás su prioridad era transformación más que conversión.  De hecho, ¿dónde en esta historia dice que la mujer se convirtió? Ella no hizo una oración formal.  En otras palabras, ¿cuándo en este pasaje pasó la samaritana de la muerte a la vida? ¿Fue cuando ella dejó su cántaro y se fue a la ciudad? ¿Durante los dos días que Jesús se quedó allá, quizás?

No sabemos.  Y nos molesta, ¿no? Vemos la conversión como un instante y la Biblia no habla en términos así.  Nuestra cultura de estadísticas y resultados numéricos nos ha condicionado a ver el evangelismo y la conversión de una manera.  Tal vez algunos encuentros trans-culturales (como el de Jesús y la samaritana, o el testimonio de Amin que se compartirá en la próxima entrada) nos pueden mostrar un mejor camino.

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