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El Espíritu y la Cultura

MulticulturalEscrito por: Raphael Rosado, Puerto Rico

En Hechos 10 la Biblia nos relata la manera en que el Espíritu Santo llegó a los gentiles.   Pedro fue el discípulo elegido para presentar el Espíritu Santo por primera vez a personas que no eran judías, como en todos los cambios hubo resistencia. Pedro argumentaba que de acuerdo a la ley judaica aquellos que no profesaban las costumbres judías eran inmundos e indignos de recibir la promesa del Espíritu Santo. Pedro era un hombre de fe, el dirigente más importante de la Iglesia, un hombre lleno del Espíritu Santo. Aun así, Pedro no podía ver más allá de su cultura para aceptar la posibilidad de que hubiera otra manera de vivir el evangelio. Incluso después de observar a los gentiles recibir el Espíritu Santo, Pedro continuó teniendo problemas conciliando su cultura con las costumbres de otros cristianos, Gálatas 2:11.

El problema sobre la relación entre el evangelio y la cultura, las obras y la fe no es nuevo. Por el contrario, es el problema más antiguo de la iglesia cristiana. Por eso me parece tan importante recordar la contestación de Jesús a la confusión de Pedro. “No llames inmundo lo que yo he limpiado.” La promesa del Espíritu Santo no depende de nuestra cultura, la ropa que nos ponemos o de nuestra forma de adorar. Desde el comienzo de la iglesia el Espíritu Santo se derramó sobre personas de diferentes culturas sin hacer distinción de personas.

Posteriormente, los creyentes tuvieron que lidiar con otros problemas mientras el evangelio se esparcía. ¿Podemos comer carne sacrificada a los ídolos? Esta pregunta parece tonta hoy día pero su contestación ilustra claramente la forma como Dios mira nuestras decisiones en cuanto a nuestra cultura. Dice Pablo: “Que la muerte de Cristo anuló el acta de los decretos que había en contra nuestra. Por lo tanto nadie puede juzgarnos por comida, ni bebida, ni días de fiesta.” Colosenses 2:14-16. Por eso Pablo nos dice que el “reino de los cielos no es comida ni bebida sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” Romanos 14:17. Por lo tanto no podemos limitar o negar la bendición de compartir nuestra experiencia en el Espíritu Santo por razones culturales. De hecho nos está vedado juzgar a nuestros hermanos por su cultura o costumbres.

Significa esto que el bautismo con el Espíritu Santo representa una carta blanca para hacer lo que queramos. Por supuesto que no: Pablo nos dice: “No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come”, Romanos 14:20. Por lo tanto es el amor a nuestros hermanos lo que nos lleva a alejarnos de ciertas conductas. Pero recordemos ni la salvación ni la santidad dependen de obras, costumbres o cultura. La obra del Espíritu Santo depende del amor que está disponible para todos.

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