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Espíritu Santo: ¿para qué?

        Escrito por: Raphael Rosado, Puerto Rico

              palomaDurante toda mi vida he escuchado sobre la importancia de tener una relación personal con el Espíritu Santo, pero muy pocas veces nos preguntamos, ¿para qué? ¿Cuál es el propósito por el cual el Consolador fue enviado a habitar en nuestros corazones? Creo que un examen de los actos del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés nos ilustrarán cuál es el propósito de la tercera persona de la Trinidad.

                Hechos 2:4 nos relata que el Día de Pentecostés todos los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas según el Espíritu les daba que hablasen. Dice el v. 6 que todos los extranjeros que estaban en la ciudad los escuchaban hablar en su propio idioma. Este milagro nos demuestra el propósito principal de la presencia del Espíritu Santo en el mundo: la compresión del evangelio para la salvación de las almas por las cuales Jesús murió. El Espíritu Santo está en el mundo para ayudarnos a cumplir la Gran Comisión. Todo lo demás es secundario.

                Me parece triste cuando observo a las personas pidiendo milagros y manifestaciones del Espíritu Santo que no van dirigidas a la salvación de las personas. El poder del Espíritu Santo no existe para nuestro beneficio personal. Cada milagro que el Espíritu Santo hizo a través de los discípulos tenía como propósito que las personas pudieran encontrarse con Jesús.

                La obsesión que a veces parece tener la iglesia con los milagros y las manifestaciones falla en entender un punto adicional. Los milagros, las sanidades, las manifestaciones – todo es de carácter temporal. Déjame darte un ejemplo: Creo que no debe existir milagro más extraordinario humanamente hablando que una resurrección. Ver a Jesús resucitar a Lázaro debe ser una de las cosas más increíbles que se hayan observado jamás. Sin embargo, luego del milagro la vida de Lázaro continúo hasta que eventualmente murió y esta segunda vez no se volvió a levantar. Ese milagro al igual que todos los demás duró solo un tiempo limitado. Los milagros por maravillosos que sean no tienen valor en sí mismos. Solo tienen significado en función de mostrar la gloria de Dios y salvar a las personas.

                Ahora bien, existe un solo milagro de carácter eterno. Ese milagro es la razón por la que Cristo murió y por la cual el Espíritu Santo fue enviado. Ese milagro es la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones. El único milagro permanente es la transformación total y completa que el Espíritu Santo realiza cuando convierte a un ser humano en una nueva criatura. En nuestro ministerio nunca olvidemos la razón principal por la que el Espíritu Santo nos santificó, para usarnos como instrumento para santificar a otros. ¡¡No existe nada más importante, ni más increíble!!

¿Envuelto en Pañales?

Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.  Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir” (Juan 11:44).

Entonces tomaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en telas de lino con las especias aromáticas, como es costumbre sepultar entre los judíos” (Juan 19:40).

“Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas 2:12).

¿Por qué les dio el ángel como señal que el bebé se encontraría “envuelto en pañales…”? De todos los señales, esto parece muy raro, ¿no?

El griego traducido en español acá como “envuelto en pañales” es la misma frase que se usa en Juan 11:44 y en Juan 19:40 hablando de la manera en que los cadáveres de Lázaro y Jesús fueron envueltos con” vendas” o “telas de lino.” El ángel anuncia a los pastores que las vendas/pañales que se envuelvan al infante estarán muy apretados, sólo como suceda en el caso de cuerpos muertos en preparación para su entierro.

La señal para ellos y para nosotros es clara. Este mismo infante mimoso, Dios encarnado, se morirá. En Adviento y su milagro de vida, vemos a la vez un Dios que se dará a nosotros por su muerte. Esta Navidad celebramos que este bebé vino, y vino para morir.

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