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La Gran Cadena de Manos Entrelazadas

Ayer recibí un email animador de algunos amigos con quienes yo había perdido el contacto. Ahora Onán y Loyda Morales están ministrando en la obra hispana en el Distrito Sur de California, USA. Ellos escribieron algo en su testimonio que me impactó:

“Y cada mensaje de nuestros misioneros y ahora leer todos estos comentarios viene a enriquecer y a refrescar nuestro espíritu porque la obra misionera, no es solo dejar tu país y hacer muchos sacrificios, sino es formar una gran cadena de manos entrelazadas para proclamar que Cristo es nuestro Señor y que todo el mundo lo necesita para ser Salvo.”

Yo puse el énfasis en la última parte. ¿Leyeron esto? El misionero “oficial” o “profesional” no es la persona que de verdad hace mover las cosas. ¿Qué pudiéramos hacer como misioneros sin “la gran cadena de manos entrelazadas”? Sin exagerarme tengo que admitir que no pudiéramos lograr nada de permanencia sin las oraciones, las donaciones, el sacrificio diario de la gente “detrás de las escenas”. ¿Cómo podemos decir que la bienvenida en el cielo para algún misionero va a ser mucho más impresionante que la bienvenida para la ancianita que ha orado por años por aquel misionero? Es tiempo de no poner en un nivel más alto el misionero, como si fuera super-espiritual. Como misioneros debemos seguir cada momento la voluntad de Dios, muchas veces humillándonos para comunicar el evangelio en otra cultura y aprender de ellos. Debemos sin duda responder a cada susurro del Espíritu Santo y encarnarnos en otro entorno para que el mundo conozca a Cristo. Es decir, debemos hacer lo que cualquier cristiano debe estar haciendo.

Claro, no todos tienen el llamado a aprender otro lenguaje, viajar a otro país, etc. a causa del Señor. Pero todos debemos estar dispuestos para mudarnos en un momento si Dios nos dice, abrir (o cerrar) nuestra boca si Dios nos urge, responder a necesidad en nuestras comunidades cuando Dios la resalta delante de nuestros ojos. Esta es la tarea del Cristiano, no sólo del misionero. Los héroes de la fe son aquellos que lo hagan, no importa su edad, su sexo, ni su estatus en la comunidad. Dios va a recibirles a ellos, igual que con los misioneros que han entregado sus propias vidas en tierras lejanas, “Bien, buen siervo y fiel…entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:21, 23).

No podemos hacerlo solos. Te necesito y me necesitas. Si formamos la gran cadena, proclamaremos juntos y con más eficacia “que Cristo es nuestro Señor y que todo el mundo lo necesita para ser Salvo.”

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