Archivo del sitio

Nos Visitó la Aurora

Por Hiram Vega

De todos los nombres de Jesús, uno poco mencionado es La Aurora, o Nuevo Amanecer, una luz rojiza suave que antecede al sol. Es el preludio de un nuevo día.

En el capítulo 1 de su evangelio, el Dr. Lucas nos cuenta que Dios visitó a un sacerdote llamado Zacarías, que tenía su casa en una población de las montañas de Judá. Su esposa, Elizabeth, también pertenecía a la familia sacerdotal de Aarón.  Zacarías y Elizabeth eran justos a los ojos de Dios y cuidadosos en obedecer todos los mandamientos y las ordenanzas del Señor. No tenían hijos porque Elizabeth no podía quedar embarazada, y los dos eran ya muy ancianos.

¿Por qué Dios escogería a un sacerdote pueblerino, anciano y sin hijos, para ser parte fundamental de la obra de salvación? Tal vez la respuesta la da el apóstol Pablo al escribir:

“Dios eligió a los que, desde el punto de vista humano, son débiles, despreciables y de poca importancia, para que los que se creen muy importantes se den cuenta de que en realidad no lo son” (1 Cor. 1:28 TLA). ¡Dios sigue llamando a jóvenes y viejos para ser sus portavoces! ¿Has escuchado el llamado de Dios?

pexels-photo-462023.jpg

A los sin hijos, Dios les dijo que serían padres del profeta más importante de todos, Juan el Bautista, el escogido para preparar el camino del Salvador. Tan grande es esta revelación que Zacarías no puede creerla, y queda mudo por un tiempo. Me gustaría decir que yo sí le hubiera creído a Dios, pero la verdad es que muchas veces le creo más a las circunstancias que a Dios, le creo más a mis finanzas que a Dios, y le creo más a mis síntomas que a Dios. Necesito un jalón de orejas divino para disipar la duda y fortalecer mi fe.

Cuando Zacarías ve nacer a su hijo, lleno del Espíritu Santo profetiza (Lucas 1:76-79 NTV):

Y tú, mi pequeño hijo, serás llamado profeta del Altísimo, porque prepararás el camino para el Señor. Dirás a su pueblo cómo encontrar la salvación mediante el perdón de sus pecados.
Gracias a la tierna misericordia de Dios, la luz matinal del cielo está a punto de brillar entre nosotros, para dar luz a los que están en oscuridad y en sombra de muerte, y para guiarnos al camino de la paz.

Hoy día los profetas del Altísimo proclaman estas mismas buenas nuevas. Estos mujeres y hombres, jóvenes y viejos, ricos y pobres, educados y sin educación llevan la luz de Cristo a todos los que están en oscuridad en todo lugar, ciudad y colonia.

Y tú, ¿cómo aprovecharás esta temporada para anunciar el Nuevo Amanecer?

Aprendiendo de María

Por Charles W. Christian

Una vez escuché a un sacerdote católico contar un chiste acerca de una escena en el cielo. Jesús camina hacia un protestante y un católico, y les dice, “me da gusto ver que se llevan tan bien.” Después Jesús se dirige hacia el protestante y le dice, “quisiera presentarte a mi madre. ¡No creo que ustedes dos se han conocido!”

Nosotros, los protestantes que estábamos entre el público, nos reímos, pero eso me desafío a mirar más de cerca a lo que nosotros como cristianos –ambos protestantes y católicos– podemos aprender de María.

De acuerdo con los Evangelios, aquí hay algunas lecciones que vienen a mi mente:

  • Podemos estar disponibles para la obra de Dios: “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (Lucas 1:38).
  • Podemos permitir que nuestra fe en Dios anule nuestros miedos: [Elisabet dijo a ella] “Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45).
  • Podemos ser ejemplo de gratitud: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47).
  • Podemos permitir que Dios hable proféticamente a un mundo que necesita un Salvador: “[Dios] Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes” (Lucas 1:51-52).
  • Podemos aprender a atesorar las dádivas de Dios: “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19).

Hay muchas otras lecciones que podemos aprender del ejemplo de María. Durante esta temporada de Adviento, que, así como María, nos acerquemos al futuro con humildad, fidelidad, y esperanza. Dios ha escogido a su Iglesia para ser los portadores de buenas noticias de la persona y obra de Jesucristo. Adorémoslo, y compartamos estas buenas noticias por el poder del Espíritu Santo, mientras seguimos caminamos juntos a través de Adviento.

597d32ad05e16d1af93be1e180828e91--great-christmas-gifts-christmas-nativity.jpg

Oración para la semana:

Enséñanos obediencia, Señor
En cada parte de nuestras vidas
Oídos para escuchar tu palabra
Manos para realizar tu obra
Pies para andar por tu camino
Un corazón por tu pueblo
Una boca para gritar tu alabanza
Fe como la de un niño
Humildad
Confianza
Que le diga
A lo posible
Y a lo imposible
Soy el siervo del Señor
Hágase conmigo conforme a tu voluntad
Amén

(De John Birch en faithandworship.com)

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

¡Salve, Muy Favorecida!

Este Adviento he estado reflexionando sobre el carácter y la actitud de María, madre de nuestro Señor.  Radico en Panamá y en este país celebramos el Día de la Madre el 8 de diciembre.  De hecho, voy a estar escribiendo en la próxima entrada sobre mi mamá y algunas cosas que he aprendido de ella, cómo coinciden con este tiempo Navideño, etc.

Pero primero hablemos de Lucas 1:26-38.  En un tiempo de persecución Romana y adolescencia precaria, la jovencita María recibe un mensaje del ángel.  Recordemos que las primeras palabras que anuncia no son palabras de regaño, ni son palabras sobre lo que va a suceder o lo que ella debe hacer.  Gabriel comparte con alegría: “¡Salve, muy favorecida!  El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (v.28).  Después dice: “No temas, porque has hallado gracia delante de Dios” (v.30).

¿Estás escuchando la voz del Señor hoy? Él no te llega primero para pedir que hagas algo, ni mucho menos para acusarte.  ¡El mensaje del Señor de Señores para ti en este día es que eres favorecido y bendito!  ¡Él está contigo y bendito eres!  ¡Recibe y acepta esta afirmación y amor de nuestro Señor en este momento!

La segunda cosa que me llama la atención se resalta en versículos 35 y 37.  Con razón, María tiene sus dudas y quiere más explicación.  Y Gabriel no empieza a hablar de fisiología, sino de teología.  “El Espíritu Santo vendrá sobre ti….y no hay nada imposible para Dios.”  ¿Cómo puede pasar esto? ¡Solo con el Espíritu!  Lo que humanamente y biológicamente es imposible será posible con Dios.

¿Cuál es la situación imposible en tu vida actual? ¿Sabes cómo se va a resolver? ¡Ni con espada ni con ejército, sino con el Espíritu de Dios!  ¡Oh, Señor, necesitamos más de tu Espíritu en nuestras vidas y familias y ministerios! ¡Haz lo imposible en, a través de, y alrededor de nosotros!

Tercero, miremos la reacción de María.  Es de pura obediencia y humildad.  “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (v.38).  En medio de incertidumbre y temor, María esencialmente hace la misma oración que su Hijo ni aun concebido hará 34 años después antes de ser entregado y crucificado: “No sea como yo quiero, sino como  tú….hágase tu voluntad” (Mt. 26:39, 42).

¿Qué gran ejemplo, no? En este tiempo de Adviento nos preparamos para la venida del Señor.  Y cuando él nos viene, ¡preparémonos de verdad!  Porque su mensaje será uno de gracia y favor, mientras además nos presenta lo imposible como factible en nuestras vidas.  En nuestra confusión y sorpresa, que nuestra respuesta sea la de María: ¡Somos tus siervos, Dios!  ¡Derrama sobre nosotros más y más de tu Espíritu!  ¡Hágase con nosotros conforme a tu palabra!

En el Silencio Celestial

En preparación para el Día de Pentecostés (12 de junio, 2011), estamos escribiendo sobre la llenura del Espíritu Santo en nuestras vidas y qué diferencia hace en la vida de su pueblo mientras tocamos al mundo que nos rodea.  Esta semana Yeri Nieto, pastor de jóvenes en Villa Flores, Chiapas, México, nos habla sobre la oración y la búsqueda del rostro de Dios.

Zacarías de pronto recibe la respuesta de Dios. Un ángel se le aparece y le da esa palabra increíble que todo mundo espera cuando está necesitado. Como agua fresca para la sed que somos; como alimento para el hambre que padecemos.

Pero recibir respuesta de Dios no sólo es una satisfacción.

La Biblia no nos dice cuál era la oración de Zacarías y su mujer Elisabet, pero sí nos cuenta que el ángel del Señor le dijo: «No temas, porque tu oración ha sido oída» (Lucas 1.13). Y, con base en la información que se nos da, logramos leer que su petición era un hijo de ambos.

Pero recibir respuesta de Dios no sólo es una satisfacción.

El ángel no se detiene en un versículo. Le regala a Zacarías la maravillosa experiencia de escuchar más de lo que esperaba: «Elisabet te dará a luz un hijo… Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios… y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos se conviertan a Dios… e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías… y preparará al pueblo del Señor» (Lucas 1.13-17).

Pidió algo. Y por muchos años recibió silencio por parte de Dios. Pero en el silencio celestial siempre se gesta algo especial y grande.

¿Aún no recibes lo que tanto le has pedido a Dios?

Espera en Él, ¡porque aún has de alabarlo!

A %d blogueros les gusta esto: