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Cómo el Espíritu Santo y el Fuego Vencen los Vientos Negativos en tu Vida

Por Rev. Rob Prince

Mi Pequeñita Luz es una adorable canción de niños que es bien conocida alrededor del mundo. La canción anónima es un viejo espiritual negro (es decir, un himno) que ha sido entonado en escuelas dominicales y catedrales. La letra simplemente dice que mientras tal vez nosotros tengamos una pequeña luz, cuando no la escondemos, permitiéndole que brille e impidiendo que Satanás la apague, entonces ¡la oscuridad huye! Puedo apreciar esta verdad. La dejaré brillar. La dejaré brillar. La dejaré brillar.

No me lances piedras (¿o me escondas debajo de un almud? ¡No!), pero hay un problema con las luces pequeñas. La parpadeante flama de una pequeña vela es apagada fácilmente. No se necesita de Satanás para soplar y apagarla. Cualquier viento inesperado la apagará. He visto suficientes videos caseros chistosos para saber que todos, desde abuelas perdiendo sus dentaduras hasta bebés cubiertos de azúcar, pueden soplar las pequeñas luces de las velas de un pastel de cumpleaños. Las pequeñas luces de las velas son débiles. Se apagan fácilmente.

Por otro lado, una fogata en pleno auge, el tipo de fogata que tiene mucha madera, muchas flamas, perfecta para tradiciones y costumbres, no puede ser apagada por abuelas, bebés o cualquier otro viento que aparezca. De hecho, los expertos en incendios forestales saben que un incendio en el bosque no es aminorado por el viento, al contrario, el incendio se vuelve más fuerte a causa del viento. El viento extingue una vela, pero aviva un incendio.

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A lo largo de la Biblia, el fuego representa el poder y la presencia de Dios. Moisés encontró a Dios en una zarza ardiente, y después Dios se le apareció en una columna de fuego para guiar a su pueblo en el desierto (Éxodo 3:2, 13:21). En Pentecostés, seguido del sonido de un viento recio, Lucas nos dice que algo como lenguas de fuego reposaban sobre cada uno de los discípulos ahí reunidos. Ellos inmediatamente fueron llenos con el Espíritu Santo, y sus vidas y el mundo fueron transformados para siempre. Todo esto cumplió la profecía de Juan el Bautista de que el Mesías bautizaría “con el Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11-12). Eso es lo que necesitamos también—ser bautizados con el Espíritu Santo y fuego.

Cuando somos empoderados por el Espíritu Santo y fuego, incluso los vientos más resistentes no pueden apagarnos. Los vientos vendrán hacia todos. Vientos de desánimo. Vientos de negatividad. Vientos de tentación. Vientos de angustia. Vientos de dolor. Esos vientos, en algunos casos, son originados por las cosas de la vida, pero en otras ocasiones esas frías ráfagas vienen a través de personas arrogantes en nuestro camino. Las circunstancias difíciles, y la gente carnal y negativa, pueden intentar extinguir tu pequeña luz. Pero la gente que está consumida por el Espíritu Santo y fuego no es frágil, no falla como cuando los vientos están soplando sobre una pequeña vela. En lugar de eso, los creyentes llenos del abrasador Espíritu Santo miran al viento, y a esas personas en nuestra vida quienes están llenas de palabras huecas, y citan a Pablo, “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:14-15).

No seas simplemente una frágil y pequeña luz en un mundo oscuro, oscuro.  En lugar de eso ¡recibe el poder del Espíritu Santo y su fuego consumidor! Ni siquiera los tornados se comparan al fuego del Espíritu. Quizá hay lugar para un cambio en la letra. “Mi GRAN luz es Jesús y ‘aun los vientos y el mar le obedecen’” (Mateo 8:27). No es una estrofa pegajosa, ¡pero es verdad!

Este artículo fue publicado originalmente en: robprinceblog.wordpress.com.

Hacia la Efectividad Misional: Los Movimientos de la Misión de Dios – Parte 3 de 7

Por Ed Stetzer

La misión de Dios es atractiva y encarnacional.

No sé por qué, pero tengo una fascinación con los yoyos. Ahora, yo no sé usar un yoyo. Aún así, encuentro divertido y entretenido la manera en que un hábil jugador de yoyo (si puedo usar ese término) lanza el yoyo con gran fuerza rítmica solo para hacerlo regresar con un rebote energético para ser lanzada hacia atrás y regresar a su punto de partida.

Regularmente uso el yoyo y su movimiento como una forma de describir la misión de Dios. Así como un yoyo, cuando es usado apropiadamente, tiene una función de “ir” y “venir”, también así la misión de Dios. Los misiólogos a veces hacen referencia a este ir y venir, como las fuerzas (movimientos) centrípeta y centrífuga de la misión de Dios.

El Movimiento Centrípeto de la Misión de Dios

El movimiento centrípeto (venir) de la misión de Dios se observa con mayor claridad en el Antiguo Testamento en la nación de Israel. Dios puso a Israel en medio de las naciones. En la Tierra Prometida ellos fueron llamados para ser luz a las naciones—para vivir de tal manera que las otras naciones fueran atraídas a Jerusalén (vea Ex. 19:5-6; Dt. 28:10; Is. 49:6). Como Israel encarnara y representara la vida de Dios (es decir, el reino de Dios), ellos debían ser una ‘señal atractiva’ para un mundo vigilante.

El movimiento centrípeto de la misión de Dios permanece como una parte del llamado misional de Dios para el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento. En el Sermón del Monte, Jesús les enseñó a sus seguidores, “Ustedes son la sal de la tierra…Ustedes son la luz del mundo…Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo (Mt. 5:13, 14, 16) Pedro usa un lenguaje similar que se encuentra en su epístola (1 P. 2:9-12).

La fuerza centrípeta de la misión expresa que la misión no se trata solamente de ir o hacer (misiones), también se trata de ser. Por lo tanto, la identidad y naturaleza del pueblo de Dios manifestado en la manera que ellos viven el mandato cultural, la Gran Comisión, y su relación con Dios se vuelve un elemento misional atractivo en medio de un mundo perdido y decadente.

El Movimiento Centrífugo de la Misión de Dios

El movimiento centrífugo (ir) de la misión de Dios se ve más claramente en el Nuevo Testamento—a pesar de estar presente en el AT en lugares como Josué 2, Jeremías 27 y Jonás. Sin embargo, de una forma más pronunciada, Jesús presenta el cambio de paradigma de ir cuando da la Gran Comisión (Mt. 28:18-20; Hch. 1:8).

La Gran Comisión enseña que la misión de Dios no solo es local, sino global. Y no es responsabilidad del mundo venir al área donde la iglesia local se encuentra, pero es la responsabilidad de la iglesia ir al mundo.

La Gran Comisión (así como Hch. 1:8) es iniciada en el libro de Hechos y debe ser continuada hoy en día. En lugar de que las personas vinieran a Jerusalén, los creyentes salieron desde Jerusalén. Algunos han tomado Hechos 1:8 y han creado una estrategia de misiones (centrífuga) que incluye misiones locales, misiones nacionales y misiones internacionales.

Aunque pienso que esto es de ayuda, también me gustaría que pensáramos en Hechos 1:8 como una misión transcultural, étnica, racial. En otras palabras, los creyentes judíos tenían que cruzar, centrífugamente, fronteras transculturales, étnicas y raciales para poder compartir el evangelio con aquellos que estaban lejos de Dios.

Esto es un punto importante para los creyentes que viven en un contexto urbano—por no mencionar para todos los cristianos, dado que vivimos en un mundo globalizado. Durante la última mitad del siglo, nuestro mundo ha experimentado urbanización—una afluencia de personas mudándose a las ciudades.

Por lo tanto, nuestras ciudades y sus áreas urbanas contienen mucha diversidad—comúnmente son multiculturales, multiétnicas y multirraciales. Y la realidad es que la diversidad no está desacelerando; si acaso está acelerando. Aquellos viviendo en o alrededor de centros urbanos tal vez encuentren sus propios habitantes de Jerusalén, de Judea, de Samaria y extranjeros.

El siguiente es un gráfico para ayudarnos a entender las diferencias entre los diversos grupos—que no sólo se encuentran alrededor del mundo, sino también donde vivimos, trabajamos y jugamos—la Iglesia ha sido y es llamada centrífugamente a alcanzar a todos, simultáneamente.

Observen que Hechos 1:8 es una descripción del libro de Hechos, no un orden que seguimos. En otras palabras, no alcanzamos primero nuestra Jerusalén, después nuestra Judea, y así sucesivamente.

Ya estamos, ahora, en lo último de la tierra. La misión es de cualquier lugar a cualquier lugar.

Pero todavía hay algunas cosas que podemos aprender acerca del tipo de personas que debemos alcanzar. He aquí una manera de pensar en esto.

  • Jerusalén – Cualquier lugar dentro de la esfera cotidiana de influencia de su comunidad de fe.
  • Judea – Cualquier lugar fuera de la esfera cotidiana de influencia de su comunidad de fe, pero que comparte una misma cosmovisión.
  • Samaria – Cualquier lugar de la esfera cotidiana de influencia de su comunidad de fe, que tiene una cosmovisión ligeramente diferente, a menudo es poco apreciado e incluso mal visto, pero que comparte algunas similitudes con ustedes.
  • Lo último de la tierra – Cualquier lugar fuera de la esfera cotidiana de influencia de su comunidad de fe que difiere radicalmente de la cosmovisión con algunas, o alguna, similitud.

Déjenme resumir esto.

La misión de Dios se mueve en dos direcciones.

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Primero, se mueve “atractivamente” (magnéticamente) a través de las vidas transformadas de su pueblo. Por tanto, es importante para las iglesias enseñar y equipar a los creyentes para vivir vidas transformadas, piadosas, que estén centradas en Jesús el rey y que demuestren la ética de su reino. La misión de la vida atractiva puede y dirige, a aquellos que están lejos de Dios, a preguntar “¿Qué debo hacer para ser salvo?”

Segundo, la misión de Dios se mueve “encarnacionalmente” (externamente) a través del pueblo de Dios siendo enviado a un mundo perdido, decadente y diverso. Por lo tanto, es importante para las iglesias enseñar, equipar, exhortar y proveer vías para que los creyentes participen en la misión mundial de Dios, de alcanzar a aquellos que están lejos de Dios, un movimiento que comienza con nuestros prójimos pero que se mueve a las naciones.

La misión de la vida encarnacional puede y dirige a la reunión de todas las naciones en un solo pueblo—gente de toda tribu, nación, lengua y pueblo (Ap. 5:9; 7:9). La próxima vez, hablaré acerca de la marca de una comunidad misional.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2016/december/towards-missional-effectiveness-movements-of-gods-mission-p.html

Brillando en Sintonía

Como muchos de ustedes saben, esta semana estoy en Bangkok, Tailandia donde tengo el privilegio de estar con líderes jóvenes (y líderes de jóvenes) de más de 40 países.  La conferencia se llama Tercera Ola y se ha llevado a cabo dos veces antes, en Quito, Ecuador y en Johannesburgo, Sudáfrica.  Mi intención es actualizar este blog varias veces durante mi tiempo acá, pero estamos muy ocupados también, entonces quizás hablaré más al regresar a Panamá.  Sin embargo, quiero compartir una historia de este país que nos podrá enseñar sobre comunidad, cooperación, y…¡pues, luz!

En muchos de nuestros países las luciérnagas nos fascinan con sus lucecitas durante las noches frescas de nuestros veranos.  Pero en ciertos lugares lejanos, como acá en las selvas de Tailandia, las luciérnagas hacen algo aun más intrigante.  No muestran sus luces al azar como nos acostumbra ver; enciendan y apagan sus lucecitas a la misma vez, es decir, simultáneamente.

Nadie del Occidente había visto este fenómeno antes del año 1965, aunque existían leyendas entre los pueblos tailandeses de esa parte de Asia.  En ese año, una pareja de científicos, John y Elizabeth Buck, exploraron en una lancha y descubrieron que todos los miles de luciérnagas – casi como árboles de Navidad – brillaban y se apagaban JUNTAS.  Imagina eso: en algún momento todo el río y la selva era oscuro – de hecho, el matrimonio no podía ver nada por la oscuridad.  ¡Y cada dos segundos toda la selva brillaba, por medio-segundo, iluminando todo como si fuera mediodía!

Los Buck decidieron capturar cientos de esas luciérnagas y las llevaron a su hotel.  Esa noche las soltaron en el cuarto y por algunos momentos no se encendían simultáneamente.  Sin embargo, de repente John se dio cuenta de que, después de uno o dos minutos, dos o tres de los insectos empezaron a volar juntos y brillar también a la vez.  En poco tiempo tres llegaron a ser cinco, y cinco diez, hasta que toda la multitud de luciérnagas estaba encendiendo sus luces en sintonía.

Este relato me hace pensar en la Iglesia y el Año 2012 que ya ha llegado.  Tristemente todos hemos visto donde cada individuo del Cuerpo quiere brillar a su manera cuándo y cómo lo desea hacer.  Una luz por allá, otra por acá un segundo después.  Con los muchos talentos y luces que Dios nos ha concedido, aun así se ve lindo a veces.  

Pero una luciérnaga no posee mucha potencia en sí misma, ¿cierto? Si buscamos unirnos a nuestros hermanos y compañeros, y si buscamos sincronizar nuestro trabajo, este año 2012 será un año donde de verdad el mundo notará una luz especial brillando en nosotros como Iglesia y región.

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Cor. 4:6).

Manteniendo la Llama Ardiendo (Después de un Viaje Misionero de Corto Plazo)

Aquí (Manteniendo la Llama Ardiendo) se provee una buena herramienta para que todo participante en un viaje misionero de corto plazo mantenga la llama ardiendo.  No importa cuando fue que tu gente sirvió en un viaje misionero este año, considera mandar una copia de este artículo a cada uno de ellos como un estímulo de tu parte.

Manteniendo la Llama Ardiendo

Hay muchas cosas que puedes hacer para mantener la llama ardiendo y continuar siendo una luz en el mundo (Mateo 5:14-16). He aquí algunos pasos prácticos que puedes tomar para mantener el enfoque tanto espiritual como ministerial.

1. Vivir de manera diferente. ¿Sabes que es lo que hará que tu viaje de corto plazo no llegue a ser nada más que otra experiencia pasajera en tu vida? Tú.  Sólo tú puedes determinar si continuarás el maravilloso trabajo de ir creciendo tan cerca del Señor y de ser una bendición a otros.  Para que esto suceda, debes tomar una responsabilidad y ser intencional sobre tu peregrinaje continuo.  “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios.  No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.  Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable, y perfecta” (Romanos 12:1-2).

2. Invertir en el campo misionero. Puedes ser un gran estímulo para sus anfitriones en mantenerse en contacto con ellos.  Escribir cartas, mandar tarjetas de cumpleaños, orar por ellos y unirse a su equipo de apoyo financiero.

3. Guardar tu mente. Las cosas que permites en tu mente tienen un impacto en la manera que vives. Un flujo constante de televisión, películas, libros y música que no agraden a Dios, afectará tu actitud y te robará el gozo que tienes en Cristo Jesús.  Al principio quizás no veas ningún efecto, y puede ser que te sientas como si estuvieras saliéndote con la tuya.  Como sea, en la larga carrera encontrarás que es como una fuga lenta.  Finalmente habrá una explosión y te encontrarás así mismo “fuera de servicio” espiritualmente.  ¿Recuerda el viejo dicho: “Basura dentro, basura fuera”? La Biblia dice, “No os engañéis: Dios no puede ser burlado. Un hombre cosecha lo que siembra” (Gálatas 6:7).

Una mente abierta es buena.  Igual que una ventana abierta.  Como sea, ponemos un mosquitero a la ventana para mantener a los insectos fuera.  Trata tu mente como una ventana que tenga un mosquitero.  “Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo noble, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna o alabanza, en estas cosas pensad” (Filipenses 4:8).

4. Atesorar la palabra de Dios en tu corazón. Mantente constante en el estudio y memorización de la Biblia.  Un esfuerzo diligente para conocer mejor la Palabra de Dios resultará en una relación creciente y vibrante con Él.  Agregando, puedes leer biografías misioneras inspiradoras que te recuerden de las grandes cosas que Dios puede hacer con una vida que está totalmente rendida a Él.

5. Tomar riesgos – ¡Mantente fuera de tu zona de confort! Decide ahora mismo que no estás justamente “en el término de tu viaje misionero a corto plazo,” sino realmente en el principio de un nuevo ministerio.  Planea vivir en una manera que puedas continuar estirando el nivel de fe que tienes ahora.  Pon tu confianza en Dios.  Busca escuchar su voz, obedece y pon en práctica todo lo que has aprendido.  ¡Viviendo radicalmente alimenta a una fe radical!

¿Te das cuenta que el acto de caminar en realidad requiere que establezcas tú mismo un balance? Así como tu pones un pie en frente del otro, estás literalmente inclinándote hacia delante sin balance.  Si nunca tomaras el riesgo de estar fuera de balance, estarías pegado en un lugar.  Así es en la vida y la fe.  El hecho de salir y tener un poco de desbalance es el acto mismo que te permite avanzar espiritualmente.  Piensa sobre los grandes pasos que tomaste para ir a un viaje misionero a corto plazo y mira como estás creciendo.  Así que sigue tomando riesgos, siguiendo las imaginaciones salvajes de Dios y estando en el lugar donde sólo tendrás éxito si confías en ÉL y sólo en ÉL.

Esta es una manera más de asegurar que tu viaje misionero a corto plazo tendrá una duración de largo plazo.

Traducido de “The Next Mile View Point” – Noviembre 2009

La Verdad sin Sentido

Ayer empezamos un camino con Donald Miller y su libro Blue Like Jazz.  Hoy quiero que leamos una parte donde el autor está hablando con su amiga, quien quiere que Miller compruebe su fe y la existencia de Dios.  ¿Qué nos dice la respuesta de Donald y cómo puede ayudarnos en nuestros ministerios entre escépticos o relativistas?

“No tengo una explicación para Laura. No creo que exista una explicación. Mi creencia en Jesús no me parecía racional o científica, y sin embargo no había nada que podía hacer para separarme de esta creencia.  Creo que Laura estaba buscando algo racional, porque ella piensa que todo lo que es verdadero también es racional.  Pero no es así.  El amor, por ejemplo, es una verdadera emoción pero no es racional.

Lo que quiero decir es que la gente lo siente.  He estado enamorado, mucha gente ha estado enamorada, aunque el amor no puede ser científicamente comprobado. Tampoco la belleza. La luz no puede ser comprobada científicamente y todavía creemos en la luz y por la luz vemos todas las cosas.  Hay muchas cosas que son verdad que no tienen ningún sentido.  Creo que uno de los problemas que Laura tenía fue que quería que Dios tuviera sentido.  Y no siempre lo tiene.  Él no tendrá sentido para mí como yo no tendré sentido para una hormiga” (54).

El Sol y La Cueva

Había una vez una cueva que vivía bajo la tierra (como acostumbran hacerlo). Esta cueva había pasado toda su vida en la oscuridad, sin saber lo que es la luz.

Cierto día oyó una voz que le dijo:

-Cueva, te invito a que subas y conozcas la luz del sol.

-¿Qué es eso, qué es la luz? – respondió la cueva- Además estoy muy a gusto aquí.

La voz le contesta: Con mayor razón debes atender a mi invitación, para que sepas que es la luz.

Al principio la cueva tuvo temor de la invitación por no saber que es aquello que la invitaba a ver.  Pero al final la cueva salía lentamente de su lugar, recordando la confianza que la voz le brindó.

Poco a poco iba descubriendo qué era la luz. Y aunque le lastimaba un poco sus ojos, la cueva estaba sorprendida al ver que la luz era tan brillante y que estaba por todas partes, no había ni una pizca de oscuridad en ningún lugar, no había lugar donde la luz no estuviera. Se sintió extraña, pero cálida y feliz a la vez.

Conociendo ahora quien era la luz y notando la diferencia, la cueva, mirando al sol, le dijo:

-Ven ahora conmigo y conoce lo que es la oscuridad.

-¿Que es la oscuridad?- preguntó el sol.

-¡Ven conmigo y la conocerás!-replicó la cueva.

El sol, aceptando la invitación, decidió ir a conocer la obscuridad. Cuando el sol entró a la cueva le dijo: “Ahora enséñame la oscuridad”.  La cueva, atónito, no sabía que responder.

-Entra un poco más – dijo la cueva- Hace poco había mucha oscuridad acá.

El sol caminaba más, entrando más a la cueva con cautela y curiosidad.

-Bueno, estoy listo, Cueva.  Muéstrame la oscuridad – le dijo.

Tratando de responder, la cueva quedó sin palabras.  Avergonzado, explicó: ¡Es que justo antes de que vinieras acá, había mucha oscuridad!  No sé porque no existe en este momento…

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9).

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

Estrellas de la Cruz

Hace dos semanas Emily y yo tuvimos el gusto de predicar en una Convención de la MNI para el distrito Sur de Florida en los EEUU. Varias cosas que el concilio distrital de la MNI hicieron me impactaron.

Primero, ellos combinaron su culto de inicio con el culto de inicio de la Convención de la JNI. Explicitamente e intencionalmente estaban diciendo, “Queremos que los jóvenes sean parte de la MNI y misiones.”

Segundo, formalmente honraron a los misioneros jubilados (no únicamente estadounidenses) que habían dedicado sus vidas para servir al Señor en el campo misionero. Emily y yo tuvimos el gran privilegio de platicar con muchos ancianos que sirvieron en misiones en África, Europa, Asia, Sudamérica, el Cáribe, y en nuestra propia región de México y América Central. ¡Los 40+ misioneros habían trabajado en lugares trans-culturales por un total de 940 años! ¡Qué experiencia inolvidable para Emily y yo ser testigos de esta gran herencia!

Emily y yo fuimos invitados para honrar a los misioneros jubilados y desafiar a nuevas generaciones a dedicarse completamente a la obra como ellos lo habían hecho. En algún sentido íbamos a servir como puente entre el pasado y el futuro. El lema del fin de semana fue “Estrellas de la Cruz.” ¡El distrito alquiló tres limusinas y vistieron a los misioneros jubilados en esmóquines y vestidos formales y cuando llegaron al culto habían 900 personas allá aplaudiendo y tomando fotos! Antes de que predicáramos, algunos jóvenes habían entrevistado a los misioneros y compartieron sus testimonios y algunas fotos en cinco presentaciones impactantes. Esta gente que quizás nunca había recibido el agradecimiento y elogio que merecía estaba llorando de gozo por recibir este gran honor.

Esa primera noche predicamos sobre Filipenses 2:14-18, celebrando la manera en que los misioneros jubilados habían “resplandecido como luminares en el mundo, asidos de la palabra de vida.” Pero, ¿saben qué? Ser estrella o luminar en este mundo significa fama, riquezas, y poder. Todo lo contrario para aquellos misioneros. Ser estrella de la cruz significa seguir el ejemplo de Filipenses 2:5-11. Pablo habla de luminares en el mundo inmediatamente después de hablar de la gran estrella que llegó a ser enaltecido por despojarse de sí mismo.

Los ejemplos de otros que han dado hasta sus propias vidas por la causa de Cristo están ante nosotros. Pero la pregunta es: ¿Quienes ahora resplandecerán…asidos de la palabra de vida? Enfocándonos en el pasado es esencial, pero el mundo actual espera en necesidad todavía. ¿Quienes de ustedes “se despojarán a sí mismos, tomando forma de siervo…”? ¿Quienes “nos humillaremos a nosotros mismos, haciéndonos obediente [aun] hasta la muerte”?

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