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Pies

Por Frederick Buechner

“Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas…” dice Isaías (52:7). No cuán hermosos son los labios del mensajero, quien proclama las buenas nuevas, ni sus ojos mientras las anuncia, ni siquiera las buenas nuevas en sí mismas, sino cuán hermosos son los pies—los pies sin los cuales él nunca hubiera podido subir las montañas, sin los cuales las buenas nuevas nunca hubieran sido proclamadas.

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Quién sabe de qué forma inspiradora el corazón, la mente o el espíritu del mensajero llegó a recibir las buenas nuevas de paz y salvación en primer lugar, pero en cuanto a la pregunta de si él haría realmente algo acerca de ellas—puso su dinero donde estaban sus palabras, su calzado donde estaba su inspiración—sus pies fueron los que finalmente tuvieron que decidir. Tal vez es así siempre. Cuando los discípulos se encontraron por primera vez con el Cristo resucitado ese domingo por la mañana, con su confusión y terror, no tocaron sus manos sanadoras, o sus labios con palabras de enseñanza o su corazón santo. En lugar de eso, fueron esos mismos pies cansados que lo llevaron a los discípulos tres años antes, cuando estaban en sus asuntos y sus redes, esos pies que lo llevaron todo el camino desde Galilea hasta Jerusalén, donde tropezó con la colina donde lo que iba a suceder, sucedió. “…se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron,” dice Mateo (28:9; énfasis del autor).

En general, si quieres saber quién eres en realidad, a diferencia de quien te gusta pensar que eres, fíjate a dónde te llevan tus pies.

Este artículo fue publicado originalmente en Wishful Thinking y después en Beyond Words.

¿Eres Inadecuado?

La próxima vez que sientas que Dios no te puede usar, sólo recuerda…

Noé fue un borracho…Abraham fue demasiado viejo…Isaac fue un soñador…Jacob fue un mentiroso…Lea fue fea…José fue maltratado…Moisés fue tartamudo…Gedeón fue miedoso…Sansón fue mujeriego…Rahab fue prostituta…Jeremías y Timoteo fueron demasiado jóvenes…David fue adultero y asesino…Elías fue suicida…Isaías predicó desnudo…Jonás huyó de Dios…Noemí fue viuda…Job estaba en quiebra…Pedro negó a Cristo…los discípulos se durmieron cuando oraron…Marta se preocupó por todo…la mujer samaritana era divorciada (¡cinco veces!)…Zaqueo fue demasiado bajo…Pablo fue demasiado religioso…Timoteo tuvo una úlcera…¡y Lázaro estuvo muerto!

Ahora, ¡no más excusas! Dios te puede usar para transformar el mundo. Y además, tú no eres el mensaje, sólo eres el mensajero.

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