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Informe de Misión: ‘Misionero’

Por Howard Culbertson

Hoy en día, la gente usa la palabra “misionero,” por lo menos, de cuatro formas:

  • Como una descripción para todos los cristianos;
  • Como una etiqueta para las personas que están haciendo cualquier tipo de ministerio en cualquier lugar;
  • Como una categoría especializada para cualquier persona con una experiencia de ministerio transcultural, ya sea de largo plazo o solo por algunos días;
  • Como un título para aquellos que tienen un llamado y poseen dones para un ministerio transcultural.

Así que, ¿cuál es la mejor opción? Y, ¿hay alguna razón para preferir una opción por encima de la otra? Yo estoy a favor de la última opción. Para mí, ese uso de la palabra encaja mejor con cómo los creyentes son descritos en Romanos 12, Efesios 4 y 1 Corintios 12. Esos tres pasajes comparan la Iglesia con un organismo viviente. Así como un cuerpo de carne y sangre, la Iglesia de Cristo está compuesta por muchos miembros diferentes, cada uno tiene un rol importante que jugar para el organismo. Observando que un cuerpo no puede funcionar si solo estuviera hecho de ojos y orejas, Pablo escribe que la iglesia sería disfuncional si todos los creyentes intentan hacer el mismo trabajo. A este respecto, Pablo hace algunas preguntas retóricas: “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿son todos maestros?” Obviamente Pablo espera un “no” a esas tres preguntas hechas en 1 Corintios 12.

At_SKC_0.jpgPara estar seguros, la palabra “misionero” no está en ese pasaje. Una razón es que “misionero” tiene su raíz en el latín, un idioma que solo llegó a ser utilizado años y años después de los tiempos del Nuevo Testamento. No obstante, la metáfora de Pablo de un cuerpo es muy relevante a la manera en cómo usamos “misionero.” Empezando con Pablo y Bernabé, la Iglesia ha reconocido que Dios llama y capacita personas específicas para dar sus vidas cruzando barreras geográficas, culturales, y de idioma para llevar a cabo movimientos de plantación de iglesias; personas como Milly y Agnes Ibanda (ver foto) quienes, junto con su familia, recientemente fueron enviados de la iglesia en la República Democrática del Congo, para servir en Madagascar. Aquellos que van son personas para quienes la palabra “misionero” se acuñó en los años 1600.

La ampliación del significado de “misionero” de su uso original, se ha hecho con buenas intenciones. Sin embargo, no siento que ha infundido urgencia o propósito a los creyentes poco interesados. Por otro lado, quedarse con el uso original limitado de “misionero” sí ayuda a la Iglesia por medio de:

  • Recordarnos la necesidad de ser intencionales acerca de llevar a la iglesia a “donde todavía no hay iglesia” (en lugar de tener personas que digan, “estamos haciendo todo lo que Dios espera de nosotros si somos ‘misioneros’ en nuestros vecindarios”).
  • Abrazar la imagen de la iglesia como un cuerpo hecho de miembros con diferentes funciones, una de las cuales es seguir el llamado de divino de llevar el Evangelio a través de las fronteras culturales, geográficas y de idioma a “donde todavía no hay iglesia.”
  • Reconocer que Dios no espera que todos empaquen sus maletas y tomen un vuelo internacional. Algunos van a ir. Otros van a enviar. Eso representa el significado de la palabra “misionero” tal y como fue acuñada originalmente.

Nota: Reservar el título de “misionero” para aquellos que están haciendo un tipo de ministerio específico, en lugar de aplicarlo más ampliamente, no justifica que cada creyente no esté involucrado apasionadamente por medio de orar, dar, movilizar, o ir y alcanzar tanto a los vecindarios cercanos, como a evangelizar hasta lo último de la tierra.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/mission-briefing-missionary

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