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Dos de Mis Niños a Mí Me Gustan Mucho–Uno, No Tanto

Asignando Nuestros Recursos para MisionesExtracto del artículo “Dos de Mis Niños a Mí Me Gustan Mucho–Uno, No Tanto” escrito por Shane Bennett en Mission Maker Magazine 2007

¡Más de 90% de nuestro esfuerzo trans-cultural (mano de obra, dinero, oración) va a los dos tercios del planeta donde la iglesia está relativamente fuerte, dejando menos de 10% para el tercio que sobra! ¿Te parece extraño? Sí, pero hay razones.

  • Iglesias fuertes y crecientes quieren que misioneros vengan, de corto plazo y de largo plazo, para entrenar a discípulos y contribuir al avance de la obra. Por otro lado, ¿tu pastor ha recibido una carta de un líder musulmán en Yemen pidiendo que él envíe un grupo de jóvenes para pintar la casa pastoral y hacer una Escuela Bíblica?
  • La segunda razón es que mientras misioneros exitosos suelen atraer a más misioneros, ¡sacerdotes hindúes no reclutan muy bien!
  • Finalmente, el éxito fomenta los hábitos. Tendemos a volver a dónde hemos estado antes y a dónde hemos visto que vidas se han cambiado. Esto es tremendo para aquellos lugares, pero no tan bueno para las gentes no alcanzadas quienes necesitan un empiezo fresco y nuevo…

…Piensa de esta manera: Digamos que tienes tres niños. ¿Vas a alimentar únicamente a los dos que se parecen más a tí y que saben decir “mamá” y “papá”? Si permites que el tercero se enferme y se marchite y se muera, te vas a meter en apuros. Y no bastará decir, “Bueno, los primeros dos eran tan responsivas cuando les pedí si querían comer. Yo sabía que les gustaba. Y se parecen a mí.”

Entonces, ¿qué hacemos? Eduquemos a los demás–hay muchos cristianos que no sepan de esta realidad. Y que estemos dispuestos todos nosotros a ir a cualquier lugar por el llamado de Dios en nuestras vidas…

La Historia de Amin

Cuando los jóvenes de Proyecto Isaías regresaron después de pasar dos años en un país del Medio Oriente, la siguiente historia (contada acá por uno de los participantes) me impactó.  Mientras la lees, piensa en algunas preguntas importantes: ¿Qué nos enseña sobre la cultura y el contexto allá en ese país? ¿Qué nos muestra sobre la conversión o métodos de evangelismo allá en ese entorno?

Temprano en nuestro ministerio conocimos a un musulmán que se llama Amin.*  Amin trabajaba en un hospital en la nación donde nosotros estábamos viviendo, pero es originario de otro país árabe y por eso era víctima a veces de algunos prejuicios de parte de su cultura anfitrión.Crescent and Cross

Resulta que Amin empezó a perder su vista y su ceguera llegó a ser muy severa.  Un día recibimos una llamada de parte de uno de los líderes del hospital, quien nos explicó que Amin estaba muy mal y necesitaba ayuda financiera con sus exámenes de vista.  Fui en busca de Amin y al encontrarlo, lo vi con su vista fija al suelo, triste y preocupado.  Luego de que pagamos por los exámenes le expliqué a  Amin, “Tal vez no podemos pagar toda la operación ni tratamiento, pero Dios va a proveer.  Quiero orar por ti, queremos poner tu vida en las manos de Dios.”  Él aceptó y quiso que oráramos por él.

En los siguientes días, decidimos ir a todas las clínicas y pedir que los médicos le atendieran a Amin.  Todo el proceso fue bastante difícil, porque ninguna clínica quería ayudarle a él porque era extranjero.  A la vez, Amin se dio cuenta de que yo siempre andaba con él, dispuesto para ayudar en esos momentos de desesperación y aun rechazo.

Por fin en otra clínica, llegamos y la enfermera preguntó si éramos familia, pero dijimos que sólo éramos amigos.  Desde la perspectiva musulmana, ella dijo que Dios iba a darnos una recompensa grande por las obras que estábamos haciendo por este muchacho.  La clínica acordó en ayudarle a Amin y de hecho la enfermera nos dio un pequeño descuento.

Esa misma noche, Amin no paraba de decirnos con mucha emoción: “Shokran shabab,” lo cual significa, “Muchas gracias, muchachos.”  Desde ese día, todos notaron un gran cambio en Amin – era más feliz, con una actitud más cálida.  Amin había cambiado.

Algunos días después le dije: “Amin, somos tú y yo hermanos en la fe, somos hermanos en Dios.”  Y él sabía que yo era cristiano y se quedó con una gran sonrisa y dijo: “Sí, así es.”

*El nombre real de Amin no se ha usado en este sitio por asuntos de seguridad.

Analizando Nuestro Concepto de Conversión

Cross & CrescentComo he compartido en las entradas anteriores, Emily y yo hemos tenido el privilegio de escuchar las historias de los tres jóvenes que participaron en el Proyecto Isaías.  Una cosa que me fascina del ministerio trans-cultural es la manera en la cual el mismo misionero cambia por medio de la experiencia.  Nuestro carácter, nuestra perspectiva del mundo, aun nuestra teología tiene que cambiarse cuando nos encontramos en otra realidad y Dios empieza a enseñarnos nuevas cosas por medio de nuevas personas y nuevas situaciones.

Por ejemplo, hablemos de nuestro concepto de la conversión.  En Latinoamérica nos importa mucho quién está dentro y quién está fuera.  Queremos saber exactamente cuando alguien se convierte y–casi literalmente en nuestras mentes–se tralada del infierno al cielo.  La línea que separa los dos destinos es importante y nos enfocamos bastante en este punto de “conversión.”

Así que no debe sorprender que además nos importan las estadísticas.  ¿Cuantás personas aceptaron en la Campaña evangelística? Si salimos con el Cubo Evangelístico y algunos tratados, la pregunta más urgente es: ¿Y cuántas personas se convirtieron? Nadie quiere evangelizar por mucho tiempo si no se ven resultados inmediatos.  Y resultados en este sentido implican números tangibles–personas que se han movido del infierno a la vida eterna en ese momento.

Hay algunos problemas con esta mentalidad.  Primero, ¿quién decide cuáles personas estarán en el cielo y cuáles no? Nos gozamos en nuestras estadísticas, pero ¿sabemos 100% si la persona que hizo la oración se arrepintió de corazón y va a vivir una vida diferente? Sólo Dios posee un reporte de estadísticas verdaderas.

prayerSegundo, ¿vamos a discipular a tales personas? ¿Por qué nos regocijamos tanto en la supuesta conversión de alguien y no nos dedicamos a su formación como nuevo bebé en Cristo? Quizás aun los wesleyanos y los nazarenos somos más Calvinistas de lo que queremos admitir…

Tercero, ponemos toda la prioridad en el instante de la conversión y no en el proceso.  En las próximas entradas vamos a reflexionarnos sobre Juan 4 y una “conversión” de un musulmán por medio del ministerio de los jóvenes en Proyecto Isaías.  Aunque nos gustaría poder indicar exactamente cuando tal hombre se movió de la muerte a la vida, es difícil señalar tal momento.  La cultura y el contexto árabe requieren que miremos la conversión por lentes diferentes…

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