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Medio Oriente 101: Continuación del Ramadán

Medio Oriente 101: Continuación del Ramadán

Escrito por Adam Estle

Traducido por Ariadna Romero

Hace dos días compartimos algunos pensamientos sobre como involucrarse con amigos musulmanes, específicamente durante el mes del Ramadán cuando ellos ayunan, hacen oraciones extras y se abren a cosas espirituales de una manera única.

iccp outsideEn caso de que te hayas perdido los consejos de la última entrada sobre cómo involucrarse con musulmanes durante el Ramadán, aquí tienes un breve resumen:

1. No tengas miedo.

2. Da pasos pequeños para alcanzarlos.

3. Solamente sé amigable.

4. Empieza poco a poco, pero ora en grande.

Y aquí hay algunos más:

5.  Sé responsable de lo que puedes controlar. No puedes controlar la forma en que un musulmán responde a tu amor. No puedes controlar el hecho de que un musulmán decida o no seguir a Jesús.  Lo que si puedes controlar es cómo puedes involucrarlos sensiblemente con el Espíritu Santo y demostrarles amor y respeto en tus interacciones con ellos. Deja que Dios haga el trabajo de transformar sus vidas. Sé obediente a cualquiera que sea la forma en la que Dios quiera usarte en el proceso.

6. Encuentra formas de involucrarte más. Invita a las musulmanes a compartir una comida o un evento social (toma en cuenta la dieta y otras restricciones que la mayoría de los musulmanes deben observar, como el hecho de que no consumen alcohol o puerco).  Descubre lo que les apasiona y date cuenta como tus intereses quizás coincidan. Recuerda: los musulmanes se preocupan por muchas “pequeñas cosas” (deportes, películas, hobbies etc.) de la vida, al igual que tú.

7. Ponte en sus zapatos.  Imagínate vivir en una cultura donde los musulmanes sean la población mayoritaria. ¿Cómo te gustaría que ellos se involucraran contigo y tu familia? Probablemente querrías que respeten tus creencias y tradiciones mientras siguen siendo amables contigo. ¡Haz lo mismo por ellos!Adam Estle bio pic

Por encima de todo, continúa orando al Señor para que te muestre las maneras de amar y cuidar a tus amigos musulmanes. La mejor forma de hacerlo es dirigir tus conversaciones a Jesús.  Sigue orando para que el Señor continúe suavizando tu corazón.

*Adam Estle es un pacifista profesional, actualmente sirve  como Director Ejecutivo para la comprensión evangélica del Medio Oriente y como Director de LIBRES (Imigración Legal Basada en Recursos y Servicios Educativos), un programa de la Alianza Comunitaria “Puente de Vida” en Phoenix, Arizona.

Produciendo Fruto en un Terreno Duro

MusulorandoHace pocos días tuve la oportunidad de conversar con los tres chicos que regresaron de Proyecto Isaías y el Medio Oriente.  ¡Quizás ellos pensaron que estaba interrogándoles porque hacía muchas preguntas sobre la cultura, la iglesia, y las estrategias utilizadas en el país donde sirvieron!  Pero me fascinaban sus testimonios y sus reflexiones.

Una de los diálogos que tuvimos tenía que ver con los resultados allá.  Algunos de los lectores de este blog van a recordar el lanzamiento de la visión hace cinco años en México y América Central.  Los Proyectos Isaías y Caleb se promovieron con metas muy animadoras y específicas: cada grupo de dos misioneros iba a plantar  dos células en dos años.  Entonces por supuesto la pregunta surge después de terminar tal período: ¿Se cumplieron las metas? ¿Fue un éxito este proyecto o no?

La respuesta es compleja.  En Latinoamérica las metas que se arman y los resultados que se esperan son muy buenos pero a la vez contextualizados para acá y no para toda cultura del mundo.  La realidad del Medio Oriente (y aun de España) no es nuestra realidad.  Aunque los chicos no regresaron a casa habiendo plantado oficialmente tres células, ¿cómo podemos proclamar que su tiempo allá no produjo fruto y resultados cuando docenas de personas se acercaron más y más a Dios? Algunos musulmanes aun se convirtieron, aunque en la próxima entrada hablaremos de lo que esto implica allá (por ejemplo, no significa escuchar Las Cuatro Leyes Espirituales, hacer una oración, y ya).  ¿Cómo podemos decir que todo fue en vano cuando los mismos misioneros de largo plazo allá dicen que Dios abrió puertas por medio de ellos tres que jamás se habían abierto en su ministerio en décadas allá?

Quizás debemos evaluar nuestras metas cuando estamos ministrando en un nuevo ambiente.  Tal vez debemos pensar bien en cómo definir y medir los resultados.  Por mi parte quisiera decir gracias a los tres jóvenes que sí llevaron fruto y sí vieron resultados, aunque a varios de sus compatriotas les va a costar entender la profundidad de lo que Dios hizo allá a través de ustedes.

“Me Echaron de Sus Mentes”

Foto de Daniel Gomis

Muchos cristianos no comprenden lo que significa sufrir por su fe. Pero, en muchas partes del mundo, sufrir para Cristo es una realidad. Cuando Samba, quien nació en una familia musulmana en el occidente de África, miró las caras de los miembros de su familia y les dijo que no renunciaría su fe en Cristo, ellos estaban asombrados y gritaron, “¡Astafoulah!” o “¡Alá lo prohíbe!” Mientras Samba le contaba esta historia, su pastor le hizo la pregunta que siempre se hace a los creyentes con un trasfondo musulmán: “¿Te echaron de la casa de tu padre?” “No,” Samba dijo. “No me echaron de la casa, pero me echaron de sus mentes.”

“Echar a alguien de la mente” no significa sufrimiento físico—es peor. El creyente se convierte en invisible a su propio pueblo. Samba fue tratado como leproso en su propia casa. Durante los eventos familiares, la gente no le saludaba ni hablaba con él. En una sociedad orientada hacia la comunidad, tal vez esta forma de perseguir es la más difícil.

La iglesia en el occidente de África entiende que el oro es refinado en el horno. Samba, y otros como él, se han identificado con los primeros discípulos quienes “gozaron de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hechos 5:41).

La vida no era fácil, pero Samba perseveraba. Su familia le observaba en silencio, pero le observaba. Al fin, el padre, tocado por la perseverancia de su hijo, oficialmente le reintegró a Samba en la familia. Hoy, tres de los hermanos de Samba también son discípulos de Cristo.

El sufrimiento no es algo que buscamos, ni es algo que deseamos para alguien. Pero tampoco es algo de temer; Dios siempre provee la fuerza y la gracia para aquellos que sufren por el evangelio.

Escrito por Daniel Gomis, pastor de una Iglesia del Nazareno en Dakar, Senegal, y Coordinador de Literatura Francés en África Occidental

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