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Anna Akhmatova

“La palabra cayó como una piedra
en mi pecho viviente.
Lo confieso: estaba preparada
y de algún modo lista para la prueba.
Tanto que hacer el día de hoy:
matar la memoria, asesinar el dolor,
convertir el corazón en roca
y todavía disponerse a vivir de nuevo. ”
Anna Akhmatova 

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Escrito por Scott Armstrong. Trad. por Ariadna Romero

El 23 de Junio es el cumpleaños de la poeta rusa Anna Akhmatova, nacida en el suburbio de Odessa, en 1889. En 1912 cuando tenía 22 años, se puso un seudónimo y publicó su primer libro de poesía. Fue un volumen de poemas de amor, y la convirtieron en una celebridad. Pero la vida en Rusia era cambiante. Antes de que pasara una década el país había vivido la Primera Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique; la poesía de Akhmatova también cambió. 

Perdió a su marido en 1921 cuando fue ejecutado por presuntamente tomar parte en el complot anti-Bolchevique, y al año siguiente, le dijeron que no le sería permitido publicar su poesía. Ella entonces la dejó de lado y se dedicó a hacer principalmente críticas y traducciones.

Pero cuando su hijo fue repetidamente encarcelado en Leningrado, se dio cuenta que no podía permanecer más en silencio. Se paró entre las mujeres afuera de la prisión, todas ellas tratando de enviar paquetes de comida y palabras de esperanza a sus seres queridos en el interior. Una mujer la reconoció. “Una mujer con labios azulados de pie detrás de mí… se despertó del estupor a que todos habían sucumbido y susurró en mi oído, “¿Puede describir esto?” escribiría Akhmatova después.

En 1935, inició lo que se convertiría en un ciclo de 10 poemas para las víctimas de Stalin, llamados Requiem (1935-1940). No pudo publicarlos, ni siquiera se atrevió a guardar una copia escrita, así que ella y sus amigos memorizaron los poemas y luego los quemaron. Finalmente se publicaron en 1963, 10 años después de la muerte de Stalin. Anna murió en 1966, y una colección completa de su poesía no fue publicada en la Unión Soviética sino hasta finales de los 80´s.

Puntos de conversación:

  1. Aunque leemos las historias y escuchamos las noticias sobre los sufrimientos alrededor del mundo, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos involucrarnos para ayudar a los refugiados, a aquellos que son perseguidos y torturados?
  1. ¿Qué nos enseña la memorización que hicieron los amigos de la poesía de Akhmatova sobre Las Escrituras y sobre “guardar la Palabra en nuestros corazones”? ¿Crea mayor significado e influencia la Palabra hablada y escrita cuando la memorizamos?
  1. ¿Qué es el valor? Con frecuencia pensamos que la valentía es un soldado solitario tomando un puesto contra todo un ejército en una película de acción. Sin embargo, ¿será que a veces que la cosa más valiente que podemos hacer sea escribir y describir el mundo que nos rodea, donde Dios y el mal están presentes?

 

Para leer el Requiem completo, haz clic aquí: Poema Anna Akhmatova

Marcado por las Cenizas

Hoy es Miércoles de Ceniza.  Reproducimos acá una excelente traducción de un poema hermoso escrito por el teólogo Walter Brueggemann.  Reconozcamos nuestra profunda necesidad de un Salvador no solo hoy, sino en cada “miércoles” de nuestra vida.Ashes to ashes

“Marcado Por Las Cenizas”

De: Walter Brueggemann

Trad. por: Ariadna Romero

Gobernante de la noche, Fiador del día…

Este día – un regalo tuyo.

Este día – como ningún otro que hayas dado jamás, o que hayamos recibido.

Este Miércoles nos deslumbra con el regalo y la novedad, la posibilidad.

Este Miércoles nos agobia con las tareas del día, y ya estamos a medio camino de casa,

           a medio camino de las juntas y los memos,

           a medio camino de las llamadas y las citas,

           a medio camino del siguiente Domingo.

           a medio camino, medio exhaustos, medio expectantes,

           medio girando a mirarte, medio no.

 

Este miércoles es un largo camino desde el Miércoles de Ceniza,

  pero todos nuestros miércoles están marcados por las cenizas –

    empezamos este día con el sabor de las cenizas en nuestras bocas:

          de esperanza fallida y promesas rotas,

          de niños olvidados y mujeres atemorizadas,

   nosotros mismos somos cenizas a las cenizas, polvo al polvo;

   podemos saborear nuestra mortalidad mientras paladeamos las cenizas en la lengua.

 

Somos capaces de meditar sobre nuestra cenizidad con

  cierta seguridad, solo porque cada miércoles nuestro de ceniza

  anticipa la victoria tuya de Pascua sobre ese seco y escamoso sabor a muerte.

 

En este Miércoles, sometemos nuestro camino ceniciento a ti –

  desfile Pascual de novedades.

  Antes de que el sol se ponga, toma nuestro Miércoles y danos la Pascua,

    Resucítanos para gozo y energía y coraje y libertad;

    Resucítanos para que podamos ser valientes por tu verdad.

  Ven y llena nuestro Miércoles de tu Pascua con

    misericordia y justicia y paz y generosidad.

 

Oramos mientras esperamos por El Resucitado, quien viene pronto.

***Walter Brueggemann es profesor emérito del Antiguo Testamento en Columbia Theological Seminary en Decatur, Georgia, EE. UU., y ha escrito más de setenta libros. Este poema fue publicado en su libro Oraciones por un Pueblo Privilegiado y se encontró en www.journeywithjesus.net.  Para la versión original en inglés, haz clic aquí.

Lo que los mansos no son

Caballo“Lo que los mansos no son”

Por Mary Karr

Trad. Ariadna Romero

          No son los sirvientes incondicionales de barbas erizadas

cargando costales, no son los campesinos arrodillados

          entre el barro de los arrozales,

ni los siervos cuyas hoces en forma de cuarto de luna

          hacen el trigo caer en olas

que no pueden comer.  Mi amiga, una monja

          Franciscana, dice que malentendemos

la palabra: “manso” en el versículo Bíblico que los bendice.

          Para comprender a los mansos,

dice ella – tenemos que imaginarnos un gran caballo a galope

          por el prado que,

a la voz de su amo, se detiene aturdido

          pero de inmediato.

Así, con el esfuerzo de mantener la gran potencia

          bajo control, los músculos

a lo largo del cuello arqueado aún arremolinado,

          y sólo los oídos aterciopelados

erguidos hacia adelante, permanecen esperando la siguiente orden.

De Compras

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6).

“Mejor es un bocado seco, y en paz,
Que casa de contiendas llena de provisiones” (Proverbios 17:1).

DE COMPRAS

Por Faith Shearin

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

Mi esposo y yo nos detuvimos en el nuevo mall

limpio y blanco de toda posibilidad.

Éramos pobres así que nos gustaba caminar entre las tiendas

lo que era como caminar entre nuestros sueños.

En una tienda admiramos las cafeteras, platos hondos

de cerámica azul, tostadores tan grandes como un televisor.  En otra,

 

nos relajamos al sentarnos en el sofá de cuero, e imaginamos

fiestas cocktail en nuestra habitación con vista del mar.  Cuando

olimos velas de aroma vimos nuestros rostros futuros,

iluminados suavemente, teniendo una comida con pasta y vino.  Cuando

tocamos las gruesas batas de baño nos vimos nadando a medianoche

 

y bañeras tan grandes que podrían ser

confundidas con lagos.  Los anteojos de mi esposo hacían que le doliera

la cara y sus zapatos tenían múltiples hoyos.

Había espacio en nuestra sala comedor donde podría

estar un sofá.  Anhelamos tener

 

cortinas elegantes en el baño, sabanas de franela,

cubiertos de plata, costosos abrigos de invierno.

Algunas veces por las noches, nos sentamos y hacíamos listas.

Nos esforzábamos por plasmar por escrito

nuestros deseos en cuadernos deshojados y rotos.

Casi cada persona que amábamos estaba vivo y

 

nos teníamos amor, pero seguíamos anhelando cosas.  Nada

se veía tan lindo cuando lo trajimos a casa.

Las cosas en las tiendas se miraban mejor en las tiendas.

Las tiendas significaban futuros posibles y, jóvenes

y pobres, fuimos de compras.  Lo mejor fue

que no sabíamos que ya lo teníamos todo.

Tu Castigo en el Infierno

En estos días, hemos estado leyendo poemas que provocan diálogo y reflexión.  Admito que las imágenes del siguiente son fuertes, pero creo que nos pueden trastornar mientras examinamos nuestro propio materialismo y egoísmo.  Deja un comentario y dime qué piensas…

Tu Castigo en el Infierno

Por Gary Leising

(Trad. Scott Armstrong)

Alguien va a sumergir una cobra en la gasolina,

incendiarla con encendedor, y empujarla de cabeza

en tu garganta.  Se va a acelerar

a través de tu esófago, desplegar

su capucha para llenar tu estómago

y luego comenzar a golpear y golpear y golpear

y golpear y golpear: los colmillos perforan

tu estómago, el veneno entra,

la quemadura de úlceras incipientes

crece rápido, el parálisis comienza.

Tus pulmones dejan de funcionar antes que tu cerebro,

antes que tu mano, la cual subes

a la boca la taza de papel

con tapa de plástico que sostiene el capuchino

macchiato y caramelo con un doble

tiro del expreso y espuma de leche de soja

rematado con dos sacudidas de canela

y sin, SIN (sí, tú dijiste sin dos veces)

azúcar que se hizo para ti

lentamente, mientras yo, ya tarde,

esperaba detrás de ti por un simple,

café negro ya hecho.

Perderás todo el movimiento antes de

que esa bebida llegue a tu boca,

pero te recuperas y la bebida,

extrañamente, se ha desvanecido, y barrista

y cobra-sumergida-encendida se repite todo de nuevo

y otra vez.  Lo sé porque,

por mi impaciencia y enojo,

estoy detrás de ti en fila, en el infierno

para siempre, la olla de café negro

detrás del mostrador,

llegando a ser, lo sé, amargo.

Llevando Comida a Mi Madre

La semana pasada compartí tres poemas que me han gustado con el propósito de darnos un vistazo de nuestras vidas, nuestros mundos y aun nuestros ministerios.  ¿Qué tal si seguimos con más poemas esta semana también? Leamos este poema de Burt Kimmelman.  Me recuerda un poco de gracia y amor verdadero en medio de la tristeza de nuestras vidas en esta tierra imperfecta.

LLEVANDO COMIDA A MI MADRE

Por Burt Kimmelman

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

Mi madre se sienta al borde de la cama,

con una mascada oculta su blanco cabello

no puede comprar mas colorante negro,

su carne enflaquece y cae por el reborde de su

rostro y espalda, acentuados por la pérdida

de peso cuando el cuerpo traiciona al alma,

cuando el dolor del cuerpo prohibe todo deseo.

Pero esta noche ella tiene hambre, y vengo

 

con carne de res y pasta, pan,

pepinillos ácidos y kasha knish.

Le ayudo a poner la mesa en lentos y pequeños

 

pasos, un pas de deux, que hemos llevado a cabo

Por casi 60 anos, y

Ahora pienso como hace poco sostuve la

manita de mi niña, encorvada, mientras aprendía

a caminar – como el balance nos acompaña toda la vida

hasta que en un momento nos abandona – y

como en una fotografía, mi madre me sostenía

en la misma forma.  Mas temprano,

 

me detuve en un café, y quieto

por un momento, levanté la mirada

y miraba como en una mesa cercana

una madre primeriza alimentaba a su bebita,

sentadita en su cochecito, algunos

pedacitos de pan sin corteza sostenidos entre el pulgar y

el índice, mientras que el abuelo hablaba,

el olor de la mamá estaba asociado

a esta primera comida, como una pequeña ave a su nido.  En

la mesa de mi madre preparo su sándwich

y le digo que su nieta conoció recientemente

 

a un muchacho en un mercado y

ahora está enamorada, el primer amor, pero

las pestañas de mi madre cada vez están mas decaídos,

asienta negativamente con su cabeza, ligeramente y hacia enfrente, así que

la sostengo y encamino a su

cama, la siento, subo sus hinchadas piernas

y la cubro, apagando

las luces excepto una, cierro y aseguro la puerta.

Martes a las 9 de la Mañana

Esta semana hemos estado compartiendo algunos poemas con el propósito de disfrutar y reflexionar a la vez.  Hoy Denver Butson nos escribe con un relato bastante surrealista.  Pero dentro de las imágenes peculiares, quizás hay una enseñanza extraordinaria.  ¿Qué opinas? Deja tu comentario al final…

Martes a las 9 de la Mañana

Por Denver Butson

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

Un hombre de pie leyendo el periódico

en la parada de autobús, en fuego estaba

Llamas salían por doquier

Debajo de su cuello y mangas

Sus zapatos se han comenzado a derretir

 

La mujer de al lado

le quiere decir

que él está ardiendo

pero ella está a punto de hundirse.

Agua por doquier,

en su boca, oídos

y ojos

Una corriente continua de agua

sale de su blusa

 

Otra mujer se detiene en la parada de autobús

pálida y congelada,

Intenta pararse cerca del hombre en fuego

para derretir sus copos de hielo

que se han formado en las pestañas

y fosas nasales

impidiéndole decir una palabra

a la mujer que se está hundiendo

pero la mujer está congelándose a morir y

no se puede mover

por los bloques de hielo en sus pies

 

Les toma tiempo a los tres

abordar el autobús

con las llamas

y agua y hielo

Pero cuando finalmente abordan

y se sientan

el conductor ni siquiera se da cuenta

que ninguno de ellos ha pagado

porque le torturan visiones

y se pregunta

si el hombre que se bajó en la última parada

realmente fue atacado salvajemente

por los perros.

Misioneros Mormones Me Visitan

Esta semana estamos compartiendo algunos poemas con el propósito de disfrutar y reflexionar a la vez.  Hoy Ken Hada escribe la siguiente historia.  ¿Qué nos dice de nuestros métodos de evangelizar y de los sentimientos y perspectivas de algunas personas con quienes compartimos?

MISIONEROS MORMONES ME VISITAN

Por Ken Hada

(Trad. Erika Ríos Hasenauer)

 

Sentado en mi jardín

Disfrutando de un buen cigarro de mariguana

mirando a los niños en sus scooters

que corren por toda la calle

al anochecer

desviándose ligeramente,

dando vueltas

los papalotes del Mississipi y volando alto,

sonidos suaves de ranas en los árboles

 

Entonces los veo en la esquina de mis ojos

dos bicicletas lentas

no pueden pasar un alma perdida.

Soy muy quisquilloso

no quiero ese sentir,

quiero que se vaya

 

Buenas noches Señor, ellos dicen

Soy el señor Hansen, dice el primero

Soy el señor Olson, traga el segundo

y entonces esperan

pero todo lo que puedo decir:

Son muy jóvenes para ser señores, no es cierto?

Empiezan su charla de vendedor

acerca de la restauración y El Padre Celestial

entonces me retorcijo en el humo, interrumpiendo

Si me convierto, tengo que dejar el cigarrillo?

No están muy seguros

pero pronto regresan al asunto

como una llanta de coche que está floja y a punto de salirse

hasta que al final me desean buenas noches.

Los miro irse y me cuestiono

¿Qué les da la audacia

de interrumpirme mientras estoy adorando?

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