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Las Éticas del Reino en la Iglesia Local: Parte II

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*La entrada de hoy es una continuación de otra entrada publicada hace dos días y escrita por Larry Bollinger, Director Mundial de Ministerios de Compasión.  Originalmente fue publicada en la revista Preacher’s Magazine (Adviento/Navidad 2009-2010).

El pecado a menudo es social, comunal, corporativo y sistemático. ¿Qué hacemos con ese tipo de pecados cuando nos encontramos culpables por ser cómplices? ¿Qué hacemos cuando nuestra apatía e ignorancia como consumidores pesa más que la mayordomía de Dios? Estas no son preguntas fáciles, pero son importantes. Somos llamados a lidiar con ellas.

1.- Encarnando la ética del reino: Cuando haces evangelismo y alcanzas a la comunidad, ¿va mano a mano con los actos de misericordia, despensas de comida, educación y formación vocacional y otras maneras de aliviar la pobreza? Luego agrega a tus obras la pregunta constante: ¿por qué? ¿Por qué hay pobreza en tu comunidad local? Continúa actuando de acuerdo al evangelio mientras encuentras las respuestas a esas preguntas.pobreza2-400x280

2.- Encarnando la ética del reino: Haz tú y tu congregación conciencia de la injusticia global. Comiencen con cambiar los hábitos locales, en alguna manera pequeña, para que influencien y disminuyan la demanda global para opresión y explotación.

3.- Encarnando la ética del reino: Sé profeta en nombre de los pobres y oprimidos. Encuentra el camino para hablar las verdades de Dios dentro de instituciones y sistemas sociales que nos juntan en nuestro pecado colectivo.

Así como encarnemos la ética del reino y hagamos estas cosas, en alguna manera, nos unimos  al Padre, mientras Él responde a la oración de Jesús: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra, así también como en el cielo”.

Las Éticas del Reino en la Iglesia Local: Parte I

kingdomfotoComprender un punto de vista bíblico y Wesleyano de la ética del reino nos reta a ir más allá en nuestra respuesta a la injusticia.  Nos mueve desde abordar los síntomas y resultados de pobreza (por ejemplo, carencia de comida y educación para una familia) hasta cuestionar por qué las personas son pobres y marginadas.  Puede ser complicado porque prontamente nos encontramos a nosotros mismos enredándonos en sistemas y estructuras, poderes y principados.

El compasivo puede darle a un hombre un pescado, pero otros aun toman el siguiente paso y le enseñan al hombre a pescar.  Sin embargo, preguntas justas incluyen: ¿A quién pertenece el estanque del pescado, que es el medio de producción económica? ¿Qué valor le damos al capital humano que ayuda a brindar ese buen mercado? Cuando nuestro sistema económico requiere que algunos de los que trabajan más duro necesitan de nuestra compasión solo para sobrevivir, entonces la injusticia está dentro del sistema.

Hay billones de personas que son expertos en pescar, plantadores de café, o costureras, etc. Como sea, sus niños seguirán teniendo hambre y falta de educación. Ellos viven en un suelo sucio. Ellos sólo pueden costearse una comida al día, si se puede. Ellos no tienen acceso a servicios básicos de salud. Pero, ellos trabajan más duro en un día que lo que tú y yo hacemos en una semana. Mientras tanto, muchos de nosotros podemos comprar en oferta dos camisas domingueras por el precio de uno.  Nos esforzamos en ser “buenos administradores” de los ingresos en nuestra iglesia local para comprar el café más barato y beber en nuestra hora de Escuela Dominical, mientras que estos precios bajos perpetúan e inhabilitan los salarios de los plantadores de café.  En nuestras clases de Escuela Dominical aprendemos de la salvación de Dios mucho, pero poco hablamos de su Justicia.

*Esta entrada fue escrita por Larry Bollinger, Director Mundial de Ministerios de Compasión y originalmente fue publicada en la revista Preacher’s Magazine (Adviento/Navidad 2009-2010).  Se continuará en la próxima entrada.

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