Archivo del sitio

Analizando Nuestro Concepto de Conversión

Cross & CrescentComo he compartido en las entradas anteriores, Emily y yo hemos tenido el privilegio de escuchar las historias de los tres jóvenes que participaron en el Proyecto Isaías.  Una cosa que me fascina del ministerio trans-cultural es la manera en la cual el mismo misionero cambia por medio de la experiencia.  Nuestro carácter, nuestra perspectiva del mundo, aun nuestra teología tiene que cambiarse cuando nos encontramos en otra realidad y Dios empieza a enseñarnos nuevas cosas por medio de nuevas personas y nuevas situaciones.

Por ejemplo, hablemos de nuestro concepto de la conversión.  En Latinoamérica nos importa mucho quién está dentro y quién está fuera.  Queremos saber exactamente cuando alguien se convierte y–casi literalmente en nuestras mentes–se tralada del infierno al cielo.  La línea que separa los dos destinos es importante y nos enfocamos bastante en este punto de “conversión.”

Así que no debe sorprender que además nos importan las estadísticas.  ¿Cuantás personas aceptaron en la Campaña evangelística? Si salimos con el Cubo Evangelístico y algunos tratados, la pregunta más urgente es: ¿Y cuántas personas se convirtieron? Nadie quiere evangelizar por mucho tiempo si no se ven resultados inmediatos.  Y resultados en este sentido implican números tangibles–personas que se han movido del infierno a la vida eterna en ese momento.

Hay algunos problemas con esta mentalidad.  Primero, ¿quién decide cuáles personas estarán en el cielo y cuáles no? Nos gozamos en nuestras estadísticas, pero ¿sabemos 100% si la persona que hizo la oración se arrepintió de corazón y va a vivir una vida diferente? Sólo Dios posee un reporte de estadísticas verdaderas.

prayerSegundo, ¿vamos a discipular a tales personas? ¿Por qué nos regocijamos tanto en la supuesta conversión de alguien y no nos dedicamos a su formación como nuevo bebé en Cristo? Quizás aun los wesleyanos y los nazarenos somos más Calvinistas de lo que queremos admitir…

Tercero, ponemos toda la prioridad en el instante de la conversión y no en el proceso.  En las próximas entradas vamos a reflexionarnos sobre Juan 4 y una “conversión” de un musulmán por medio del ministerio de los jóvenes en Proyecto Isaías.  Aunque nos gustaría poder indicar exactamente cuando tal hombre se movió de la muerte a la vida, es difícil señalar tal momento.  La cultura y el contexto árabe requieren que miremos la conversión por lentes diferentes…

Varios Llamados

Otro mal entendido del llamado es que es algo instantáneo, algo que se aclara o se recibe en un momento impresionante como un relámpago que parte el cielo en dos. Pero para muchos es un proceso. Algunos líderes se refieren a varios momentos durante muchos años donde recibieron confirmaciones suaves del llamado. Para otros el llamado es un momento y proceso.

Creo que la Biblia y sus personajes nos pueden ayudar. Saulo vio un resplandor de luz del cielo y cayó al piso, oyendo una voz audible. ¡A veces me hubiera gustado que mi llamado fuera tan dramático! Moisés recibió una zarza ardiente pero ofreció un montón de excusas y fue un líder inicialmente reacio. Al contrario, Isaías alababa al Señor y durante ese tiempo de adoración donde estuvo en la presencia del Señor, recibió el llamado famoso. Él reaccionó como un niño en la clase que sepa la respuesta a la pregunta de su maestra, “¡Yo, yo, yo! ¡Escógeme a mí! ¡Envíame a mí!” Para Pedro fue un proceso de tres años donde se equivocó mucho, recibió algunos regaños de Jesús, pero eventualmente captó la idea y la visión.

¿Con quién en la Biblia te identificas más? No hay un llamado que es mejor que otros, a pesar de lo que muchos líderes dicen. ¿Cómo ha sido tu llamado?

Un Día (¿Dos Días?) en la Embajada

Ayy – la vida misionera; a veces, me frustra mucho. Soy Emily, la esposa de Scott, y quiero contar una historia de la vida diaria de una misionera.

Soy una buena organizadora, y hace algunos meses, me di cuenta que el pasaporte de mi hijo Elías iba a vencer en Octubre 2008. Supe que tendríamos que cruzar fronteras con Elías en Mayo, y tal vez en Junio y Julio cuando estemos con el grupo de Jóvenes en Misión, y también que nos tocaría la gira misionera en EEUU en Octubre. También supe que para renovar un pasaporte en la embajada MÁS obtener la estampilla de residencia permanente iba a costar de 4 a 6 semanas.

Les cuento todo eso, por que el lunes, el 18 de febrero, Scott, Elías, Sydney, y yo nos fuimos a la embajada para empezar el gran proceso. Estuve un poco frustrada, pero no tanto, cuando nos acercamos a la embajada de EEUU en la Zona 10 de Guatemala, y nos dijeron que la embajada estaba cerrada. ¿Por qué? Porque el día fue un día de feriado en EEUU, entonces, fue día de feriado en la embajada también. Salimos pensando, “Bueno, fue un error nuestro, pero regresamos mañana.” Ni pensamos en el día feriado de nuestro “propio” país (esto es lo que pasa cuando vive fuera de su entorno por muchos años).

Antes de salir de nuestra casa el próximo día, Scott me preguntó, “¿Estás SEGURA que tenemos todos los documentos?” y le dije que sí. Llamé hace 2 semanas, escuché el mensaje, y escribí la lista de cosas que tuvimos que llevar. Revisé mi lista 2 o 3 veces, y teníamos todo listo (recuerden que soy buena organizadora). Llegamos a la embajada, y pedimos los formularios de renovación de pasaporte. Los llenamos, y llegamos a la ventanilla para entregar los demás documentos de Elías. La mujer del otro lado de la ventanilla nos pidió el certificado de nacimiento de Elías. Pueden imaginar mi horror cuando dije que no lo cargaba conmigo. Intenté decirle que esta información no estaba en el mensaje, pero ella sólo me dio unas hojas con los documentos requeridos para renovar un pasaporte.

En todo el camino a nuestra casa, estaba TAN frustrada. Aun con mis intenciones de tener todo listo, ya habíamos perdido casi 5 horas en ese proceso, y no habíamos logrado nada. Todavía me quedo con el pasaporte de Elías en casa, y tenemos que hacer el viaje otra vez. Scott sintió mi frustración, y me dio palabras de sabiduría con un abrazo. Él me dijo que aunque estuviéramos frustrados, el llamado de Dios para ser misioneros es aun más grande que este sentimiento. Y es verdad. No tengo otro recurso para renovar el pasaporte de Elías – tengo que hacer el viaje de una hora (de ida y vuelta cuando el tráfico es liviano) otra vez a la embajada. Si estuviera en EEUU, sólo tendría que ir 3 minutos a una oficina de correos, donde ellos tienen horas muchas más flexibles que una embajada. PERO – tratar con una embajada es parte de mi vida misionera. Escogí servir a Dios en una cultura diferente de la mía, y aun con frustraciones de “que haceres” como renovar un pasaporte en la embajada, sé que nunca quisiera hacer nada diferente.

A %d blogueros les gusta esto: