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Harmon Schmelzenbach III: Un Legado Misionero

Hace algunos días la Iglesia del Nazareno alrededor del mundo fue informada del fallecimiento de Harmon Schmelzenbach III, el 2 de enero de 2019. NCN News publicó un obituario digno de Harmon, el cual ciertamente debe ser leído por cualquier nazareno que quiere familiarizarse con misiones en nuestra denominación.

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Nunca conocí formalmente a Harmon III, aunque he ministrado junto a su hijo, Harmon IV, y su nieto, Quinton, en diferentes contextos en los últimos años.  Sin embargo, sin conocerme, Harmon III hizo un impacto en mi vida.

Crecí siendo parte de la Iglesia del Nazareno Central en Lenexa, Kansas, EEUU. Frecuentemente teníamos de 8 a 10 misioneros por año predicando en nuestros servicios (nota al margen: no puedo entender cuando las iglesias que reciben uno o dos misioneros por año se quejan de “tener muchos misioneros”). Todos fueron importantes en la construcción del fundamento de lo que después reconocería como el llamado misionero de Dios sobre mi vida, aunque no puedo decir que muchos fueron memorables per se. 

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Quinton y Harmon Schmelzenbach IV han continuado el legado de misiones de su familia.

¡Harmon Schmelzenbach III fue la excepción! Como adolescente, recuerdo sus historias atravesando el paisaje africano para predicar el evangelio a nuevas aldeas y grupos de personas. Recuerdo algunos de los peligros de la vida silvestre que él encontró en esos viajes. Para el momento en que él nos dijo tuvo que cruzar el cuarto río, miré mi reloj y me di cuenta que literalmente había predicado por ¡una hora y 45 minutos! Eso podría parecer impactante, pero lo que me asombra más es que a esa edad ¡ni siquiera me había dado cuenta del tiempo transcurrido! Él tenía a todo nuestro grupo de jóvenes (y el resto de la congregación) capturados por su pasión evangelística y habilidad para contar la historia de misiones y de Dios mismo.

Evidentemente, cuando Dios me llamó cinco o seis años después para ser misionero, estaba listo. No fue algo inesperado. Si Dios me estaba llamando para ser como Harmon, mi respuesta sería un “sí” inmediato. Y ahora, he ministrado transculturalmente por 16 años, veo cómo he sido influenciado por este “gigante de la fe” tanto en el campo y mientras comparto con iglesias durante la gira misionera.

Las misiones han cambiado en las últimas tres décadas, desde entonces, y ahora, más de nosotros vivimos como misioneros en centros urbanos grandes y estratégicos. Muchos de nosotros no tendremos que cruzar muchos ríos ni ahuyentar serpientes venenosas a cada paso. Pero la pasión por compartir las buenas noticias de Jesucristo nunca debe menguar. Harmon III aprendió de sus padres y abuelos, y lo transmitió a las futuras generaciones de Schmelzenbachs. Y también me lo transmitió a mí.

 

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