Archivo del sitio

Caminar una Milla en los Zapatos de Otro

“Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” (Juan 4:5-9)

Por Scott Armstrong

¿Te has dado cuenta alguna vez lo bueno que es Jesús poniéndose en los zapatos de alguien más? En este pasaje, lo vemos haciéndolo otra vez. Jesús es un judío que está de camino a Galilea, y decide viajar A TRAVÉS de Samaria, en lugar de rodearla como la mayoría de los otros judíos de aquel tiempo. Los judíos hacían todo lo posible para permanecer lejos de Samaria y los samaritanos, y los samaritanos se sentían igual respecto a los judíos. Jesús no es un judío común. Jesús caminó hacia Samaria y se sentó en un lugar común de reunión para las mujeres. Es como si Él quisiera tener una conversación con alguien que viene a sacar agua del pozo. Y es exactamente lo que ocurre.

pexels-photo-776219.jpeg

En el momento en que Jesús pone un pie en las fronteras de Samaria, Él se convierte en el discriminado. No por coincidencia, Jesús encuentra a la mujer samaritana – quien era discriminada en su propia ciudad.

Creo que esta es una lección que todos debemos aprender lo más temprano posible en la vida. ¿Por qué la popularidad es TAN importante para nosotros cuando estamos en la secundaria o el bachillerato? ¿Por qué excluimos a las personas, solo porque se visten diferente o hablan diferente o no pertenecen a los mismos círculos sociales que nosotros? ¿Por qué no podemos ponernos a nosotros mismos en las situaciones de otras personas?

¿Cómo podrías ministrar a alguien que es excluido? En esta escritura, vemos que Jesús se convirtió en el discriminado para ministrar a la discriminada – y eso cambió su vida. ¿Podría Jesús estar llamándote para encontrar a alguien que necesita un amigo? Yo pienso que por lo menos Él nos está llamando a ver el mundo como Él, y empezar a incluir a los excluidos. Tal vez eso significa mirar afuera de nuestro “círculo” normal e involucrar a caras nuevas. Quizá eso significa integrar a tu grupo de jóvenes, y que los mayores conozcan a los menores, y viceversa. Cualquiera que sea el paso, empieza a darlo ahora. Cambia el mundo – una persona a la vez.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

¿Puedo Perder la Salvación? (Parte 2)

¿Puedo perder la salvación? (Parte 2)

¿Debemos preocuparnos si rompemos nuestra relación con Dios?

Por: Dr. Frank Moore, Profesor de Teología en Olivet Nazarene University (Bourbonnais, Illinois)

La Biblia advierte contra desviarse inconscientemente o conscientemente rechazar a Cristo. Advertencias, como la de Hebreos 2:1, nos recuerdan de esa posibilidad. ¿Cómo nos desviamos? De la misma manera que los esposos o que los padres son negligentes y descuidan sus relaciones y se separan, de la misma manera los cristianos pueden cambiar sus prioridades y no colocar a Dios en el primer lugar en cada aspecto de sus vidas. El daño es sutil, pero real.

Hebreos habla de rechazar a Cristo conscientemente en 6:4-6 y 10:26-27. Algunas personas han interpretado estos pasajes como que quieren decir que un cristiano no puede ser perdonado de sus pecados luego de aceptar a Cristo. Si esta interpretación es verdad, entonces tenemos solo una oportunidad de arrepentirnos en esta vida.

El balance de las Escrituras no apoya esta interpretación, creo que estos pasajes quieren decir que tales pecados no podrán ser perdonados mientras la persona se mantenga en una actitud o mentalidad de rechazo al Señor.

La Biblia ofrece ejemplos de gente que confió en Dios para su salvación, que lo adoraron, hicieron su voluntad, y más tarde en sus vidas lo rechazaron. Dios bendijo a Saúl sin reparos, fue el primer rey de Israel. Al final, Dios lo rechazó como rey porque le dio las espaldas al Señor y lo desobedeció (1 Samuel 15:11).

Jesús invitó a Judas a servir en una posición de honor como uno de sus 12 apóstoles. Probablemente Jesús lo escogió en base a su talento, sus habilidades y potencial. Aún así, al final, Judas rechazó a Jesús.

Creemos que la referencia de Pablo sobre Himeneo y Alejandro en 1 Timoteo 1:19-20 sugiere que eran cristianos que rechazaron a Jesús. Sus blasfemias hicieron naufragar su fe. Saúl, Judas, Himeneo y Alejandro, todos ejemplifican a gente que siguieron a Dios pero que luego renunciaron a su compromiso con Él.

Continuamos mañana con la última parte…

¿Puedo Perder la Salvación? (Parte 1)

¿Puedo perder la salvación? (Parte 1)

¿Debemos preocuparnos si rompemos nuestra relación con Dios?

Por: Dr. Frank Moore, Profesor de Teología en Olivet Nazarene University (Bourbonnais, Illinois)

Esta semana fui a una tienda y pensé dos veces sobre lo que había comprado al llegar a la caja registradora. Es que había un cartel que decía: “Todas las ventas son definitivas. No aceptamos devoluciones”.

¿Qué? ¿Puedo comprar con toda libertad cualquier artículo, pero más tarde no puedo cambiar de opinión? Esto no me agradó. Muchos cristianos creen que este concepto describe la forma en que Dios también actúa con la salvación. Piensan que pueden aceptar la oferta de la salvación que Dios otorga, y que esa salvación se vuelve definitiva una vez que ese regalo es aceptado. Creen que no hay manera de volver atrás.

Los wesleyanos creemos que Dios desea que cada persona escoja seguir a Cristo o no, en vez de que Él tome esa decisión.

También creemos que da el libre albedrío para que durante el resto de su vida la elección de esa persona sea fortalecida o rechazada. ¿Por qué creemos de esa manera? La Biblia abunda con referencias, advertencias, y ejemplos de cristianos genuinos que se desviaron y tomaron otros caminos.

Considere las siguientes referencias bíblicas. Hebreos 3:12-14, escrito a los creyentes, advierte “que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad” y nos exhorta a “que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.”

De la misma manera, Hebreos 6:11-12 anima a los creyentes a ser diligentes “hasta el fin, para plena certeza de la esperanza….” Los induce a que no sean perezosos y enfatiza a los santos que ejerciten las virtudes de la fe y la paciencia hasta que hereden las promesas.

Hebreos 10:38 repite el mismo principio bíblico de que el justo vive por la fe en Dios. Luego muestra la otra cara de ese principio, diciendo que si retrocede o renuncia a esa fe, no agradará a Dios.

Las tres referencias implican la opción de negar a Dios. Algunas personas dirán que cualquier cristiano que rechaza a Cristo nunca creyó verdaderamente. Pero, estos pasajes no cuestionan la autenticidad original de la fe de aquellos que retrocedieron.

Continuamos mañana con la segunda parte…

¿Negando la Necesidad? ¿Rechazando la Realidad?

Esta semana tuvimos la oportunidad de estar en una aldea de Guatemala muy rural. Con los Jóvenes en Misión ayudamos en plantar una iglesia allá usando evangelismo, Escuelas Bíblicas, trabajo en construcción, y ministerios de compasión. Vimos muchos resultados y aunque estamos cansadísimos, sabemos que no hay mejor cosa que ver la respuesta positiva de la gente a las buenas nuevas.

Durante esa Máxima Misión, el pastor me vino, diciendo que había un hombre de otra ciudad que casi había perdido su vista. Él vino a la iglesia para pedir ayuda para comprar medicina para sus ojos y el pastor me explicó la condición del hombre y pidió ayuda monetaria. Hace algunos años quizás yo hubiera entregado a ellos dinero para la medicina o aun si fuera posible les hubiera llevado a un médico o a la farmacia para comprarles la medicina. Estas opciones no fueron posibles y además no me sentía que fue la mejor respuesta en ese momento.

Yo dije al pastor que esta fue una buenísima oportunidad para que la iglesia se movilizara para ofrecerle ayuda al ciego. Le dije que se anotaba el deseo de apoyar en la cara y en la voz del pastor, y le pregunté como podía la iglesia ayudar al ciego. El pastor me miró y dijo, “No tenemos nada. No podemos hacer nada.” Le dije que yo sabía que los recursos para ellos eran muy escasos y que yo podía apoyar el 50% para comprar la medicina; es decir, si la iglesia decidiera recaudar 20 quetzales (U$3.00), que yo iba a apoyar con Q20 también hasta cualquier cantidad. El pastor me dijo, “No vamos a hacerlo. No tenemos nada.” Entonces, reconociendo que Dios podía sanar con o sin medicina o dinero, impusimos manos sobre el ciego y oramos por su sanidad física.

¿Qué piensan de esta historia? Hay muchos temas sobre los cuales podemos conversar. ¿Cuál es el rol o el deber del misionero en un caso así? ¿Cuál es el rol de la iglesia local en suplir las necesidades de la comunidad? ¿Qué significa de verdad la palabra “compasión”?

A %d blogueros les gusta esto: