Archivo del sitio

La(s) Reforma(s) de la Iglesia

*Durante el mes de octubre estaremos enfocándonos en el 500 Aniversario de la Reforma Protestante. 

Por Charles W. Christian

Al mirar hacia la Reforma Protestante, recordamos el deseo continuo de Dios de tener una correcta relación con su Iglesia.

church_small.jpeg

La Reforma antes de Lutero

Aunque el catalizador para la serie de eventos conocidos hoy como la Reforma Protestante se desencadenó en 1517 cuando Martín Lutero publicó sus 95 tesis en las puertas de la iglesia de Wittenburg, hacía tiempo que la Iglesia estaba ya vinculada al proceso de reforma. De hecho, uno podría decir que, desde la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén, Dios ha estado reformando. Hoy en día, la Iglesia continúa su proceso de reforma.

La venida de Jesús y el nuevo Reino que Él encarnó fue una confirmación de la reforma que Dios había estado intentando realizar a través del Antiguo Testamento. Incluso después de la resurrección de Jesús, sus discípulos sintieron la necesidad de una reforma en curso. La experiencia del Pentecostés en Hechos 2 apoyó a la Iglesia en el cumplimiento de el mandato de Jesús (Mateo 28) de “ir a todas las naciones,” porque el Reino de Dios desafía limitaciones y fronteras sociales.

La obra de Dios entre los gentiles por medio de los ministerios de Pedro y Pablo añadieron otra dimensión de reforma, culminando en acuerdos clave entre los líderes de la iglesia primitiva en Hechos 15. A través de las palabras de Pablo y otros escritores, el resto del Nuevo Testamento demuestra una variedad de “mini-reformas” que se necesitaban en medio de una creciente y cambiante feligresía. Dios, amorosa y continuamente, reforma la Iglesia.

La “siguiente generación” de creyentes, comúnmente denominados como los Padres y Madres de la Iglesia, experimentaron oportunidades innumerables de reforma, de las cuales, las más conocidas fueron los Concilios Ecuménicos y la formulación de credos en los primeros ocho siglos de la historia de la Iglesia. Estos pasos hacia la reforma los guiaron a la unidad entre varios grupos, pero también resultó en escisiones. Principalmente, en las ramificaciones orientales y occidentales de la Iglesia (los grupos Ortodoxo y Católico Romano, respectivamente) experimentaron un separación oficial en 1054 d.C.

En el Umbral de Lutero y Más Allá

En la época de Martín Lutero, el escenario había sido apartado especialmente para un renuevo estremecedor. Un siglo antes de Lutero, por ejemplo, un sacerdote y profesor checo llamado Jan Hus (1369-1415) había sido condenado a muerte por escritos y protestas acerca de las acciones de importantes líderes de la iglesia. De hecho, después de que Lutero publicara sus 95 tesis, muchos comenzaron a referirse a Lutero como un ”Hussita moderno.” Muchos factores rodearon la contribución de Lutero a la reforma en los inicios del siglo XVI; su educación, la invención de la imprenta de Gutenburg, y los influyentes amigos de Lutero, permitieron que su mensaje trascendiera los confines de su pueblo y de Alemania, y que se convirtiera en un catalizador clave de las reformas que ya estaban teniendo lugar alrededor del mundo. Desde ahí vinieron otros movimientos: calvinistas, arminianos, anabautistas, cuáqueros, puritanos y wesleyanos, solo por nombrar algunos.

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

Ecclesia Reformata, Semper Reformanda

*Nota: Esta entrada es una reproducción de una escritura publicada los últimos dos años.  La estoy usando acá de nuevo como parte del curso “Pastoral Juvenil y La Misión” que estoy enseñando esta semana en San Salvador, El Salvador.

Carlos Van Engen en su libro El Pueblo Misionero de Dios dice:

“Es necesaria una nueva perspectiva misiológica en eclesiología para que podamos ver a la Iglesia misionera como una realidad ‘emergente’, la cual al ser edificada en el mundo, llega a ser en realidad lo que es por fe.  Alcanzar y apropiarse esta nueva perspectiva transformará nuestra forma de ver la Iglesia y su misión; llegando a ser altamente contextual, radicalmente transformadora, espiritualmente poderosa en esperanza y con miras en la eternidad.  Este punto de vista involucra un proceso mediante el cual la Iglesia ‘es’ y ‘llega a ser’ simultáneamente.  Es una comunidad completamente formada, un sacramento vivo y una señal ante Dios, sus miembros y aquéllos fuera de sus paredes…

…En esta perspectiva, la Iglesia esencial no es la misma todos los días porque constantemente está desarrollándose y ‘emergiendo’.  En otras palabras, la Iglesia ya es por naturaleza lo que está llegando a ser y sencillamente debe cambiar continuamente, mejorarse, reformarse y manifestarse” (p.47).

¿Cómo como Iglesia estamos viviendo en el “Ya” y cómo estamos viviendo en el “Todavía No”?

Durante la Reforma Protestante, la Iglesia usó la frase en Latín traducida “Ecclesia reformata, semper reformanda”.  En español significa: “la Iglesia reformada, siempre reformándose”.  ¿Por qué debemos como Iglesia siempre estar reformándonos y emergiendo? ¿Qué tiene que ver esto con misión?

Ecclesia Reformata, Semper Reformanda

*Nota: Esta entrada es una reproducción de una escritura publicada el agosto pasado.  La usamos de nuevo como parte del curso “Pastoral Juvenil y La Misión” que estoy enseñando en el Seminario Teológico Nazareno en Guatemala.

Carlos Van Engen en su libro El Pueblo Misionero de Dios dice:

“Es necesaria una nueva perspectiva misiológica en eclesiología para que podamos ver a la Iglesia misionera como una realidad ‘emergente’, la cual al ser edificada en el mundo, llega a ser en realidad lo que es por fe.  Alcanzar y apropiarse esta nueva perspectiva transformará nuestra forma de ver la Iglesia y su misión; llegando a ser altamente contextual, radicalmente transformadora, espiritualmente poderosa en esperanza y con miras en la eternidad.  Este punto de vista involucra un proceso mediante el cual la Iglesia ‘es’ y ‘llega a ser’ simultáneamente.  Es una comunidad completamente formada, un sacramento vivo y una señal ante Dios, sus miembros y aquéllos fuera de sus paredes…

…En esta perspectiva, la Iglesia esencial no es la misma todos los días porque constantemente está desarrollándose y ‘emergiendo’.  En otras palabras, la Iglesia ya es por naturaleza lo que está llegando a ser y sencillamente debe cambiar continuamente, mejorarse, reformarse y manifestarse” (p.47).

¿Cómo como Iglesia estamos viviendo en el “Ya” y cómo estamos viviendo en el “Todavía No”?

Durante la Reforma Protestante, la Iglesia usó la frase en Latín traducida “Ecclesia reformata, semper reformanda”.  En español significa: “la Iglesia reformada, siempre reformándose”.  ¿Por qué debemos como Iglesia siempre estar reformándonos y emergiendo? ¿Qué tiene que ver esto con misión?

Tres Fuentes de Nuestra Identidad: Textos Para Cultivar Comunidad

Ulises se tardó veinte años en retornar a su tierra, y durante todo ese tiempo el mítico personaje de La Odisea, con toda su valentía y su heroísmo siempre puestos a prueba, nunca pudo desarrollar su identidad de manera óptima. Es una sentencia literaria del exilio que cada persona necesita aprender: nadie logra vivir al margen de la comunidad. Ulises precisó siempre volver a los suyos, a su familia, a su patria y a su esposa Penélope que sufría por su ausencia.  ¡A los veinte años volvió a Ítaca! ¿Cuánto tardaremos nosotros, habitantes del siglo 21, en volver a la comunidad? ¿Otros veinte siglos?

Y digo «volver» porque en esta era las nuevas generaciones de cristianos en el mundo nos hemos olvidado de nuestros orígenes. Cito tres grandes fuentes de nuestra identidad histórica como cristianos que señalan la importancia de la comunidad:

1.) Jesucristo, nuestro arquetipo, es la primera fuente de inspiración y desafío.  El Dios que se reveló a Israel, decidió revelarse al mundo entero encarnándose (Hebreos 1.1-4), es decir, haciéndose como nosotros, «poniendo su casa de campaña entre los humanos» (Juan 1.14), cubriéndose con nuestra piel.  Las Escrituras nos enseñan que Dios es quien decidió convivir con su creación, quien da siempre el primer paso para amar.  Dios es amor (I Juan 4.8), y no es un amor teórico, sino uno que desciende de los cielos y trasciende en la tierra, caminando entre nosotros, alimentando a los hambrientos, liberando a los cautivos, sanando a los enfermos, resucitando a los muertos.  Y los seguidores actuales de Jesús necesitamos caminar más nuestro mundo, salir de nuestros encierros y proclamar su evangelio encarnado (Lucas 4.18-19); necesitamos recordarnos que hay una comunidad allá afuera que nos necesita, que el mundo entero sigue necesitando la revelación plena de Dios.

Solos no lograremos mucho. Siendo conscientes de la comunidad de la que somos parte podremos desarrollarnos de manera óptima como cristianos.

2.) La segunda fuente histórica es la Reforma protestante del siglo 16.  Esta reforma nos ayudó a recordar que nuestra confesión de fe en Cristo está en el centro de la comunidad cristiana, y es que en esa época se vivía en medio de una cultura que daba por sentado que se era cristiano desde el nacimiento; se era parte de una comunidad de fe sólo por nacer en un pueblo cristiano.

Pero la reforma nos ayudó a tomar conciencia que somos parte de la comunidad de fe cristiana por la salvación que proviene de Jesucristo y su sacrificio por nosotros en la cruz.  Nosotros nos apropiamos de esta salvación por fe en Jesucristo y no en nuestras propias obras, y esta misma fe nos lleva a vivir como la comunidad de amor que encontramos en el Nuevo Testamento (Hechos 2.42-47).

3.) Y el movimiento de santidad en la Inglaterra del siglo 18, con John Wesley al frente, es nuestra tercera fuente de identidad.

Dios no quiere un gran número de cristianos individuales; en el Nuevo Testamento se afirma que la iglesia es mucho más que un conglomerado de individuos fieles que se reúnen para apoyarse y guiarse mutuamente.  La iglesia en realidad es el cuerpo de Jesucristo (I Corintios 12.12-26; Efesios 4.1-16), y Wesley afirmó esto con la constante participación en el sacramento de la Comunión.  Además, aunque muchos piensan que Wesley enfatizó la santidad individual demasiado, él enseñó que no hay santidad individual sin la santidad social.  Es decir, los cristianos no pueden alcanzar una vida de santidad fuera de la comunión y el cultivo del cuerpo de Cristo.

¡Jesucristo vive!  Amén.  La iglesia es el modo en que Cristo existe actualmente en el mundo, y cada uno de nosotros edifica a esa iglesia.  Es preciso que las nuevas generaciones de cristianos en el mundo participemos más de esta santa Comunión: ¡Comamos juntos en la mesa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!

El culto exasperado al individualismo ha creado entre nosotros relaciones superficiales, pero tres eventos históricos que forman nuestra identidad nos recuerdan, como Ulises en su odisea proscrita, que nadie vive al margen de la comunidad.  Si queremos desarrollarnos en plenitud, es necesario que reconozcamos esta herencia en nuestra tradición como cristianos: el cultivo de la comunidad.

Escrito por: Yeri Nieto – Yeri es pastor de jóvenes de la Primera Iglesia del Nazareno en Villaflores, Chiapas, México.  Este artículo (originalmente publicado en la Revista online JNI Hoy) fue reproducido con permiso del autor y de JNI Global.

Ecclesia Reformata, Semper Reformanda

Carlos Van Engen en su libro El Pueblo Misionero de Dios dice:

“Es necesaria una nueva perspectiva misiológica en eclesiología para que podamos ver a la Iglesia misionera como una realidad ‘emergente’, la cual al ser edificada en el mundo, llega a ser en realidad lo que es por fe.  Alcanzar y apropiarse esta nueva perspectiva transformará nuestra forma de ver la Iglesia y su misión; llegando a ser altamente contextual, radicalmente transformadora, espiritualmente poderosa en esperanza y con miras en la eternidad.  Este punto de vista involucra un proceso mediante el cual la Iglesia ‘es’ y ‘llega a ser’ simultáneamente.  Es una comunidad completamente formada, un sacramento vivo y una señal ante Dios, sus miembros y aquéllos fuera de sus paredes…

…En esta perspectiva, la Iglesia esencial no es la misma todos los días porque constantemente está desarrollándose y ‘emergiendo’.  En otras palabras, la Iglesia ya es por naturaleza lo que está llegando a ser y sencillamente debe cambiar continuamente, mejorarse, reformarse y manifestarse” (p.47).

¿Cómo como Iglesia estamos viviendo en el “Ya” y cómo estamos viviendo en el “Todavía No”?

Durante la Reforma Protestante, la Iglesia usó la frase en Latín traducida “Ecclesia reformata, semper reformanda”.  En español significa: “la Iglesia reformada, siempre reformándose”.  ¿Por qué debemos como Iglesia siempre estar reformándonos y emergiendo? ¿Qué tiene que ver esto con misión?

A %d blogueros les gusta esto: