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Más que un Terreno

Fertile CrescentHemos estado publicando en este blog varias reflexiones de Dr. Howard Culbertson, catedrático de Misiones y Evangelismo Mundial, de Southern Nazarene University (Bethany, OK, USA) y traducidas por José Samuel Mérida.  En los siguientes días seguiremos reproduciendo otras reflexiones y creemos que son buenos recursos para líderes de MNI, pastores y líderes en general con deseos de conocer más sobre misiones.  Para todas las entradas visita el blog: La Misión Desde el Corazón de Dios.

Más Que Un Terreno

 
“El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram. Le dijo: —A tus descendientes les daré esta tierra.” Génesis 12:1, 15:8 

 
Hace más de cien años, en mi natal Oklahoma, hubo un programa gubernamental para entregar grandes terrenos a las personas que se comprometieran a cultivarlos por un mínimo de cinco años.
 
El llamado y promesa de Génesis 12 y 15 no era algo como aquel programa en Oklahoma. Abraham no estaba recibiendo una tierra para que simplemente la cultivara.
 
Dios tenía un propósito estratégico para reubicar a Abraham en Canaan, aunque a veces esa razón pueda malinterpretarse. Por ejemplo, he escuchado a algunas personas especular sobre si Abraham y Sara debían irse de la vida en la ciudad porque las ciudades son lugares pecaminosos donde la maldad abunda. Dios no estaba simplemente dándole a Abraham y a su familia un terreno.
 
A medida que la descendencia de Abraham se multiplicaba, Dios los comisionó a ser emisarios de Su mensaje. Debido al traslado de Abraham a Canaán, sus descendientes vivieron en la ruta principal de viajeros durante los tiempos bíblicos. ¿No refleja eso la pasión de Dios porque todas las naciones lo conozcan y lo alaben?
 
El área al este del Mediterráneo que estaba repartido entre las 12 tribus de Israel era el puente del mundo antiguo. Para viajar desde y hacia tres continentes – África, Asia y Europa – había que pasar por ese angosto corredor entre el Río Jordán y el Mar Mediterráneo.
 
Aun cuando había reinos que emergían y otros que caían, esta área siguió siendo la arteria principal de viajeros en el mundo. Caravanas de comerciantes, por ejemplo, viajando de Egipto a Persia o hasta la India pasaron por el área en la que Dios ubicó al pueblo al que en el Sinaí llamó a ser “un reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6). En Isaías, Dios dijo que su pueblo sería “luz a los gentiles” (Isaías 42:6; 49:6). La reubicación de Abraham posicionó a sus descendientes de manera que podían servir como luz a los miembros de muchos otros pueblos. El potencial estaba instalado para poder florecer como un “reino de sacerdotes.”
 
La gente que se dedica a las bienes raices dicen que las tres cosas más importantes de una propiedad son: ubicación, ubicación y ubicación. La ubicación era una buena razón para que la familia de Abraham echara raíces en lo que ahora nosotros llamamos “Tierra Santa”. Reubicar a Abraham y Sara cerca de una ruta de transporte principal del mundo antiguo encaja bien en el deseo público de Dios de que las buenas nuevas de salvación se conozcan en todo el mundo (Isaías 49:6, Hechos 13:47).

De Enviar a Ser Enviado (por J.K. Warrick)

De Enviar a Ser Enviado.  Por: J. K. Warrick

Las tres reglas de los bienes raíces son: 1. Ubicación. 2. Ubicación. 3. Ubicación.

Juan 1:1 dice: “…El verbo era con Dios…” y en Juan 1:14: “Y el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros…”

El Dr. Joe Knight menciona que existen tres reglas en el evangelismo:

1. Reubicacion. 2. Reubicación. 3. Reubicación.  Reubicar es mover algo intencionalmente de su ubicación a otro lugar.

El inicio de la Iglesia del Nazareno es la historia de las personas que fueron enviadas a sus comunidades, sus trabajos, escuelas, ciudades y a otras ciudades.  Mientras unos eran misioneros, otros eran pastores/evangelistas y personas entregadas a Dios.  Aunque muchos no fueron llamados a servir a otras partes del mundo, creían que fueron “enviados” – aun que fuera al otro lado de la calle o de la ciudad.

Durante el crecimiento de la iglesia, tal parece que se ha asentado en diferentes maneras de pensar.  Los misioneros son “enviados”, pero el resto de nosotros nos hemos convertido en enviadores.  Quizá nos vemos únicamente como apoyos financieros o compañeros de oración y esto ha impactado la efectividad de la evangelización de iglesias locales en varias partes del mundo.

¿Podremos recobrar el espíritu del envío?  Mientras miraba a la iglesia en Antioquía, encontré al menos cinco disciplinas espirituales que potencialmente podrían inspirarnos y capacitarnos para:

  1. Ministrar – “Ministrando éstos al Señor”… (Hechos 13:2)
  2. Ayunar – “Entonces, habiendo ayunado”… (Hechos 13:3)
  3. Oración – “Entonces, habiendo ayunado y orado”… (Hechos 13:3)
  4. Escuchar – “…dijo el Espíritu Santo…”… (Hechos 13:2)
  5. Obedecer – “Les impusieron las manos y los despidieron”… (Hechos 13:3)

Tenemos las mejores estrategias, la gente más capacitada, edificios maravillosos y muchas otras ventajas que nuestros antepasados no tenían.  Nosotros, también, hemos sido confiados con el ministerio de la reconciliación, el mensaje de la reconciliación y la misión de reconciliar (2 Corintios 5:18-20).

Movámonos al frente de la misión – vamos a reubicarnos.

“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.  Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: ‘En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios’” (2 Corintios 5:18-20).

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