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Viviendo y Muriendo Sin Vergüenza

Por Scott Armstrong

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17).

Aún recuerdo el servicio. Darrell Scott, el padre de Raquel Scott, estaba hablando acerca de su hija. Raquel fue la primera en ser asesinada en la Escuela de Educación Media de Columbine, Colorado, la mañana del 20 de abril de 1999. Dos jóvenes armados le preguntaron si creía en Dios y ella respondió que sí mientras miraba fijamente la pistola. Al instante siguiente ya había muerto.

La historia de la muerte de Raquel era conmovedora. Sin embargo, lo que estremeció a la multitud de adolescentes y adultos que asistieron al servicio no fueron los detalles de su muerte. Estaban asombrados por su vida. Darrell nos contó del tiempo que ella dedicaba a sus devocionales. Nos dijo que ella oraba casi cada día para que Dios la usara en su escuela y comunidad. Ella se acercaba a los chicos poco populares de la escuela, e incluso se acercó y oró por uno de sus asesinos semanas antes de su muerte. La manera en que murió fue conmovedora, pero la manera en que vivió fue realmente inspiradora para nosotros.

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En las semanas que siguieron al testimonio de Darell Scott acerca de su hija adolescente, muchos pasajes vinieron a mi mente. Uno de ellos lo leímos justo ahora. La primera parte hace eco en mi mente, “pues no me avergüenzo del evangelio”. ¿Por qué vivir sin vergüenza es tan importante? ¡Porque una vida sin vergüenza del evangelio es tan poderosa que realmente puede convencer a otros de creer en Cristo y ser salvos! El verso 16 nos lo dice y la vida de Raquel Scott prueba que es verdad. ¡El evangelio que trabajó en su vida fue (y aún es) suficientemente poderoso para cambiar las vidas de otros!

“Porque no me avergüenzo del evangelio.” ¿Puedes honestamente decir eso desde el fondo de tu corazón? ¿Cómo actúas en tu escuela, en tu casa, con tu familia y amigos e incluso con tus enemigos? ¿Estás viviendo sin vergüenza? ¿Es el poder del evangelio evidente en tu vida? En los siguientes minutos, renueva tu compromiso con Dios orando y buscando su rostro. Sin importar lo que haya sucedido en el pasado, dile que quieres vivir tu vida para él, sin avergonzarte del evangelio. Agradécele que Él haya dado su vida por ti.

La palabra más ofensiva en América – Parte 2 de 2

Esta es la continuación de la entrada anterior.

Por Curt Devine

No siempre lo reconocemos, pero nuestro subconsciente piensa que Dios nos da mandamientos para forzarnos a entrar a una rígida línea. Esta mentira hace parecer a Dios como un enojado árbitro obsesionado con reglas y regulaciones inflexibles, como si Él amargamente se paseara por el cielo ondeando una bandera roja y tratando de controlar cada paso y cada palabra nuestra. ¿Quién querría obedecer a un Dios así?

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La realidad es que Dios es más como un Padre amoroso tratando de mantener a sus hijos lejos del tráfico. Cuanto más aprendamos a someternos a sus mandamientos, más nos daremos cuenta que no son reglas tan difíciles, sino señalamientos que nos indican el camino de gozo verdadero, vida y paz. Por ejemplo, yo siempre pensé que el Rey David sonaba un poco loco en el Salmo 19 cuando dice: “Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal” Pero cuando comparo la paz del sometimiento con el vacío que deja el pecado, sé que él tenía razón.

Quizás pensemos que lo que queremos es independencia, pero esta viene con un precio muy alto.

Hablando con un ateo que preguntó acerca de la diferencia entre el cielo y el infierno, un renombrado autor y pastor, Tim Keller le dijo: “Nadie nunca va al infierno a menos que quiera ir. La gente va al infierno porque quiere apartarse de Dios, quien les dirá lo que deben hacer. La gente en el infierno diría: esto es bastante miserable, pero no quisiera estar en el cielo con Dios, donde él le dice a la gente lo que tienen que hacer.”

Nuestra cultura nos dice que la verdadera libertad viene de seguir nuestros a deseos hacia donde sea que ellos nos dirijan. Mientras que eso suena agradable y provee la trama para la mayoría de las comedias románticas, la realidad revela por qué esto es falso. Por ejemplo, yo tengo un determinado número de amigos que abusan en extremo de sustancias adictivas. Cuando uno de mis amigos hizo el recuento de su pasada adicción a las pastillas contra el dolor, me dijo: “me había convertido en un completo esclavo de las pastillas. Mis deseos me estaban matando.” En muchas formas, el orgullo desenfrenado, la lujuria, la codicia, el miedo, el control, los celos y la ira tienen el mismo efecto.

Desafiar los mandamientos de Dios puede que nos dé una efímera sensación de poder e independencia, pero esto en realidad deja al descubierto nuestra debilidad y constante necesidad de gracia. Tenemos que tener la humildad de reconocer nuestras propias faltas y la confianza de seguir los mandamientos de Dios, incluso cuando van en contra de nuestros deseos personales. Vale la pena puesto que algo mejor nos espera del otro lado. Dios nos ofrece vida abundante, libertad plena y más amor del que nuestra mente tiene la capacidad de comprender.

Si esperamos alguna vez experimentar estas cosas, tenemos que hacer la cosa más contra–cultural y rebelde que podemos imaginar dentro de nuestra cultura: someternos a una verdad más profunda que nosotros mismos.

 

Curt Devine escribe sobre cuestiones de fe y justicia social, para dar voz a los que no la tienen. Actualmente reside en Washington D.C. donde estudia una maestría en medios internacionales de comunicación.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/god-our-generation/most-offensive-word-america

Dejándonos Formar por su Gracia

“En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna” (Juan 12:24-25).

“Hay muy pocas personas que se dan cuenta de lo que Dios haría en ellas si se abandonaran totalmente en sus manos, y se dejaran formar por su Gracia. Un tronco de árbol, grueso y sin forma, nunca creería que podría ser una estatua, admirada como un milagro de escultura, y no se dejaría trabajar por el cincel de la escultora, que visualiza, a través de su arte, la forma que puede crear en él” (San Ignacio).

¿Envuelto en Pañales?

Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.  Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir” (Juan 11:44).

Entonces tomaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en telas de lino con las especias aromáticas, como es costumbre sepultar entre los judíos” (Juan 19:40).

“Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas 2:12).

¿Por qué les dio el ángel como señal que el bebé se encontraría “envuelto en pañales…”? De todos los señales, esto parece muy raro, ¿no?

El griego traducido en español acá como “envuelto en pañales” es la misma frase que se usa en Juan 11:44 y en Juan 19:40 hablando de la manera en que los cadáveres de Lázaro y Jesús fueron envueltos con” vendas” o “telas de lino.” El ángel anuncia a los pastores que las vendas/pañales que se envuelvan al infante estarán muy apretados, sólo como suceda en el caso de cuerpos muertos en preparación para su entierro.

La señal para ellos y para nosotros es clara. Este mismo infante mimoso, Dios encarnado, se morirá. En Adviento y su milagro de vida, vemos a la vez un Dios que se dará a nosotros por su muerte. Esta Navidad celebramos que este bebé vino, y vino para morir.

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